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viernes, 16 de agosto de 2013

POLAROIDS MUSICALES 6: Rarezas

Siempre seremos raros, ad infinitum.
Fuck Buttons, These New Puritans, Jenny Hval



Hace una semana –sin medir siquiera la ofuscación que esa palabra puede provocar en las redes sociales–, me denominaron “raro”. La verdad, nunca me he considerado lo contrario, pero tampoco es para tanto. Quiero decir, toda mi vida he hecho cosas raras o estúpidas, a discresión de lo que la mayoría opina, y al decir esto, no cabe la menor duda de que muchos de los que conozco también son “raros”. Ojo: Raro no es sinónimo de estúpido, ni tampoco de loco, aunque en la rareza hay algo de ambas cosas y de ninguna.

En fin, “raro” es un término que puede estigmatizar y estimular a peroratas rudimentarias que no nos conducirán a nada, más que a confabular –elitista y peyorativamente–, contra los menos “raros”, los menos excéntricos, los menos originales, los más conservadores en todo caso. Pero a ver, intentemos definir dicha palabra, ya que en algunos casos aún provoca malestar y agravio, siendo éste hasta un insulto o un halago. Por otra parte, basta con buscar imágenes en Google con la palabra “raro” y una serie de acotaciones dispersas aparecen en la pantalla provocando extrañeza, disgusto, sinsabor y valga la redundancia: rareza.


A ver, les cuento. Hace una semana estuve como invitado en una presentación que se tituló “Rareza #4, sesión poética de reguetón”, a la cual muchos dejaron de asistir, extrañamente, por su rareza. La intención de la actividad era reunir –armoniosa y estilísticamente– la poesía con la furia silábica y sexosa del reguetón. Es decir, leer a Daddy Yankee o El General al mejor estilo de los poetas franceses del siglo diescinueve. Creando así, una fusión entre lo popular y lo culto, que dio como resultado algo lúdico y menos presuntuoso. La actividad, a mi criterio, resultó todo un éxito, tanto así que ya estamos preparando la segunda parte en conjunto con LA ERRE y Revista Rara; pero esta vez con José José y El Buki como ejes principales.

VIDEO 1
VIDEO 2


Todo esto me hizo pensar en que siempre he sido una persona rara en el amplio contexto de la palabra. Es decir: No me gusta el reguetón, pero sí los poetas suicidas y tremulantes de la Francia decadente. Además, desde niño, siempre me gustó coleccionar y catalogar a los juguetes por nombre, color o marca. Tenía repisas donde colocaba los carritos por color y número de pasajeros (eso es bastante raro y obsesivo, pero sobre todo raro). Luego, en la adolescencia, una obsesiva maraña de gustos me llevó a experimentar con lecturas de todo tipo, sobre todo las filosóficas que estaban muy por encima del promedio: Nietzsche, Foucault, Canetti, Derrida, Chomsky. Autores raros, totalmente opuestos a las lecturas de sociología, superación y modernismo costumbrista que daban en el colegio (eso sin lugar a dudas, marcó un antes y un después en mi vida). Ya de universitario, mi “rareza” me llevó a coleccionar diversos objetos como libros, postales, pines, discos, piedras y otro montón de estupideces. Pero bueno, no nos pongamos raros, todos tenemos una carpeta porno y más de algún secreto que nos hace ser raros de “a de veras".



Si vos sos rar@, y estás leyendo estas palabras, quiere decir que querés llegar al fondo del asunto. Como sabés, mi idea en este espacio es hablar sobre música o reseñar discos, y eso, querid@, es lo que importa. Entonces hablaré de música rara para no ser redundante. Música que seguramente no encontrés en la radio, ni mucho menos en los bares o en los espacios dedicados a la música comercial.

Te lo pongo fácil: Tres discos raros de este año. Voraces y hermosos, pero raros.

IDM, Drone, Post-Rock, Art-Rock, Avant-garde; esas terribles bellezas y rarezas irremediables. Los tres hilvanados por literatura: una crónica, unos fragmentos en prosa y un relato breve, todos escritos en tiempos raros (pasados) de mi vida. Nada fuera de este mundo. Música rara y textos raros, inéditos, como sea.

En fin, ya que estamos hablando de gustos raros y vos me entendés, levantá tu copa y brindá conmigo por nuestra rareza. Salucita. Que la rareza nos trence en la lectura y en la música de una vez por todas.

¡A “rarearse”, he dicho!




FUCK BUTTONS: Slow Focus

Disco obtuso, recién salido hace unos días. De esa música que te parte en dos el oído y te perfora poco a poco con sus reverbs y sus sonidos toscos. De mis discos favoritos de los últimos días. Es enérgico, meditabundo y completo. Un discazo para escucharlo detenidamente. Experimental y melódico. Ruidoso y vertiginoso. Si bien la música es un zumbido de otra dimensión, este es el disco perfecto para cruzar el universo en un viaje de agujeros negros y floribundias melodiosas. Si sos lo suficientemente raro, este será tu disco favorito del año. No hay duda que estos dos chavos ingleses están inventando un nuevo género. Quisiera verlos en vivo, pero ya veré a Atoms for Peace dentro de poco.



A Brenda le encantan las drogas, sobre todo el ácido y la coca. Aunque es por épocas, porque a veces prefiere los hongos y otras veces solo fumar mota. El trago no la entusiasma mucho, pero el último año ha cursado la maldición de tomar todos los fines de semana hasta ponerse tremendas papalinas y borrar casete. Ya no recuerda cuando fue el último viernes que pasó sobria. Sus viernes y sábados han sido: vodka, cerveza, cocteles preparados, tequila, güisqui, ginebra; de todo, menos ron, porque esa mierda apesta. Sus domingos: Una resaca incurable que poco a poco se ha vuelto familiar y cada vez menos esquiva. Modorras en el cuerpo, temblores en la quijada, mareos, sed, cansancio, sudoración, malhumor, depresión, culpa, hastío.


Cada viernes, después de las aburridas clases de la aburrida carrera universitaria que estudia, maneja rumbo a su apartamento, que le heredó su tía y donde vive sola desde que cumplió los veinte, ahora tiene veinticuatro. De la U sale a las siete en punto del Edificio de Arquitectura, y a las ocho menos veinte, estaciona el New Beatle frente al portón de su casa, que hace algunos días manchó con aerosol y esténcil después de una madrugada en lisérgicos.

Regularmente la acompañan Rodri o Alejandro, dos amigos de la U a quienes también les encanta meterse drogas y bailar música electrónica hasta entradas horas de la madrugada. Alejandro, es un experto haciendo micheladas, lo que supone que es él quien debe aguantar la parranda y estar de pie, o al menos más lúcido y menos tembloroso, para preparar ese delicioso elixir que vociferan urgidas y trepidantes, las lenguas sedientas de toda resaca. Rodri, el más pequeño de los tres, es DJ y además, un ejecutivo exitoso. Los tres pareciera que fuera inseparables. Son la piedra angular de la fiesta. El triunvirato del exceso. La santísima trinidad alucinógena.


En fin, lo que hacen los fines de semana es simple.

La travesía comienza el viernes, justo al salir de clases, a eso de las ocho de la noche. La mayoría de las veces se reúnen en casa de Brenda, otras veces ella los alcanza en algún bar de la Zona Viva después de arreglarse y plancharse el pelo. Ya para eso, Rodri y Ale ya andan cocteleando en algún afteroffice de algún rinconcito de la ciudad. Cuando no es así, y están reunidos en la salita del apartamento de Brenda, todo va más sencillo: Encienden un purito de mota o hash, y se sirven cualquier cosa de beber, regularmente cerveza o vodka con jugo de naranja. Ven tele un rato, bromean, escuchan música, se abrazan, llaman al díler y piden juguetes suficientes para divertirse en lo que dure la parranda: MDMA, colmillos de coca, puritos de DMT, papeles, ajos, pepas, cualquier cosa “luminosa”. Después de meterse algo, llegan a algún bar y fuman y conversan sobre muladas de la U o el trabajo. Brenda, regularmente se encuentra con conocidos de la firma de arquitectos donde trabaja por las mañanas, así que es posible que terminen rodeados en un grupo grande de personas disímiles y contradictorias. Otras veces, son sólo los tres contra el mundo. Ahí no cabe más nadie.

