viernes, 30 de noviembre de 2012

ACLARACIÓN de urgencia para un b'aktun

Sí por casualidad has pensado en ponerte hasta las chanclas la noche del 21 de diciembre, mientras bebés todo un arsenal de botellas o vasos plásticos al ritmo de La Macarena, y todos tus amigos te sirven mezclas exageradas de tequila y fumás todos los cigarros que jamás fumaste, irremediablemente, hasta caer en un trance ensordecedor de humo, luces y borrachera.

Sí por casualidad has pensado en refugiarte con rezos insistentes, frente a un altar de un templo católico, presbiteriano, evangélico, o en un bosque de pinos, lejos de toda la civilización, pensando que la distancia y la soledad, quizá, te protejan del "Fin del Mundo", ese que la televisión y los programas sensacionalistas tanto publicitan a diario.

Sí por casualidad has pensado en lanzarte de un puente, cortarte las venas, vaciar el botiquín de emergencia de tu casa con una ingesta diabólica, o has planeado, con tus cuates, un suicidio colectivo después de una orgía memorable para esa noche tan especial que los Mayas describían en el Popol Wuj como el final de la era del maíz y el inicio de una renovación constante, y erótica y hedonista y honesta.


Sí por casualidad has pensado en todo esto, o en otras ideas más descabelladas o cursis o fatalistas. No lo hagás. Es en serio. No es broma.


Esa noche, encerrate en donde más te plazca. Prendele fuego a todos tus odios y malas costumbres. Agarrá un libro, comé chocolate y/o acariciá a tu pareja –puede ser tu mascota–. Después de eso, pensá en todo lo que tenés que mejorar de vos mismo y sonreí.

Sonreí hasta que te duela el rostro de felicidad y llanto. Prometete dar lo mejor de vos para tu país, tu equipo, tu familia o tus amigos. Pero hacelo en serio, no te des pajas.


Eso. Eso es el verdadero fin y principio del mundo: Vos mismo.


Lo demás, no importa. Son puros cuentos.





Publicado en Fash GT.

viernes, 23 de noviembre de 2012

ÚLTIMOS DESEOS antes del fin del mundo





Dentro de un mes todos estaremos chamuscados, fritos como Pollo Pinulito y tostados hasta el corazón como anticuchos peruanos. El asteroide homicida que dijeron los escépticos, la luz apocalíptica de la que hablaron los extremistas religiosos, el cambio de era de los más espirituales, el terremoto masivo de los geólogos contemplativos, el cambio climático de los científicos proféticos, con sus olas eternas y gigantes, o la venida del Anticristo con sus caballos y trompetas según los dogmáticos; nos habrán dejado con los colochos hechos y las ganas de hacer muchísimas cosas que siempre nos prometimos y nunca hicimos. ¡Pinches Mayas, yo que quería publicar a Eduardo Juárez y Manuel Tzoc en Vueltegato Editores para el 2013!
Por eso mismo, al mejor estilo budista zen contemporáneo, hay que desapegarse de cuanta basura nos esté estorbando y de cuanto bien material no nos esté dejando ser felices y libres. La idea es sencilla. El día a día nos aturde con sus devaluaciones, decisiones, tormentos, deudas, horarios, marido, esposa, amante, vecinos, noticias, Emetra, Otto Pérez, pésimos locutores argentinos, chismes de barrio, precio de la gasolina, la guerra entre Palestina e Israel, el frío de noviembre, etcétera, etcétera, etcétera. De eso no hay duda. Vivir es cansado y jodido. Aburre, pues, dirán los menos optimistas.
Pero piénselo bien. ¿Qué haría usted si le dicen que tiene menos de 30 días de vida, 28 para ser más exactos, porque la humanidad va a colapsar como una bola de papel yéndose por el inodoro? ¿Qué haría? En verdad, ¿a dónde se iría?, ¿renunciaría al trabajo?, ¿besaría a su prima?, ¿asaltaría un banco?, ¿incendiaría la Muni? Piénselo bien. Respire profundo y piense detenidamente:

¡¿Qué carajos haré en mis últimos 28 días de vida?!
Tome decisiones. Haga números. Escriba un inventario. Decida lo que se le antoje. Piense en sus hijos -si los tiene- o en su mascota. Piense en sus familiares que viven lejos. Piense en la mujer o el hombre con quien siempre quiso algo. Piense en el carro o el viaje de sus sueños. Piense cuánto dinero tiene en el banco. Analice la situación con su pareja o su trabajo. Analice la situación legal en la que está involucrado. Piense detenidamente, qué es lo que siempre ha querido y nunca ha obtenido. También medite sobre sus obligaciones, si las tiene, y piense si valen la pena o no, porque el mundo se va a acabar así como película de Hollywood. Ya no hay vuelta atrás. La esperanza de que un planeta superhéroe nos salve, es nula e idiota de tan sólo pensarla. La Tierra, Gea, Casa, Madre Tierra, nuestro planetita del Sistema Solar o como diablos le quiera llamar, se va a derretir o desaparecer o entrar en un agujero negro en lo más recóndito del Universo hasta que... ¡KAPUT!
De eso no hay duda. Usted tiene 28 días y una hoja en blanco para decidir qué quiere con sus últimos días de vida. Es como una desintoxicación de lo que siempre ha vivido y siempre ha tenido. Usted tiene 28 días para empezar de cero y vivir al máximo o sencillamente sentarse a esperar a que le jalen las canillas. El conteo empieza hoy. Cambie su vida, o al menos los últimos 28 días de su vida, drásticamente.
En mi caso, ahora que lo pienso bien, me gustaría hacer muchísimas cosas, pero no le quiero abrir mi corazón a usted, que es un extraño y lo conozco muy poco. Entonces sólo le dejo algunos ejemplos para que se inspire y haga su lista personal. Algo sí le pido, no exagere, sea honesto con sus deseos. Pedir que un Policía de Emetra razone, después de haberle puesto un cepo por bajarse a hacer cualquier cosa por 5 minutos, es imposible. Hay cosas que nunca cambian y pedirle lógica a un Emetro, es algo imposible.

