Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 6 de febrero del 2015.
1. In Rainbows de Radiohead.
2. Artaud de Luis Alberto Spinetta.
3. A Love Supreme de John Coltrane.
4. Bocanada de Gustavo Cerati.
5. Closer de Joy Division.
6. Led Zeppelin IV de Led Zeppelin.
7. Blonde on Blonde de Bob Dylan.
8. Kind of Blue de Miles Davis.
9. Roseland NYC Live de Portishead.
10. Honestidad Brutal de Andrés Calamaro.
11. Pink Moon de Nick Drake.
12. Cualquier disco de Chopin.
BONUS: Space Oddity de David Bowie o Transformer de Lou Reed.
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viernes, 6 de febrero de 2015
DOCE DISCOS que me llevaría al espacio (revisited)
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viernes, 11 de octubre de 2013
POLAROIDS MUSICALES: México
Si todo hubiera salido bien, esta columna la
hubiera escrito en México, sentado en un café internet o detrás de una
computadora prestada. No sé en qué momento, pero de seguro la habría escrito de
resaca, hoy por la mañana, y con ese temblereque indómito que deja una bailada
de un buen concierto. Mi editor de Esquisses,
la hubiera recibido tarde, digamos, a eso de las once y media de la mañana.
Tarde, sí, pero infalible y honesta. Así como deben de ser las cosas que uno
ama. Al leerla, él y usted se hubieran quedado atónitos, enmudecidos, con una
omnipresencia frustrada; dibujándoseles ahí, en las esquinas del rostro y los
calendarios, una sonrisa llena de música y estruendo sonoro.
Entre envidias y asombro, mi editor me hubiera
escrito, a través del chat de Facebook, que la publicaba después del medio día,
sin falta. Luego hubiera agregado un emoticón, para rematar con un «…y hay me
traés algo aunque sea, pues». Al respecto, Eme Jota, que en este mismo momento
se estaría bronceando en la piscina del hotel, hubiera soltado una pequeña
risita, de esas de que tanto me gustan. En ese momento, hubiéramos leído la
columna juntos, y me habría dado cuenta, de que hablar de música es acomplejar
la lectura. Lo mejor es sentirla. En cada trote de la vida o desde la
naturaleza.
Por eso, estoy seguro que la hubiera escrito
muy breve, así como los relatos de Chéjov que tanto me gustan. En ella no
hubiera hablado de tacos. Tampoco del Zócalo o el Metro. Mucho menos de ruinas
espaciales y catedrales futuristas. A lo mejor, eso sí, hubiera mencionado a
los poetas y editores Yaxkin Melchy, Jocelyn Pantoja y René Morales; con quienes hoy por
la noche, tendría una presentación de libros y lectura de poemas inéditos. Al
regresar a la columna, hubiera escrito, por ejemplo: «El fulgor con el que la
nueva poesía mexicana, se entrelaza con la música y el amor, es fascinante».
También hubiera utilizado frases como «la profundidad sonora con la que Thom
Yorke interviene cada acorde del bajo de Flea» o «el idm parece haberle robado
algo a las estrellas» o «James Holden es el nuevo astronauta de la música
electrónica», hablando estríctamente del concierto de anoche.
Así, en menos de dos mil caracteres, hubiera
disimulado mi odio y mi rabia por no haber viajado a México hace una semana.
Por último, hubiera recomendado tres discos nuevos: Innocents de Moby, Right
Thoughts, Right Words, Right Action de Franz Ferdinand y AM
de Arctic Monkeys. Luego, para concluir, hubiera puesto algún enlace o alguna fotografía desde el Bosque de Chapultepec, para después marcar un renglón doble.
Y en la última línea, justo debajo del espacio
en blanco, me hubiera despedido con un «¡Qué viva la música!», citando a Andrés
Caicedo que tanto me gusta.
Columna quincenal publicada en Esquisses.
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viernes, 13 de septiembre de 2013
CARIBOU, DAPHNI, MANITOBA: El nombre es lo de menos
Supongo que Daniel Snaith –más conocido como Caribou, Manitoba y recientemente como Daphni– ha de ser uno de esos melómanos a quienes les encanta coleccionar texturas sonoras, instrumentos exóticos y viajar a través de cualquier harmonía posible. Toda su música es una radiografía minuciosa de la movida electrónica de la última década, y lo mejor de todo, de la manera más humilde y silenciosa. Lounge, acid jazz, downtempo, drum & bass, nu jazz, chill out y deep house es algo de lo que se esconde en el fondo de sus seis discos. Toda una exploración a través de patrones de percusión y una amplificación de capas de sonido que se repiten constantemente como delirios hipersensibles, juguetones y salvajes.
Algo así como meter en un blender literario a Pessoa y todos sus heterónimos, añadirle una pizca de Joyce, Breton y Guattari para darle cuerpo; y por último, para agregarle sazón y buqué, espolvorearle lo mejor de la literatura estadounidense de mitad del siglo pasado o decorar con lazcas de la literatura rusa más decadente para añadir textura.