Beben, bailan, se meten llavazos en el baño, caminan, miran el cielo, cambian de bar por algo más movido y se entachan en menos de media hora. Los ritmos los hacen ir y venir de un lado a otro: deephouse, progressive, minimal, electro, nada que tenga coros porque eso contamina el ambiente sonoro de la fiesta. Tampoco nada de cumbia, porque esa mierda es muca y además, está de moda.

Regularmente los bares y los clubes cierran, y ellos, más prendidos que arañas a sus telarañas, parecen buscarle fin a los colmillos y a los envases de cerveza extranjera. Cuando la policía los hostiga, cambian de ambiente o se van directos a un after. A veces el after es en casa de Brenda. Abundan los escotes, la música ruidosa y las risas de madrugada. En algunas ocasiones Brenda se lleva a más de algún desconocido al cuarto. Se lo agarra, o a veces sin mayor preámbulo, se lo coge, a secas. Otras veces le gusta calentar a los chavos, quiero decir, dejarlos “duros” y ganosos. A veces, también, le gusta andar sin blusa y no hay más de alguno, caliente y macho, que se la quiera llevar al cuarto al menos para meterle mano. En sí, nada nuevo, todo lo que puede ocurrir en un after: drogas, música, pláticas tontas, deseos vertiginosos, a veces cuentazos.


Así, después de todo desmadre, llega la mañana y con ésta, el medio día del sábado con sus monchis y su resequedad ostentosa. Hay una urgencia por querer salir a campo abierto, y Brenda, que está más enfiestada que Jim Morrison en aquél concierto en el que lo metieron preso, propone seguir la fiesta antes de que el cuerpo pida descanso y aburrimiento. Sin más, llega la tarde, la noche y el goce. Brenda y sus amigos deciden llamar al díler por más drogas y se colocan otra papalina, llena de sicotrópicos y viajes legendarios hacia la madrugada. Una manera de sobrellevar la vida y el sufrimiento. Pero bueno, eso es otra historia.

Lo que le gusta a Brenda, por sobre todas las cosas, es saborear las drogas y caminar al borde del exceso. Nunca se ha inyectado o ha fumado piedra. Eso no. Eso es para mara bien loca que está trabada del coco, deseando morir en cualquier momento… a mí lo que me gusta es disfrutar la vida y sus colores. Eso me dice Brenda cada vez que viene a visitarme al siquiátrico donde estoy recluido. Sus visitas son lo máximo. Me dejan con un sabor sonoro en la punta de la lengua. No tengo otra manera de explicarlo.

El otro día, por ejemplo, llegó entachada y parecía bien contenta, adrelinada por el vaho suculento de la droga. Casi ni recuerdo lo que hablamos. Pero salimos al patio y nos tiramos sobre la grama a ver las hojas caer de los árboles. Parecían constelaciones y planetas, tipografías deliciosas de otra época cayendo sumisas hacia el irremediable y vertiginoso transcurrir de la memoria. Esa noche, soñé con satélites y radares, naves espaciales en las que viajaba con Brenda rumbo a XS-23, el planeta que habíamos visto caer cuando descansábamos sobre la tibia banquita por la tarde. Habían bicicletas aéreas, espirales incandescentes, estrellas fugaces, luces etéreas y mucho vacío.


Todo esto, me hace pensar que Brenda es lo único que tengo. El único lazo que me conecta con el exterior y la única sensación de paz para esta locura que me succiona y mata lentamente dentro del siquiátrico. Acá, todos parecen estar locos y enfermos de “algo” que no tiene nombre. La locura es una incertidumbre, un limbo particular, un suicidio lento. Los días pasan como lombrices bajo tierra, y su mirada, la de Brenda, cuando viene a visitarme, es el único rincón donde mis sueños y mis histerias por fin descansan.


A eso me refiero con que Brenda, el personaje de esta novela que estoy escribiendo, sea lo único que me hace recordar que la felicidad, la furia y el desenfreno existan. Todavía recuerdo aquel día en que nos conocimos y decidí ponerle rostro, cabello y manos. Ese día todo cambió para siempre. De eso hace más de dos años y esta novela nunca la termino, parece un viaje eterno de dulces y morfina. Una caja de cristal que en algún momento del trance estalla y se disipa.

Mi siquiatra me ha dicho repetidamente que escribir es el único remedio para mi locura. Me dice, también, que escriba todo lo que pueda porque es la única manera de no reprimir todo lo frustrado, y también, de aniquilar la rabia interna. Algún día, espero que sea pronto, terminaré de escribir estos apuntes y talvez, sólo así, pueda salir de estas cuatro paredes que huelen a humedad y encierro. Salir de acá significará mi nirvana, mi iluminación, mi cielo. El infierno de estar atrapado en este maldito laberinto me sofoca. Yo quiero ver la luz, pasear por la calle, subir a un teleférico, bailar música electrónica hasta que me caiga del cansancio.

Pero bueno, ya escribí suficiente por hoy, estoy agotado.

Brenda y yo, tenemos sueño.



THESE NEW PURITANS: Field of Reeds

Disco extrañísimo. Melódico, oscuro, aburrido y melancólico. Perfecto para escucharlo bajo la lluvia o en el auto. Sinfónico y especial. Mucho de Béla Bartók, Arvo Pärt y hasta de Yo la tengo. Mucho de exploración sonora. Mucho piano, mucho jazz, muchos coros y sonidos estrambóticos. Experimental y lleno de texturas. Letras confusas y tenues. De esos discos que odiás y no querés saber nada, o sencillamente, te apasionan. Salió hace un mes y al parecer la crítica les está aplaudiendo a este cuarteto de polifacéticos y locos. Antes hacían punk y ahora salen con esto. Hay que escucharlo detenidamente, y varias veces. Tiene tanta experimentación que por momentos cae, pero ojo, el disco se levanta poco a poco hasta convulsionar de rabia fonética. Recomenrarísimo. Es un exceso polifónico.





IX (fragmento de Prosac, inédito)

Soy prosa, verso, soy cualquier cosa. Sigo siendo un transcurso, una proeza efímera, una bocanada de humo, un conmovido recuerdo. Sigo siendo alquitrán fumado, volteado, inexacto. Noche oscura, rincón de arena, falo suelto. Veo pasar las nubes insólitas en regreso de días, horas, pausas. Todo es un vaivén de sexos. Sonoro remolino, temblor de agua, ola anémica. Cuando cierro los ojos soy florifundia epidérmica, güisqui fonético, temible memoria. Sigo siendo eso que aún no corre y fluye. Siego siendo prosa, verso, cualquier cosa. Triste y fulminante universo.


