viernes, 26 de julio de 2013

POLAROIDS MUSICALES 5: Música para ferias de libro


A finales de los setenta, el infatigable e inquieto Brian Eno, empezaba a delinear aquella colección de música ambient –género que él mismo acuñó para su selecta producción de pistas instrumentales llenas de minimalismo, sosiego y reflexión– que estaban concebidas como parte de una instalación sonora, luego de que él mismo quedara atrapado en un aeropuerto años antes. La primera plaqueta de esta colección de discos “extraños” para la época, se llamaría Ambient 1: Music for Airports; una composición de sintetizadores, efectos vocales y loops invertidos, diseñados para contrarestar el estrés que producen los aeropuertos con sus ruidos, prisas y demás voluptuosidades sonoras, que muy fácil desesperan a cualquiera.

Su idea, en todo caso, siempre me ha parecido algo genial. Un súbito y enérgico intento por diferenciar su producción minimalista en contra de la música enlatada o “música para elevador” de esa época; típica de los ambientes institucionales, públicos o privados que saturaban los oídos con musiquita ligera a cargo de Paul Mauriat, Henry Mancini, Kenny Rogers, Tony Bennett, Air Supply, The Carpenters, Chet Atkins, Herb Alpert o el pianito desesperante de Richard Clayderman.

En Latinoamérica –específicamente Guatemala–, es inevitable encontrar música enlatada por todas partes: El supermercado, el centro comercial, la tienda de departamentos, el elevador, la salita de espera, la cola del banco, la clínica del dentista, la boda del amigo y hasta en la casa de los tíos, que supuestamente, pintan de ser los menos “cuadrados” y los más hippies de toda la familia.

Sin importar el lugar, siempre estaremos rodeados de Barry Manilows, Kenny G’s, Michael Boltons, Mariah Careys, Barbra Streisands, Céline Dions, Juanes, Manás, Shakiras, Arjonas, Marc Anthonys, Jerry Riveras, Raúl di Blasios y hasta en el peor de los casos, de reguetón instrumental o de Guns ‘n Roses al mejor estilo de la bossa nova más deprimente y consumada.


Por eso, a horas de empezar mi travesía en la X Feria Internacional del Libro de Guatemala, me propongo (y les propongo) una lista de once discos nuevecitos –recién salidos del estudio– y la lectura de varios libros nuevos, para aguantar el desolado paisaje que dibujan más de ocho horas diarias en un stand de dos metros por dos metros; en el que vender libros nacionales (Vueltegato Editores, Alas de Barrilete Editorial, Editorial X y otros proyectos editoriales) resulta ser una aventura contra la corriente.

Excluyo de esta lista, algunos discos reseñados anteriormente y algunos que aún no he podido escuchar con el merecido afecto que se merecen. Pero en el mejor de los casos, el playlist promete que me asignen como DJ oficial de FILGUA 2013. Lo cual, como sabemos, no va a suceder aunque muchos de ustedes piensen lo contrario.

Así que no se sorprendan ni desesperen, por si dan una vuelta por el Parque de la Industria (del 26 de julio al 4 de agosto) y la música que esté “tronando” sea la peor tonadita de bachata, merengue popular o reguetón evangélico.

Ya dicho todo esto, quedan advertidos.

Ahora bien, abróchense los cinturones porque despegamos con nuestro listado de "Música para Ferias de Libro". Disfruten del viaje.


BOARDS OF CANADA
Tomorrow's Harvest
Escocia

Un disco hermoso, purista desde su concepción electrónica y extremadamente bien hecho. Lleno de sonidos a destiempo y retóricas ambientales que lo rellenan en sus esquinas más vacías. Una hora de éxtasis rítmico y variantes hacia el Downtempo y el IDM, muy parecido al Virgin Suicides de Air, pero muchísimo más lento y experimental. Hecho, sin lugar a dudas, para la banda sonora de una película de ciencia ficción escandinava o italiana que aún no ha sido filmada. Tomorrow’s Harvest es perfecto para ponerlo de fondo mientras hordas de estudiantes se avalanzan sobre las mesas de separadores gratis, y yo leo a Henry Parland o Irvine Welsch, recostado sobre la silla plástica en un trance de auroras boreales o soles de medianoche.



LEMAITRE
Relativity 3, EP
Noruega

Con quince minutos de este EP es suficiente para dejarlo claro: Es música diseñada para bailar al mejor estilo del Electroclash o el House francés. Un disco obligatorio para todo aquél que le guste bandas como Cassius, Daft Punk, Modjo, Bob Sinclair, Alex Gopher, Uppermost o Justice. Demasiado pop para los houseros y demasiado electrónico para los Indiepop. En sí, una joyita para reventarse de sol en estos días de lluvia (¡maldito trópico!). Música perfecta para que las universitarias de primer año se acerquen a ver los libros del stand y quieran comprar algún libro, sólo porque hay buena música de fondo. Quiero decir, pegajosa. Ese es el gancho, la literatura es lo de menos.


JAMES HOLDEN
The Inheritors
Inglaterra


No es nada nuevo hablar de James Holden. Ha colaborado en numerosos remixes para artistas como Madonna, New Order o Depeche Mode; y además, es conocido por su larga carrera como DJ internacional. Pero bueno, de pinchar discos a producir música hay una diferencia enorme. Hace unos seis años vino a Guatemala y fui a verlo. Tocó exageradamente bien. De todos esos años guardo algunos momentos memorables: Miguel Migs, Satoshi, Digweed y claro, Holden. Pero como decía antes, de pinchar a producir hay un abismo matemático de grandes proporciones. En su música hay mucha experimentación orgánica, por decirla de alguna manera. Hay mucha mística, mucha sicodelia, mucho ritual sonoro, mucho orden (desordenado a su manera). Cada pista es una nebulosa de reverbs, loops y sonidos que se aprietan los unos a los otros. Tengo muchos años de no meterme drogas sicotrópicas y esto es lo que me produce escuchar su música: “Una espiral matemática y tecnicolor que se desintegra”. En este disco, Holden explora las texturas de una simetría hasta fragmentarlas por completo. Es IDM, Techno, Minimal, Noise, Trance, de todo. Además, en cada pista uno siente un temblor justo debajo del pecho. Las capas de sonido son innumerables. Todo en este disco es alucinación y asombro. Por eso no se sorprendan que si tengo los audífonos puestos en el stand, es porque no quiero que me chinguen. De seguro estoy escuchando a Holden.


