viernes, 11 de julio de 2014

FILGUA y el oficio valiente de susurrar libros

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 11 de julio del 2014.





La Feria Internacional del Libro ha sido un refugio luminoso para los artesanos de la palabra. Escritores, editores y libreros amasando esa consigna que resulta ser la literatura y sus variantes más exquisitas. Todos reunidos en un festín inevitable y constante que dura diez días, y que todo lo puede, y que poco lo manifiesta, y que pocos realmente lo visibilizan.

Pero no nos pongamos negativos. La producción editorial de los últimos años resuelve, y plantea, una postura fascinante entre los aparatos de lectura y los esfuerzos colosales de los empresarios del papeltinta. Tres ejemplos clarísimos y bien agradecidos: Editorial Cultura, F&G Editores y las editoriales alternativas.

A ver, vamos por partes.

Editorial Cultura, que a través del esfuerzo colosal de su editor Francisco Morales Santos, nos ha planteado un panorama valiosísimo de la literatura nacional de los últimos diez o doce años. Autores nóveles, Premios Nacionales de Literatura y autores de la Guatemala comprometida figuran entre su fabuloso catálogo con libros que van desde la poesía novísima hasta colecciones imprescindibles de la narrativa breve contemporánea.

Por otro lado, F&G Editores, al mando de Raúl Figueroa, nos brinda una delicia de títulos que atesoran lo más apreciado y diverso del panorama literario nacional: Carolina Escobar Sarti, Javier Mosquera, Marco Antonio Flores, Rodrigo Rey Rosa y Gerardo Guinea son algunos de los autores que figuran en sus distintas colecciones; haciendo de F&G, la editorial con más títulos y propuestas entre todos los stands de FILGUA 2014. Sin lugar a dudas, la labor que Raúl ha tenido como editor y visibilizador de la literatura nacional es imprescindible. Se aplaude el esfuerzo.



Por último, y no menos meritorio, se encuentran las editoriales alternativas o independientes. Acá es donde se pone buena la cosa. La primera que me viene a la cabeza es Catafixia Editorial, dirigida por los queridos Luis Méndez Salinas y Carmen Lucía Alvarado, quienes se han dedicado a una labor titánica de publicar y republicar manuscritos imprescindibles para la Guatemala lectora del presente. Entre sus joyas: Antologías de poesía latinoamericana y libros valiosísimos de autores contemporáneos. Con más de 60 títulos publicados su presencia es vital en el gremio editorial, y eso ha quedado muy claro. Inclusive, lo conversábamos hace unos días en un foro vía Streaming que realizó Yaakun TV y Work & Feeling en línea, en el que participé junto a Luis y Carmen (Catafixia), Mishad (Alas de Barrilete) y Alejandro Marré, respondiendo a una serie de preguntas que se hicieron vía redes sociales. El experimento fabuloso. Una serie de apuntes hablados convertidos en verdades sin tiempo ni horario.

Acá les comparto en enlace: www.socialyaakun.com/tv





Esto último me trae a La Valiente, este movimiento que ha encontrado su cauce y su mística en la integración de muchos proyectos editoriales actuales, en los que la idea es apostarle a las minorías y al esfuerzo colectivo de los implicados. Libros hechos a mano, revistas de diseño, folletos poéticos con editoriales pequeñas y libros autogestionados que se suman a este movimiento que busca una sola cosa: la lectura.




Así que si andan por FILGUA este año, no se olviden de visitar el stand #027, que será el recinto donde las voces más valientes de la literatura guatemalteca actual, surgan y resurgan, planteando una posibilidad inmensa de títulos de editoriales alternativas como Ediciones Bizarras, Alas de Barrilete, Editorial X, Sin Tecomates, Alambique, y claro, Vueltegato Editores, el pequeño proyecto editorial con el que he publicado más de quince títulos de autores distintos.

¡Sean Valientes… y disfruten de este viaje que es la lectura!

viernes, 27 de junio de 2014

POECLÉCTICA es valiente

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 27 de junio del 2014.




No sé en qué momento me aburrí de las lecturas de poesía.

Quizá fue la condensación de formalidades y la solemnidad lo que terminó por desencantarme de todo ese rollo ceremonioso. A lo mejor mi devoción por poetas como Ginsberg, Morrison o Lou Reed fue lo que me indujo por el camino performático (y polifónico) de la poesía escénica. No lo sé, pero a consecuencia de ese aburrimiento y la fascinación que tengo por el IDM (Inteligent Dance Music), una larga lista de tracks empezaron a martillar todos mis intentos de escritura para empezar a balbucear armonías y teclazos estridentes en los programas de audio. Aphex Twin, Mike Paradinas, Autechre, System 7, Squarepusher, LFO, The future sound of London, DJ Spooky, Proem, Brian Eno, Flying Lotus, Ryoji Ikeda, Andy Moor, Apparat y James Holden han sido algunos de esos motores detonantes.