De todo esto se obtendrá un producto deliciosamente sensible muy parecido a toda la música de este canadiense de 35 años, a quien la sale la música muy fácil de la manga. Un universo de sonidos que conviene escuchar una y otra vez hasta el cansancio. Una música estrechamente ligada con “el viaje” introspectivo, que es mejor estudiarla por partes; si no, empieza el vértigo y la sudoración incontenible.
Lo ideal –como lo he pensado hacer últimamente, sobre todo en estos días de lluvia intensa–, sería recostarse en muchos, muchísimos cojines, a disfrutar de los encantos sonoros que emanan de las bocinas y separar cada sesión por cada uno de los seudónimos de Daniel; y atreverse, como quien acepta que hay genios que nacieron para lo suyo, a decir que el nombre es lo que menos importa después de todo.
Pero bueno, empecemos por Manitoba (2000–2003), que sugiere una exploración por el drum & bass melódico y el acid jazz elegante. Los dos discos: Start breaking my Heart y Up in flames, juguetean con el ambient jazz más efusivo, matemático y anacrónico. Los mejores ejemplos están en “Mammals vs. Reptiles”, “Paul's Birthday, “Hendrix with KO” y “Twins”. En el resto de pistas, hay mucha furia sonora, wallofsound, shoegaze y facilidad para entablar diálogos con la locura. De los dos discos me quedo con el primero. Definitivamente es más “básico” y permite ver a un Daniel más honesto, jovial y explorativo. Haberlo visto tocar en vivo por estos años, me imagino que tuvo que haber sido una experiencia impactante y asombrosa, muy distinta a la del año pasado en su gira por México, Estados Unidos y Europa con Radiohead.
Por momentos me recuerda a Jazzanova, St Germain, Tosca y todo ese nu jazz suculento de finales de los noventa. El segundo disco, es, quizá, un preámbulo de lo que hizo más adelante. Mis favoritas de esta primer etapa son: “Schedules & Fares” y “Paul's Birthday”, con bases rítmicas persistentes y sordinas delicadas.
Así, nos vamos directo a la segunda etapa, bajo el nombre de Caribou (2003–2012), con la que explora muchísimo más la insistente sicodelia y la decoloración sonora, producida por guitarras, baterías y percusiones delirantes que claramente son apreciadas en vivo. De los tres discos (The Milk of Human Kindness, Andorra y Swim), el primero es el más explosivo. Los dos últimos son ya, la producción más experta y pesada que un músico puede lograr con un buen equipo, software y muchas horas de trabajo. Hay mucha narrativa, mucha introspección, mucho esbozo pulido hasta la saciedad. Se puede percibir que hay largas jornadas de creación y entendimiento de las texturas y/o decibeles.
Su disco The Milk of Human Kindness, del 2005, es elegante y sinfónico. Sutil como ninguno de los otros discos y explicativo a través de percusiones volátiles y autónomas, herencia del drum & bass de los noventa (Aphex Twin y Four Tet), pero también redundante por su excesivo uso de batería y sonidos viejos (Beach Boys y The Kinks). El mejor ejemplo: “Yeti”, “Brahminy Kite” y “Barnowl”. Tres joyas que se van inflando con el transcurrir de los minutos y que terminan por persuadir al tiempo.
Por otro lado, Andorra, del 2007, es una exquisitez sicodélica llena de aristas folk, que se mimetizan entre la electrónica y la experimentación más ácida. Ojo, cuando digo “ácida”, no sólo me refiero al LSD, sino también a los sicotrópicos, sicoanalépticos, sicoactivos, enteógenos, disociativos, disocirecreativos, onirógenos, empatógenos, alucinógenos y toditos sus etcéteras.
Es decir, el disco es un zumbido capaz de penetrar el oído más difícil y perpetuar sus diversos efectos hasta lograr su acometido. De seguro, a nuestros queridísimos Huxley, Hofmann y Leary les hubiera encantado escucharlo. Hubieran suspirado, bailado y pataleado al ritmo de toda su instrumentación exquisita.
No hay ninguna canción que produzca ese efecto contrario a la felicidad. Desde la memorable “Melody Day” hasta las hipnóticas “Sundialing” e “Irene”; son la resultante de un complejo, pero armonioso manojo de notas, efectos, coros y rolercoster anímico a través de todas sus capas de sonido. A mí criterio, un disco que habría que revisitar constantemente junto al ‘reseñablísimo’ Swim, del 2010, que con sus sonidos perpetuados y aritméticos de un retro sesentero-setentero, hilvana un género que ya Stereolab o The Animal Collective habían acuñado a principios de la década: la indielectrónica. Casi rozando el indiepop más onírico y ecléctico.