GROUPER
The Man Who Died In His Boat
Estados Unidos


No hay duda que el drone o zumbido, ha estado presente en tantísima música sin que nos hayamos dado cuenta: Chopin, Bob Dylan, The Beatles, Roxy Music, The Velvet Underground, Tangerine Dream, Kraftwerk, Sonic Youth, Radiohead, John Cage y la lista continúa. El drone es un efecto sencillo que consiste en un zumbido repetido que al sostenerlo por mucho tiempo o interrumpirlo, produce otro efecto. Este disco tiene mucho de eso, destila ruido y oscuridad, conjugados de una forma desinteresada y Emo por la vocalista, que tiene su atractivo y su “algo”. Por momentos parecieran mantras y por momentos quejidos de una fiesta gótica. Mucho de Ambient, Noise, Japanoise, Industrial, Postindustrial y No Wave. También mucho de arte conceptual, pero abrillantado por las voces, las guitarras y el Wurlitzer que le da un efecto casi religioso. Ideal para exorcisar y desacralizar a la poesía contemporánea guatemalteca; o también, para pegarse un tiro mientras se lee “Siendo puta me fue mejor”. Un disco bastante extraño, pero que merece oídos.



PET SHOP BOYS
Electric
Inglaterra

Que este dueto siga haciendo discos después de treinta años de carrera no es lo que me inquieta. Lo que me sorprende es que cada disco sea un nuevo descubrimiento, a pesar de que la base rítmica es la misma resultante de una ecuación que les funciona muy bien: Synthpop + EDM = Éxito. Y como siempre, aderezado con la voz inmortal de Neil Tennant. No sé, por momentos he tenido mis distancias necesarias con PSB, pero siempre, siempre hay un imán sonoro que me atrae a su música. A lo mejor es que suenan tan parecido a bandas que de verdad me gustan: The Psychedelic Furs, Tears for Fears, Alphaville, The Human League o Eurythmics. Lo que sí, es que en este disco no hay mucha experimentación. Todo es idéntico a sus discos más exitosos: Please, Actually, Introspective, Behaviour y Very. La única diferencia, es que ahora no suenan a New Order y se parecen muchísimo más a un Kraftwerk vocal y punchispunchischero con distorsiones. Los sintetizadores, por su parte, brillan diez veces más que en toda su carrera. Sin dudas, es su obra maestra. Muy acertada para atraer gente fiestera al stand en los días que esté muerta la Feria del Libro. Lunes, martes y miércoles, por ejemplo. A eso de las tres de la tarde, cuando el único amuleto sea un libro de Kerouac, Foster Wallace o Selby.


THUNDERCAT
Apocalypse
Estados Unidos

La primera vez que escuché este disco no supe cómo catalogarlo. Es un disco funky, jazzy, electrónico, sicodélico y muchas cosas más. Me encantó su frescura. Además, que este compa haya trabajado con Flying Lotus, Erykah Badu y Suicidal Tendencies, le da un aire de mística y contrareidad a todo lo que hace. Las primeras tracks son pistas muy pegajosas, muy al estilo del R&B o Soul etentero; pero luego el disco se va volviendo más obtuso y dramático, lleno de aristas de D&B y distorsiones exageradas. Luego, regresa al disco y se convierte en una amalgama de “cosas raras” hasta cuajar en más de alguna baladita “sin sentido”. Quizá, eso, es lo que más me gustó del disco; que no es una sola pieza sino que está hecho de manera individual, quiero decir: pista por pista. Un disco para ponerle atención y escucharlo sin prejuicios. Por eso, querido hipster, esperamos tu visita y tu billetera abierta por el stand.


JON HOPKINS
Immunity
Inglaterra

Que un músico no necesite de la palabra para generar atmósferas verbales o fonéticas, es lo impresionante. Jon Hopkins se ha codeado con músicos como el mismo Brian Eno o Massive Attack; además, tiene en su historial una colaboración intrínseca con Coldplay, a quien evitaremos en esta columna hasta que no saquen un disco como A Rush of Blood to the Head. En fin, JH es un músico casi de culto para muchos productores contemporáneos a él. Más que DJ, es productor y compositor de tres discos alabados por la crítica, todos anteriores a éste, que en particular, nos invita a la fiesta desenfrenada y a la apreciación de capas de sonido, muy propias del techno y la electrónica. Pero no todo es baile, eso sí. En canciones como “Abandon Window”, “Form by Firelight” e “Immunity”; una descarga violenta de pianos nos saca el corazón de la camiseta y nos hunde en un mutismo perpetuo, digno de toda melancolía y todo proceso creativo, que de seguro nos puede mandar al cuadrilátero de la hoja en blanco. O si nos ponemos más rudos, no hay duda que este sería el disco indicado para la venta de madrugada de FILGUA, aunque también, no hay duda, es el disco perfecto para acompañar una lectura de Céline o Bolaño, sobre todo con la última media hora del disco, que es un vaivén de arritmias contenidas y armonías en exceso.