Así, poco a poco, fui dejando las aburridas presentaciones con inmensas epígrafes y agradecimientos epistolares hacia el culo solemne de la poesía, para adentrarme en una lectura “ambient” que nombramos con Alejandro Marré y Federico Franco en el año 2010: «Poecléctica». La presentación quedó chula y sintió rico entablar un diálogo íntimo entre poesía, música y ritmo.
Después de esa primera vez detrás de una computadora, un micrófono y un megáfono todo parecía distinto. Más espectral. Más relajado. Pasaron los meses y a la jugada se sumó Alex Hentze, un excelente productor (y DJ) que le añadió profesionalismo y sonoridad alucinada al proyecto. Eso nos llevó a otro nivel de lectura y estructura. Tanto así, que meses después nos presentamos en un festival de arte junto a músicos invitados tan solo para implorar la potencia y el fulgor que tienen la poesía y la música electrónica. Tocamos por más de una hora en una jaula de un sótano antiguo, y al parecer, al público (y a los poetas) le siguió gustando.




Después de algunas presentaciones más, Alex zarpó hacia Argentina en un viaje por más de dos años. El proyecto, entonces, lo asumí con creaciones propias y otras prestadas, para amalgamar el aullido del poema con la voracidad de la música electrónica nueva. Visuales, loops, grabaciones y músicos invitados se sumaron al festín poético. Y bueno, después de dos años de no compartir escenario con Alex, por fin nos volvemos a reunir. La “lectura” o “concierto” será mañana dentro de la agenda del festival de libro La Valiente. Esta vez se sumó el talentosísimo Renato Barrios (del Colectivo Oniroide) para aderezar la parranda con sus visuales alucinógenos. Están muy invitados e invitadas, sobre todo si les apasiona la música, los píxeles tremendos y el susurro textual a quemarropa.

La cita es a las 6:30 en la Alianza Francesa. Además, media hora antes estaré “re”presentando mi libro Stereo Offset junto al dandy Juan Pablo Dardón. Así que la celebración se viene doble, digo, en estéreo.

viernes, 13 de junio de 2014

LA BATUCADA, los cadillacs y el futbol

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 13 de junio del 2014.



De la batucada tengo presente dos cosas:

1. Un viaje en lisérgico, allá por el año noventa y nueve.
2. Las tonaditas de Los Fabulosos Cadillacs, muchos años antes.


Del viaje en “ajos” no hablaré mucho, porque delinear los trazos perdidos de una memoria convulsa, y además iniciática en ciertos rituales, no es cosa importante. Aunque en el fondo, muy a mi manera, fue una plétora romántica de otros desvelos y otros sueños que recuerdo con melancolía; pero también fue un poema amargo, una retórica insulsa y una ensoñación de duendes dulces navegando por un río de Cianuro. Mal viaje, pues, para ponerlo en pocos caracteres.

Por otra parte, de Los Cadillacs de Vicentico tengo otro recuerdo. Otro gozo. Otro placer convexo. Otro tumbo sonoro.

A estos argentinos los tengo presente por ese dato tan sencillo, que fue ponerme a la Batucada en el mapa de la música (entre otras cosas). Hablo de una canción a secas. La conocida. La rallada. La quemada. La esquelética y anestesiada por el pasmo de todas las borracheras de todos los bares y todas las cantinas de todas las calles perdidas de nuestra América dipsómana y trémula. Pues si, para qué mentirnos, “El Matador” es esa tronazón de delirios que alegran cualquier fiesta y enamoran a cualquier canchita (gringa o europea). Es esa pieza elemental que amasa y adereza a toda la Cordillera Americana en una sola quimera exquisita: el delicioso bailongo o apretuje de cuerpos cachondeados.


Pero no solo es eso. “El Matador” me hace pensar en muchísimas más cosas. El ímpetu, el amor, el jugueteo de palabras, la rabia del V Centenario, etc. También me hace pensar en la grandeza de los Cadillacs y su vitalidad en la música latina, que es extensa y meritoria. Los referentes son muchísimos. Hay canciones llenas de melancolía, de letra, de punk, ska, samba, calipso, dub o reggae. El virtuosismo de algunos discos (El León, Vasos Vacíos, Fabulosos Calavera o Rey azúcar) es admirable. Digo, están muy lejos de las tonaditas de Pitbull y Shakira que anestesian los rincones donde pasan los partidos de la copa del mundo por estos días. Pero bueno, no quiero ponerme ácido e intolerante. A lo que voy es que Los Cadillacs son el epigrama puntual de una música latinoamericana muy propia e intrínseca. Allí también entran los Tacvbos, que están muy distantes a lo que se escucha en las estaciones de radio en hora pico por estos días mundialosos.

Mi recomendación, entonces, es volver a las raíces y enguachinarse de música en desuso, anticuada e incipiente. Es rechinar las cabezas del tocacasete y vapulear todos los sonidos nuevos. Como creo que no lo vas a hacer con La Marimba, pues hacelo con La Batucada, que además, está de moda por un mes y a lo mejor le quite méritos a la cumbia –tan sobrestimada desde hace algunos años hasta que perdiera su gracia, su vaho familiar, su tibia certeza, su belleza–.

Cuando te adentrés en su repique hipnótico –digo, el de la Batucada–, te van a aparecer por ahí algunos ritmos suculentos de Vinícius de Moraes, Elis Regina o Chico Buarque. Y poco a poco, te lo aseguro, irán saliendo otras delicias inesperadas –Djavan, Tom Zé, Caetano y Os Mutantes son algunos–.


Después de revisitar toda esta delicia de música por un mes –gracias a Torrentz o The Pirate Bay–, volvé a encender el Spotify o el Deezer, y buscate el disco nuevo de Jack White (Lazaretto) que está bastante interesante.


viernes, 30 de mayo de 2014

LA PUYA y la rebelión

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 30 de mayo del 2014.

