X (fragmento de Prosac, inédito)

Me puedo escuchar zumbando en el circuito cerrado de tu dermis. Puedo palpar tu tibia anorexia de sueños y promover festivales, de cine mudo, en la inevitable delicadeza de tu cintura o tu sexo. Las palabras me rebotan en el paladar de la urgencia, los líquidos me fluyen, ilícitamente, alrededor de los callejones de la tristeza. Tu sexo, vibrante y tempestuoso, se desenfunda entre mis miedos. Tu silueta se desmorona de adjetivos y verbos. Tu olor a espuma me invande. Nos hacemos los mártires entre el silencio de la noche. Nos hacemos los expertos sobre la perfecta horizontalidad de los sudores. Nuestras melenas se intrincan, nuestros anhelos se desvanecen como vacuos pasatiempos en desvelo. Hacemos ruido, hacemos textos como exégetas puntuales del momento. Nos destrozamos las alacenas de lo repentino, nos damos casaca entre las bofas risas del ceremonial cortejo. Te veo bailar, acrílica y térmica, quitándote el suetercito púrpura y las botitas de cuero. Te veo juntando los algoritmos de esta ecuación inconclusa. Te veo regresando la mirada entre el aire y moviendo las manos, inquieta y titubeante, sensual y eriza. Yo mientras tanto, te provoco un carmesí de símbolos y vuelvo a meter mis frías manos por debajo de tu falda. El mundo, sólo así, deja de ser mundo. La literatura deja sus letras y los fantasmas agonizan desde todos los aeropuertos. Las estrellas, se vuelcan sobre tu crucial primavera y somos dos, solo dos pulsiones, regalándonos soledades mutuas y tibios amaneceres sin rencores. Nos inquerimos las ropas, nos examinamos las quijadas. Nos volvemos a encontrar el rumbo errado de todos los confesionarios.

Peco en tu cuerpo de arena, niña. Peco en silencio. Voluntariamente peco.


XIV (fragmento de Prosac, inédito)

Hay algo tuyo que inunda las azoteas de mis soledades más anchas, más estrepitosas. Debe de ser tu risa, tus manos, tu persistente ir y venir que llena mis ojos de felicidad y silencio. Debe de ser la flameante catapulta de tu cuerpo, el exquisito cúmulo de paraísos que te rodean, la proximidad acaso, de mis cadavéricos infiernos con tus retóricos cielos. Mientras tanto, me mudaré a tu soledad, me tatuaré con sellos: tu inevitable tristeza. Llenaré este vacío con palabritas nueva. Conoceré mis últimas fronteras. Conocerás las tuyas. Migraré hacia tu costa, como un fantasma enamorado de la brisa de tu nueva fórmula. Viajaré por todos y cada uno de los caminos de tu vientre–patria. Me saciaré entre soledades compartidas, una y otra vez, hasta colmarme de tus nuevos recuerdos. Inventaré una lengua nueva, sumergido en tu naranja república del alfabeto. Nos olvidaremos del mundo, inmersos en esta nuestra isla de lepidópteras palabras desde el medio día. Te vengarás del pasado, así cómo nos olvidaremos de nuestros ancestros. Empezaremos de nuevo, niña, con cocos locos al unísono y con mucha bosanova sobre las melenas.

XVI (fragmento de Prosac, inédito)

Te espero con las ganitas en la chumpa y con el inbox de los días sumergido en tristes sinfonías. Te espero con la sonrisa más tibia por debajo de la manga. Te espero con la tibia mañana en la punta de los dedos y con las cicatrices del tiempo, adheridas a la bufanda. Te espero con la sospecha, de tener una metáfora sospechosa, guardada en la melena. Te espero con la pena, de no ser el correcto. Te espero con la nariz fría y la sudadera en timelaps. Te espero a mil-veinticuatro-ka-be-pe-éses rondando alrededor de la tibia simetría de la noche. Te espero con mi noche estacionada en la avenida de los recuerdos. Te espero con la mañana en las manos y con la sorpresa de los alfabetos al borde de un aeropuerto. Te espero con los miedos azules, con las ansiedades amarillas y la tonadita en repeat doliéndose las manos. Te espero a contratiempos cuánticos. Te espero. Te espero con la mirada en blanco, con mi arena negra y la tristeza guardada en una bienvenida. Te espero con todos mis excesos y con la soledad más trillada que una canción de moda. Te espero cuando lleguen las despedidas, y tristemente, nos abandonemos al silencio.


SÁBADO (fragmento de Arbitraria Muchedumbre, 2009)

de noche duerme el país con sus ignorantes felicidades
un plomazo
cruje en la profundidad etérea del silencio
pum
pum
dos plomazos
tres
cuatro
mi vida es este transcurso nocturno
esta inseguridad constante
soy este transcurso nocturno
soy un cuaderno
si

abierto
para dibujos de ciego


Irrumpimos la night con su dark azar al ritmo de los jadeos. Me encontré con pipol, nos vieron gesticular fonemas guait. Tres gramos de mirrous, novecientos megabaits de rocanrol y quince centímetros de selecta mit, nos sirvieron para entretenernos por el resto de la madrunight.

Me preguntaron qué has hecho, dónde, cómo, con quién, cuándo.

–No he ido al cine, dejé el trabajo, bebo mucho más, escribo mucho y leo poco –respondí todavía en trance, mientras apagaba el Motorola y me rascaba los testículos volviendo todavía del trance. “Muchá, por fin encontré la rola que quiero que escuchen con el poema que quiero que lean”, les dije, mientras empezaba a hacer cuentas de toditas las cosas que tengo por hacer durante la semana. Luego arreglé la cama, abrí el libro de Bowles, encendí un cigarro, pensé en el desierto y saqué las botellas vacías al patio. Sonreí sin ganas, pero también con ganas, de palpar en mis manos el aire del siguiente amanecer.

Quise vomitar en el baño, dos veces esta tristeza.


TIC–TAC
TIC–TAC
TIC
TAC
TIC
TAC
TAC
TAC
TAAAAC
TAAAAAAAAAAAC

ver pasar el tiempo
escuchar pasar el tiempo
sentir pasar el tiempo
no es recomendable
con mil caballos de fuerza en el corazón




JENNY HVAL: Innocence Is Kinky

Me encantan las chavas raras que cantan. Jenny es una de ellas. Muy Patti Smith, muy Björk, muy Siouxsie Sioux. Este disco parece no tenerle miedo a las grandes líricas y a los grandes experimentos de la escritura creativa. Es poesía, es estruendo, es improvisación, es abandono. Mientras el disco avanza, pareciera que la voz desafinada de Jenny se encuentra con su eje poético, y eso, justamente eso es lo que lo hace más raro. De esos discos que escuchás una sola vez o lo ponés de fondo para sorprender a tus invitados con música rara, muy rara. Es impredecible, maquiavélico, experimental y quejumbroso. De seguro te va a encantar. Yo lo he escuchado unas diez veces.




UNOS AUDÍFONOS VERDES

Dani sale de su casa sin mediar palabra. Irritada, triste, rebelde; cierra la puerta de un solo portazo. Sobre el hombro lleva una mochila típica, en la que algunos pines y parches de colores, dejan ver que aún cursa el último año del colegio. Dentro de la pálida mochila lleva varias cosas, sobre todo una: el eterno peluche que su abuela le regaló para un cumpleaños. Ese es su alivio, su amuleto. Dani parece estar enojada y triste, pero se concentra en la música que escucha de sus audífonos verdes; y todo el enojo, ése que siente desde el fondo de su pecho, parece disolverse con cada paso que da firme sobre la acera. Por un momento, pareciera olvidar la sangre que gotea insistentemente desde sus delgadas manos, y se deja ir, literalmente, hacia el zumbido de los audífonos verdes que escucha con hipnótico esmero.

Dani camina y camina, pareciera que la música le levanta el ánimo al punto que nada más importa, mucho menos la vibración del celular en la mochila ni la sangre que ahora le inunda la blusa, la falda y las calcetas amarillas. Las heridas parecen dolorosas, pero no le duelen. Dentro de su mochila aún lleva la cuchilla de su hermano, con la que dibujó dos largos y profundos barrancos sobre sus muñecas; pero Dani, no piensa en eso ahora, piensa en la música que escucha y todo parece olvidarse en un estruendo de armonías inverosímiles y paisajes oníricos. Puede ver un bosque a lo lejos, una luz, un pacífico riachuelo y una bandada de pájaros que le dan cierta paz, cierto alivio. Cierto descanso.