THE KNIFE
Shaking the Habitual
Suecia

A The Knife se la debía desde hacía meses. La primera vez que escuché este disco no lo entendí, me pareció pretencioso y exagerado, bastante ruidoso para mi gusto. Luego lo fui escuchando más veces y le fui encontrando sentido, y hasta un poco de aprecio. Este dueto de suecos son el ejemplo más adecuado para definir “experimentación”. Sus discos anteriores me parecían hasta entonces, mucho más concretos y digeribles; una mezcla entre Björk, Röyksopp y Vive la Fête, pero menos glam, menos pop y muchísimo más intolerante. Desde el inicio del disco, un torrente de gritos y sonidos propios del IDM, estallan en los oídos. Luego el disco se va oscureciendo poco a poco hasta llegar al límite del Dark Ambient, el Drone y el Techno más tosco. Por último, parece un despliegue de catársis musical que termina por estallar y encuentra su balance. “Es música loca diseñada para locos”, así lo defino. Creo que es uno de los mejores discos que se han hecho este año, y además me demuestra otra vez, que el frío de Suecia, Islandia, Finlandia y Noruega; hace que mucho del mejor arte (literatura, música y cine) provenga de este rincón olvidado y pacífico. Sin lugar a dudas, un disco brillante y agresivo, que me encantaría celebrar en vivo. Perfecto para “loquear” cuando lleguen de visita los amigos escritores y diseñadores al stand. Sin duda alguna, les va a encantar.



DJ KOZE
Amygdala
Alemania

Este es el disco que más he escuchado en las últimas semanas. Por lo menos unas quince veces. ¿Cómo lo conseguí? Eme Jota me lo regaló una tarde en la que todo era frío y lluvia. Después de eso, el disco se transformó en luz y calor inmediato. Desde la primer canción hasta la última, es una belleza sonora y experimental, llena de loops, grabaciones, vocalizaciones, cortes, efectos, sonidos extraños y una gama de osciladores remezclados; pero todo puesto minuciosamente en su lugar, de manera sobria y al parecer, con hartas sesiones de trabajo detrás. Es decir, no tiene ninguna imperfección. Todo es un “copy/paste” de capas y una base rítmica concisa que cualquier productor de electrónica quisiera hacer. No es de menos, Koze o Adolf Noise es un músico que viene experimentando con Hip Hop, Microhouse, Electropop y otras tantas cosas con nombre según leía por internet. Al parecer, su música ha transformado la escena musical alemana y su experimentación le ha valido el respeto de músicos como Apparat (Moderat) o Caribou, quienes colaboran en este disco. Ahora bien, hablar en qué género lo meteríamos es lo que menos importa. Lo más sano es que escuchen el disco con disposición y fílin. Les comparto dos canciones que no los van a defraudar: “Royal Asscher Cut” y “Nices Wölkchen”. Al ver estos videos, me dan ganas de proyectar películas y cortometrajes en el stand. Si me animo, lo haré público vía Twitter.


ATOMS FOR PEACE
Amok
Inglaterra-Estados Unidos

Bueno, qué les puedo decir de este disco. Hay mucho y poco qué decir sobre Amok, que la mejor manera de empezar es agradeciendo por la excelente joya que nos regalaron este quinteto de locos: Flea, Godrich, Refosco, Waronker y Yorke. Sin lugar a dudas, el proyecto más ambicioso entre músicos reconocidos y comerciales de esta era. El disco, a grandes rasgos, parece un ejercicio entre Godrich y Yorke, quienes vienen trabajando desde hace veinte años con Radiohead y otros proyectos. También es la resultante de la prolífera producción de Yorke y la insistente facilidad que se le da a Godrich producir y ordenar música. Pero bueno, para hablar del disco es necesario decir que brillan los efectos, los loops y las percusiones –que lo hacen muy parecido a The Eraser o Hail to the Thief–. La diferencia, quizás esté en la velocidad y el abanico de instrumentos y sonidos que aparecen en cada una de las pistas. Además, la letras dejan de tener una pretención política y se estremecen más en lo personal y existencial. Sin dudas, este disco será el que más suene en el stand de Vueltegato Editores. Quiero decir, en los momentos en los que no esté leyendo o releyendo, porque este disco, es para cantarlo y bailarlo al lado de un buen vino tinto y con los ojos puestos en la pista de baile. O sino, para hacer una coreografía digna de YouTube en los pasillos de la feria.


APPARAT
Krieg und Frieden (Music For Theatre)
Alemania

Si llegaste hasta acá, hay varias opciones: Uno, sos melómano como yo y querés escuchar música nueva. Dos, no te gusta la música ni lo que escribo, pero sos curioso/a. Tres, sos corrector/a de estilo y me estás haciendo pedazos en tu bloc de notas. Cuatro, sos stóquer. La verdad, no me importa, lo bueno es que llegaste hasta acá y talvez ya estás bajando los discos o anotando los que te interesan para escucharlos después. Lo que sí, es que tenés que bajar Apparat a como de lugar, no hay opción. La idea de esta crónica/reseña me surgió, también, por un pensamiento arbitrario sobre la música clásica alemana (Bach, Beethoven, Brahms, Händel, Offenbach, Mendelssohn, Schumann, Strauss, Telemann, Wagner, etc.) y el incremento de las nuevas tecnologías en la producción actual, que sin lugar a dudas, nos antepone a un ciclo de renovación musical y creación a partir de la individualidad sonora. Pero eso es un ensayo que no viene al caso. A lo que quiero llegar, es que la mayoría de esta música puede resultar aburrida, desabrida, sinletra o en pocas palabras: inservible. Pues está bien, cada quien a lo suyo. La primera vez que escuché este disco de Apparat, me pareció una joya. Un puñado de sonidos lúcidos y una simetría de beats que lo inundan de principio a fin. Es una obra maestra que conjuga lo clásico con la vanguardia. Es el disco perfecto para releer Chéjov y Saramago, o empezar ese de Palahniuk que me está llamando desde hace meses.


EPÍLOGO A MANERA DE ACLARACIÓN

Estos once discos no están seleccionados al azar. Corresponden a la primer idea de Brian Eno, y además, proponen al oído sensitivo y despierto, lo más fresco de la música contemporánea en todas sus variantes experimentales y electrónicas. Además, todos los discos han salido a la venta en lo que va del 2013, por lo que sintetizan la idea de utilizar la tecnología digital, y no análoga, como plataforma de creación.