Pero bueno, estos son mis ejemplos.
1. Primero, llamaría a Morel o a Osmara para que me tatúen la espalda y brazos en una sesión intensa de un día. No toda la espalda, ni todos los brazos, claro, sólo algunos tatuajes específicos que siempre he querido.

2. Después de estar pimpeado, iría a un banco a pedir un préstamo enorme (que nunca pagaré, claro), para irme a viajar por Oceanía, Nepal, Japón, República Checa, India, Grecia, Hawaii, Perú, Brasil, Colombia, Bélgica y todos esos lugares que no conozco. El viaje tendría que ser de 20 días, porque no me quiero pasar de avión en avión mis últimas horas. Que el banco no me de el préstamo, no es opción, pero bueno, siempre hay Plan B: Anarquía.
3. Ya con 21 días gastados, robaría una Range Rover de algún concesionario y la llenaría de vinos, quesos, panes con especias, embutidos finos, cervezas alemanas, drogas de diseño, cuchillos, tablas, estufa portátil y  telescopio. Manejaría rumbo al Lago de Atitlán, Laguna Lachuá o Laguna de Yaxhá, a pasar 4 días solo (aunque acompañado sería mejor) para ver las estrellas y dormir sin soñar con trabajo, ciudad, ruido, obligaciones. El  viaje me duraría 4 días, no más. Quedarme allá es una opción. Llevarme a Faso, el huskie de mi familia, también es opción, aunque no quiero estresarme cuidando perros.

4. Si regreso a la ciudad, convocaría a mis amigos más anarquistas por medio del Facebook e incendiaría junto con ellos los edificios públicos del Centro Cívico (en especial el de la Muni, con algunos funcionarios y diputados dentro) y algunos árboles que están frente a la Escuela Nacional de Artes Plásticas, para que la fogarada sea sublime y nos calentemos todos juntos, así invitamos a vagabundos que viven en la calle y no sufrimos de frío. Luego subiría a la terraza del hermoso Teatro Nacional y amplificaría, con un equipo de bocinas para conciertos masivos (patrocinado por Farnes, de Bad Attittude), la música que más me gusta para que se escuche desde cualquier rincón del centro. Invitar a bandas a que toquen en la terraza, también es una opción. La logística estaría a cargo de Jorge Rodas, de CREA, y las tres bandas nacionales que pediría como requisito son: La Tona (con Alexis, claro), Tiananmen (para que toquen The Cure) y El Gordo (pero con banda).

5. El último día, 21 de diciembre, la pasaría con mi familia e invitaría a algunos amigos a cenar (Ana, Javier, Pablo, Ana, Juan Pablo, Marré, Leslie, Eva, Nella, Fede, Juevez, Toro, Pedro, Paco, Titi, Guicho y otros). Les cocinaría algo especial y pondría música de Alex Hentze para ambientar, mientras bebemos vino (drunk texting y drunk dialing son opciones necesarias, luego de algunas copas). Después chatearía con mis amigos: Salvador Luis, Daniela Camacho y Luis Cháves que viven en otros países, y nos reiríamos de algunos chismes literarios. Después de un rato, encendería el televisor para ver las noticias del fin del mundo, y sería un gustazo encontrarme con las curvas de Marisol Padilla, la presentadora del clima de Guatevisión, hablando de que se esperan fuertes vientos del norte para la noche de mañana, viernes 22, y días calurosos para el resto del fin de semana.


jueves, 15 de noviembre de 2012

TRES COLORES, cuatro techos y mucha poesía

FOTO: Algunos cuadros de Francisco Tún
La primera vez que escuché hablar de Francisco Tún, fue en una galería de arte que quedaba en zona 10, junto a un minimercado de verduras y vinos italianos, hace más de quince años. Lo recuerdo bien, porque ahora que lo pienso, hubiera sido tan fácil regresar a casa ése día y encender la computadora, abrir el explorador y googlearlo como lo hubiera hecho si hubiese sido anoche. De haberlo hecho, seguramente me hubiera encontrado con muy poca información o casi nada, ninguna imagen, ningún hipertexto. Nada. Para esos años, la Internet (esta enciclopedia infinito-universal) era algo todavía misterioso y no muchos teníamos acceso a ella. Era como un juguete caro, que no encontrabas en cualquier parte. Ahora cualquiera puede buscar las palabras "oxímoron" o "isodinamia", y saber que son figuras literarias que comúnmente usamos al hablar sin darnos cuenta.



Pero bueno, a lo que iba es que desde la primera vez que escuché el nombre Francisco Tún, sencillamente me atrajo. No sé si fue el apellido onomatopéyico o si fue lo que me dijeron sobre él: "Sí a vos te gusta Miró, de seguro te va a gustar Tún". La verdad no lo sé, pero la comparación, ahora que lo pienso, me parece inútil. Joan Miró, ése pintor catalán que pintaba de una manera infantil y luminosa, con figuras surreales y oníricamente fabulosas, está muy lejos de la oscuridad y mística "extraña" que rodea a Francisco Tún, quien por muchísimo tiempo pasó olvidado hasta hace poco, que volvió para quedarse dentro del imaginario colectivo de artistas contemporáneos, quienes, hasta hace algunos meses, no tenían ni idea que existía un pintor de este calibre.