VIERNES, siete pe eme. Una barricada de quince policías permanece muda frente a un grupo de manifestantes en el Ministerio de Gobernación. Sus rostros demacrados vigilan y contemplan a cada uno de los “hippies” que canta canciones de Silvio Rodríguez y Guaraguao. En sus miradas esquivas hay algo de rabia, pero en el fondo, hay desolación y tristeza. El viernes decrece, la noche avanza. Los policías recogen las cartulinas y las tiran en un bote de basura del parque. Unos se quitan el uniforme y otros salen a patrullar el Centro de la capital.


VIERNES, once pe eme. En un karaoke de moda, una chica tatuada y con lentes de botella canta desesperadamente This charming man de The Smiths intentando olvidar la lista de llamadas perdidas de su ex novio. Al bajar del escenario pide dos tequilas, uno para ella y otro para su amiga. Cantar en público no la pone nerviosa, pero sí tener sexo por primera vez con Mariela. Lo sabe. Lo intuye. Por eso le tiemblan la piernas.


SÁBADO, ocho a eme. Un renombrado restaurante de mariscos anuncia a través de escuetos mensajes por redes sociales, que ya no tienen mesas disponibles en sus instalaciones, pero que en la terraza del local se están haciendo arreglos para atender a quienes no pudieron reservar mesa para ver el partido de futbol. Además, añaden a través de su página en Facebook, que habrán cubetazos de cerveza extranjera a precios incomparables, pero que lamentablemente no cuentan con parqueo suficiente para abastecer a tanto comensal.


SÁBADO, ocho treinta a eme. En un comedor frente a una estación de bus, un hombre de estatura promedio bebe café y abre el periódico. En las primeras páginas ve sangre, humo, maquinaria y cuerpos tumbados. Siente indignación pero cambia de página rápidamente para leer el pronóstico de la ansiada final europea. Al fondo del local, una muchacha enclenque le trae un pan con frijol de desayuno. Suena una bocina estrepitosa y alguien grita, presuroso. El hombre, que come su pan con una mano y sostiene el periódico con la otra, sale abruptamente del local para abordar el autobús rumbo a Cuarrancho. De los parlantes de la camioneta retumba una libidinosa bachata. Al entrar saluda al chofer, y en menos de cinco minutos cae en un profundísimo sueño del que despierta media hora después, sin mochila ni billete para pagar el pasaje.


SÁBADO, nueve a eme. La cadera de Shakira anuncia la esperada llegada del mundial después de que aparecen imágenes de patrullas y policías “antimotín” en el noticiero de las nueve. La protesta –pacífica y valiente desde hace dos años– no es tan popular y pegajosa como la canción insulsa de la colombiana. No hace falta gritarlo. Los gestos de los dos presentadores del telediario lo hacen más que obvio al anunciar al patrocinador del canal.


SÁBADO, medio día. Mil zombis observan mil televisores con sus mil tarros de cerveza en la mano. Estupefactos y semi borrachos, ven patear el balón de un lado a otro a una docena de españoles uniformados que se mueven al ritmo de la batucada hipnótica del graderío. Afuera del restaurante, un guardia de seguridad ve de reojo el escote de una aficionada, y siente, que se le dispara el rifle dentro del calzoncillo. A puras penas logra contener el chiflido macho, y decide dar una vuelta por el parqueo para ver si vienen más culitos uniformados. Tiene suerte. Hoy se puede dar gusto a «taco de ojo» con tanta edecán que visita el lugar.


SÁBADO, después del primer gol. Enfurecida, una periodista postea en su perfil de Twitter una foto que dice «Sí a la vida, NO a la minería, NO al futbol». De inmediato, una decena de “seguidores” la injurian con apelativos como «resentida», «hippie loca» o frases que van desde «huevona… la minería da trabajo y pisto al país» hasta otras inofensivas pero desatinadas como «esa mara se lo buscó…» o «el futbol es nuestra esperanza… no te metás con ella, ecologista pisada». Afligida y colérica, la periodista retuitea algunos de los comentarios y decide alistarse para ir cubrir la nota en San Pedro Ayampuc, al mismo momento que piensa en reproducir pancartas con frases de canciones de Calle 13 y poemas de Roque Dalton. Siente un vacío en el estómago, pero aprieta los puños y levanta la frente. Una hora después, platica con mujeres y niños de La Puya, que le recuerdan por qué estudió periodismo. El vacío en el estómago se va llenando de a poquitos a pura sonrisa.


SÁBADO, al final de la tarde. Un estudiante de segundo año de Comunicación decide googlear «la puya», «minería en guatemala» y otros tópicos adoc para informarse. Después de leer por varios minutos las noticias y aburrirse con los comentarios de algunas páginas de internet, se prepara para salir a un concierto de música electrónica en la Antigua Guatemala. Horas después, termina en un after discutiendo con unos borrachos que defienden a Otto Pérez y a Ríos Montt. Uno de los borrachos, malacara y manodura, le dice que le van a quebrar el culo si sigue hablando muladas. Se calla, enciende un cigarro y compra otra cerveza. Los Flaming Lips suenan de la bocina de la fiesta. Siente impotencia, abandono, también rencor. Por eso baila.