En esto último, fui muy meticuloso.




Columna quincenal publicada en Esquisses.

viernes, 12 de julio de 2013

AHORA O NUNCA: Rayuela en 50 miligramos de furia


Desde hace dos semanas, se están celebrando los 50 años de la primera aparición de Rayuela, el libro mítico de Julio Cortázar. Un “librito” que, después de medio siglo, aún es puerta y laberinto para muchos; además de conservar una validez contemporánea que constantemente se renueva, sobre todo en ritmo, recursos estilísticos, temporalidad, estilo, etcétera, etcétera y etcétera.

En lo personal, sus páginas alguna vez fueron detonantes que me adentraron al universo del jazz y a otras tantas revelaciones. Desfiladero de beats, arritmias narrativas y sobre todo, de cátedras memorables donde el bebop y el swing son irrepetibles y necesarios. Toda una delicia sonora. Un trance melódico del París del siglo pasado. Una belleza y sincronía musical.

Además de leer fragmentos y textos personales en una Cena-Libro conmemorativa a Rayuela, en un rinconcito culinario llamado Rocamadour, esta es mi manera –un poco extensa pero meritoria– de rendirle un homenaje al “Libro”, y trazar un viaje a través de sus tres capítulos y más de quinientas páginas sumamente explorativas.

Es ahora o nunca, no hay después. Para luego es tarde.


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viernes, 5 de julio de 2013

LA POESÍA es una esquina luminosa

Corasón no lleva zeta (Palo de Hormigo, 2013)

“Para escribir poesía, no es necesario haber leído tanto”; le escuché decir a un narrador fanfarrón que lo que hacía, era interpolar suposiciones baratas, sacadas de la manga, y que al final de todo, resultaban ser estruendos vociferantes a un público que parecía hipnotizado por su don de clarividente poético y político saltimbanqui. “Así no es la cosa”, le dije a la señora que tenía al lado y me largué de la presentación sin despedirme de esa bola de charlatanes sinsentido. Ya estando afuera, encendí un cigarro y me puse a pensar que la poesía, después de tantos siglos de permanencia, es una construcción de muchos elementos que se necesitan los unos a los otros. Entre estos elementos está la sensibilidad, el pragmatismo, la creatividad, y sobre todas las cosas, la lectura. Además, la poesía es una esquina luminosa que nos protege de toda la oscuridad transcrita que nos duele desde el pozo que llevamos dentro.


Ahora bien, cuando avanzo hacia los rincones subterráneos de Corasón no lleva zeta, este libro de Mariano Cantoral –a quien conocí por su facilidad retórica de hilvanar semánticas en una lectura poética del Centro Histórico capitalino–, pienso en ese fanfarrón que mencionaba anteriormente. De seguro no entendería ni una sola imagen, o lo mejor, se sorprendería de lo que un poeta, académico en el vasto sentido de la palabra, hace con el sagrado y fulminante utensilio del lenguaje. Muy parecido a lo que hace Cerati.

En este libro, la palabra lo es todo, porque es la resultante de un ávido lector y un escritor aguerrido que experimenta con el lenguaje hasta los límites. Tal pareciera, que Mariano es de esos poetas a quien la palabra se le adherido con sus imágenes y sus posibilidad de símbolos imaginativos, ya que cada uno de los poemas acá reunidos, son una representación gráfica de que la poesía es un ejercicio que toma tiempo, experiencias, desempleos, canas, soledades, vacíos y mucha minuciosidad (quirúrgica) para desprender la dermis de lo cotidiano e invandir la profundidad de todos “los nervios de los nervios ensangrentados”.


A Mariano, parece que la poesía le fluye naturalmente. Es su lenguaje, su oxígeno, su modus vivendis. Es su colmena con miel picante, donde construye rascacielos y champas en el aire. También es su taza de vidrio donde toma té de tilo y arranca las intranquilidades abruptamente. En sí, el libro es un pequeño universo, donde se puede comprender a las huestes sonámbulas que nos habitan y, que de alguna manera, nos invanden con sus poporopos, avenidas y matasingas a diario.


Corasón no lleva zeta, es un mapa transitado por la horizontalidad de la metáfora, que todo lo alcanza y lo comprende. También es un libro en el que el lenguaje común se amplía, y por momentos se contrae, llenándolo de furia académica y versatilidad insolente, llena de posibilidades y consencuencias sagaces. Además, es un diario fotográfico en el que la palabra es su mejor recurso y aliado.

No hay duda que este libro es un regalo para tiempos mejores.

Además, de una solitaria inmersión en la poesis de un poeta brillante.


Les copio cuatro poemas:


AUTOCHURRASCO

Anochece noche a noche
llega el día, sucede,
empujas para las afueras
lo que está en ascuas,
quema y duele,
no arde pero chamusca
soy esa carne comestible
que se sazona con saliva.




ESTADO

El estado y el regente
que yo anhelo
no está descrito
en un libro
de Bodín
sino en mi cabeza
empaquetada
en una utopía.



CÉLULAS

Dicen que como todos,
soy un conjunto de células.

No lo creo.

So soy una suma de algo,
será indudablemente de rarezas.

Molusco, celenterado o bizarro,
mi organismo no permite ser encajado
en la taxonomía de algún letrado.

Mi organismo es como cualquier otro
un ente movedizo e inconstante,
policromo, espantoso y evanescente.



TRISTEZA

Cuando el río nos lleva la tristeza
y no hay amor, para nada lo hay
defínanlo como putas quieran, no lo hay
odio eso, Dios lo sabe, alguno lo sabe
no hay que pintar carrozas rojas
cañones de artillería beligerante
figuras estampadas en casas rodantes
besos en las mandíbulas rotas,
el pelo se cae se cae,
porque este cuerpo se mina se mina,
cobra caro el petróleo de los años mierdas
dos cervezas, testigos presenciales
son víctimas también del sistema.



