viernes, 30 de agosto de 2013

JOHN GRANT: Música barbuda, rápida y furiosa


JOHN GRANT
Pale Green Ghosts
(Música barbuda, rápida y furiosa)



Una sorpresa de disco. Uno de esos hallazgos que confirman que nada es casualidad, sino un cúmulo de caminos vertiginosos que se entrelazan los unos a los otros por un azar bastante nefasto, refrescante y sincero. La verdad, no pensaba descargarlo. La portada se me hacía bastante pretenciosa y aburrida; además, ya tenía suficiente con los discos que había descargado para escribir hasta veinte reseñas. Pero bueno, una página de internet me llevó a otra página, y ésta, a otra página donde lo elogiaban intensamente. Con todo esto –y la curiosidad que supone refrescar el oído y el playlist–, decidí bajarlo para ver qué significaba “hilvanado por el synthpop inglés y el folk estadounidense” o “Grant's regal baritone makes his sadness and his anger sound that much more serious”.

Para serles sinceros, en mi vida había escuchado hablar de este barbudo. Es más, ni sabía que era el líder de una banda con nombre Czars, y que además, era gringo. Últimamente he estado escuchando música inglesa y escandinava, así que bajar un disco gringo parecía un acto estúpido o hasta una torpeza en retroceso. Pero luego supe que la banda de house islandesa GusGus estaba involucrada, y que además, John Grant vive en Islandia, uno de mis lugares favoritos. Adempas, que Sinead O'Connor hace vocales y coros en varias canciones, en especial en “It doesn't matter to him”, que es una balada de seis minutos llena de reflexiones y que está delineada por un sintetizador a manera de solo memorable en los últimos dos minutos. Fascinante. Esa fue la guinda en el pastel.


En fin, me dispuse a escucharlo y de golpe sentí un bajón, un estruendo y una melancolía. Las primeras canciones enfilan armonía y están cubiertas por un halo misterioso que enfunda todos los instrumentos, en especial a los sintetizadores y a las drum machines. Los ritmos y las letras de las primeras dos canciones (“Pale Green Ghosts“ y “Black Belt”), resultan pegajosos y limpios, floreciendo en esta última un deseo incongruente de bailar y romper plasmas en un centro comercial con bates tecnicolor y pasamontañas de poliéster. En bandada, violentos y furiosos.


De ahí, las aburridas y monótonas “GMF”, “Vietnam” y “Glacier” son las que consiguen un equilibrio en el disco; para pasar a las melodiosas “You don't have to” y “Ernest Borgnine”, que parecen réplicas mejoradas al mejor estilo de Martin Gore (Depeche Mode), pero con intervenciones de vientos que las mimetizan lentamente en el synthpop más fresco, lúcido y clarividente con letras espectrales, honestas y directas. Luego, “I hate this town” resulta una rabieta fantástica que juega con el country folk lento y por último, “Sensitive New Age Guy” es la resultante de un punk dance muy al estilo de LCD Soundsystem (hasta la canta igualita) que enfatiza los sintetizadores y la polifonía retro. Perfecta para ponerla en un club a altas horas de la madrugada.

Lo que les recomiendo, como aclaración, es que bajen la versión especial; que incluye siete remixes especiales. Acá pueden escuchar el disco completo en YouTube.


Sin lugar a dudas, un disco muy bien trabajado y lleno de brillos armoniosos. Perfecto para escucharlo en el carro en cuatro situaciones, como música de fondo, usted elija:


  1. Estacionados en una calle oscura, bajo la lluvia.
  2. Estacionados en una calle oscura, bajo la lluvia. Con el calor de la excitación y un sudorcito emocionante debajo de los zíperes y los pantalones.
  3. Estacionados en una calle oscura, bajo la lluvia. Con el calor de la excitación y un sudorcito emocionante debajo de los zíperes y los pantalones; mientras los dos cuerpos, ya desnudos, se frotan ansiosamente y la temperatura empieza a empañar las ventanas.
  4. Estacionados en una calle cualquiera y oscura, bajo la lluvia. Con el calor de la excitación y un sudorcito emocionante debajo de los zíperes y los pantalones; mientras los dos cuerpos, ya desnudos, se frotan ansiosamente y la temperatura empieza a empañar las ventanas al ritmo del jadeo, la erección fulminante y los pezones volteados como botones de deseo y fuego mientras un turbomofle se escucha en la lejanía.