SÁBADO, once pe eme. Dos cineastas conversan sobre la Muestra de Cine Internacional Memoria–Verdad–Justicia mientras beben ron dominicano en vasos plásticos. Uno le dice al otro que prefiere no hablar de La Puya porque le puya el corazón cuando lo hace. Ambos ríen por el juego de palabras y brindan por la vida. Al fondo de la casa del cineasta extranjero, frente a las bocinas del estéreo, unos escritores escuchan Gary Numan y maldicen al gobierno en voz alta mientras repiten insistentemente frases del himno nacional, burlándose afanosamente de cada una de las ridículas estrofas. La ciudad, al fondo, con sus lucecitas tristes y su sueño despabilado, no los escucha y prefiere seguir la celebración del Real Madrid sin profanar lo “sagrado” de esta patria.


DOMINGO, ocho a eme. Una mamá le explica a su hija de ocho años para qué sirve una bomba lacrímogena. La niña le responde con una pregunta, «no entiendo, ¿osea que al final la bomba que no es bomba sí sirve para lastimar a la gente?». Un silencio inunda la habitación.


DOMINGO, después del medio día. Un redactor de prensa escribe una nota sobre La Puya. Recibe una llamada. Cuelga. Borra todo lo que ha escrito y escribe un texto verdaderamente hermoso sobre la Décima Copa del Real Madrid. El martes será el día de gloria. Sus primeras dos páginas centrales y un nudo en la garganta no lo dejarán dormir por la “emoción”.


DOMINGO, ocho pe eme. Releo algunos comentarios y columnas de opinión. Me entristezco. Permuto pensamientos en silencio. Enciendo un cigarro y tarareo una canción de Rage Against the Machine en mi cabeza. Me repongo del vahído. Escribo en resistencia. Anhelo otro país.

lunes, 19 de mayo de 2014

TRES LIBROS VINTAGE

Nota publicada en revista Catálogo para la vida, número 21.
Mayo del 2014.





Quien lee sabe que todo libro es un objeto de deseo. Un objeto de valor inconmensurable que otorga muchas satisfacciones, sobre todo una: EL SOBERANO VIAJE. Hablo de un «viaje exclusivo» –y alucinado– para el lector, que está dispuesto a soportar el trance exquisito de deshojar temporalidades y detener la vida, mientras todo y nada, suceden dentro de esa burbuja en la que nos sumerge la lectura a cuentagotas.

En el sentido más pragmático, un libro es una especie de tesoro que perdurará en nosotros por siempre, sin importar cuantos años hayan pasado de su publicación o su lectura. En cada una de sus páginas –desde la portada hasta el índice o viceversa–, una especie de ciencia incierta nos acompaña y nos transporta a los mejores estados de la conciencia e inconsciencia. Todo en su proceso es delicia y aprendizaje. 

En sí, todo libro es escuela y un regalo para días mejores.


Por eso me animo a registrar tres títulos, que sin duda, serán el mejor regalo para un futuro abrumado por las tablets y las lecturas digitales. Un futuro en el que los términos «vintage», «retro», «antigüedad» o «relicario» hayan desaparecido por completo, y la era de la palabra (Twitter, Facebook, Wordpress) nos haya resquebrajado hasta el vacío. Tres títulos que podrán buscar en cualquier momento, y mejor aún, conseguir en ediciones impresas. Porque, ¿qué seríamos sin ese olor a otro tiempo, a otra dimensión, a otra era?



CRÓNICAS MARCIANAS de Ray Bradbury.

A quien le gusta pensar que algún día viviremos en Marte, reflexione detenidamente esto: Bradbury lo escribió hace más de sesenta años, y la era que estamos viviendo ahora, es la ambientación cronológica del libro (1999–2026). Publicado originalmente en el año 1950, The martian chronicles narra la conquista de los humanos en Marte y toda la barbarie, la emoción, la autodestrucción y el vacío. A través de veintiséis cuentos fascinantes –que hilvanan cronológicamente la llegada, la conquista y la pérdida de la condición humana–, Bradbury nos envuelve en la mejor historia de ciencia ficción contada por el hombre; en la que robots, naves espaciales, guerras nucleares, enfermedades y la naturaleza misma, hacen que el entorno futurista pueda ser el de una época cualquiera.




RAYUELA de Julio Cortázar

Cortázar nunca pasará de moda. Cada libro del argentino, es la pieza de un rompecabezas que se estira y condensa hasta llegar a los laberintos de Rayuela, publicada por primera vez en 1963 y celebrada en un sinnúmero de ediciones posteriores, incluyendo la edición conmemorativa de 50 años, publicada el año pasado. En esta novela, el tiempo parece detenerse entre un Buenos Aires solemne y un París pletórico. Cada capítulo es la amalgama de delirios contenidos, un mapa convexo de datos útiles e inútiles y un océano de información que extasía a cualquiera. Tenerla impresa es un «must» que merece rayarse, tacharse, anotarse y dejar un poco de uno mismo en las más de 500 páginas que la contienen. La historia de La Maga, Horacio, Traveler, Talita y tantos otros personajes; es de las más emblemáticas en lengua castellana. Cortázar es en Rayuela, lo que el Internet nos ha enseñado con la hipertextualidad.