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Corasón no lleva zeta
Mariano Cantoral
84 pags, Palo de Hormigo, 2013
ISBN: 978-9929-644-04-05

viernes, 28 de junio de 2013

AFORISMO PARA HIPSTERS: Spinetta es nuestro Espíritu Santo

Mis mayores referentes en poesía nunca fueron los simbolistas franceses (Rimbaud, Baudeliare, Mallarmé, Verlaine), ni mucho menos los poetas beatniks (Ginsberg, Kerouac, Burroughs, Cassady, McClure). Es cierto que influenciaron, pero creo que en mayor medida me golpearon muchísimo más las canciones de Bob Dylan, Pati Smith, Jim Morrison, Ian Curtis o el mismo Morrissey. En español, son dos los faros: Gustavo Cerati y Luis Alberto Spinetta. No más, no menos. Calamaro, Páez y Vicentico son discursos que me mueven, pero no me estremecen tanto como El Flaco.

Acá les dejo unos apuntes, una columna, unas imágenes, un poema y un topten spinetteano.


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viernes, 14 de junio de 2013

DUBVOLUTION: La música es mi refugio



Sin duda alguna, los DUBVOLUTION son una banda completa y lista para guerrear a nivel latinoamericano. Baterías profundas y bien empaquetadas, acompañadas de un enjambre de distorsiones y adornos concisos, hechos específicamente para “el viaje” y profesionalmente bien logrados a cargo de Nelson, el tecladista, que bien podría ser el músico más complejo de la banda.
En conclusión: DUBVOLUTION es un dub pesado y contundente; con matices de Cultura Profética y Los Cafres, pero nada que ver con Los Pericos, Ganja o Gondwana. No sé, lo siento más oscurón y frenético. Más acelerado y transitorio, no tan reggae roots, a eso me refiero, sino más DUB con una especie de ensombramiento experimental que poco a poco te va tejiendo un frenesí por dentro. Algo así.


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viernes, 31 de mayo de 2013

DAFT PUNK: Random Access Memories

Hace algunos días, Eme Jota me regaló dos discos nuevos: The National y Daft Punk. No me pregunten como lo consiguió, ya que sale a la venta hasta la próxima semana. Primero, le agradecí enormemente. Segundo, me metí en la web a buscar info del disco. Tercero, le di play.

Pura felicidad. Como saben, respiro música a diario y además, un regalo es un regalo. Me conmovió el disco, me conmovió Eme Jota. Después de escucharlo varias veces me recordó que todo vuelve.



Vuelven los pantalones ajustados. Vuelven las franelas. Vuelven los peinados estrambóticos. Vuelven los colores chintos. Vuelven las pulseras exageradas. Vuelven las licras de leopardo. Vuelven las zapatillas de colores. Vuelven los efectos y sus encantos. Vuelven los sonidos básicos. Vuelve la parafernalia ochentera y los ritmos setenteros. Vuelven los viejos pasitos de baile desenfrenados. Vuelve darle importancia al pasado como se merece. Vuelven los héroes perdidos. Vuelven los Daft Punk con sus cascos. Todo vuelve. Así debe ser.

 

Ayer, mientras escuchaba el disco, alguien me comentó en las redes sociales que le parecía hermoso de principio a fin. La verdad, no sé si el disco entero esté hermoso, lo que sí puedo decir es que está denso, bien hilvanado y además, que me gustó mucho encontrar esa búsqueda constante de los músicos 'nuevos' hacia la escena musical de la electrónica vieja: Jean Michel Jarre, Kraftwerk, Gary Numan, Tubeway Army, Japan, Ultravox, etc. Por momentos se respiran muchos géneros, entre ellos pop, soul, funk, synthpop, ambient progresivo y por momentos, en la gran mayoría de los 63 minutos que dura el disco, se siente la influencia del italodisco al mejor estilo de Giorgo o Cerrone de mediados de los setentas y principios de los ochentas.

Por otra parte, me gusta mucho la ambientación melódica y la voz de Pharrell, que le da una dimensión deliciosa, muy al estilo de Justin Timberlake o todo el G-Funk (Warren G, Dr. Dre, etcétera, etcétera, etcétera) de principios de los noventa. También se escucha mucho de Sister Sledge, Chic, Sylvester, Stevie Wonder o Michael Jackson a lo largo de sus beats; creo, que son las guitarritas y el beat que le aporta Nile Rodgers a los franceses. Además, considero que es un homenaje íntimo a los sonidos modulares y en especial a las drum machines viejitas (70's y 80's) que fueron el inicio de todo el rollo electrónico a nivel comercial. Entiéndase synthpop, new romantic, electropop, hi-nrg y todo el edm. Sin olvidar la influencia que tuvo sobre el jazz, en especial sobre el smooth jazz y el jazz fusión.

Volviendo a Random Access Memories (me encanta el nombre, sugiere muchas cosas), lo siento super fresco en algunas rolas, pero por momentos aburrido y exagerado, no con esto quiero decir "malo", esa es otra historia. El disco, idealmente, está para escucharlo varias veces; a la quinta o sexta vez lo vas disfrutando mejor. Aclaro: para los que les gusta el "punchispunchis" o el french house en su mejor extensión, mejor vayan olvidándose del disco y enciérrense a escuchar David Guetta o Armin van Buuren, ahí encontrarán bailongo y poco contenido experimental. En serio, no vale la pena que lo escuchen porque no lo van a entender, en especial en canciones como Touch –que es una ópera electrónica super experimental–, Within –una baladísima hiper empalagosa–, Instant crush –un monólogo vocal muy al estilo Casablancas, quien la canta al mejor estilo de Part time lover de SW, pero lentísima– o Motherboard –una exageración ambient que teoriza la historia de la música electrónica en sonidos y efectos–.