Columna quincenal publicada en Esquisses.

viernes, 16 de agosto de 2013

POLAROIDS MUSICALES 6: Rarezas

Siempre seremos raros, ad infinitum.
Fuck Buttons, These New Puritans, Jenny Hval



Hace una semana –sin medir siquiera la ofuscación que esa palabra puede provocar en las redes sociales–, me denominaron “raro”. La verdad, nunca me he considerado lo contrario, pero tampoco es para tanto. Quiero decir, toda mi vida he hecho cosas raras o estúpidas, a discresión de lo que la mayoría opina, y al decir esto, no cabe la menor duda de que muchos de los que conozco también son “raros”. Ojo: Raro no es sinónimo de estúpido, ni tampoco de loco, aunque en la rareza hay algo de ambas cosas y de ninguna.

En fin, “raro” es un término que puede estigmatizar y estimular a peroratas rudimentarias que no nos conducirán a nada, más que a confabular –elitista y peyorativamente–, contra los menos “raros”, los menos excéntricos, los menos originales, los más conservadores en todo caso. Pero a ver, intentemos definir dicha palabra, ya que en algunos casos aún provoca malestar y agravio, siendo éste hasta un insulto o un halago. Por otra parte, basta con buscar imágenes en Google con la palabra “raro” y una serie de acotaciones dispersas aparecen en la pantalla provocando extrañeza, disgusto, sinsabor y valga la redundancia: rareza.


A ver, les cuento. Hace una semana estuve como invitado en una presentación que se tituló “Rareza #4, sesión poética de reguetón”, a la cual muchos dejaron de asistir, extrañamente, por su rareza. La intención de la actividad era reunir –armoniosa y estilísticamente– la poesía con la furia silábica y sexosa del reguetón. Es decir, leer a Daddy Yankee o El General al mejor estilo de los poetas franceses del siglo diescinueve. Creando así, una fusión entre lo popular y lo culto, que dio como resultado algo lúdico y menos presuntuoso. La actividad, a mi criterio, resultó todo un éxito, tanto así que ya estamos preparando la segunda parte en conjunto con LA ERRE y Revista Rara; pero esta vez con José José y El Buki como ejes principales.

VIDEO 1
VIDEO 2


Todo esto me hizo pensar en que siempre he sido una persona rara en el amplio contexto de la palabra. Es decir: No me gusta el reguetón, pero sí los poetas suicidas y tremulantes de la Francia decadente. Además, desde niño, siempre me gustó coleccionar y catalogar a los juguetes por nombre, color o marca. Tenía repisas donde colocaba los carritos por color y número de pasajeros (eso es bastante raro y obsesivo, pero sobre todo raro). Luego, en la adolescencia, una obsesiva maraña de gustos me llevó a experimentar con lecturas de todo tipo, sobre todo las filosóficas que estaban muy por encima del promedio: Nietzsche, Foucault, Canetti, Derrida, Chomsky. Autores raros, totalmente opuestos a las lecturas de sociología, superación y modernismo costumbrista que daban en el colegio (eso sin lugar a dudas, marcó un antes y un después en mi vida). Ya de universitario, mi “rareza” me llevó a coleccionar diversos objetos como libros, postales, pines, discos, piedras y otro montón de estupideces. Pero bueno, no nos pongamos raros, todos tenemos una carpeta porno y más de algún secreto que nos hace ser raros de “a de veras".



Si vos sos rar@, y estás leyendo estas palabras, quiere decir que querés llegar al fondo del asunto. Como sabés, mi idea en este espacio es hablar sobre música o reseñar discos, y eso, querid@, es lo que importa. Entonces hablaré de música rara para no ser redundante. Música que seguramente no encontrés en la radio, ni mucho menos en los bares o en los espacios dedicados a la música comercial.

Te lo pongo fácil: Tres discos raros de este año. Voraces y hermosos, pero raros.

IDM, Drone, Post-Rock, Art-Rock, Avant-garde; esas terribles bellezas y rarezas irremediables. Los tres hilvanados por literatura: una crónica, unos fragmentos en prosa y un relato breve, todos escritos en tiempos raros (pasados) de mi vida. Nada fuera de este mundo. Música rara y textos raros, inéditos, como sea.