Mis favoritas de este último disco son: “Odessa”, “Sun”, “Bowls”, “Found out”. Bueno, mejor decir casi todas, ya que el disco completo es un pastelito sonoro que poco a poco he acuñado a los momentos más felices de mi historia con la música. Algo muy parecido a lo que me pasa con LCD Soundsystem, The Rapture o Friendly Fires.
Sin lugar a dudas, Swim y Andorra, son los discos que más se conocen de Daniel y los que sin mayor preámbulo, lo han catapultado al círculo de los elegidos. Por allí transitan Björk, Moby, Apparat, Autechre, Yorke, Holden y otros.
Por último, y no por menos, está la tercer etapa bajo el seudónimo de Daphni (2012–actualidad), que con el disco Jiaolong, de finales del año pasado, hace un viaje al epicentro de la electrónica a través de la exploración más oscura y distorsionada del dance; muy lejos de lo que hace regularmente bajo Caribou. Acá, el sonido es más profundo, de una sensibilidad extremista, casi espacial y oscura como un agujero negro. Es house, es edm, es techno, es cualquier cosa. Como les decía al inicio de esta nota: “el nombre es lo de menos”. En este disco, cada pista es una condensación de sonidos, que de alguna extraña manera confabulan para hacer un solo track, es decir: un set. Me imagino que esto lo sabrán los Dj’s, que con sus largos y armoniosos sets, proponen una estadía placentera y vertiginosa sobre la pista. De seguro, mientras Daniel no estaba abriendo conciertos para Radiohead o haciendo música con Four Tet, estuvo tocando una y otra vez por cuanto club encontrara en Europa o Estados Unidos.
De esta inmersión en la música club, surge esta delicia de disco. Un imprescindible para que aquellos que disfrutaron The Inheritors de James Holden o Immunity de Jon Hopkins, ya que su mismo nombre nos predice el viaje hacia las profundidades del sonido (Jialong, es un submarino chino que rompió récord de inmersión al llegar a siete mil metros de profundidad durante el 2012).
Una verdadera joya para quien esté buscando algo verdaderamente “nuevo”, fuera de los últimos discursos que propone la electrónica comercial y la música retro de club, la que ensaya y explora sonidos viejos (Daft Punk, Pet Shop Boys, Hot Chip, OK Go, New Order). Hace una semana, por ejemplo, estuve en el concierto de The Crystal Method, y me pareció que la música electrónica (la de club, digo, la popular), se aleja cada vez más del estándar de “lo comercial”. TCM tocó por más de tres horas un set que parecía una cátedra sobre música electrónica, pero no un concierto. ¿Me explico?
Ya sabemos que el futuro de la música está en la experimentación con sintetizadores, osciladores, drum machines y equipos caseros que incoroporan sonidos viejos y altuistras; pero este disco, el de Daniel, supera las expectativas dentro de la abundante creación de los últimos años en la electrónica. Ya Reznor, Yorke y el mismo Murphy lo han afirmado en sus colaboraciones y últimos trabajos.
El futuro es este, no hay marcha atrás.
Sin embargo, en este disco las pistas se contraponen y generan otra propuesta. Es muchas cosas al mismo tiempo: Música de video juego (Atari, especialmente), de club a altas horas de la madrugada, afrobeat mixeado, deephouse rudo, funk setentero, tornamesa expuesta, breakbeat, desorden, compulsión, profundidad, desenfreno.
Mis favoritas son: “Long”, “Yes I know”, “Ye Ye” y “Ahora”.
Así que ya saben, si quieren escuchar algo para bailar, viajar y mantener al oído/cuerpo estimulado por casi cincuenta minutos, este es el disco. Es el indicado para adentrarse en el universo de este canadiense, e interrumpir el vasto peso del tiempo, que todo lo consume y atesora en el silencio, que también es ritmo.
Columna quincenal publicada en Esquisses.
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viernes, 25 de enero de 2013
POLAROIDS MUSICALES: Radiohead
Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 25 de enero del 2013.
Reeditada
Hey, Subterranean Homesick Alien: "Just do it to yourself, then go to sleep and get back under if you think this is over...
Sin música, sólo estamos destinados a malgastar instantes y a pregonar recuerdos sin sentido ni gloria. El encanto del poder en la música, es la resultante de una ecuación con muchísimas variantes. Sombras difusas y tempestades oscuras nos perseguirán hasta el delirio –con su memoria de días, años, megabytes y beats por minuto– en lo más profundo de nuestros corazones.
Para mí, la música es el mejor refugio para atesorar cualquier cosa, desde un recuerdo específico hasta un sentimiento. Radiohead, en este sentido –esa banda inglesa de la que tanto he hablado a través de los años en mi literatura–, siempre ha sido un muelle para anclar determinantes por mucho tiempo. Y hoy, a finales de enero y a punto de romperme los puños con la vida, decido escribirle una especie de homenaje a estos cinco ingleses en mi nuevo espacio musical de Esquisses: Un sitio de periodismo web, comprometido con la visibilización del contenido cultural contemporáneo, y dirigido por periodistas y escritores de buena intención.