En pocas palabras, es un disco que registra los registros y es un eterno homenaje a la memoria. Asimov y Bradbury se quedarían cortos. Es un viaje personal a través de la música que hemos escuchado y nos ha inspirado, en especial la que ha inspirado a los músicos. En mi experiencia, por ejemplo, me vinieron a la cabeza recuerdos de canciones de Chuck Mangione, Donna Summer, Diana Ross, Curtis Mayfield o todo el glam inglés de los setentas. En sí, todo un viaje inevitable al pasado.

Para los que les gusta explorar, vale la pena tenerlo. En serio que sí.

Les copio mis favoritas: Give life back to music, Giorgo by Moroder, Contact, Instant crush y Lose yourself to dance, que junto a Get Lucky son las más funkys y bailables, perfectas para días de piscina y calzoneta. Por último, y mi favorita hasta el momento: Doin' it right, en colaboración con Panda Bear. Una joya al mejor estilo de Daft Punk, que intensifica los efectos vocales y los cambios de ritmo. Pero bueno, Giorgo by Moroder creo que es la guinda en el pastel, al igual que Contact, esta última, de un espesor electrónico al mejor estilo de los franceses. Todo un viaje por el universo de las distorsiones y progresiones.

En fin, lo mejor será que lo escuchen. Las opiniones son siempre personales y a lo mejor encuentran que estoy equivocado en todo, a lo mejor sólo estoy melancólico y me da por hablar de la memoria y los recuerdos. Eso sí, disfrútenlo y olvídense de todo lo que recuerdan y conocen de Daft Punk, en especial de Human after all (2005) y Discovery (2001). Es mejor así, escuchar la música sin expectativas ni prejuicios. Eso sí: ¡Larga vida a los robots y a este par de humanos que aún nos siguen sorprendiendo con cada disco!

Au revoir.




NOTA COMPLETA EN ESQUISSES:http://www.esquisses.net/daft-punk-el-eterno-homenaje-a-la-memoria/

viernes, 17 de mayo de 2013

ISHTO JUEVEZ

Se acerca la presentación oficial de Chapuz Chapín, el nuevo EP de Ishto Juevez, este músico que ha venido haciendo bulla con su nuevo folk a lo largo de los años y últimamente ha tomado protagonismo después de haber sido telonero de los Café Tacvba en febrero pasado. Al respecto del nombre del nuevo material, una serie de anécdotas y reflexiones empiezan a darme vueltas a menos de una semana de la presentación. Escribirlas acá, es sin duda una forma de masticarlas y ponerlas sobre la mesa. Espero que generen discusión y premisas suficientes para platicar sin timidez, y más importante, aún, que generen interrogantes y respuestas a la realidad de algunos artistas contemporáneos guatemaltecos. Sobre todo a los músicos que están en autogestión y promoción.
La presentación promete ser una velada memorable, por lo que vayan afinando su oído y preparando su susceptibilidad nacionalista. La cita: El jueves 23 de mayo a las 19 horas en el Teatro Lux. El menú: Un torrente de música, arte y poesía para el alma. Lo imprescindible: Que todos lleguen sin expectativas y dispuestos a pasarla bien.
Ya dicho todo esto, lo invito a leer la nota completa.
Nos vemos por allá para salir de la olla.




PULSA AQUÍ para leer la nota completa.

viernes, 3 de mayo de 2013

TRES JOYAS: Amy Winehouse, James Blake y Friendly Fires

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 3 de mayo del 2013.
Reeditada



Entre más digitales se convierten nuestras relaciones interpersonales, más delicioso es bailar decachetío o saltar punketeado junto a lxs amigxs. Lo mismo pasa con la música: Entre más digital se transforma, más rico resulta disfrutar de un concierto de música clásica o de una buena tamborileada frente al mar. Por eso habría que hacer un análisis exhaustivo de toda la música que escuchamos, y ver, críticamente, qué es lo que nos resulta más rico escuchar.

En lo personal, soy un híbrido indómito y ecléctico al que le gusta escuchar de todo, pero sobre todas las cosas: La música nueva y recién salidita del estudio. Esa que se reproduce actualmente como conejitos musicales. En sí, me gusta descubrir en sus matices y relieves nuevos, todas las raíces estilísticas de procedencia. Es decir: quiero sonar a, me gusta aquello, vengo de, etcétera, etcétera.


Hablando de otras cosas de procedencia, me gusta encontrar las raíces en los haikús, los cuadernos, la ilustración, la pintura, los picnics, la gastronomía griega o mezza, el sonido de los acetatos, los resbaladeros, las canicas y las bicicletas. Por eso se me antojó escribir sobre tres géneros/bandas de música discímiles, que de alguna manera extraña interactúan entre sí: Amy Winehouse, James Blake y Friendly Fires.

Esta es mi manera de ilustrar los términos Análogo y Digital. Lo malo (recontrashit), es que los tres ejemplos me volvieron a salir ingleses. Por eso me gustaría escuchar música actual Iraní o Checoslovaca. ¿Alguien sabe dónde encuentro?


AMY WINEHOUSE


De Amy puedo decir muchas cosas, sobre todo una: Se aparece en mis sueños.

La primera vez que la soñé, todavía estaba viva. Fue un sueño hermoso: Había mar, lluvia, un restaurante con muchas flores y en una de las mesas, estaban dos amigos conversando frente a una banda de jazz en vivo. Al verme me saludaron e hicieron señas para que me acercara. Para sorpresa mía, había una chica alta y flaca con ellos. La saludé y lo primero que recuerdo fue la Pin-Up topless que tenía tatuada en el brazo izquierdo, justo debajo de la herradura que dice: Daddy's girl. Me sonreí y me emocionó tenerla enfrente junto a todos sus tatuajes. Esa sensación típica y extraña que siente uno en los sueños. Una especie de conexión rudimentaria entre sensación, emoción y realidad mezclada con ficción atemporal y otras cosas. Luego subió al escenario del lugar y cantó dos canciones. No recuerdo más.