Eso me hace recordar las pláticas que tuve con Martha de Palmieri (QEPD). Una mujer ya mayor que coleccionaba arte, con quien nos reunimos varias veces a tomar café y a conversar sobre literatura y sus exhuberantes pinturas: Elmar Rojas, Efraín Recinos, Rodolfo Abularach, Ramón Banús, Roberto Cabrera, nada menos. Ella me platicó sobre Francisco, e inclusive me contó que varias veces le dio posada en su casa. La señora -de una educación privilegiada y un gusto bárbaro-, me contó entre otras cosas que a Tún le gustaba tomar y que la pintura era su necesidad primaria de sobrevivencia (pintaba rótulos y casas). Todas esas pláticas me dejaron siempre con la intención de saber más de Tún. Era como una nube mística que todo lo rodeaba. De vez en cuando, solía toparme con algún cuadro en la casa de algún coleccionista o amigo. Yo respiraba profundo y me dejaba ir, siempre con el anhelo de entrar a una galería y que ésta, estuviera llena de sus techos, puertas, caminos, personitas, ventanas, barrotes, barrancos.



Así pasó más de una década y hasta hace alrededor de un año, el fabuloso Proyectos Ultravioleta, organizó un muestra minúscula de su obra. La mayoría de cuadros pertenecían a colecciones privadas, lo que la hizo más selecta. Esto me pareció un intento fascinante por acercarlo al colectivo contempo. Luego de esta exposición, la mayoría de jóvenes, hipsters e hibrids (el término es mío), aceptaron a Francisco Tún dentro de su idiolecto cotidiano, lo cual, a mi criterio, me pareció un gran paso para ganar más adeptos a este fabuloso universo, naif, para algunos, primitivista para otros. Poesía pictórica, para mí.


Hace más de un mes, mi querida amiga y gestora cultural: Itziar Sagone, me envió una invitación para asistir a la inauguración de una nueva exposición. Para mi sorpresa, una retrospectiva de Tún, en colaboración con Adrián Lorenzana y Willy Monsanto, quienes hicieron un trabajo excepcional que esperamos lleve a Tún a otro nivel, internacional en todo caso. La emoción por la muestra me empezó a poner ansioso. Pasé varias noches soñando con los pocos cuadros que había visto de su obra y hasta me dieron ganas de pintar. No lo hice. Al final llegó el día, y como feligreses ante su templo o poseídos por una fuerza diabólica, fuimos a ver la exposición junto al querido Javier Payeras.

Llegamos y nos inundamos de poesía: 82 obras de todas las dimensiones y colores y épocas y colecciones de Francisco. Yo estaba paralizado. No me podía mover. Me gustó tanto adentrarme en ese universo, que fui a verla cinco veces. Inclusive invité a mis alumnos del taller literario para que hilvanaran historias de las pinturas que quisieran, porque eso es Tún: una historia en cada cuadro.

Yo hilvané un poema, de manera automática, casi un cadáver exquisito. Se los comparto:


un universo color amarillo
que es casa y es camino
se irrumpe frente a mi sueño
crucial maremoto en desfiladero
donde el alivio es fiel morada
tibia nube color granito

quiero descansar de tanto olvido
quiero olvidar que nada soy y nada tengo

quiero sólo quiero

esta noche me adelanto a tu risa de cíclope
me dejo caer ante un abismo roto
la vida es un asalto en caída libre
que nos deja con las manos vacías
la vida es un temblor de piedras
la vida es un tiritar de sombras
detrás de estas rejas
la muerte mira con sus ojos grandes

no quiero pensar en moléculas de aire
sólo quiero un color y una dulce tisana
para adormecer el viento



(Gracias Willy de Galería El Ático, por la fabulosa visita guíada y gracias a Adrián de Artecentro, por la museografía tan fabulosamente construida. Muchas gracias por abrirnos las puertas a este universo de uno de los genios del arte guatemalteco)


jueves, 8 de noviembre de 2012

LA LUNA no es la misma dos veces

Días de Luna (Metáfora Editores, 2012)
Quién no se haya inspirado con la luna, no es un verdadero artista. Escuché alguna vez decir, a un ochentón de nombre Mario Monteforte Toledo, con quien conversábamos sobre libros y otras tantas cosas antes de que se despidiera de esta vida. Bajo esa premisa, Don Mario me presentó algunos de los más brillantes poemas de la Literatura Universal, entre ellos algunos de Baudelaire y Mallarmé, aquellos dos fascinadores franceses de "la escritura al aire libre" y el "estruendo maldito". También me presentó algunos textos de Borges y Huidobro, que enmarañaban versos titilantes sobre nuestro satélite incandescente, aún no alunizado para ese entonces. Después de varias leídas no me quedó más duda, que la luna ha sido un inspirador natural y constante a lo largo de los siglos. Ya Alan Parson nos lo dejó muy claro con aquél famoso disco de Pink Floyd. Y así Bethoveen, R.E.M., Smashing Pumpkins, Elvis Presley, Frank Sinatra, Julio Verne, Joan Miró, Stanley Kubrick, George Méliès y por supuesto, Los Mayas.
Pero, ¿qué tienen en común Paco Pérez –el compositor de la famosísima Luna de Xelajú– y Edgar García –autor del libro Días de Luna, publicado recientemente por Metáfora Editores–, además de mencionar a la luna en sus textos? A ver, ambos son de Quetzaltenango y son dos irremediables enamorados que les gusta dejar registro de su vida amorosa en sus creaciones. De eso no hay duda. Pero hay mucho más. Por un lado, tenemos a un compositor musical y por el otro, a un arquitecto que escribe poesía. Creo que las tres son estructuras que se erigen desde cero, me refiero a la melodía, al edificio y al poema. En eso estamos claros. Pero además, encontré otros nexos que nos conectan a todos. Eso es lo fascinante de la literatura, sobre todo la contemporánea.