EL GUARDIÁN ENTRE EL CENTENO de J.D. Salinger

Holden, el personaje principal de The Catcher in the rye, como se titula en inglés, es la imagen obsesiva de la rebelión y la búsqueda. Todo en este personaje, es subversión y perspicacia. Desde 1951, cuando fue publicada la novela, un halo misterioso de prohibición y morbo ha ido alimentando su condición de «libro faro». En pocas palabras, su historia merece ser leída, pues, por un ojo descategorizado del sufrimiento y liberado de las cauces que conducen a repeler la realidad tal como es. Si bien la historia fluye en un Nueva York desolado y taciturno, esto nos puede provocar una ensoñación vagabunda digna de cualquier metrópolis. Su gracia, radica en que rompe los paradigmas de la geografía y el tiempo. He aquí su universalidad y su encanto. Cualquier edición en inglés, merece ser leída más que en español, donde pierde, un poco de autenticidad y poética que Sallinger le añadió sin darse cuenta.




Dicho esto, es tiempo de que dejen sus tablets y sus computadoras a un lado. Es momento de volver al papel y a la tinta, como en un futuro feliz (vintage), lleno de polillas y servilletas como separadores.

viernes, 16 de mayo de 2014

STEREO OFFSET y la música

Columna quincenal publicada en Esquisses, en el blog de Javier Payeras y en Revista Crónica.
Viernes 16 de mayo del 2014, domingo 18 de mayo y viernes 29 de mayo.





Esta semana se presentó mi libro “Stereo Offset” publicado por la reaparecida Editorial X. El libro está compuesto de cincuenta relatos y microrrelatos, en los que situaciones aisladas y recuerdos personales, permean la ficción a través de fotografías in situ y prosas musicales, que bien podrían estar aderezadas con el sonido amplificado (estéreo) de una máquina de impresión offset como las que imprimen los matutinos. Pero no, las historias del libro están infusionadas con música de Arctic Monkeys, Radiohead, Morrissey, Luis Alberto Spinetta, Gustavo Cerati, Patti Smith, Jim Morrison, Manu Chao, Black Sabbath y algunos otros.


Inspirado en todo eso, Javier (Payeras) escribió un texto sobre el libro que quiso se publicara en Esquisses –gracias, querido, tus palabras son analgésicos en una época donde todo sucede tan rápido, que no nos damos cuenta del verdadero poder que tienen las palabras; y tus palabras, compadre, son un regalo maravilloso para tiempos mejores–.


Abajo pueden leer el texto, talvez los anime a comprar el libro.





OFFSET PARA UN BROMO PRESENTE
Por Javier Payeras


Complicado hacer algo hermoso de esta edad destartalada. En oposición a lo que sucede en los lugares hermosos donde en realidad nada sucede.

Uno puede tener un ventanal que nos fulmina con la visión de una playa de arena blanca. Mientras bebemos vodka helado –como en una novela de Bret Easton Ellis– sin saber lo que es una goma ni un accidente cerebrovascular a causa de cocaína adulterada.

Pero, ¿la belleza no puede ser todo su contrario?: esos apartamentos donde están a punto de echarnos por mora; esos personajes que visten de cuero bajo un calor mayor de treinta grados y se hacen llamar morrisones; acaso no puede ser la patrulla y el enano corrupto que pide mordida con eficacia de evangelista. Tanta belleza en los detalles “un suéter amarillo”, una tarjeta de crédito y al fondo de nuestras mentes la tonadita de Manu Chao que nos pudrió con jipismo el hipotálamo. ¿Acaso no hay belleza en eso ¡carajo!? Claro que la hay porque los libros transforman el paisaje y el paisaje del ahora es tan siniestro como esta serie de microrrelatos Stereo Offset de Pablo Bromo.

Nunca voy a denunciar cuáles son reales y cuáles son ficticios. Pero sucede que somos compañeros de un largo viaje en el que involucramos literatura, fiesta, arte, fiesta, dolor, fiesta y muchas alegrías y fiesta. Desde hace rato que ya no nos dicen muchachos, que ya no nos echan su mal aliento encima dicéndonos que tenemos que aprender a escribir. No sé si eso es bueno o malo, no me importa, lo que sí importa es que estamos vivos y que cada vez disfruto más leyendo a mi amigo. Porque escribe lo que a mí me gustaría escribir... Si uno pudiera ser amigo de todos los buenos escritores de todos los tiempos, uno se acercaría a esa anormalidad de la vida que se llama felicidad constante. Tal cosa no es posible, así que nuestra alegría es breve y a destellos.

Tenemos muchísimas cosas que ver mientras leemos extaños libros que hablan de viajes espaciales o de Tarot o de psiquiatría. Disfrutar a Hemingway cuando hacemos cola en un banco y los televisores pasan los mejores goles mundialistas de todos los tiempos. Dejar perdido el tomo carísimo de Antiedipo Capitalismo y Esquizofrenia en la mesa de una tiendita de la Zona Uno... Esa ilustración nuestra que nos lleva a vivir mientras escribirmos, a vivir mientras leemos, a vivir mientras damos forma a esa utopía pendeja que llamamos “carrera literaria”. No queda otra, escribir con lápiz para borrar lo que definitivamente no valga la pena. Hacer libros pequeños para que sean leídos rápidamente y deslumbren a un lector sin la penosa interlocución de un crítico o un reseñista desinformado.

¿Y la música? La música está puesta a todo volumen, pero este libro necesita una entrada para audífonos que complemente su prosa exacta y sincera: The National, Patti Smith, Morrissey, Arctic Mokeys... También una pantalla inflable que pase los mejores momentos de David Fincher o Wes Anderson. Un libro lleno de citas, guiños, información. Un mapa enigmático del presente.