Mi crónica de Radiohead (que es con la que inauguro este espacio), es una crónica hipertextual que involucra y contiene muchos elementos: links, screenshots, recomendaciones, videos, anécdotas, estatus de Facebook, Tuits, fragmentos de libro, etc. En todo caso, es mi manera de hacer periodismo. Un periodismo despojado de todo convencionalismo y lleno de experimentación contenida en imágenes; las cuales asocio con palabras y sonidos, que irremediablemente se asocian con instantes y otro sinfín de estimulantes auditivos.
En sí, un poco de verborrea literaria para amalgamarnos bien. Como se debe.
Viernes 25 de enero del 2013.
Reeditada
Hey, Subterranean Homesick Alien: "Just do it to yourself, then go to sleep and get back under if you think this is over...
Sin música, sólo estamos destinados a malgastar instantes y a pregonar recuerdos sin sentido ni gloria. El encanto del poder en la música, es la resultante de una ecuación con muchísimas variantes. Sombras difusas y tempestades oscuras nos perseguirán hasta el delirio –con su memoria de días, años, megabytes y beats por minuto– en lo más profundo de nuestros corazones.
Para mí, la música es el mejor refugio para atesorar cualquier cosa, desde un recuerdo específico hasta un sentimiento. Radiohead, en este sentido –esa banda inglesa de la que tanto he hablado a través de los años en mi literatura–, siempre ha sido un muelle para anclar determinantes por mucho tiempo. Y hoy, a finales de enero y a punto de romperme los puños con la vida, decido escribirle una especie de homenaje a estos cinco ingleses en mi nuevo espacio musical de Esquisses: Un sitio de periodismo web, comprometido con la visibilización del contenido cultural contemporáneo, y dirigido por periodistas y escritores de buena intención.
Mi crónica de Radiohead (que es con la que inauguro este espacio), es una crónica hipertextual que involucra y contiene muchos elementos: links, screenshots, recomendaciones, videos, anécdotas, estatus de Facebook, Tuits, fragmentos de libro, etc. En todo caso, es mi manera de hacer periodismo. Un periodismo despojado de todo convencionalismo y lleno de experimentación contenida en imágenes; las cuales asocio con palabras y sonidos, que irremediablemente se asocian con instantes y otro sinfín de estimulantes auditivos.
En sí, un poco de verborrea literaria para amalgamarnos bien. Como se debe.
Espero se la disfruten. Más adelante ahondaré en otro tipo de reseña sobre estos alienígenas que me llevaron a su galaxia hace más de veinte años, con sus ilustraciones musicales y esos proyectos alternos que tanto nos encantan. Hay mucha tela por cortar sobre estos musicazos. Qué lujo haber coincidido en esta era.
INSIGHT 1
Era diciembre de 1995. Mi viejo solía regalarnos dinero para Navidad. Para él era más fácil que compráramos lo que quisiéramos, a tener que estar buscando, impacientemente, regalos torpes en los centros comerciales atestados de gente y cancioncitas navideñas. Recuerdo que en esos años el grunge era mi universo. Yo era un adolescente "rebelde". Tenía dos aretes, vestía botas Rhino y pantalones rotos. Ya pensaba en hacerme mi primer tatuaje, me gustaba leer a Nietzsche y a los simbolistas franceses. Veía muchos videos musicales por cable (cuando valía la pena ver MTV) y ya me sabía de memoria las canciones, de por lo menos 5 de los mejores discos de los 90’s: Ten de Pearl Jam, Nevermind de Nirvana, Purple de los Stone, Mellon Collie... de Smashing y The Bends de Radiohead. Este último, lo tenía grabado en uno de esos casetes Maxel de cromo. Lo regresaba, lo adelantaba, y hasta estoy seguro, que mi vieja ya estaba harta de escuchar "esa música rara" todo el día.
Recuerdo el año, porque ese año tuve un accidente y muchas cosas cambiaron. También recuerdo que compré varios cedés para usarlos en el aparato nuevo de la casa. De todos los discos, los que definitivamente me cambiaron el panorama de la música fueron dos: Re de Café Tacvba y Pablo Honey de Radiohead (este último sobre todo, porque me impactó el nombre). Quiero decir: ¿Cómo era posible que una banda inglesa le pusiera mi nombre a un disco, y además, le añadiera la palabra Miel? Me encantó. Sentí una conexión inmediata con la banda. Sentí que de alguna manera estábamos conectados. Hasta por un momento pensé que el niño de la portada podría ser yo en una vida paralela. Vaya iluso, puro fan romántico y obsesivo de otro tiempo.