En fin, ya que estamos hablando de gustos raros y vos me entendés, levantá tu copa y brindá conmigo por nuestra rareza. Salucita. Que la rareza nos trence en la lectura y en la música de una vez por todas.

¡A “rarearse”, he dicho!




FUCK BUTTONS: Slow Focus

Disco obtuso, recién salido hace unos días. De esa música que te parte en dos el oído y te perfora poco a poco con sus reverbs y sus sonidos toscos. De mis discos favoritos de los últimos días. Es enérgico, meditabundo y completo. Un discazo para escucharlo detenidamente. Experimental y melódico. Ruidoso y vertiginoso. Si bien la música es un zumbido de otra dimensión, este es el disco perfecto para cruzar el universo en un viaje de agujeros negros y floribundias melodiosas. Si sos lo suficientemente raro, este será tu disco favorito del año. No hay duda que estos dos chavos ingleses están inventando un nuevo género. Quisiera verlos en vivo, pero ya veré a Atoms for Peace dentro de poco.



A Brenda le encantan las drogas, sobre todo el ácido y la coca. Aunque es por épocas, porque a veces prefiere los hongos y otras veces solo fumar mota. El trago no la entusiasma mucho, pero el último año ha cursado la maldición de tomar todos los fines de semana hasta ponerse tremendas papalinas y borrar casete. Ya no recuerda cuando fue el último viernes que pasó sobria. Sus viernes y sábados han sido: vodka, cerveza, cocteles preparados, tequila, güisqui, ginebra; de todo, menos ron, porque esa mierda apesta. Sus domingos: Una resaca incurable que poco a poco se ha vuelto familiar y cada vez menos esquiva. Modorras en el cuerpo, temblores en la quijada, mareos, sed, cansancio, sudoración, malhumor, depresión, culpa, hastío.


Cada viernes, después de las aburridas clases de la aburrida carrera universitaria que estudia, maneja rumbo a su apartamento, que le heredó su tía y donde vive sola desde que cumplió los veinte, ahora tiene veinticuatro. De la U sale a las siete en punto del Edificio de Arquitectura, y a las ocho menos veinte, estaciona el New Beatle frente al portón de su casa, que hace algunos días manchó con aerosol y esténcil después de una madrugada en lisérgicos.

Regularmente la acompañan Rodri o Alejandro, dos amigos de la U a quienes también les encanta meterse drogas y bailar música electrónica hasta entradas horas de la madrugada. Alejandro, es un experto haciendo micheladas, lo que supone que es él quien debe aguantar la parranda y estar de pie, o al menos más lúcido y menos tembloroso, para preparar ese delicioso elixir que vociferan urgidas y trepidantes, las lenguas sedientas de toda resaca. Rodri, el más pequeño de los tres, es DJ y además, un ejecutivo exitoso. Los tres pareciera que fuera inseparables. Son la piedra angular de la fiesta. El triunvirato del exceso. La santísima trinidad alucinógena.


En fin, lo que hacen los fines de semana es simple.

La travesía comienza el viernes, justo al salir de clases, a eso de las ocho de la noche. La mayoría de las veces se reúnen en casa de Brenda, otras veces ella los alcanza en algún bar de la Zona Viva después de arreglarse y plancharse el pelo. Ya para eso, Rodri y Ale ya andan cocteleando en algún afteroffice de algún rinconcito de la ciudad. Cuando no es así, y están reunidos en la salita del apartamento de Brenda, todo va más sencillo: Encienden un purito de mota o hash, y se sirven cualquier cosa de beber, regularmente cerveza o vodka con jugo de naranja. Ven tele un rato, bromean, escuchan música, se abrazan, llaman al díler y piden juguetes suficientes para divertirse en lo que dure la parranda: MDMA, colmillos de coca, puritos de DMT, papeles, ajos, pepas, cualquier cosa “luminosa”. Después de meterse algo, llegan a algún bar y fuman y conversan sobre muladas de la U o el trabajo. Brenda, regularmente se encuentra con conocidos de la firma de arquitectos donde trabaja por las mañanas, así que es posible que terminen rodeados en un grupo grande de personas disímiles y contradictorias. Otras veces, son sólo los tres contra el mundo. Ahí no cabe más nadie.

Beben, bailan, se meten llavazos en el baño, caminan, miran el cielo, cambian de bar por algo más movido y se entachan en menos de media hora. Los ritmos los hacen ir y venir de un lado a otro: deephouse, progressive, minimal, electro, nada que tenga coros porque eso contamina el ambiente sonoro de la fiesta. Tampoco nada de cumbia, porque esa mierda es muca y además, está de moda.