Lo que sí recuerdo es que esa primera vez no conversamos, si no hasta el tercer o cuarto sueño (porque se volvió recurrente), donde conversamos sobre música, amor y tatuajes. Una vez, incluso, hicimos un viaje a Atitlán en un jeep descapotable color rojo. Parecerá mentira, pero puedo jurarles que no es cuento. No me pasa con ninguna otra súperestrella, excepto con Björk, con quien hacemos viajes y vamos a fiestas electrónicas de vez en cuando. Incluso, la cito en poemas. Hace poco, las soñé juntas, pero sólo ha pasado una vez. Imaginen qué lujo de sueño: Björk y Amy juntas.




Por otra parte, hablar de su música me resulta insignificante. No creo que pueda añadir algo que no se haya escrito hasta la fecha, excepto que me parece una gran escritora, compositora y arreglista. Una dadora de energía, intimidad y registro vocal envidiable. Una constelación de luz –no una estrella fugaz como muchos afirman–, en la historia de la música. Asimismo, una escritora honesta con tinta inherente a su día a día, como debe de ser el arte: desgarrador y visceral, pero riguroso y estéticamente delineado.

Amy, en simbiosis, es callejera como La Mala Rodríguez. Elegante como Diana Ross. Intensa como Nina Simone y melancólica como Ella Fitzgerald. Ya comparte espacio junto a otras voces memorables: Sarah Vaughan, Etta James, Anita Baker, Stevie Nicks, Siouxsie Sioux, Shirley Manson, y sus más contemporáneas Fiona Apple, Ani DiFranco, Joss Stone, Adele, Alicia Keys o Lady Gaga.

Describir con adjetivos su contralto: Imposible.

Lo mejor es encerrarse a escuchar canciones como Tears dry on their own, Back to black, I heard love is blind, (There is) no greater love, You sent me flying, Love is a losing game, Amy Amy Amy y otras tantas más. Todo un vaivén poderoso y brillante.

Su mejor disco, el segundo: Back to black (2006), que es una experimentación deliciosa entre R&B, Soul y Pop. Una verdadera joya, la verdad. Las trompetas, las guitarras, los bajos, los coros, las bases rítmicas, todo pareciera estar en su lugar. Por eso no es casualidad que haya tenido tantos sencillos en radio y haya sido la catapulta de su joven carrera. Por momentos, hasta pareciera que estamos escuchando ecos y matices de Reggae y Neo-Jazz, que lo alinean sistemáticamente con su primer disco, mucho más jazzero, esquizoide y tímido: Frank (2003). Ambos, una delicia para escuchar frente al mar o en un asado junto a amigos queridos, siempre al aire libre y junto a una descarga de mojitos o caipiriñas bien cargadas, que rematen en una fiesta loca y salvaje, como lo era la querida Amy al ritmo de sus bailarines (inolvidables) que la acompañaban de gira.


Su look: Fabuloso y desaliñado. De mis favoritos.

Su muerte: Una patada eléctrica directa al corazón.

Su música: Inmortal y mágica, para tenerla en la repisa o en el playlist.

Su mejor concierto: Glastonbury, 2007.

Mis favoritas: Muchísimas. Acá les copio seis. No más, no menos.

1. You know I’m no good
2. October song
3. Tears dry on their own
4. Know you know
5. Back to black
6. Stronger than me



JAMES BLAKE

La primera vez que escuché a James Blake me sorprendió mucho.

Me pareció genial que un chico, de apenas 23 años, estuviera recreando tanta reverberación sonora y tanta complicidad con la poesía concreta al lado de un piano, un synth y una gama de efectos sonoros a través de la voz. No supe qué decir y me puse a googlearlo sin mayor reparo. Encontré unos videos y me puse a escucharlos. Luego me di cuenta que era mejor ver lo que hacía en vivo, a explorar y adentrarme en todos los sonidos que producía su voz y el resto de aparatos. Quise saber cómo lograba generar esa cantidad de capas de sonido, qué instrumentos usaba, cuando, donde, etc. Me quedé igual. Luego me puse a recordar la música vieja: Aphex Twin, Autechre, Geoff Barrow de Portishead y en todo el IDM de los noventas.



A diferencia de todo esto, Blake es mucho más reflectivo y melancólico. Eso, quizá, fue lo que me provocó querer saber más de su Post Dubstep, como llaman a lo que hace.

Entonces, bajé su primer disco: James Blake (2011), y la gran mayoría de pistas me parecieron lentas y aburridas, a excepción de las interesantísimas: I never learnt to share, The Wilhelm Scream, To care (like you), I mind y Unluck; que con un vendaval de loops, bases rítmicas y otros artilugios digitales logran crear dimensiones exquisitas entre el spoken word, la poesía y la música. Si bajan o compran el disco, bien, aunque les recomiendo seleccionar algunas canciones vía iTunes, entre estas: Limit to your love.


Por esos días en que escuché a JB, mi proyecto de poesía sonora Poecléctica estaba dando un nuevo giro: Alex Hentze, productor amigo junto a Federico Franco, otro gran músico, se incorporaban al proyecto para experimentar con loops rítmicos y repetición de palabras o fonemas sobre pistas de D+B hechas en el instante por el geniecillo de Alex. Quise tener todos esos aparatos para recrear palabra y poesía. Me inundé de rabia y escribí algunas pistas retóricas. Luego, me dispuse a disfrutar de Blake en los audífonos. Un cúmulo de sonidos rebotaron inmediatamente en mis oídos: Keyboards, synths, voces, ecos, sonidos de infancia, máquinas de escribir electrónicas, diapasones espaciales, verborreas repetidas, sonidos industriales, catedrales barrocas y poesía en intervalos. Toda una marea de beats exquisitos. Sentí terror y pena ajena por los músicos, que a base de una guitarra acústica y canciones de la nueva trova, se sienten los amos del universo.