Después de varias cuadras, Dani cae al suelo, y ahí tendida, parece una tierna nota musical cubierta de felicidad y sangre. Al caer, los audífonos verdes se rompen y quedan esparcidos como recuerdos a lo largo de la acera. Inmediatamente la música se acaba y del otro lado de la calle, un perro ladra.

Un avión, desde lo alto, cruza el cielo. Una sonrisita se vislumbra entre sus labios y el tamborcito en el pecho, ése que hace unos minutos bombeaba infelicidades dentro de su cuerpo, deja de suspirar canciones y cede ante el oleaje de lo inmóvil. El celular, en su mochila, enlista diez llamadas perdidas y la tarde avanza, como un piano de Brahms o Schubert, sin caricias tercas y maltratos insistentes de un padre vociferante.

La calle, se inunda de monotonía y gente. Otro perro ladra en la lejanía.

Una nuba blanca, más blanca que la ternura, cruza el cielo rápidamente.




Columna quincenal publicada en Esquisses.









viernes, 26 de julio de 2013

POLAROIDS MUSICALES 5: Música para ferias de libro


A finales de los setenta, el infatigable e inquieto Brian Eno, empezaba a delinear aquella colección de música ambient –género que él mismo acuñó para su selecta producción de pistas instrumentales llenas de minimalismo, sosiego y reflexión– que estaban concebidas como parte de una instalación sonora, luego de que él mismo quedara atrapado en un aeropuerto años antes. La primera plaqueta de esta colección de discos “extraños” para la época, se llamaría Ambient 1: Music for Airports; una composición de sintetizadores, efectos vocales y loops invertidos, diseñados para contrarestar el estrés que producen los aeropuertos con sus ruidos, prisas y demás voluptuosidades sonoras, que muy fácil desesperan a cualquiera.

Su idea, en todo caso, siempre me ha parecido algo genial. Un súbito y enérgico intento por diferenciar su producción minimalista en contra de la música enlatada o “música para elevador” de esa época; típica de los ambientes institucionales, públicos o privados que saturaban los oídos con musiquita ligera a cargo de Paul Mauriat, Henry Mancini, Kenny Rogers, Tony Bennett, Air Supply, The Carpenters, Chet Atkins, Herb Alpert o el pianito desesperante de Richard Clayderman.

En Latinoamérica –específicamente Guatemala–, es inevitable encontrar música enlatada por todas partes: El supermercado, el centro comercial, la tienda de departamentos, el elevador, la salita de espera, la cola del banco, la clínica del dentista, la boda del amigo y hasta en la casa de los tíos, que supuestamente, pintan de ser los menos “cuadrados” y los más hippies de toda la familia.

Sin importar el lugar, siempre estaremos rodeados de Barry Manilows, Kenny G’s, Michael Boltons, Mariah Careys, Barbra Streisands, Céline Dions, Juanes, Manás, Shakiras, Arjonas, Marc Anthonys, Jerry Riveras, Raúl di Blasios y hasta en el peor de los casos, de reguetón instrumental o de Guns ‘n Roses al mejor estilo de la bossa nova más deprimente y consumada.


Por eso, a horas de empezar mi travesía en la X Feria Internacional del Libro de Guatemala, me propongo (y les propongo) una lista de once discos nuevecitos –recién salidos del estudio– y la lectura de varios libros nuevos, para aguantar el desolado paisaje que dibujan más de ocho horas diarias en un stand de dos metros por dos metros; en el que vender libros nacionales (Vueltegato Editores, Alas de Barrilete Editorial, Editorial X y otros proyectos editoriales) resulta ser una aventura contra la corriente.

Excluyo de esta lista, algunos discos reseñados anteriormente y algunos que aún no he podido escuchar con el merecido afecto que se merecen. Pero en el mejor de los casos, el playlist promete que me asignen como DJ oficial de FILGUA 2013. Lo cual, como sabemos, no va a suceder aunque muchos de ustedes piensen lo contrario.

Así que no se sorprendan ni desesperen, por si dan una vuelta por el Parque de la Industria (del 26 de julio al 4 de agosto) y la música que esté “tronando” sea la peor tonadita de bachata, merengue popular o reguetón evangélico.

Ya dicho todo esto, quedan advertidos.

Ahora bien, abróchense los cinturones porque despegamos con nuestro listado de "Música para Ferias de Libro". Disfruten del viaje.


BOARDS OF CANADA
Tomorrow's Harvest
Escocia

Un disco hermoso, purista desde su concepción electrónica y extremadamente bien hecho. Lleno de sonidos a destiempo y retóricas ambientales que lo rellenan en sus esquinas más vacías. Una hora de éxtasis rítmico y variantes hacia el Downtempo y el IDM, muy parecido al Virgin Suicides de Air, pero muchísimo más lento y experimental. Hecho, sin lugar a dudas, para la banda sonora de una película de ciencia ficción escandinava o italiana que aún no ha sido filmada. Tomorrow’s Harvest es perfecto para ponerlo de fondo mientras hordas de estudiantes se avalanzan sobre las mesas de separadores gratis, y yo leo a Henry Parland o Irvine Welsch, recostado sobre la silla plástica en un trance de auroras boreales o soles de medianoche.



LEMAITRE
Relativity 3, EP
Noruega

Con quince minutos de este EP es suficiente para dejarlo claro: Es música diseñada para bailar al mejor estilo del Electroclash o el House francés. Un disco obligatorio para todo aquél que le guste bandas como Cassius, Daft Punk, Modjo, Bob Sinclair, Alex Gopher, Uppermost o Justice. Demasiado pop para los houseros y demasiado electrónico para los Indiepop. En sí, una joyita para reventarse de sol en estos días de lluvia (¡maldito trópico!). Música perfecta para que las universitarias de primer año se acerquen a ver los libros del stand y quieran comprar algún libro, sólo porque hay buena música de fondo. Quiero decir, pegajosa. Ese es el gancho, la literatura es lo de menos.


JAMES HOLDEN
The Inheritors
Inglaterra


No es nada nuevo hablar de James Holden. Ha colaborado en numerosos remixes para artistas como Madonna, New Order o Depeche Mode; y además, es conocido por su larga carrera como DJ internacional. Pero bueno, de pinchar discos a producir música hay una diferencia enorme. Hace unos seis años vino a Guatemala y fui a verlo. Tocó exageradamente bien. De todos esos años guardo algunos momentos memorables: Miguel Migs, Satoshi, Digweed y claro, Holden. Pero como decía antes, de pinchar a producir hay un abismo matemático de grandes proporciones. En su música hay mucha experimentación orgánica, por decirla de alguna manera. Hay mucha mística, mucha sicodelia, mucho ritual sonoro, mucho orden (desordenado a su manera). Cada pista es una nebulosa de reverbs, loops y sonidos que se aprietan los unos a los otros. Tengo muchos años de no meterme drogas sicotrópicas y esto es lo que me produce escuchar su música: “Una espiral matemática y tecnicolor que se desintegra”. En este disco, Holden explora las texturas de una simetría hasta fragmentarlas por completo. Es IDM, Techno, Minimal, Noise, Trance, de todo. Además, en cada pista uno siente un temblor justo debajo del pecho. Las capas de sonido son innumerables. Todo en este disco es alucinación y asombro. Por eso no se sorprendan que si tengo los audífonos puestos en el stand, es porque no quiero que me chinguen. De seguro estoy escuchando a Holden.