Regularmente los bares y los clubes cierran, y ellos, más prendidos que arañas a sus telarañas, parecen buscarle fin a los colmillos y a los envases de cerveza extranjera. Cuando la policía los hostiga, cambian de ambiente o se van directos a un after. A veces el after es en casa de Brenda. Abundan los escotes, la música ruidosa y las risas de madrugada. En algunas ocasiones Brenda se lleva a más de algún desconocido al cuarto. Se lo agarra, o a veces sin mayor preámbulo, se lo coge, a secas. Otras veces le gusta calentar a los chavos, quiero decir, dejarlos “duros” y ganosos. A veces, también, le gusta andar sin blusa y no hay más de alguno, caliente y macho, que se la quiera llevar al cuarto al menos para meterle mano. En sí, nada nuevo, todo lo que puede ocurrir en un after: drogas, música, pláticas tontas, deseos vertiginosos, a veces cuentazos.


Así, después de todo desmadre, llega la mañana y con ésta, el medio día del sábado con sus monchis y su resequedad ostentosa. Hay una urgencia por querer salir a campo abierto, y Brenda, que está más enfiestada que Jim Morrison en aquél concierto en el que lo metieron preso, propone seguir la fiesta antes de que el cuerpo pida descanso y aburrimiento. Sin más, llega la tarde, la noche y el goce. Brenda y sus amigos deciden llamar al díler por más drogas y se colocan otra papalina, llena de sicotrópicos y viajes legendarios hacia la madrugada. Una manera de sobrellevar la vida y el sufrimiento. Pero bueno, eso es otra historia.

Lo que le gusta a Brenda, por sobre todas las cosas, es saborear las drogas y caminar al borde del exceso. Nunca se ha inyectado o ha fumado piedra. Eso no. Eso es para mara bien loca que está trabada del coco, deseando morir en cualquier momento… a mí lo que me gusta es disfrutar la vida y sus colores. Eso me dice Brenda cada vez que viene a visitarme al siquiátrico donde estoy recluido. Sus visitas son lo máximo. Me dejan con un sabor sonoro en la punta de la lengua. No tengo otra manera de explicarlo.

El otro día, por ejemplo, llegó entachada y parecía bien contenta, adrelinada por el vaho suculento de la droga. Casi ni recuerdo lo que hablamos. Pero salimos al patio y nos tiramos sobre la grama a ver las hojas caer de los árboles. Parecían constelaciones y planetas, tipografías deliciosas de otra época cayendo sumisas hacia el irremediable y vertiginoso transcurrir de la memoria. Esa noche, soñé con satélites y radares, naves espaciales en las que viajaba con Brenda rumbo a XS-23, el planeta que habíamos visto caer cuando descansábamos sobre la tibia banquita por la tarde. Habían bicicletas aéreas, espirales incandescentes, estrellas fugaces, luces etéreas y mucho vacío.


Todo esto, me hace pensar que Brenda es lo único que tengo. El único lazo que me conecta con el exterior y la única sensación de paz para esta locura que me succiona y mata lentamente dentro del siquiátrico. Acá, todos parecen estar locos y enfermos de “algo” que no tiene nombre. La locura es una incertidumbre, un limbo particular, un suicidio lento. Los días pasan como lombrices bajo tierra, y su mirada, la de Brenda, cuando viene a visitarme, es el único rincón donde mis sueños y mis histerias por fin descansan.


A eso me refiero con que Brenda, el personaje de esta novela que estoy escribiendo, sea lo único que me hace recordar que la felicidad, la furia y el desenfreno existan. Todavía recuerdo aquel día en que nos conocimos y decidí ponerle rostro, cabello y manos. Ese día todo cambió para siempre. De eso hace más de dos años y esta novela nunca la termino, parece un viaje eterno de dulces y morfina. Una caja de cristal que en algún momento del trance estalla y se disipa.

Mi siquiatra me ha dicho repetidamente que escribir es el único remedio para mi locura. Me dice, también, que escriba todo lo que pueda porque es la única manera de no reprimir todo lo frustrado, y también, de aniquilar la rabia interna. Algún día, espero que sea pronto, terminaré de escribir estos apuntes y talvez, sólo así, pueda salir de estas cuatro paredes que huelen a humedad y encierro. Salir de acá significará mi nirvana, mi iluminación, mi cielo. El infierno de estar atrapado en este maldito laberinto me sofoca. Yo quiero ver la luz, pasear por la calle, subir a un teleférico, bailar música electrónica hasta que me caiga del cansancio.