Así. Salí emocionado de la tienda de discos. Llegué a mi casa en bus. La 40 R. Caminé rápidamente para llegar lo antes posible y corrí hacia el reproductor de cedés. Abrí el disco con ansias. Los sonidos de Greenwood y O’Brien me dejaron quieto. Desde la primer canción del disco (You) hasta las más melódicas (Stop whispering, Lurgee, I can’t y Vegetable), pasando por las estridentes (Blow out, Ripcord, Prove yourself y How do you?) me dejaron un buen sabor de boca. Estaba frente a una banda impresionante. Una especie de alquimistas locos con instrumentos musicales. Sentía toda una sensación de adrenalina al escuchar la batería de Selway mezclada con la sutil voz de Yorke, y el wall-of-sound, en algunas de las canciones más impulsivas. Me emocionó mucho haber comprado el disco. Tuve esa sensación de montaña rusa y levitación salvaje. Todas las canciones eran una joya, incluso la clásica Creep y Thinking about you. De todas, quizá, la que más me impactó fue Anyone can play guitar. Escuchar a Yorke cantar con toda la certeza del universo: “I wanna be, wanna be, wanna be Jim Morrison”, me sacó muchas complicidad, porque justamente, sin mentirles, estaba leyendo No one here gets out alive (la biografía de J.M.).
Después de ese disco, me he vuelto un peregrino de su música. Todos los discos me parecen fascinantes, en especial In rainbows y Kid A. Creo que Radiohead es la banda de mi generación. Una generación expuesta a los cambios de la era tecnólogica, la llegada de los teléfonos celulares, los devedés, el iPod, las cámaras digitales, los plasmas, el software personificado, las redes sociales, el internet, la globalización en su estado más grosero, el libre acceso a la información, la piratería, el consumismo masivo, la personalización de los productos de compra, etc. Todo esto, me hace pensar en el registro que todo músico hace de su época minuciosamente. The Beatles, The Rolling Stones, The Doors, Led Zeppelin, Pink Floyd, Joplin, Hendrix y tantos más impregnando el mundo de liberación sexual, drogas sicotrópicas, viajes oníricos y tanto abstraccionismo. Por otra parte, la rebeldía de una época de rupturas iconoclastas: The Clash, Iggy Pop, Sex Pistols, Ramones, Blondie, The Misfits, Dead Kennedys, The Jam, etc. La apatía y la desacralización colectiva y la era etérea: The Cure, Joy Division, Depeche Mode, The Sisters of Mercy, Siouxsie and the Banshees, Dead can dance, Bauhaus, Cocteau Twins. La juerga y las fiestas desenfrenadas: Curtis Mayfield, James Brown, KC and the Sunshine Band, Gloria Gaynor, The Bee Gees, etc.
En fin, la idea de la música como registro histórico y viceversa. Una especie de hipervínculo que lo conecta todo. Un libro abierto, con las páginas escribiéndose en cada acorde y cada beat. Por eso no es casualidad que Radiohead haya casi "regalado" su disco In Rainbows en octubre del 2007 al subirlo a la web para ser descargado por una cifra simbólica. Una muestra más de que la música es un objeto del deseo, y por lo tanto, le pertenece al público, no a los músicos o a los sellos discográficos con sus contratos multimillonarios y sus fines de lucro casi infinitos. Todo esto me hace pensar en una ruptura de los paradigmas convencionales de hacer las cosas. Sí, Radiohead fue de las primeras bandas que se levantó en contra de los contratos discográficos y a favor de la libre difusión musical en internet. Eso me sigue pareciendo admirable.
Y se evidencia, muchísimas cosas abruptas y arriesgadas para su época. Claramente lo podemos visualizar desde el mítico OK Computer o el ineludible Kid A, ambos con dos booklets de artistas excepcionales: Donwood y Rauschenberg. O la utilización de los primeros instrumentos electrónicos, conocidos como las Ondas Martenot, en su disco Amnesiac. También la grabación de un video desde el sótano de su ensayadero, para recibir el año nuevo del 2008 y regalárselo a los fans por medio de YouTube. En fin, la lista continúa y no podemos dejar a un lado a Hail to the Thief, ese disco olvidado por muchos del cual hay mucho de que hablar. Pero bueno, así podríamos seguir nombrando cosas particulares que tienen estos musicazos de Oxfordshire.
En mi caso, les comparto un experimento que hice con su música.
INSIGHT 2: Del libro SPAM (Vueltegato Editores, 2012, 2013), páginas 45-49
“El Postpunk Revival es mi género por excelencia de los últimos años. Digamos que el estruendo de sus acordes me provoca muchas cosas. Esa empatía viene por el Postpunk viejo (Joy Division, The Cure, The Smiths, etc.). Pero otro género que me gusta mucho es el Shoegaze y el Garage sicodélico, pero bien tocado. De ahí, que considero que somos grandes híbridos-eclécticos musicales. Bandas como A Flock of Seagulls, Siouxsie and The Banshees o Depeche Mode son imprescindibles. Pero también Placebo, Pearl Jam, Sonic Youth o Radiohead. Esta última la mejor banda contemporánea. En honor a ellos posteé esto en Facebook hace unas semanas:
“QUERIDOS EXTRATERRESTRES: Si por alguna frecuencia interestelar reciben este mensaje y logran decodificar el lenguaje en el que estoy escribiendo, déjenme presentarles a la mejor banda contemporánea de nuestro Planeta Tierra, ubicado en el Sistema Solar de nuestra galaxia. La banda se llama RADIOHEAD y no, no es cumbia lo que tocan, tampoco es indierock. Es un género mucho más complejo que el lenguaje aún no puede describir. Así somos los humanos, complejos y siempre necesitados del lenguaje para comprendernos. Pero la música, oh la música.