En sí, adentrarme en este libro fabuloso (que se presentó durante el VIII Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango el pasado agosto, junto a una veintena de poetas de diferentes países de Latinoamérica), ha sido una experiencia muy recomendable. El libro se lo leen y releen en menos de una hora, acompañados de un chocolate, por supuesto. Yo lo he leído varias veces y previamente, ya había escrito unos apuntes, pero los había perdido entre archivos y meses agitados. Aquí escribí algo breve, para que busquen el libro, lo compren, lo lean y se recuesten al aire libre a aprovechar los cielos despejados de noviembre. Y si pueden viajar a Xela, mejor, así le piden una firma al autor, que además tiene una cantina de nombre La Cruda en las afueras de la ciudad, y de paso, se toman unas Quetzaltecas con tamarindo en este nuevo antro cultural. Pero lleven monedas, porque hay rocola.


Vamos al libro.


Días de Luna nos sitúa, desde las primeras páginas, frente a un lector empedernido que cita a Roberto Bolaño (el novelista y poeta chileno que tanto nos gusta) y Vania Vargas (otra quetzalteca con literatura muy buena), además, de un excelente prólogo escrito por la mexicana, además poeta y editora multilingüe, Daniela Camacho. Luego de pasar estos trámites necesarios, nos sitúa ante las fases de la luna, el autor decide abrir el libro con Cuarto Creciente, simulando el crecimiento de la luna ante nuestros ojos. Después, nos lleva de la mano por la Xela que el autor conoce de memoria: la de las cantinas, los bares, las rocolas, los bailes, los parques, el frío, las madrugadas, los sueños, las promesas, los abrazos, las despedidas. Eso, las despedidas, aquí me detengo.

Ese, precisamente ése, es el factor común que tenemos todos con la luna. Ya que e
sta representa la añoranza, el deseo de conquista, la lejanía, la otredad, el anhelo, la separación, la oscuridad, la luminosidad, el reflejo constante, la vacilación frente a lo ajeno, el transcurrir del tiempo. En sí, la memoria.

Así, Edgar nos propone una nueva aventura poética, a través de poemas tibiamente construidos a manera de sonatas y melodías personales, de manera breve, sin estrafalarios adjetivos ni retóricas desmesuradas. En cada página nos adentra en su universo personal, del que poco a poco se va despojando y asimilando a través del recuerdo. Cada poema es una súplica inminente, un palpitar de un corazón melancólico, un souvenir con dedicatoria profética y una vertiente fantástica, por la que la luz de la luna avanza a través de las palabras, que son barcos y también aviones volando sobre Centro América. Sin lugar a dudas, un libro escrito desde el corazón y con la certeza de que el lenguaje común, ése que usamos a diario, es una excusa perfecta para nombrar lo que anhelamos y no tenemos frente a nuestros ojos: el amante, el mar o la luna.

En sí, un libro hermoso, escrito para lectores que les gusta pasearse bajo la luz de la luna mientras el tiempo pasa y la vida nos da sorpresas.


Acá les copio dos poemas:


LA CONQUISTA DE LA LUNA


Días bajo cero
a veces habla el viento
tuvimos derrotas y conquistas
el vértigo de la victoria
todo me llevó al desencanto
hay poemas a medias
al igual que esta historia



LEJOS


En el lugar donde estoy
la gente no es sencilla
llueve y no es un milagro

nadie conoce el asombro como yo
esta ciudad no tiene mar
ni amor
ni vida
ni nada
algo no corresponde con la realidad



- - -



Días de Luna
Edgar García
54 pags, Metáfora Editores, 2012
ISBN: 978-9929-40-224-9

jueves, 25 de octubre de 2012

EL SOUNDTRACK

Publicado en revista Catálogo para la vida, número 11.
2012.
Reeditada.



FOTO: Portadas de algunas bandas sonoras
Ya lo había dicho Julio Cortázar, en aquél libro memorable que la mayoría conocemos (si no, búsquelo en Internet, ahí lo encuentra): "Música, melancólico alimento para los que vivimos de amor".
Al final, es cierto, estamos hechos de gygabites de canciones que nos acompañan a lo largo de nuestra vida y las volvemos a escuchar, una y otra vez hasta el hastío. Por ejemplo, uno puede observar detenidamente, y con escalofríos sicodélicos, la película-musical Across The Universe y entusiasmarse enseguida con la fascinante imaginería de algunas escenas; pero lo más alucinante, es, sin mayor titubeos, la interpretación que se hace de las 34 cancioncitas de The Beatles a lo largo de las dos horas de metralleta rítmica. No hay duda, que "love rules" y que toda historia de amor nos perseguirá desde los guiones Hollywoodenses más taquilleros hasta las entrañas más románticas y cotidianas de nuestra Latinoamérica de bajo presupuesto. Pero está bien, entendámoslo desde una perspectiva simple y precaria, comprendamos esa dimensión que nos encanta con una frase de Lennon: "All you need is love, love is all you need."

Pero insisto: “All you need is love... eh, yes, but also we need music, querido Lennon. Just music.”