Pero bueno, ya escribí suficiente por hoy, estoy agotado.

Brenda y yo, tenemos sueño.



THESE NEW PURITANS: Field of Reeds

Disco extrañísimo. Melódico, oscuro, aburrido y melancólico. Perfecto para escucharlo bajo la lluvia o en el auto. Sinfónico y especial. Mucho de Béla Bartók, Arvo Pärt y hasta de Yo la tengo. Mucho de exploración sonora. Mucho piano, mucho jazz, muchos coros y sonidos estrambóticos. Experimental y lleno de texturas. Letras confusas y tenues. De esos discos que odiás y no querés saber nada, o sencillamente, te apasionan. Salió hace un mes y al parecer la crítica les está aplaudiendo a este cuarteto de polifacéticos y locos. Antes hacían punk y ahora salen con esto. Hay que escucharlo detenidamente, y varias veces. Tiene tanta experimentación que por momentos cae, pero ojo, el disco se levanta poco a poco hasta convulsionar de rabia fonética. Recomenrarísimo. Es un exceso polifónico.





IX (fragmento de Prosac, inédito)

Soy prosa, verso, soy cualquier cosa. Sigo siendo un transcurso, una proeza efímera, una bocanada de humo, un conmovido recuerdo. Sigo siendo alquitrán fumado, volteado, inexacto. Noche oscura, rincón de arena, falo suelto. Veo pasar las nubes insólitas en regreso de días, horas, pausas. Todo es un vaivén de sexos. Sonoro remolino, temblor de agua, ola anémica. Cuando cierro los ojos soy florifundia epidérmica, güisqui fonético, temible memoria. Sigo siendo eso que aún no corre y fluye. Siego siendo prosa, verso, cualquier cosa. Triste y fulminante universo.


X (fragmento de Prosac, inédito)

Me puedo escuchar zumbando en el circuito cerrado de tu dermis. Puedo palpar tu tibia anorexia de sueños y promover festivales, de cine mudo, en la inevitable delicadeza de tu cintura o tu sexo. Las palabras me rebotan en el paladar de la urgencia, los líquidos me fluyen, ilícitamente, alrededor de los callejones de la tristeza. Tu sexo, vibrante y tempestuoso, se desenfunda entre mis miedos. Tu silueta se desmorona de adjetivos y verbos. Tu olor a espuma me invande. Nos hacemos los mártires entre el silencio de la noche. Nos hacemos los expertos sobre la perfecta horizontalidad de los sudores. Nuestras melenas se intrincan, nuestros anhelos se desvanecen como vacuos pasatiempos en desvelo. Hacemos ruido, hacemos textos como exégetas puntuales del momento. Nos destrozamos las alacenas de lo repentino, nos damos casaca entre las bofas risas del ceremonial cortejo. Te veo bailar, acrílica y térmica, quitándote el suetercito púrpura y las botitas de cuero. Te veo juntando los algoritmos de esta ecuación inconclusa. Te veo regresando la mirada entre el aire y moviendo las manos, inquieta y titubeante, sensual y eriza. Yo mientras tanto, te provoco un carmesí de símbolos y vuelvo a meter mis frías manos por debajo de tu falda. El mundo, sólo así, deja de ser mundo. La literatura deja sus letras y los fantasmas agonizan desde todos los aeropuertos. Las estrellas, se vuelcan sobre tu crucial primavera y somos dos, solo dos pulsiones, regalándonos soledades mutuas y tibios amaneceres sin rencores. Nos inquerimos las ropas, nos examinamos las quijadas. Nos volvemos a encontrar el rumbo errado de todos los confesionarios.

Peco en tu cuerpo de arena, niña. Peco en silencio. Voluntariamente peco.