Regresando a JB, puedo recomendar más los EP’sy su segundo disco: Overgrown (2013), recién salido hace algunas semanas. Las once pistas están hilvanadas, como en su primer material, por una melancolía dispersa que se intensifica con las repeticiones de la voz y la caja rítmica. Por momentos pareciera que JB te va durmiendo con su música. Por momentos, pareciera también, que no te quiere soltar y es cuando entra el punchispunchis melódico, una especie de viaje onírico vocal, producto del trance generado por loops, osciladores y sintetizadores. Aunque a veces, creo que le falta más punch sonoro, un poquito de constancia rítmica y muchísima más melodía. Pero lo logra, eso sí, en Digital Lion, Voyeur y la rapeada Take a fall for me (en la que introduce a RZA, más conocido como The Scientist), que me recordó al Faithless de finales de los noventa, especialmente a las rapeadas de Maxi Jazz.



En sí, creo que verlo en vivo sería algo que me gustaría disfrutar más adelante, no como el público adolescente del Coachella de este año, que parecía adormecido y distante (como le pasó a Blur y a otras bandas más).

Mi consejo: Estén pendientes de JB, ya que es un chico al que no hay que perderle la pista, y que en conjunto con Brian Eno –el gurú de la experimentación y la música generativa– conversaron algunas horas sobre la realización de este nuevo disco.

Bájenlo y hagan su propio juicio. Disfrútenlo.




FRIENDLY FIRES

No sé si fue The Rapture, The Knife o Franz Ferdinand los que tuvieron la culpa. Lo que sí tengo presente, es que la primera vez que escuché Auf Acshe de FF en el 2005, supe que algo había cambiado en la música. Ese año varias bandas ‘inquietas’, no sé si sea el adjetivo correcto, sacaron discos que registraban un cambio: Arcade Fire, Editors, Bloc Party, OK GO, Death Cab for Cutie, Caribou, Broken Social Scene y LCD Soundsystem. Esta última, creo que fue la que marcó un estandarte dentro del mainstream de la nueva movida electrónica de la cultura pop. Acoplar desfiles de moda, tendencias tecnológicas, programas de televisión, vestimenta ligera, estilos de vida y letras precisas a la música, fue lo que impulsó a muchas marcas transnacionales a querer involucrarse en esta nueva ola que venía gestándose desde inicios del 2002.

El nombre del género: Disco-Punk, que era una mezcla extraña y necesaria entre Acid house, Post-Punk, Rock alternativo, Rock garage y Pop sicodélico; muy parecido a lo que hacían los Happy Mondays, Pet Shop Boys o New Order en los ochentas, pero con más distorsión y otro sinfín de elementos. En otras palabras, para hacerlo más comprensible: Música bailable pero con estridencias punketas y acordes básicos. Perfecta para una fiesta loca, una tacha compartida y una buena dósis de baile o buen sexo. Acá un ejemplo: Pow Pow (aunque en la versión extendida del album se aprecia muchísimo mejor).

En una entrevista, James Murphy (frontman de DFA Records y LCD Soundsystem) responde que lo único que hizo en esos años fue escribir sobre las fiestas que sucedían en su casa y el estado que éstas producen en el cuerpo, luego asegura, que la música se acopló perfectamente y todo lo que vino después, tenía que pasar.

Qué rico pensar de esa manera después de que has vendido millones de discos y que tu música ha sido ‘el alma’ de no sé cuantas fiestas alrededor del mundo. El último toque de LCD, por cierto, fue durante el 2011 y a pesar de los rumores, no piensan volver a tocar.


Regresando al tema del Disco-Punk, acá podemos encontrar a muchísimas bandas, la mayoría no pasan de cinco años desde que empezaron a tocar y a explorar entre varios géneros. De todas estas bandas, mi favorita es Friendly Fires, que con sólo dos discos han entrado en los charts más importantes de la música actual.

En dos palabras: Bailables y explosivos.

La primera vez que los escuché fue en una fiesta, ¡qué extraño! No era una terraza, se los aseguro, pero sí había un patio en el que muchos fumaban cigarros y platicaban de las cosas que uno suele platicar en la fiestas: De nada que recordés al día siguiente.

Pues yo sí recuerdo que un bró, DJ y melómano, me dijo: Te van a gustar estos chatos.

Empezamos: Jump in the pool, In the hospital, Skeleton boy, Photobooth. Genial, no dije nada. Mi cabeza iba y venía al igual que los vinos. Alguien iba a cambiar de música y mi bró lo detuvo. Le di las gracias. Yo estaba extasiado. Luego vinieron mis favoritas: Paris, Ex lover y Lovesick. Todo un viaje bailable en mi cabeza y en los pies. Toda una delicia de beats. Luego me dijo que me los enviaría por correo, ya que aún no había Dropbox y yo no tenía un uesebé a la mano.


Cuando ya escuché el disco en casa, Friendly Fires (2008), me di cuenta que lo habíamos escuchado casi todo en la fiesta. Lo escuché por días hasta el cansancio. Vi algunos videos en la tele y ya no los volví a escuchar jamás. Luego, en el 2011 me enteré que habían sacado disco nuevo: Pala (2011). Casi ni lo escuché, pero me gustaron: Running away, Blue cassette y True love. Todas las demás me parecieron rebuscadas y aburridas. Creo que este disco es menos auténtico y menos visceral que el primero, en el que se sienten los aristas de un grupo de músicos pasándola bien. En cambio, en este nuevo disco, se percibe que hay una búsqueda por encontrar un sonido y eso, justamente eso, es lo que lo hace no tener dirección. Abundan los matices del New Wave ochentero, pero el Funk, el Pop y la experimentación es lo que hacen que se pierda.

Sin dudas, les recomiendo bajar el primero y olvidarse del segundo.

El primer disco es una sesión de baile completo, con sus aristas electrónicas y su electroclash fiestero. Un disco perfecto para celebrar cualquier cosa, electrizar la noche, manejar rumbo al mar, hacer guerras con bolsas de agua, estremecerse entre los amigos.

En sí, música ligera y perfecta para pasarla bien, bailar y viajar.

Si no, pues sigan escuchando Nueva Trova.