Por ello, no está de más hablar sobre esa fascinante conexión que existe entre la música y la imagen. Al final de todo se complementan, se nutren una de la otra, se necesitan de alguna extraña pero obvia manera. Así pasa que muchos músicos, por ejemplo, se han inspirado en las imágenes que crean algunos directores de cine para escribir sus canciones. Y por lo mismo, muchos directores, se han inspirado en frases de canciones para definir escenas claves de sus películas, como es el caso de Paul Thomas Anderson en Magnolia, inspirándose en algunas canciones de Aimen Mann para tranformarla en una joyita del cine, ya casi un clásico.

Pero pasando al tema de esos directores que se entrometen a seleccionar su delicia musical, Quentin Tarantino es "El Maestro". Lo sabe hacer como nadie más lo ha hecho. En sus películas: Reservoir Dogs, Pulp Fiction y sendas Kill Bill, nos da una cátedra sobre cómo elegir música para un filme. Incluso hay un “soundtrack de los soundtracks” de sus películas, en el que habla de la importancia de seleccionar buenas canciones y nos comenta sobre la relación que la música debe tener con el filme. Otra directora que lo hace muy bien, es Sofia Coppola. Ya la escuchamos en Maria Antoinette, Lost in Translation y por supuesto, en The Virgin Suicides (que tiene doble soundtrack: uno con un mix de canciones viejas y otro, compuesto por la banda francesa Air). Todas estas recopilaciones son una maravilla. Otro caso maravilloso de soundtracks son Trainspotting, Garden State, Singles, Easy Rider, 24 Hour Party People, Fight Club, Lost Highway, High Fidelity, Amores Perros, ...Y tu mamá también, entre otros.

El asunto, al final de todo, es “ver” los sonidos y “escuchar” las imágenes. Por eso nos encanta llorar a lágrima viva cuando Jerry Maguire le dice a Dorothy Boyd, aquella famosa frasecita que todos conocemos, mientras la sutil tonadita gringa se va mezclando con la voz ronca de Bruce Springsteen y, las viejas divorciadas –o separadas– se estremecen en los sofás raídos del apartamento californiano y Dorothy, responde lo que ya todos nos sabemos de memoria. ¡¿O no?!

Aceptémoslo. Nos encanta. Sin música, además, las películas serían aburridas.

Es más, compramos películas románticas –y piratas– para verlas en pareja y vivir ese estremecimiento fantástico de la pantalla plana y el teatro de casa, con poporopos instantáneos embadurnados en mantequilla y margarina, en el peor de los casos. Ya acurrucados en el sofá, y acariciándonos las alitas de cupido, mientras las lagrimotas caen de emoción o de tristeza, el mundo afuera parece no importarnos. Luego nos encanta hacernos los duros, pero al final siempre terminamos llorando mares de mocos, inclusive en la escena en la que Celine le dice a Jesse: “Baby... you are gonna miss-that-plane”. Y Jesse, tranquilamente responde, desde el sofá del apartamento parisino: “I know”, mientras su risita se confunde con las notas del piano de Nina Simone, que canta parsimoniosamente Just in Time, y todo es una lloradera loca y ahí estamos tratando de detener la película –pirata– cuando los nombres de las canciones van bajando por la pantallita negra para saber cómo se llamaba la canción que salió en aquella otra escena, para después bajarla y guardarla en el iPod, y escucharla, diariamente, en nuestro Soundtrack de Vida –pirata– mientras El Gordo actúa y canta de lujo en aquella película guatemalteca que fue moda hace más de un año.

En fin, nos encanta guardar canciones para todo momento.

jueves, 18 de octubre de 2012

20 CONSEJOS por sí hay un retén

Foto: Retén chapín.
En el libro Libertad bajo palabra, el mexicano Octavio Paz escribe: “Contra el silencio y el bullicio invento la Palabra, libertad que se inventa y me inventa cada día”. No sé por qué, pero encontrar este libro viejo me puso a pensar en muchas cosas, sobre todo en la Revolución del 44 que está por celebrarse el próximo 20 de octubre. La cual, supongo, la gran mayoría de guatemaltecos ignoran, pero al contrario sí celebran el día de las hamburguesas o el día de acción de gracias gringo.

En fin, regresando al tema de la Revolución, yo nunca he sido, la verdad, asiduo a los levantamientos sociales, a las revueltas y a la masificación de la rebelión como un acto público. Más bien creo en las pequeñas revoluciones, en esas reinvenciones personales y en esos cambios de menor a mayor, por así decirlo. Por eso envidio tanto a los grupos que se levantan contra el sistema y tienen una estructura social impecable, funcional, que no se deja pisotear y que lucha por sus derechos constitucionales; aún así con palos, piedras, banderas blancas, manifiestos radiales, volantes impresos o pancartas urgentes. Considero que es de admirar esa intención, ya que el ladino promedio en Guatemala, al final de cuentas, es un individualista que se conforma con tan poco y encuentra su zona de confort en la sumisión y en la indiferencia. Esa es la verdad, así somos, esa es nuestra consigna: protestar intrínsecamente pero nunca, uy no, tomar las calles y protestar públicamente.

Todo esto viene, porque en los últimos días he coincidido involuntariamente con la palabra “revolución”. Una palabrita trillada a lo largo de la historia, claro, pero curiosamente se me ha cruzado en lecturas de diarios nacionales, en conversaciones con amigos, en coloquios universitarios, en columnas periodísticas y hasta en el peor, o mejor de los casos, en comentarios tipo random publicados desde las redes sociales. Al parecer, resulta ser que a la gran mayoría se le está apeteciendo la idea de un cambio abrupto o una nueva revolución. No sé exactamente a que se refieran. La verdad, a mí me parece una especie de moda cool y wannabe, digo, eso de que todos hablen de protesta, marcha, indignación, rabia, furia, toma del poder, etc. No creo que alguien en realidad lo vaya a hacer. Es sólo una pose, una especie de moda pasajera, como un Miércoles de Cumbia o un Pasos y Pedales.