GROUPER
The Man Who Died In His Boat
Estados Unidos


No hay duda que el drone o zumbido, ha estado presente en tantísima música sin que nos hayamos dado cuenta: Chopin, Bob Dylan, The Beatles, Roxy Music, The Velvet Underground, Tangerine Dream, Kraftwerk, Sonic Youth, Radiohead, John Cage y la lista continúa. El drone es un efecto sencillo que consiste en un zumbido repetido que al sostenerlo por mucho tiempo o interrumpirlo, produce otro efecto. Este disco tiene mucho de eso, destila ruido y oscuridad, conjugados de una forma desinteresada y Emo por la vocalista, que tiene su atractivo y su “algo”. Por momentos parecieran mantras y por momentos quejidos de una fiesta gótica. Mucho de Ambient, Noise, Japanoise, Industrial, Postindustrial y No Wave. También mucho de arte conceptual, pero abrillantado por las voces, las guitarras y el Wurlitzer que le da un efecto casi religioso. Ideal para exorcisar y desacralizar a la poesía contemporánea guatemalteca; o también, para pegarse un tiro mientras se lee “Siendo puta me fue mejor”. Un disco bastante extraño, pero que merece oídos.



PET SHOP BOYS
Electric
Inglaterra

Que este dueto siga haciendo discos después de treinta años de carrera no es lo que me inquieta. Lo que me sorprende es que cada disco sea un nuevo descubrimiento, a pesar de que la base rítmica es la misma resultante de una ecuación que les funciona muy bien: Synthpop + EDM = Éxito. Y como siempre, aderezado con la voz inmortal de Neil Tennant. No sé, por momentos he tenido mis distancias necesarias con PSB, pero siempre, siempre hay un imán sonoro que me atrae a su música. A lo mejor es que suenan tan parecido a bandas que de verdad me gustan: The Psychedelic Furs, Tears for Fears, Alphaville, The Human League o Eurythmics. Lo que sí, es que en este disco no hay mucha experimentación. Todo es idéntico a sus discos más exitosos: Please, Actually, Introspective, Behaviour y Very. La única diferencia, es que ahora no suenan a New Order y se parecen muchísimo más a un Kraftwerk vocal y punchispunchischero con distorsiones. Los sintetizadores, por su parte, brillan diez veces más que en toda su carrera. Sin dudas, es su obra maestra. Muy acertada para atraer gente fiestera al stand en los días que esté muerta la Feria del Libro. Lunes, martes y miércoles, por ejemplo. A eso de las tres de la tarde, cuando el único amuleto sea un libro de Kerouac, Foster Wallace o Selby.


THUNDERCAT
Apocalypse
Estados Unidos

La primera vez que escuché este disco no supe cómo catalogarlo. Es un disco funky, jazzy, electrónico, sicodélico y muchas cosas más. Me encantó su frescura. Además, que este compa haya trabajado con Flying Lotus, Erykah Badu y Suicidal Tendencies, le da un aire de mística y contrareidad a todo lo que hace. Las primeras tracks son pistas muy pegajosas, muy al estilo del R&B o Soul etentero; pero luego el disco se va volviendo más obtuso y dramático, lleno de aristas de D&B y distorsiones exageradas. Luego, regresa al disco y se convierte en una amalgama de “cosas raras” hasta cuajar en más de alguna baladita “sin sentido”. Quizá, eso, es lo que más me gustó del disco; que no es una sola pieza sino que está hecho de manera individual, quiero decir: pista por pista. Un disco para ponerle atención y escucharlo sin prejuicios. Por eso, querido hipster, esperamos tu visita y tu billetera abierta por el stand.


JON HOPKINS
Immunity
Inglaterra

Que un músico no necesite de la palabra para generar atmósferas verbales o fonéticas, es lo impresionante. Jon Hopkins se ha codeado con músicos como el mismo Brian Eno o Massive Attack; además, tiene en su historial una colaboración intrínseca con Coldplay, a quien evitaremos en esta columna hasta que no saquen un disco como A Rush of Blood to the Head. En fin, JH es un músico casi de culto para muchos productores contemporáneos a él. Más que DJ, es productor y compositor de tres discos alabados por la crítica, todos anteriores a éste, que en particular, nos invita a la fiesta desenfrenada y a la apreciación de capas de sonido, muy propias del techno y la electrónica. Pero no todo es baile, eso sí. En canciones como “Abandon Window”, “Form by Firelight” e “Immunity”; una descarga violenta de pianos nos saca el corazón de la camiseta y nos hunde en un mutismo perpetuo, digno de toda melancolía y todo proceso creativo, que de seguro nos puede mandar al cuadrilátero de la hoja en blanco. O si nos ponemos más rudos, no hay duda que este sería el disco indicado para la venta de madrugada de FILGUA, aunque también, no hay duda, es el disco perfecto para acompañar una lectura de Céline o Bolaño, sobre todo con la última media hora del disco, que es un vaivén de arritmias contenidas y armonías en exceso.



THE KNIFE
Shaking the Habitual
Suecia

A The Knife se la debía desde hacía meses. La primera vez que escuché este disco no lo entendí, me pareció pretencioso y exagerado, bastante ruidoso para mi gusto. Luego lo fui escuchando más veces y le fui encontrando sentido, y hasta un poco de aprecio. Este dueto de suecos son el ejemplo más adecuado para definir “experimentación”. Sus discos anteriores me parecían hasta entonces, mucho más concretos y digeribles; una mezcla entre Björk, Röyksopp y Vive la Fête, pero menos glam, menos pop y muchísimo más intolerante. Desde el inicio del disco, un torrente de gritos y sonidos propios del IDM, estallan en los oídos. Luego el disco se va oscureciendo poco a poco hasta llegar al límite del Dark Ambient, el Drone y el Techno más tosco. Por último, parece un despliegue de catársis musical que termina por estallar y encuentra su balance. “Es música loca diseñada para locos”, así lo defino. Creo que es uno de los mejores discos que se han hecho este año, y además me demuestra otra vez, que el frío de Suecia, Islandia, Finlandia y Noruega; hace que mucho del mejor arte (literatura, música y cine) provenga de este rincón olvidado y pacífico. Sin lugar a dudas, un disco brillante y agresivo, que me encantaría celebrar en vivo. Perfecto para “loquear” cuando lleguen de visita los amigos escritores y diseñadores al stand. Sin duda alguna, les va a encantar.



DJ KOZE
Amygdala
Alemania

Este es el disco que más he escuchado en las últimas semanas. Por lo menos unas quince veces. ¿Cómo lo conseguí? Eme Jota me lo regaló una tarde en la que todo era frío y lluvia. Después de eso, el disco se transformó en luz y calor inmediato. Desde la primer canción hasta la última, es una belleza sonora y experimental, llena de loops, grabaciones, vocalizaciones, cortes, efectos, sonidos extraños y una gama de osciladores remezclados; pero todo puesto minuciosamente en su lugar, de manera sobria y al parecer, con hartas sesiones de trabajo detrás. Es decir, no tiene ninguna imperfección. Todo es un “copy/paste” de capas y una base rítmica concisa que cualquier productor de electrónica quisiera hacer. No es de menos, Koze o Adolf Noise es un músico que viene experimentando con Hip Hop, Microhouse, Electropop y otras tantas cosas con nombre según leía por internet. Al parecer, su música ha transformado la escena musical alemana y su experimentación le ha valido el respeto de músicos como Apparat (Moderat) o Caribou, quienes colaboran en este disco. Ahora bien, hablar en qué género lo meteríamos es lo que menos importa. Lo más sano es que escuchen el disco con disposición y fílin. Les comparto dos canciones que no los van a defraudar: “Royal Asscher Cut” y “Nices Wölkchen”. Al ver estos videos, me dan ganas de proyectar películas y cortometrajes en el stand. Si me animo, lo haré público vía Twitter.