Hasta luego, queridos extraterrestres”.
CABEZADERADIO
Imaginar un bosque de decibeles galácticos. Caminar a través de su horizontalidad perenne. Paso a paso. Alejarse de todo y desaparecer completamente. Escuchar el estruendo melódico de los beats por minuto y trepar un árbol sonoro. Buscar las estrellas, ese fulgor luminoso, esa nebulosa de acordes viscosos. Olvidar la vida, la muerte, el dolor y sus delirios constantes. Olvidar el cuerpo, el peso del cuerpo. Tierna alucinación bipolar y fantástica que prevalece mientras todo duerme. Todo crece. Todo se disipa. Todo se expande. No sé cuantas veces en mi vida, no sé cuántas horas Cabezaderadio me acopañó en madrugadas, noches, despertares, tristezas, viajes. Es la única banda que prevalece, el faro, el muelle al que me anclo cuando necesito empatía, ritmo, soledad, música de fondo. Es la única banda musical con la que hemos crecido juntos, desde el inocente Pablo Honey de 1992 hasta el conciso King of Limbs de 20 años después, pasando por todos los Lados B, rarezas, conciertos, videos y discos memorables, que son la espina dorsal del soundtrack de mi vida. Así, junto a Yorke, Selway, O’Brien y los hermanos Greenwood, somos una pandilla de extraterrestres a los que nos encanta el trance de la melodía. Y creo que somos muchos. Muchos más. Hacer un ranking de mis discos favoritos sería inútil, pero acá están algunas de las canciones de Cabezaderadio que más escucho. Entre las primeras 3 por cada disco están:
Pablo Honey:
[Lurgee, Blow out, You] Stop Whispering
The Bends:
[Fake Plastic Trees, High and dry, (Nice dream)]
OK Computer:
[Let down, Paranoid Android, No surprises]
Kid A:
[How to dissapear completely, Everything in it’s right place, Idioteque]
Amnesiac:
[Packt like sardines in a crushd tin box, I Might Be Wrong, Knives out]
Hail to the Thief:
(2+2=5, Go to sleep, Scatterbrain)
In Rainbows:
(Weird fishes/Arpeggi, House of cards, Reckoner)
In Rainbows 2:
(Go slowly, Last flowers, Up on the ladder)
The King of Limbs:
(Separator, Morning Mr Magpie, Lotus Flower)
INSIGHT 3: Cine
No hay duda que Björk, Ok Go y Radiohead son algunas de las bandas con mejores videoclips. También es cierto que las colaboraciones por parte de cineastas y artistas visuales han sido bien aprovechadas por estos músicos, al punto de que algunos no han querido cobrar gastos de dirección por tan sólo sentir el placer de crear al lado de los músicos. Algunos de los directores conocidos que han trabajado con la banda son Michel Gondry, Jamie Thraves, Jake Scott y Sophie Muller, quien tiene una larga carrera haciendo videoclips para bandas de todo el mundo.
Después de haber visto todos los videoclips de Radiohead (más de 40) hasta en sus versiones alternativas, acá les comparto una lista de los 13 videos imprescindibles –que se me ocurren a criterio personal– para entender la influencia que esta banda ha tenido en la cultura del videoclip y en la sociedad actual.
Para ver los videos, hay que cliquear sobre el texto.
INSIGHT 1
Era diciembre de 1995. Mi viejo solía regalarnos dinero para Navidad. Para él era más fácil que compráramos lo que quisiéramos, a tener que estar buscando, impacientemente, regalos torpes en los centros comerciales atestados de gente y cancioncitas navideñas. Recuerdo que en esos años el grunge era mi universo. Yo era un adolescente "rebelde". Tenía dos aretes, vestía botas Rhino y pantalones rotos. Ya pensaba en hacerme mi primer tatuaje, me gustaba leer a Nietzsche y a los simbolistas franceses. Veía muchos videos musicales por cable (cuando valía la pena ver MTV) y ya me sabía de memoria las canciones, de por lo menos 5 de los mejores discos de los 90’s: Ten de Pearl Jam, Nevermind de Nirvana, Purple de los Stone, Mellon Collie... de Smashing y The Bends de Radiohead. Este último, lo tenía grabado en uno de esos casetes Maxel de cromo. Lo regresaba, lo adelantaba, y hasta estoy seguro, que mi vieja ya estaba harta de escuchar "esa música rara" todo el día.