Pero bueno, sí de verdad hay un frente opositivo y las cosas se ponen violentas y se salen de control, es inevitable que vayan a existir retenes militares en las carreteras, en los parques, en los bares, en los centros culturales e incluso, en los café internet y en los templos evangelistas. Para ello, acá unas recomendaciones por sí la mano dura y “el fusil-guitarra de la paz” nos alcanza en la calle:


1. Nunca vea directamente a los ojos al militar que lo detenga. El límite es cinco segundos, después de eso usted verá prepotencia, hermetismo, y en el peor de los casos: ignorancia. A veces, uno también puede sufrir desvaríos sonoros, como escuchar la tonadita aquella del soldado, que pasaban en Canal 5 durante los 80’s. Trate de evitar eso. Mejor mire el suelo y actúe con normalidad ante el mareo.

2. Trate de llevar alguna prenda color naranja, ya que es el color del partido oficial. Puede ser un accesorio: anteojos, pañuelo, aretes, pulseras, sombrero, bufanda, morral, perro, bicicleta, audífonos, etc.

3. Que las pulseras sean color naranja, no significa que puedan ser pulseritas típicas.

4. Que el morral sea color naranja, no significa que pueda ser un morral de Momostenango o Huehue. Mejor sí es de la Megapaca o sí es importado. Así son nuestros extremos adquisitivos, pero nunca, nunca, nunca, algo hecho en el interior del país.

5. Los anteojos anaranjados, mejor si no tienen graduación. Usted podrá parecer intelectual, y eso, escuche bien: no le gusta a nuestro presidente.

6. Vístase como hipster, yuppie o prole. Nunca como hippie, metalero, curador de arte o escritor reaccionario. Eso nunca ha sido bien visto por los partidos de poder.

7. Sí usted lleva libros en la bolsa o en el carro, sáquelos antes de salir de su casa. O mejor, en todo caso: deje de leer. La lectura contamina las intenciones gubernamentales y no permite el desarrollo de las "buenas intenciones oficiales".

8. Sí usted es obsesivo y no puede dejar de leer, ni siquiera mencione que le gustan las columnas de Juan Pensamiento en Plaza Pública o Andrés Zepeda de El Periódico. Le traerá graves problemas.

9. Sí tiene carro, revíselo detenidamente antes de salir. No lleve carteleras culturales, postales de arte, invitaciones a exposiciones, latas de cerveza vacía (o llenas) ni llaveritos típicos. Si no tiene carro, y se mueve en autobús, hágase el de la "vista gorda" y borre de su celular los fondos de pantalla del Ché Guevara y los ringtones de Silvio Rodríguez. En cambio, métale música nacional a su teléfono, Ricardo Arjona y Viento en Contra están bien. Aunque el ideal, sería música cristiana. Busque en internet, ahora hay hasta reguetón cristiano y hip hop evangélico.

10. Lo mejor que puede hacer, es llevar una Biblia con usted por aquello de las dudas, y si puede, apréndase la frase que dijo Caballeros sobre los muertos en Toto, para repetírsela al soldado que lo detenga. Eso, más un “gracias al Ejército de Guatemala, mi general”, le pueden evitar un mal rato.

11. No intente discutir con un oficial del ejército. Regularmente son como robots y no están diseñados para discernir. Es más, algunos robots militares tienen varios defectos de fábrica, entre ellos: no pueden escuchar ni expresarse con más de 25 palabras, ése es su límite idiomático.

12. Sí logra entablar una conversación con alguno, quédese callado y siga órdenes. A ellos les encanta seguir órdenes, y sí usted es capaz de hacerlo, hasta puede encontrar su verdadera vocación. De seguro hay plazas disponibles. Pregunte por los números y llame de inmediato.

13. Sí le preguntan que qué hace, usted responda que trabaja en un Call Center, un Supermercado, una Tienda Mayorista o una Agencia de Publicidad y Mercadeo. Trate de pasar desapercibido. Nunca diga que trabaja de periodista, investigador, asesor, psicólogo, librero o mucho menos que trabaja en arte. El artista está mal visto. Es relajero, bolo, drogo, inconforme, sensible y reaccionario. Por el contrario, ser abogado, tiene doble moral. Así qué piénselo bien antes de decir que es abogado o abogada.

14. Sí le gustan las drogas, mejor llévelas puestas.

15. Sí no le gustan las drogas, también llévelas puestas.

16. Sí lo detienen con amigos que llevan drogas, mejor llévenlas puestas.

17. Sí usted tiene tatuajes, diga que fue una época “rara” de su vida, pero que ya quedó atrás. Todos tenemos un pasado tormentoso, al igual que este país.

18. Sí sus tatuajes son de calaveras o pájaros extraños, acérquese con su tatuador de confianza y dígale que le añada estos colores alrededor: Verde oscuro, Verde oliva, Verde boscoso, Café puro y Beige. Si quiere, también le puede añadir un tatuaje complementario, puede ser un AK-47, IMI Galil o un M16. Un lanzagranadas lacrimógenas, es, sin dudas, el mejor diseño que le puedo recomendar. Nunca pasa de moda y además, es tan propio de nuestra identidad, casi como un símbolo patrio.