Han pasado los días y las influencias, pero este libro me gusta y me seguirá gustando, porque cada vez que lo lea será hoy, siempre hoy.




miércoles, 7 de mayo de 2014

LA MÚSICA Y LOS LIBROS

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 2 de mayo del 2014.



La semana pasada se celebró el Día Internacional del Libro en la librería Sophos. Toda una semana de ofertas, charlas, talleres y actividades relacionadas con la lectura. En sí, una fiesta memorable que año con año incluye una agenda con varios escritores reunidos para celebrar en grande al susodicho. Los días lunes y martes: foros, cena literaria y escritores haciéndola de libreros. El día miércoles: conferencia y club de lectura para niños y adultos. Y así, un compilado de actividades llenas de opinión, diálogo y sugerencias.


De toda la semana, el día más intenso fue el jueves. Casi cinco horas de charlas que conectaban a la literatura con otros temas, o mundos, como lo sugirió el querido Philippe Hunziker, cabeza principal de la librería. Por ejemplo, «Crimen y literatura», realizada magistralmente por los narradores Julio Prado y Francisco Alejandro Méndez, quienes destilaron cátedra y delirio sobre la novela policial, anécdotas personales y libros imprescindibles sobre el género. Otra de las charlas, «Televisión y literatura», sugirió uno de los mejores instantes de la noche con bromas ácidas propiciadas por los periodistas Juan Pablo Dardón y Luis Fernando Alejos, quienes conocen el tema y lo extendieron al máximo. Para el cierre, el público esperaba ansiosamente la charla de «Cine y literatura», que Luis Aceituno y el infatigable Javier Payeras dieron con erudición, paciencia y singularidad.

Todo esto empezó a las seis de la tarde con mi intervención. Una especie de hipervinculación entre literatura, música y movimientos culturales. El nombre de la charla, «Música y libros, dos formas de escuchar», que intenté dilucidar a través de una serie de apuntes y libros “faro” que nos acercan a la música o viceversa. Esto nació de un boceto cualquiera, en el que estructuré música con literatura que la inspiró y otra serie de apuntes de carácter creativo. Intentaré mapear la charla, entonces, haciendo una especie de esqueleto sugerente, que delimita los horizontes de la posmodernidad y aflora muchos vínculos entre música y literatura. Es un boceto de ensayo, por lo que quedan muchos cabos sueltos, no lo olviden.



PIES: La revolución sexual y los movimientos culturales masivos de los años cincuenta en Estados Unidos, dejan claro que cien años antes, en vísperas del romanticismo y el simbolismo francés, todo va a cambiar abruptamente. Así como Baudelaire –con su libro Las flores del mal publicado y censurado en 1857 o Una temporada en el infierno del decadente y maldito Rimbaud de 1873– hay una serie de compositores que van a cambiar la historia de la música: Bob Dylan y Jim Morrison, por citar a algunos. En el caso de Morrison –quien era devoto de Nietzsche, Blake, Céline, Huxley o el mismo Rimbaud–, nos augura que la poesía estará presente en la música del futuro. Por otro lado, Dylan nos ensombrece con historias contadas al mejor ritmo de un trovador medieval –pero con chumpa de cuero y armónica en la boca–, con matices que van desde Pound a Keats o desde Thomas a Eliot. Una especie de nueva trova cubana, cantada por Silvio Rodríguez con influencias de Martí, Darío o Neruda, pero bien hecha. En sí, un apego al folk-rock básico y fulgurante, que será interpretado por otros de una manera más sicodélica y delirante. Las lecturas acá van de la mano de la mejor literatura beat, entiéndase Burroughs, Kerouac, Ginsberg o Corso; pero también Miller, Marx, Hemingway o Capote. La Música: Jefferson Airplane, Beatles, Jimmi Hendrix, Lou Reed y Janis Joplin. Esto es lo que nos mantiene de pie, es decir, el rock-folk sicodélico, tosco y sin timidez. Pero cantado, claro, con sensatez, genio y mucha poesía.


PIERNAS Y BRAZOS: Acá entra el baile y el degenere, la oscuridad y la soberbia. En un ensayo leía que la literatura oscura y desesperanzada, por ejemplo Kafka o Joyce, siempre genera positivismo y lucidez. Lo vemos en películas y arte multimedia. Digamos, entonces, que las piernas y brazos de nuestro esqueleto músico-literario bien podrían ser todo lo que vino después del folk-rock sicodélico (1955-1970) hasta la entrada del postpunk (1978), que marcó un antes y un después en la historia de la música. Acá entraría todo el rock progresivo, la música disco-funk, los inicios de la electrónica y el heavy metal. Las bandas serían: Pink Floyd, Alan Parson’s Project, Bowie, Iron Maiden o Black Sabbath. La literatura: Poe, Lovecraft, Poe, Wells, Carroll o Lawrence. Algo así como las historias contadas de la manera más oscura pero hilvanadas con la fascinación del baile o el headbangin. Por eso hay que dedicarle tiempo y esmero a estas lecturas y a estas bandas, porque acá, es donde empieza lo bueno del deschongue poético. Sin piernas y brazos estamos condenados a no bailar, a no abrazar, a no empiernar. Y eso, es sumamente triste y doloroso.