Recuerdo el año, porque ese año tuve un accidente y muchas cosas cambiaron. También recuerdo que compré varios cedés para usarlos en el aparato nuevo de la casa. De todos los discos, los que definitivamente me cambiaron el panorama de la música fueron dos: Re de Café Tacvba y Pablo Honey de Radiohead (este último sobre todo, porque me impactó el nombre). Quiero decir: ¿Cómo era posible que una banda inglesa le pusiera mi nombre a un disco, y además, le añadiera la palabra Miel? Me encantó. Sentí una conexión inmediata con la banda. Sentí que de alguna manera estábamos conectados. Hasta por un momento pensé que el niño de la portada podría ser yo en una vida paralela. Vaya iluso, puro fan romántico y obsesivo de otro tiempo.
Así. Salí emocionado de la tienda de discos. Llegué a mi casa en bus. La 40 R. Caminé rápidamente para llegar lo antes posible y corrí hacia el reproductor de cedés. Abrí el disco con ansias. Los sonidos de Greenwood y O’Brien me dejaron quieto. Desde la primer canción del disco (You) hasta las más melódicas (Stop whispering, Lurgee, I can’t y Vegetable), pasando por las estridentes (Blow out, Ripcord, Prove yourself y How do you?) me dejaron un buen sabor de boca. Estaba frente a una banda impresionante. Una especie de alquimistas locos con instrumentos musicales. Sentía toda una sensación de adrenalina al escuchar la batería de Selway mezclada con la sutil voz de Yorke, y el wall-of-sound, en algunas de las canciones más impulsivas. Me emocionó mucho haber comprado el disco. Tuve esa sensación de montaña rusa y levitación salvaje. Todas las canciones eran una joya, incluso la clásica Creep y Thinking about you. De todas, quizá, la que más me impactó fue Anyone can play guitar. Escuchar a Yorke cantar con toda la certeza del universo: “I wanna be, wanna be, wanna be Jim Morrison”, me sacó muchas complicidad, porque justamente, sin mentirles, estaba leyendo No one here gets out alive (la biografía de J.M.).
Después de ese disco, me he vuelto un peregrino de su música. Todos los discos me parecen fascinantes, en especial In rainbows y Kid A. Creo que Radiohead es la banda de mi generación. Una generación expuesta a los cambios de la era tecnólogica, la llegada de los teléfonos celulares, los devedés, el iPod, las cámaras digitales, los plasmas, el software personificado, las redes sociales, el internet, la globalización en su estado más grosero, el libre acceso a la información, la piratería, el consumismo masivo, la personalización de los productos de compra, etc. Todo esto, me hace pensar en el registro que todo músico hace de su época minuciosamente. The Beatles, The Rolling Stones, The Doors, Led Zeppelin, Pink Floyd, Joplin, Hendrix y tantos más impregnando el mundo de liberación sexual, drogas sicotrópicas, viajes oníricos y tanto abstraccionismo. Por otra parte, la rebeldía de una época de rupturas iconoclastas: The Clash, Iggy Pop, Sex Pistols, Ramones, Blondie, The Misfits, Dead Kennedys, The Jam, etc. La apatía y la desacralización colectiva y la era etérea: The Cure, Joy Division, Depeche Mode, The Sisters of Mercy, Siouxsie and the Banshees, Dead can dance, Bauhaus, Cocteau Twins. La juerga y las fiestas desenfrenadas: Curtis Mayfield, James Brown, KC and the Sunshine Band, Gloria Gaynor, The Bee Gees, etc.
En fin, la idea de la música como registro histórico y viceversa. Una especie de hipervínculo que lo conecta todo. Un libro abierto, con las páginas escribiéndose en cada acorde y cada beat. Por eso no es casualidad que Radiohead haya casi "regalado" su disco In Rainbows en octubre del 2007 al subirlo a la web para ser descargado por una cifra simbólica. Una muestra más de que la música es un objeto del deseo, y por lo tanto, le pertenece al público, no a los músicos o a los sellos discográficos con sus contratos multimillonarios y sus fines de lucro casi infinitos. Todo esto me hace pensar en una ruptura de los paradigmas convencionales de hacer las cosas. Sí, Radiohead fue de las primeras bandas que se levantó en contra de los contratos discográficos y a favor de la libre difusión musical en internet. Eso me sigue pareciendo admirable.
Y se evidencia, muchísimas cosas abruptas y arriesgadas para su época. Claramente lo podemos visualizar desde el mítico OK Computer o el ineludible Kid A, ambos con dos booklets de artistas excepcionales: Donwood y Rauschenberg. O la utilización de los primeros instrumentos electrónicos, conocidos como las Ondas Martenot, en su disco Amnesiac. También la grabación de un video desde el sótano de su ensayadero, para recibir el año nuevo del 2008 y regalárselo a los fans por medio de YouTube. En fin, la lista continúa y no podemos dejar a un lado a Hail to the Thief, ese disco olvidado por muchos del cual hay mucho de que hablar. Pero bueno, así podríamos seguir nombrando cosas particulares que tienen estos musicazos de Oxfordshire.