19. Sí usted no tiene tatuajes y siempre ha querido tatuarse un Ché Guevara, no lo haga. Al contrario, olvídese del Ché y busque en internet otras opciones. Le aseguro que puede encontrar bonitos diseños en Google bajo las siguientes búsquedas: “tatuajes militares” o “military tattoo designs”. Sólo cambie el águila norteamericana por un quetzal y/o la bandera gringa por una guatemalteca. También le puede añadir el logotipo del Partido Patriota sosteniendo dentro del puño a un líder de los 48 Cantones de Totonicapán, o si bien lo desea, una granada expansiva con la bandera de Guate y manchas de sangre indígena sobre ella. RECOMENDACIÓN: Ya no se tatúe glifos mayas. Yo tengo dos desde hace 15 años y estoy pensando seriamente en removérmelos, ya que eso significa “retén exitoso” para ellos. Además, un nahual entintado no lo va a proteger de un grupo de soldados enfurecidos.

20. Ya se acerca Halloween y eso significa diversión. Por favor, léame bien: no se disfrace de soldado, es de mal gusto, a menos que tenga el cuerpo de Demi Moore y unos bíceps de gimnasio. Sí es hombre y tiene el pelo largo, tampoco se haga pasar por Roxana Baldetti. Evite todo contacto con la autoridad y trate de pasar desapercibido. No disfrazarse, también es una opción.

martes, 9 de octubre de 2012

GRACIAS a los soldados...

FOTO: Marcha a favor de
exmilitares, septiembre 2012.
Gracias a los soldados, y no a los poetas, las balas son el orgullo nacional de este país que se desangra y palidece a cada segundo como un gato moribundo en medio de un enjambre de avispas asesinas. Gracias a los soldados, y no a los poetas, la herencia que le estamos dejando a nuestros niños es la de una libertad doblegada y aprisionada por la mano dura, tendida en el fondo de una fosa común y olvidada por la gran mayoría a través de los años. Gracias a los soldados, y no a los poetas, en nuestro diccionario la palabra Ley significa pólvora. Gracias a los soldados, y no a los poetas, el sustantivo más usado en los últimos treinta años de historia en Guatemala es: dolor.


 
Gracias a los soldados, y no a los poetas, "violación" es una palabra común y corriente, usada sobre todo por los más débiles, que a grandes rasgos somos la mayoría. Gracias a los soldados, y no a los poetas, aquí la vida no vale nada. Gracias a los soldados, y no a los poetas, miles de mujeres y niñas fueron ultrajadas bajo el denso silencio de la selva y el estruendo abominable de un escuadrón de salvajes. Gracias a los soldados, y no a los poetas, la libertad de expresión es una cláusula que nunca ha existido en la Constitución de la República. Gracias a los soldados, y no a los poetas, hay un sinfín de historias dolorosas que cuentan los familiares de los miles de desaparecidos a lo largo y ancho del territorio de este paisito. Gracias a los soldados, y no a los poetas, el genocidio es algo que existe en los cuentos de soldados, escritos por soldados, en un país lleno de soldados que son dirigidos por generales soldados, que tienen esposas y amigos corruptos que dicen: "en Guatemala no hubo genocidio".


 
Gracias a los soldados, y no a los poetas, las balas tienen una misión específica: tumbar al inocente. Gracias a los soldados, y no a los poetas, la lucha sigue siendo contra el Sistema y sus devaluaciones y corrupciones constantes. Gracias a los soldados, y no a los poetas, huir de tu propio país, resulta a veces, la única esperanza. Gracias a los soldados, y no a los poetas, un arma de fuego es la imagen más patética y cobarde de hacer justicia. Gracias a los soldados, y no a los poetas, un niño llora desconsoladamente, confundido, tras la muerte abrupta de su padre en medio altiplano guatemalteco. Gracias a los soldados, y no a los poetas, ese difunto padre no podrá cargar a sus nietos cuando el niño crezca y tenga hijos, sin orgullo ni patria, y la vida lo pase llevando de frente como quien nunca fue feliz, dicho, pleno. Gracias a los soldados, y no a los poetas, el presente de este país es sólo pólvora, lamento, paranoia y desasosiego. Gracias a los soldados, y no a los poetas, un fusil en forma de guitarra es capaz de asesinar, ensordecedoramente, a más de cinco mil ingenuos en un estadio un día domingo. Gracias a los soldados, y no a los poetas, avanzar significa rebobinar el pasado una y otra vez dolorosamente.


 
Gracias a los soldados, y no a los poetas, el poder intelectual de generaciones pasadas, sencillamente desapareció por completo. Gracias a los soldados, y no a los poetas, la vida aquí no tiene un mejor panorama. Gracias a los soldados, y no a los poetas, la muerte sigue siendo nuestro pan de cada día. Gracias a los soldados, y no a los poetas, nuestro futuro viste de luto en los días en que una celebración es necesaria. Gracias a los soldados, y no a los poetas, la rebelión está por venir en cualquier momento. Gracias a los soldados, y no a los poetas, el engaño se ha vuelto cosa de respirar todos los días desde cualquier rincón de este país lleno de espanto. Gracias a los soldados, y no a los poetas, los diarios anuncian desconsuelo en cada una de sus páginas todos los días. Gracias a los soldados, y no a los poetas, miles de familias fueron desalojadas de su tierra, que era lo único que tenían para cultivar el vasto poema que es la vida. Gracias a los soldados, y no a los poetas, miles de guatemaltecos han sido privados de lo único que verdaderamente les pertenece: su vida.