TORSO: En el torso está ubicado el corazón, y esto, es lo más importante en la historia de la música y la literatura. Hacer las cosas con mucho corazón significa «tirar sobre la mesa de la historia, y sin pensarlo mucho, cualquier manifiesto visceral o primerizo». Eso es el punk, y por eso lo celebro tanto. Las bandas o músicos literarios que serían puro corazón: The Clash, Sex Pistols, Ramones, Television, Richard Hell, Iggy Pop, Black Flag, The Cure y por supuesto The Dead Kennedys. Los autores punk: Kafka, Camus y Chandler. También me atrevo a incluir a Nirvana y al movimiento grunge (1989-1995), que tiene como raíces al punk setentero (1974-1978) y a toda la furia de la desadaptación. Aquí podría citar a la Generación X, en especial a dos autores para entender la bifurcación insolente de la literatura norteamericana de los años ochenta en comparación con la beat de los año cincuenta y sesenta. Menciono, entonces, a Coupland y a Foster Wallace, dos marginales del mainstream. Dos gemas delirantes a los que les gustaba escuchar Brian Eno, Gary Numan, Kraftwerk, Talking Heads y mucho del synthpop de la época (no por fuerza tenían que escuchar punk, aunque su literatura si tenga rasgos de autodestrucción y anarquía). Otro autor punk es Palahniuk, que con su Club de la pelea lo deja más que claro. Y bueno, en música, olvidaba mencionar a la diosa del punk: Patti Smith. Sobre todo en sus discos Horses y Radio Ethiopia de mediados de los setenta, con una descarga poética muy a lo Baudelaire y Rimbaud. En pocas palabras: el elíxir de la poesía y el punk delirante.


CABEZA: Lo más importante, de donde sale la articulación y la genialidad. Acá podría hablar de muchas cosas, sin embargo, me limitaré a citar las lecturas que extrapolan los criterios de música que subyacen tras los autores que considero importantes e influyentes. Primero, El arcoiris de la gravedad de Pynchon junto a 1984 de George Orwell. Dos autores fascinantes que abundan en su crítica política y, sugieren, un nuevo despertar personal, introspectivo y desarticulado, no social. Segundo, J.D. Ballard (El mundo sumergido, Exposición de atrocidades, Noches de cocaína, Chronopolis, El mundo de cristal, etc.), quien podría ser el culpable de mucha de la música del siglo veinte y veintiuno; y a quien, como comentaba el jueves pasado en la charla, «aún desconocemos la influencia que ha causado en la ávida cultura de la posmodernidad». Así es, no lo duden, Ballard ha influenciado a músicos desde Marilyn Manson, Pink Floyd hasta John Lennon o Coldplay. Yo prefiero dos bandas en las que el discurso de estos tres autores es innegable, sobre todo de carácter político e introspectivo: Radiohead y Joy Division. Esto, porque su influencia musical es enormísima en los últimos treinta años. Intenten buscar en internet cuales son las bandas inspiradas en estas dos bandas y compartirán lo que estoy hablando.

Y bueno, olvidaba mencionar la influencia que Ballard ha tenido en músicos latinos como Gustavo Cerati o Luis Alberto Spinetta, a quien Artaud (otro autor) inspiró a componer aquel disco delicioso de 1972, justo antes de arremeter con todo su rock progresivo de Invisible y Pescado Rabioso, en una época en la que solo se podía leer literatura argentina, y por lo mismo, autores como Roberto Arlt fueron determinantes para el rock argentino de esos años (Pedro Aznar, Sui Generis, La máquina de hacer pájaros, Seru Giran, Pappo’s Blues, etc.). Por último, olvidaba mencionar a Rayuela de Cortázar y su jazz, a la influencia de Oscar Wilde y John Keats sobre Morrissey (The Smiths) y algunos libros de autores guatemaltecos como Rockstar de Julio Prado, Limbo de Javier Payeras y La Pirueta de Eduardo Halfon; en donde encontramos un universo musical que contagia.


Así, listos para mover la cabeza y pensar delicadamente en música bien delineada por literatura, los invito a revisar apuntes en libros de Ballard, a quien considero la cabeza de la música contemporánea. Y también, por qué no, explorar algunos de los libros que sugiero consultar. Y en palabras de Andrés Caicedo, como terminé la charla, «¡Qué viva la música!», porque sin ella, todo sería muy aburrido.


viernes, 11 de abril de 2014

TEST DE SELECCIÓN MÚLTIPLE

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 4 de abril del 2014.



Indique la opción que más le guste. Trate de indicar solo una. Sea honesta/o con usted, que al final es lo que importa.


1. La Semana Santa es época de:

A) Salir de viaje y emborracharse con los amigos.
B) Reflexionar sobre la muerte y la resurrección de Cristo.
C) Descansar, comer, leer y escuchar música en la tranquilidad de casa.
D) Trabajar en cosas pendientes y disfrutar del silencio de la soledad.
E) Echar la hueva y autoflagelarse por no haber salido o etcétera.
F) Procrastinar.
G) Ninguna de las anteriores.