En mi caso, les comparto un experimento que hice con su música.
INSIGHT 2: Del libro SPAM (Vueltegato Editores, 2012, 2013), páginas 45-49
“El Postpunk Revival es mi género por excelencia de los últimos años. Digamos que el estruendo de sus acordes me provoca muchas cosas. Esa empatía viene por el Postpunk viejo (Joy Division, The Cure, The Smiths, etc.). Pero otro género que me gusta mucho es el Shoegaze y el Garage sicodélico, pero bien tocado. De ahí, que considero que somos grandes híbridos-eclécticos musicales. Bandas como A Flock of Seagulls, Siouxsie and The Banshees o Depeche Mode son imprescindibles. Pero también Placebo, Pearl Jam, Sonic Youth o Radiohead. Esta última la mejor banda contemporánea. En honor a ellos posteé esto en Facebook hace unas semanas:
“QUERIDOS EXTRATERRESTRES: Si por alguna frecuencia interestelar reciben este mensaje y logran decodificar el lenguaje en el que estoy escribiendo, déjenme presentarles a la mejor banda contemporánea de nuestro Planeta Tierra, ubicado en el Sistema Solar de nuestra galaxia. La banda se llama RADIOHEAD y no, no es cumbia lo que tocan, tampoco es indierock. Es un género mucho más complejo que el lenguaje aún no puede describir. Así somos los humanos, complejos y siempre necesitados del lenguaje para comprendernos. Pero la música, oh la música.
Hasta luego, queridos extraterrestres”.
CABEZADERADIO
Imaginar un bosque de decibeles galácticos. Caminar a través de su horizontalidad perenne. Paso a paso. Alejarse de todo y desaparecer completamente. Escuchar el estruendo melódico de los beats por minuto y trepar un árbol sonoro. Buscar las estrellas, ese fulgor luminoso, esa nebulosa de acordes viscosos. Olvidar la vida, la muerte, el dolor y sus delirios constantes. Olvidar el cuerpo, el peso del cuerpo. Tierna alucinación bipolar y fantástica que prevalece mientras todo duerme. Todo crece. Todo se disipa. Todo se expande. No sé cuantas veces en mi vida, no sé cuántas horas Cabezaderadio me acopañó en madrugadas, noches, despertares, tristezas, viajes. Es la única banda que prevalece, el faro, el muelle al que me anclo cuando necesito empatía, ritmo, soledad, música de fondo. Es la única banda musical con la que hemos crecido juntos, desde el inocente Pablo Honey de 1992 hasta el conciso King of Limbs de 20 años después, pasando por todos los Lados B, rarezas, conciertos, videos y discos memorables, que son la espina dorsal del soundtrack de mi vida. Así, junto a Yorke, Selway, O’Brien y los hermanos Greenwood, somos una pandilla de extraterrestres a los que nos encanta el trance de la melodía. Y creo que somos muchos. Muchos más. Hacer un ranking de mis discos favoritos sería inútil, pero acá están algunas de las canciones de Cabezaderadio que más escucho. Entre las primeras 3 por cada disco están:
Pablo Honey:
[Lurgee, Blow out, You] Stop Whispering
The Bends:
[Fake Plastic Trees, High and dry, (Nice dream)]
OK Computer:
[Let down, Paranoid Android, No surprises]
Kid A:
[How to dissapear completely, Everything in it’s right place, Idioteque]
Amnesiac:
[Packt like sardines in a crushd tin box, I Might Be Wrong, Knives out]
Hail to the Thief:
(2+2=5, Go to sleep, Scatterbrain)
In Rainbows:
(Weird fishes/Arpeggi, House of cards, Reckoner)
In Rainbows 2:
(Go slowly, Last flowers, Up on the ladder)
The King of Limbs:
(Separator, Morning Mr Magpie, Lotus Flower)
INSIGHT 3: Cine
No hay duda que Björk, Ok Go y Radiohead son algunas de las bandas con mejores videoclips. También es cierto que las colaboraciones por parte de cineastas y artistas visuales han sido bien aprovechadas por estos músicos, al punto de que algunos no han querido cobrar gastos de dirección por tan sólo sentir el placer de crear al lado de los músicos. Algunos de los directores conocidos que han trabajado con la banda son Michel Gondry, Jamie Thraves, Jake Scott y Sophie Muller, quien tiene una larga carrera haciendo videoclips para bandas de todo el mundo.
Después de haber visto todos los videoclips de Radiohead (más de 40) hasta en sus versiones alternativas, acá les comparto una lista de los 13 videos imprescindibles –que se me ocurren a criterio personal– para entender la influencia que esta banda ha tenido en la cultura del videoclip y en la sociedad actual.
Para ver los videos, hay que cliquear sobre el texto.
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