ATOMS FOR PEACE
Amok
Inglaterra-Estados Unidos

Bueno, qué les puedo decir de este disco. Hay mucho y poco qué decir sobre Amok, que la mejor manera de empezar es agradeciendo por la excelente joya que nos regalaron este quinteto de locos: Flea, Godrich, Refosco, Waronker y Yorke. Sin lugar a dudas, el proyecto más ambicioso entre músicos reconocidos y comerciales de esta era. El disco, a grandes rasgos, parece un ejercicio entre Godrich y Yorke, quienes vienen trabajando desde hace veinte años con Radiohead y otros proyectos. También es la resultante de la prolífera producción de Yorke y la insistente facilidad que se le da a Godrich producir y ordenar música. Pero bueno, para hablar del disco es necesario decir que brillan los efectos, los loops y las percusiones –que lo hacen muy parecido a The Eraser o Hail to the Thief–. La diferencia, quizás esté en la velocidad y el abanico de instrumentos y sonidos que aparecen en cada una de las pistas. Además, la letras dejan de tener una pretención política y se estremecen más en lo personal y existencial. Sin dudas, este disco será el que más suene en el stand de Vueltegato Editores. Quiero decir, en los momentos en los que no esté leyendo o releyendo, porque este disco, es para cantarlo y bailarlo al lado de un buen vino tinto y con los ojos puestos en la pista de baile. O sino, para hacer una coreografía digna de YouTube en los pasillos de la feria.


APPARAT
Krieg und Frieden (Music For Theatre)
Alemania

Si llegaste hasta acá, hay varias opciones: Uno, sos melómano como yo y querés escuchar música nueva. Dos, no te gusta la música ni lo que escribo, pero sos curioso/a. Tres, sos corrector/a de estilo y me estás haciendo pedazos en tu bloc de notas. Cuatro, sos stóquer. La verdad, no me importa, lo bueno es que llegaste hasta acá y talvez ya estás bajando los discos o anotando los que te interesan para escucharlos después. Lo que sí, es que tenés que bajar Apparat a como de lugar, no hay opción. La idea de esta crónica/reseña me surgió, también, por un pensamiento arbitrario sobre la música clásica alemana (Bach, Beethoven, Brahms, Händel, Offenbach, Mendelssohn, Schumann, Strauss, Telemann, Wagner, etc.) y el incremento de las nuevas tecnologías en la producción actual, que sin lugar a dudas, nos antepone a un ciclo de renovación musical y creación a partir de la individualidad sonora. Pero eso es un ensayo que no viene al caso. A lo que quiero llegar, es que la mayoría de esta música puede resultar aburrida, desabrida, sinletra o en pocas palabras: inservible. Pues está bien, cada quien a lo suyo. La primera vez que escuché este disco de Apparat, me pareció una joya. Un puñado de sonidos lúcidos y una simetría de beats que lo inundan de principio a fin. Es una obra maestra que conjuga lo clásico con la vanguardia. Es el disco perfecto para releer Chéjov y Saramago, o empezar ese de Palahniuk que me está llamando desde hace meses.


EPÍLOGO A MANERA DE ACLARACIÓN

Estos once discos no están seleccionados al azar. Corresponden a la primer idea de Brian Eno, y además, proponen al oído sensitivo y despierto, lo más fresco de la música contemporánea en todas sus variantes experimentales y electrónicas. Además, todos los discos han salido a la venta en lo que va del 2013, por lo que sintetizan la idea de utilizar la tecnología digital, y no análoga, como plataforma de creación.

En esto último, fui muy meticuloso.




Columna quincenal publicada en Esquisses.

viernes, 31 de mayo de 2013

DAFT PUNK: Random Access Memories

Hace algunos días, Eme Jota me regaló dos discos nuevos: The National y Daft Punk. No me pregunten como lo consiguió, ya que sale a la venta hasta la próxima semana. Primero, le agradecí enormemente. Segundo, me metí en la web a buscar info del disco. Tercero, le di play.

Pura felicidad. Como saben, respiro música a diario y además, un regalo es un regalo. Me conmovió el disco, me conmovió Eme Jota. Después de escucharlo varias veces me recordó que todo vuelve.



Vuelven los pantalones ajustados. Vuelven las franelas. Vuelven los peinados estrambóticos. Vuelven los colores chintos. Vuelven las pulseras exageradas. Vuelven las licras de leopardo. Vuelven las zapatillas de colores. Vuelven los efectos y sus encantos. Vuelven los sonidos básicos. Vuelve la parafernalia ochentera y los ritmos setenteros. Vuelven los viejos pasitos de baile desenfrenados. Vuelve darle importancia al pasado como se merece. Vuelven los héroes perdidos. Vuelven los Daft Punk con sus cascos. Todo vuelve. Así debe ser.

 

Ayer, mientras escuchaba el disco, alguien me comentó en las redes sociales que le parecía hermoso de principio a fin. La verdad, no sé si el disco entero esté hermoso, lo que sí puedo decir es que está denso, bien hilvanado y además, que me gustó mucho encontrar esa búsqueda constante de los músicos 'nuevos' hacia la escena musical de la electrónica vieja: Jean Michel Jarre, Kraftwerk, Gary Numan, Tubeway Army, Japan, Ultravox, etc. Por momentos se respiran muchos géneros, entre ellos pop, soul, funk, synthpop, ambient progresivo y por momentos, en la gran mayoría de los 63 minutos que dura el disco, se siente la influencia del italodisco al mejor estilo de Giorgo o Cerrone de mediados de los setentas y principios de los ochentas.

Por otra parte, me gusta mucho la ambientación melódica y la voz de Pharrell, que le da una dimensión deliciosa, muy al estilo de Justin Timberlake o todo el G-Funk (Warren G, Dr. Dre, etcétera, etcétera, etcétera) de principios de los noventa. También se escucha mucho de Sister Sledge, Chic, Sylvester, Stevie Wonder o Michael Jackson a lo largo de sus beats; creo, que son las guitarritas y el beat que le aporta Nile Rodgers a los franceses. Además, considero que es un homenaje íntimo a los sonidos modulares y en especial a las drum machines viejitas (70's y 80's) que fueron el inicio de todo el rollo electrónico a nivel comercial. Entiéndase synthpop, new romantic, electropop, hi-nrg y todo el edm. Sin olvidar la influencia que tuvo sobre el jazz, en especial sobre el smooth jazz y el jazz fusión.

Volviendo a Random Access Memories (me encanta el nombre, sugiere muchas cosas), lo siento super fresco en algunas rolas, pero por momentos aburrido y exagerado, no con esto quiero decir "malo", esa es otra historia. El disco, idealmente, está para escucharlo varias veces; a la quinta o sexta vez lo vas disfrutando mejor. Aclaro: para los que les gusta el "punchispunchis" o el french house en su mejor extensión, mejor vayan olvidándose del disco y enciérrense a escuchar David Guetta o Armin van Buuren, ahí encontrarán bailongo y poco contenido experimental. En serio, no vale la pena que lo escuchen porque no lo van a entender, en especial en canciones como Touch –que es una ópera electrónica super experimental–, Within –una baladísima hiper empalagosa–, Instant crush –un monólogo vocal muy al estilo Casablancas, quien la canta al mejor estilo de Part time lover de SW, pero lentísima– o Motherboard –una exageración ambient que teoriza la historia de la música electrónica en sonidos y efectos–.

En pocas palabras, es un disco que registra los registros y es un eterno homenaje a la memoria. Asimov y Bradbury se quedarían cortos. Es un viaje personal a través de la música que hemos escuchado y nos ha inspirado, en especial la que ha inspirado a los músicos. En mi experiencia, por ejemplo, me vinieron a la cabeza recuerdos de canciones de Chuck Mangione, Donna Summer, Diana Ross, Curtis Mayfield o todo el glam inglés de los setentas. En sí, todo un viaje inevitable al pasado.

Para los que les gusta explorar, vale la pena tenerlo. En serio que sí.

Les copio mis favoritas: Give life back to music, Giorgo by Moroder, Contact, Instant crush y Lose yourself to dance, que junto a Get Lucky son las más funkys y bailables, perfectas para días de piscina y calzoneta. Por último, y mi favorita hasta el momento: Doin' it right, en colaboración con Panda Bear. Una joya al mejor estilo de Daft Punk, que intensifica los efectos vocales y los cambios de ritmo. Pero bueno, Giorgo by Moroder creo que es la guinda en el pastel, al igual que Contact, esta última, de un espesor electrónico al mejor estilo de los franceses. Todo un viaje por el universo de las distorsiones y progresiones.