Si su opción fue A, le sugiero lo siguiente: No vaya al puerto, ni al lago, ni se emborrache con sus amigos. Esas fiestas son una mierda llena de borrachos «mal trago» que lo único que quieren es llevársela a la cama o darle riata por andar viendo escotes bronceados o tatuajes en la espalda. Mejor ahorre y no gaste, no trabe la tarjeta. En esta época todo sube de precio y el poco confort se reduce a una piscina infestada en hongos y no se cuantas otras infecciones o latas de cerveza vacías. Por eso, mejor viaje para Fin de Año, que es casi lo mismo pero al menos le añade nueve meses de ahorro y planificación intencionada. En el mejor de los casos conozca otra playa que no sea Monterrico, Cancún o Playa Blanca. Y si sus amigos le insisten en salir a emborracharse, trátelos de convencer en no ir a Panajachel y hacer ese viaje juntos, por ejemplo: Utila en Año Nuevo o Belice para Navidades. Es bastante más caro, sí, pero tiene nueve meses para planearlo mientras descansa del ruido y los bocinazos de la carretera en Jueves Santo o Sábado de Ramos. Al final no hay nada como una playa, nítida y limpia, al lado de amigos queridos, cerveza extranjera y con la mejor música sonando de fondo: el oleaje del mar (para iniciar el Año Nuevo). Pero bueno, si de igual manera sus amigos le insisten, entonces váyase al Puerto San José a tomar la misma cerveza nacional y a escuchar la misma basura de música de todos los años. Este año vienen Fatboy Slim y Calle 13, es cierto, pero verá que el audio será el mismo problema de todos los años. Además del chingo de gente sudando y gritando.


Si su opción fue B, disfrute y sufra al mismo tiempo. No hay nada más delicioso que las Marchas Fúnebres y la polifonía exquisita de la Cuaresma. La devoción es algo admirable y compasible. Cargue su cruz, mi cruz, la de su familia, etc. Pero eso sí, después no ande presumiendo selfies en las redes sociales con su traje de cucurucho y un octavo de indita para demostrar su devoción. Haga bien, solamente, y póngale corazón al martirio, a la tradición, a la alfombra. Y si se aburre un poco, más abajo le dejo unos buenos discos para que se divierta escuchando música nueva. O también, por qué no, el enlace de la fiesta en el puerto, que dicen, va a estar llena de puras dolencias y martirios como el precio de la entrada, el cupo del hotel, el tráfico de la entrada, la basura en todas partes, etc.


En el caso de que su opción haya sido C, significa tres cosas: Apatía por el rebaño, las vacaciones son mentira o se quedó sin pisto y por eso no salió de su casa. Pues no lo vea negativo, al contrario, todo está bien. Puede comprar una piscina inflable, cocinar en una churrasquera barata o ver películas piratas desde la comodidad de la calzoneta. Además, no hay nada más sagrado como la paz de un buen libro, de esos apilados y pendientes, acompañado del mejor de los discos que de seguro le gustan: The Cure, Moby, Led Zeppelin, Radiohead, Bob Marley, Nirvana, Manu Chao o Arjona. Pero ¿sabe qué?, le sugiero algo. Esta Semana Santa mande a la mierda su playlist de confort y atrévase a tirar toda esa música masticada por años para explorar música de The Drums, Of Monsters and Men, Two Door Cinema Club, The Wombats, James Blake, The Knife o Disclosure. Y si ésta es la música que escucha regularmente, entonces váyase directo al Puerto San José o Pana y póngase a escuchar música distinta, “salvaje”, acalorada, muca. El buen reguetón y la bachata de seguro le ayudarán en su viaje lleno de punchispunchis playero. No olvide las cervezas. La opción A se lleva muy bien con esta. El libro, sí lléveselo, le puede servir como abanico para el calor o para verguear bolos que quieran metérsele a su casa de campaña, porque de seguro, no encontrará hospedaje en ninguna parte.


Por otro lado, si su opción fue la D, que lo reduce a trabajar en pendientes como un workaholic que disfrutar del silencio que deja una multitud de ansiosos por disfrutar del verano, entonces, solo entonces me queda sugerirle que trabaje con un poco de música de fondo. Sí, olvídese del silencio por un rato y busque en YouTube música de Tycho, Boards of Canada, Caribou, Apparat o Perfect Pussy. No se va a arrepentir. La soledad se disfruta muy bien con buena música y un delicioso licuado con piquete. Además, ¿quién dijo que una vacación es necesariamente un descanso? Quien es obsesivo compulsivo, sabe que todo momento es perfecto para crear y crear. Así se inventaron las religiones, ¿no cree?


Pero bueno, si su opción fue la de «echar la hueva» y sufrir por no haber salido a ninguna parte. No se preocupe. Siga echando la hueva y rásquese todos los rincones del cuerpo que le quedan por rascarse. No se pierde de nada allá afuera. Allá solo hay delirio, ruido y estupideces. El asunto de practicar el ocio es una delicia y un viaje. Disfrútelo. Pero no sea mula. Si no salió fue por algo, piénselo bien. Entonces «eche la hueva» tendidamente y, por ejemplo, busque en Internet dónde consigue mi nuevo libro de cuentos (Stereo Offset), que puede leer o recomendar para el próximo feriado largo.


Y si su opción fue la F, siga procrastinando. En esta página encontrará enlaces que lo rebotarán a otras páginas y así sucesivamente. Lo más delicioso de vagar por Internet es que le puede dedicar el mismo tiempo en que salga de vacaciones o intentar planearlas.


Por último, si su opción fue G es porque usted vive en Narnia. Pero no se preocupe, ahí se vive más a gusto.


Así que haga lo que haga le digo una sola cosa: FELIZ VIAJE.