Gracias a los soldados, y no a los poetas, lo ocurrido en Totonicapán el jueves pasado es un recordatorio constante de que no hemos progresado en absoluto; y que a pesar de ser un hecho independiente, y fortuito, es un evento del cual algunos se enorgullecen de tildar como "justo y necesario".


Gracias a los soldados, y no a los poetas, la literatura es un refugio, una especie de búnker personalizado donde se construye un tierno panorama de a poquitos.


Gracias a los soldados, y no a los poetas, aquí no hay futuro, ni respeto, ni dignidad. Ni mucho menos memoria.



Gracias a los soldados. Muchas gracias.





LINK DE FOTOS:
http://primavera-tirania.com/libro/index.html

martes, 2 de octubre de 2012

EL ARTE Y EL PODER, primera parte



BS20, septiembre 2012
(Cortesía de Juan Carlos Barrios)
Hace más de una década el arte guatemalteco parecía despertar de un letargo forzoso e irremediable con proyectos artísticos como Casa Bizarra, Primera Generación Records, Festival Octubre Azul, Festival del Centro Histórico, Tripiarte, La Fosa Común, Editorial X, Colloquia, Caja Lúdica, entre otros. Todos estos proyectos estuvieron vinculados, de alguna extraña y necesaria manera, con lo que resultó ser la piedra angular de los noventa:

La rebelión.


 
Para mí, "la rebelión" es como una chiquilla punk, insolente y desafiante al mejor estilo de Lisbeth Salander –de la trilogía de Larsson–, pero también elegante y tímida como Patti Smith –la poeta del punk– en sus primeros años. Es decir, una mezcla bizarra pero hermosa de Albert Camus, Lou Reed y Courtney Love. La idea, es sencilla, digo, la idea de la rebelión: descentralizar el arte (desde un cliché romántico), hacer temblar los pilares de la moral (sin anarquía, claro) y provocar un estallido inmediato en la movida sociocultural de una región. Para ese entonces (bueno, acá les estoy hablando estríctamente del año 1997), yo ni siquiera llegaba a los veinte años y mis lecturas de Nietzsche, Chomsky, Sartre, Kafka y Cortázar eran lo poco a lo que me aferraba con recelo. No sabía nada de muchas cosas –todavía no sé nada de muchas cosas–, pero sí conocía algo del movimiento punk de los 70's y del grounge de los 90's, y ambos, me parecían la estampida perfecta directo a la yugular de la cultura. Esos, creo, que fueron muchos de los cimientos del movimiento rock de los noventa en Guatemala: una mezcla entre el grounge noventero, el postpunk ochentero y las lecturas de autores como Pessoa, Pound o la Generación Beat. Y sin lugar a dudas, el movimiento rock de los noventas, fue el hilo conductor y el parteaguas de muchas de las temáticas del arte que se abordaron en años posteriores.

 
Regina José Galindo, agosto 1998
(Cortesía de Regina José Galindo)
Algunos contemporáneos míos incluso, no llegaban ni siquiera a los veinte años, y otros, que ya andaban llegando a su primer cuarto de siglo, contaban con la responsabilidad, por decirlo de alguna manera, de catalizar y gestionar las corrientes de arte que desembocarían en lo que se está realizando actualmente. A ellos, mi admiración y respeto. Por ellos existen bienales, festivales de cine, bachilleratos en arte, centros culturales, residencias artísticas y premios que antes no existían.

Para ese entonces la vertiente discursiva lindaba entre varios tópicos: La libertad de expresión (a causa de la infelicidad ridícula por treinta años de guerra), la libre experimentación (provocada quizá, por la carencia de lecturas y referentes académicos como abundan ahora), el desencanto y la lucha contra el poder (esto, por la imposición de regímenes militaristas que dejaron una estela de paranoia y miedo en toda una generación). Y si bien estos tópicos eran reiterantes en cualquier obra visual, musical o escrita; también era inevitable que un halo de irreverencia predominara en todo lo que se creara, a la vez que existieran ciertos matices de ingenuidad y puerilidad colectiva. En efecto, esos esbozos sirvieron como punto de partida para lo que hoy conocemos como arte contemporáneo en Guatemala, término que afirma nuestra realidad como pueblo vivo. Por consecuencia, toda obra es una necesidad humana de trascender; tal y como lo diría Octavio Paz, "es el olmo que da siempre peras increíbles".

 

Así, nuevos espacios han abierto sus puertas para el arte y, es genial ver cuánta gente joven reunida en colectivos o en solitario, repercute de manera inmediata en la vida cotidiana del guatemalteco a través del arte. Ahora abundan los festivales de arte, las fundaciones que aportan respiro –y pisto–, los centros culturales que se inundan de actividades culturales cada semana y los gestores culturales, para los cuales ya existen diplomados y licenciaturas. Ahora, volviendo el tiempo atrás, veo que también muchas cosas han cambiado: algunos ya tenemos canas, hijos, arrugas inevitables y una enorme lista de cosas hechas y deshechas. Pero hay algo que no ha cambiado y, eso es lo importante: La constante creación y la rebelión, que se ha disfrazado un poco, cambiando las pulseritas de Pana por los relojes retro, los morralitos de Momostenango llenos de libros por las mochilas con laptop y los caites de goma por las zapatillas deportivas.


En sí, todo cambio es un poder. Y partiendo de esta reflexión, no me queda la menor duda de que "el arte es un poder" y, a manera de palíndromo sensitivo, "el poder también es un arte", y la idea de sucumbir un país a través de sus cauces, creo, que es lo menos que podemos hacer como habitantes de este siglo. Y ante todo, de este país.