En fin, lo mejor será que lo escuchen. Las opiniones son siempre personales y a lo mejor encuentran que estoy equivocado en todo, a lo mejor sólo estoy melancólico y me da por hablar de la memoria y los recuerdos. Eso sí, disfrútenlo y olvídense de todo lo que recuerdan y conocen de Daft Punk, en especial de Human after all (2005) y Discovery (2001). Es mejor así, escuchar la música sin expectativas ni prejuicios. Eso sí: ¡Larga vida a los robots y a este par de humanos que aún nos siguen sorprendiendo con cada disco!

Au revoir.




NOTA COMPLETA EN ESQUISSES:http://www.esquisses.net/daft-punk-el-eterno-homenaje-a-la-memoria/

viernes, 3 de mayo de 2013

TRES JOYAS: Amy Winehouse, James Blake y Friendly Fires

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 3 de mayo del 2013.
Reeditada



Entre más digitales se convierten nuestras relaciones interpersonales, más delicioso es bailar decachetío o saltar punketeado junto a lxs amigxs. Lo mismo pasa con la música: Entre más digital se transforma, más rico resulta disfrutar de un concierto de música clásica o de una buena tamborileada frente al mar. Por eso habría que hacer un análisis exhaustivo de toda la música que escuchamos, y ver, críticamente, qué es lo que nos resulta más rico escuchar.

En lo personal, soy un híbrido indómito y ecléctico al que le gusta escuchar de todo, pero sobre todas las cosas: La música nueva y recién salidita del estudio. Esa que se reproduce actualmente como conejitos musicales. En sí, me gusta descubrir en sus matices y relieves nuevos, todas las raíces estilísticas de procedencia. Es decir: quiero sonar a, me gusta aquello, vengo de, etcétera, etcétera.


Hablando de otras cosas de procedencia, me gusta encontrar las raíces en los haikús, los cuadernos, la ilustración, la pintura, los picnics, la gastronomía griega o mezza, el sonido de los acetatos, los resbaladeros, las canicas y las bicicletas. Por eso se me antojó escribir sobre tres géneros/bandas de música discímiles, que de alguna manera extraña interactúan entre sí: Amy Winehouse, James Blake y Friendly Fires.

Esta es mi manera de ilustrar los términos Análogo y Digital. Lo malo (recontrashit), es que los tres ejemplos me volvieron a salir ingleses. Por eso me gustaría escuchar música actual Iraní o Checoslovaca. ¿Alguien sabe dónde encuentro?


AMY WINEHOUSE


De Amy puedo decir muchas cosas, sobre todo una: Se aparece en mis sueños.

La primera vez que la soñé, todavía estaba viva. Fue un sueño hermoso: Había mar, lluvia, un restaurante con muchas flores y en una de las mesas, estaban dos amigos conversando frente a una banda de jazz en vivo. Al verme me saludaron e hicieron señas para que me acercara. Para sorpresa mía, había una chica alta y flaca con ellos. La saludé y lo primero que recuerdo fue la Pin-Up topless que tenía tatuada en el brazo izquierdo, justo debajo de la herradura que dice: Daddy's girl. Me sonreí y me emocionó tenerla enfrente junto a todos sus tatuajes. Esa sensación típica y extraña que siente uno en los sueños. Una especie de conexión rudimentaria entre sensación, emoción y realidad mezclada con ficción atemporal y otras cosas. Luego subió al escenario del lugar y cantó dos canciones. No recuerdo más.

Lo que sí recuerdo es que esa primera vez no conversamos, si no hasta el tercer o cuarto sueño (porque se volvió recurrente), donde conversamos sobre música, amor y tatuajes. Una vez, incluso, hicimos un viaje a Atitlán en un jeep descapotable color rojo. Parecerá mentira, pero puedo jurarles que no es cuento. No me pasa con ninguna otra súperestrella, excepto con Björk, con quien hacemos viajes y vamos a fiestas electrónicas de vez en cuando. Incluso, la cito en poemas. Hace poco, las soñé juntas, pero sólo ha pasado una vez. Imaginen qué lujo de sueño: Björk y Amy juntas.




Por otra parte, hablar de su música me resulta insignificante. No creo que pueda añadir algo que no se haya escrito hasta la fecha, excepto que me parece una gran escritora, compositora y arreglista. Una dadora de energía, intimidad y registro vocal envidiable. Una constelación de luz –no una estrella fugaz como muchos afirman–, en la historia de la música. Asimismo, una escritora honesta con tinta inherente a su día a día, como debe de ser el arte: desgarrador y visceral, pero riguroso y estéticamente delineado.

Amy, en simbiosis, es callejera como La Mala Rodríguez. Elegante como Diana Ross. Intensa como Nina Simone y melancólica como Ella Fitzgerald. Ya comparte espacio junto a otras voces memorables: Sarah Vaughan, Etta James, Anita Baker, Stevie Nicks, Siouxsie Sioux, Shirley Manson, y sus más contemporáneas Fiona Apple, Ani DiFranco, Joss Stone, Adele, Alicia Keys o Lady Gaga.

Describir con adjetivos su contralto: Imposible.

Lo mejor es encerrarse a escuchar canciones como Tears dry on their own, Back to black, I heard love is blind, (There is) no greater love, You sent me flying, Love is a losing game, Amy Amy Amy y otras tantas más. Todo un vaivén poderoso y brillante.

Su mejor disco, el segundo: Back to black (2006), que es una experimentación deliciosa entre R&B, Soul y Pop. Una verdadera joya, la verdad. Las trompetas, las guitarras, los bajos, los coros, las bases rítmicas, todo pareciera estar en su lugar. Por eso no es casualidad que haya tenido tantos sencillos en radio y haya sido la catapulta de su joven carrera. Por momentos, hasta pareciera que estamos escuchando ecos y matices de Reggae y Neo-Jazz, que lo alinean sistemáticamente con su primer disco, mucho más jazzero, esquizoide y tímido: Frank (2003). Ambos, una delicia para escuchar frente al mar o en un asado junto a amigos queridos, siempre al aire libre y junto a una descarga de mojitos o caipiriñas bien cargadas, que rematen en una fiesta loca y salvaje, como lo era la querida Amy al ritmo de sus bailarines (inolvidables) que la acompañaban de gira.


Su look: Fabuloso y desaliñado. De mis favoritos.

Su muerte: Una patada eléctrica directa al corazón.

Su música: Inmortal y mágica, para tenerla en la repisa o en el playlist.

Su mejor concierto: Glastonbury, 2007.

Mis favoritas: Muchísimas. Acá les copio seis. No más, no menos.

1. You know I’m no good
2. October song
3. Tears dry on their own
4. Know you know
5. Back to black
6. Stronger than me



JAMES BLAKE

La primera vez que escuché a James Blake me sorprendió mucho.

Me pareció genial que un chico, de apenas 23 años, estuviera recreando tanta reverberación sonora y tanta complicidad con la poesía concreta al lado de un piano, un synth y una gama de efectos sonoros a través de la voz. No supe qué decir y me puse a googlearlo sin mayor reparo. Encontré unos videos y me puse a escucharlos. Luego me di cuenta que era mejor ver lo que hacía en vivo, a explorar y adentrarme en todos los sonidos que producía su voz y el resto de aparatos. Quise saber cómo lograba generar esa cantidad de capas de sonido, qué instrumentos usaba, cuando, donde, etc. Me quedé igual. Luego me puse a recordar la música vieja: Aphex Twin, Autechre, Geoff Barrow de Portishead y en todo el IDM de los noventas.



A diferencia de todo esto, Blake es mucho más reflectivo y melancólico. Eso, quizá, fue lo que me provocó querer saber más de su Post Dubstep, como llaman a lo que hace.

Entonces, bajé su primer disco: James Blake (2011), y la gran mayoría de pistas me parecieron lentas y aburridas, a excepción de las interesantísimas: I never learnt to share, The Wilhelm Scream, To care (like you), I mind y Unluck; que con un vendaval de loops, bases rítmicas y otros artilugios digitales logran crear dimensiones exquisitas entre el spoken word, la poesía y la música. Si bajan o compran el disco, bien, aunque les recomiendo seleccionar algunas canciones vía iTunes, entre estas: Limit to your love.


Por esos días en que escuché a JB, mi proyecto de poesía sonora Poecléctica estaba dando un nuevo giro: Alex Hentze, productor amigo junto a Federico Franco, otro gran músico, se incorporaban al proyecto para experimentar con loops rítmicos y repetición de palabras o fonemas sobre pistas de D+B hechas en el instante por el geniecillo de Alex. Quise tener todos esos aparatos para recrear palabra y poesía. Me inundé de rabia y escribí algunas pistas retóricas. Luego, me dispuse a disfrutar de Blake en los audífonos. Un cúmulo de sonidos rebotaron inmediatamente en mis oídos: Keyboards, synths, voces, ecos, sonidos de infancia, máquinas de escribir electrónicas, diapasones espaciales, verborreas repetidas, sonidos industriales, catedrales barrocas y poesía en intervalos. Toda una marea de beats exquisitos. Sentí terror y pena ajena por los músicos, que a base de una guitarra acústica y canciones de la nueva trova, se sienten los amos del universo.


Regresando a JB, puedo recomendar más los EP’sy su segundo disco: Overgrown (2013), recién salido hace algunas semanas. Las once pistas están hilvanadas, como en su primer material, por una melancolía dispersa que se intensifica con las repeticiones de la voz y la caja rítmica. Por momentos pareciera que JB te va durmiendo con su música. Por momentos, pareciera también, que no te quiere soltar y es cuando entra el punchispunchis melódico, una especie de viaje onírico vocal, producto del trance generado por loops, osciladores y sintetizadores. Aunque a veces, creo que le falta más punch sonoro, un poquito de constancia rítmica y muchísima más melodía. Pero lo logra, eso sí, en Digital Lion, Voyeur y la rapeada Take a fall for me (en la que introduce a RZA, más conocido como The Scientist), que me recordó al Faithless de finales de los noventa, especialmente a las rapeadas de Maxi Jazz.



En sí, creo que verlo en vivo sería algo que me gustaría disfrutar más adelante, no como el público adolescente del Coachella de este año, que parecía adormecido y distante (como le pasó a Blur y a otras bandas más).

Mi consejo: Estén pendientes de JB, ya que es un chico al que no hay que perderle la pista, y que en conjunto con Brian Eno –el gurú de la experimentación y la música generativa– conversaron algunas horas sobre la realización de este nuevo disco.

Bájenlo y hagan su propio juicio. Disfrútenlo.




FRIENDLY FIRES

No sé si fue The Rapture, The Knife o Franz Ferdinand los que tuvieron la culpa. Lo que sí tengo presente, es que la primera vez que escuché Auf Acshe de FF en el 2005, supe que algo había cambiado en la música. Ese año varias bandas ‘inquietas’, no sé si sea el adjetivo correcto, sacaron discos que registraban un cambio: Arcade Fire, Editors, Bloc Party, OK GO, Death Cab for Cutie, Caribou, Broken Social Scene y LCD Soundsystem. Esta última, creo que fue la que marcó un estandarte dentro del mainstream de la nueva movida electrónica de la cultura pop. Acoplar desfiles de moda, tendencias tecnológicas, programas de televisión, vestimenta ligera, estilos de vida y letras precisas a la música, fue lo que impulsó a muchas marcas transnacionales a querer involucrarse en esta nueva ola que venía gestándose desde inicios del 2002.

El nombre del género: Disco-Punk, que era una mezcla extraña y necesaria entre Acid house, Post-Punk, Rock alternativo, Rock garage y Pop sicodélico; muy parecido a lo que hacían los Happy Mondays, Pet Shop Boys o New Order en los ochentas, pero con más distorsión y otro sinfín de elementos. En otras palabras, para hacerlo más comprensible: Música bailable pero con estridencias punketas y acordes básicos. Perfecta para una fiesta loca, una tacha compartida y una buena dósis de baile o buen sexo. Acá un ejemplo: Pow Pow (aunque en la versión extendida del album se aprecia muchísimo mejor).

En una entrevista, James Murphy (frontman de DFA Records y LCD Soundsystem) responde que lo único que hizo en esos años fue escribir sobre las fiestas que sucedían en su casa y el estado que éstas producen en el cuerpo, luego asegura, que la música se acopló perfectamente y todo lo que vino después, tenía que pasar.

Qué rico pensar de esa manera después de que has vendido millones de discos y que tu música ha sido ‘el alma’ de no sé cuantas fiestas alrededor del mundo. El último toque de LCD, por cierto, fue durante el 2011 y a pesar de los rumores, no piensan volver a tocar.


Regresando al tema del Disco-Punk, acá podemos encontrar a muchísimas bandas, la mayoría no pasan de cinco años desde que empezaron a tocar y a explorar entre varios géneros. De todas estas bandas, mi favorita es Friendly Fires, que con sólo dos discos han entrado en los charts más importantes de la música actual.

En dos palabras: Bailables y explosivos.

La primera vez que los escuché fue en una fiesta, ¡qué extraño! No era una terraza, se los aseguro, pero sí había un patio en el que muchos fumaban cigarros y platicaban de las cosas que uno suele platicar en la fiestas: De nada que recordés al día siguiente.

Pues yo sí recuerdo que un bró, DJ y melómano, me dijo: Te van a gustar estos chatos.

Empezamos: Jump in the pool, In the hospital, Skeleton boy, Photobooth. Genial, no dije nada. Mi cabeza iba y venía al igual que los vinos. Alguien iba a cambiar de música y mi bró lo detuvo. Le di las gracias. Yo estaba extasiado. Luego vinieron mis favoritas: Paris, Ex lover y Lovesick. Todo un viaje bailable en mi cabeza y en los pies. Toda una delicia de beats. Luego me dijo que me los enviaría por correo, ya que aún no había Dropbox y yo no tenía un uesebé a la mano.


Cuando ya escuché el disco en casa, Friendly Fires (2008), me di cuenta que lo habíamos escuchado casi todo en la fiesta. Lo escuché por días hasta el cansancio. Vi algunos videos en la tele y ya no los volví a escuchar jamás. Luego, en el 2011 me enteré que habían sacado disco nuevo: Pala (2011). Casi ni lo escuché, pero me gustaron: Running away, Blue cassette y True love. Todas las demás me parecieron rebuscadas y aburridas. Creo que este disco es menos auténtico y menos visceral que el primero, en el que se sienten los aristas de un grupo de músicos pasándola bien. En cambio, en este nuevo disco, se percibe que hay una búsqueda por encontrar un sonido y eso, justamente eso, es lo que lo hace no tener dirección. Abundan los matices del New Wave ochentero, pero el Funk, el Pop y la experimentación es lo que hacen que se pierda.

Sin dudas, les recomiendo bajar el primero y olvidarse del segundo.

El primer disco es una sesión de baile completo, con sus aristas electrónicas y su electroclash fiestero. Un disco perfecto para celebrar cualquier cosa, electrizar la noche, manejar rumbo al mar, hacer guerras con bolsas de agua, estremecerse entre los amigos.

En sí, música ligera y perfecta para pasarla bien, bailar y viajar.

Si no, pues sigan escuchando Nueva Trova.