XIV (fragmento de Prosac, inédito)

Hay algo tuyo que inunda las azoteas de mis soledades más anchas, más estrepitosas. Debe de ser tu risa, tus manos, tu persistente ir y venir que llena mis ojos de felicidad y silencio. Debe de ser la flameante catapulta de tu cuerpo, el exquisito cúmulo de paraísos que te rodean, la proximidad acaso, de mis cadavéricos infiernos con tus retóricos cielos. Mientras tanto, me mudaré a tu soledad, me tatuaré con sellos: tu inevitable tristeza. Llenaré este vacío con palabritas nueva. Conoceré mis últimas fronteras. Conocerás las tuyas. Migraré hacia tu costa, como un fantasma enamorado de la brisa de tu nueva fórmula. Viajaré por todos y cada uno de los caminos de tu vientre–patria. Me saciaré entre soledades compartidas, una y otra vez, hasta colmarme de tus nuevos recuerdos. Inventaré una lengua nueva, sumergido en tu naranja república del alfabeto. Nos olvidaremos del mundo, inmersos en esta nuestra isla de lepidópteras palabras desde el medio día. Te vengarás del pasado, así cómo nos olvidaremos de nuestros ancestros. Empezaremos de nuevo, niña, con cocos locos al unísono y con mucha bosanova sobre las melenas.

XVI (fragmento de Prosac, inédito)

Te espero con las ganitas en la chumpa y con el inbox de los días sumergido en tristes sinfonías. Te espero con la sonrisa más tibia por debajo de la manga. Te espero con la tibia mañana en la punta de los dedos y con las cicatrices del tiempo, adheridas a la bufanda. Te espero con la sospecha, de tener una metáfora sospechosa, guardada en la melena. Te espero con la pena, de no ser el correcto. Te espero con la nariz fría y la sudadera en timelaps. Te espero a mil-veinticuatro-ka-be-pe-éses rondando alrededor de la tibia simetría de la noche. Te espero con mi noche estacionada en la avenida de los recuerdos. Te espero con la mañana en las manos y con la sorpresa de los alfabetos al borde de un aeropuerto. Te espero con los miedos azules, con las ansiedades amarillas y la tonadita en repeat doliéndose las manos. Te espero a contratiempos cuánticos. Te espero. Te espero con la mirada en blanco, con mi arena negra y la tristeza guardada en una bienvenida. Te espero con todos mis excesos y con la soledad más trillada que una canción de moda. Te espero cuando lleguen las despedidas, y tristemente, nos abandonemos al silencio.


SÁBADO (fragmento de Arbitraria Muchedumbre, 2009)

de noche duerme el país con sus ignorantes felicidades
un plomazo
cruje en la profundidad etérea del silencio
pum
pum
dos plomazos
tres
cuatro
mi vida es este transcurso nocturno
esta inseguridad constante
soy este transcurso nocturno
soy un cuaderno
si

abierto
para dibujos de ciego


Irrumpimos la night con su dark azar al ritmo de los jadeos. Me encontré con pipol, nos vieron gesticular fonemas guait. Tres gramos de mirrous, novecientos megabaits de rocanrol y quince centímetros de selecta mit, nos sirvieron para entretenernos por el resto de la madrunight.

Me preguntaron qué has hecho, dónde, cómo, con quién, cuándo.

–No he ido al cine, dejé el trabajo, bebo mucho más, escribo mucho y leo poco –respondí todavía en trance, mientras apagaba el Motorola y me rascaba los testículos volviendo todavía del trance. “Muchá, por fin encontré la rola que quiero que escuchen con el poema que quiero que lean”, les dije, mientras empezaba a hacer cuentas de toditas las cosas que tengo por hacer durante la semana. Luego arreglé la cama, abrí el libro de Bowles, encendí un cigarro, pensé en el desierto y saqué las botellas vacías al patio. Sonreí sin ganas, pero también con ganas, de palpar en mis manos el aire del siguiente amanecer.

Quise vomitar en el baño, dos veces esta tristeza.


TIC–TAC
TIC–TAC
TIC
TAC
TIC
TAC
TAC
TAC
TAAAAC
TAAAAAAAAAAAC

ver pasar el tiempo
escuchar pasar el tiempo
sentir pasar el tiempo
no es recomendable
con mil caballos de fuerza en el corazón




JENNY HVAL: Innocence Is Kinky

Me encantan las chavas raras que cantan. Jenny es una de ellas. Muy Patti Smith, muy Björk, muy Siouxsie Sioux. Este disco parece no tenerle miedo a las grandes líricas y a los grandes experimentos de la escritura creativa. Es poesía, es estruendo, es improvisación, es abandono. Mientras el disco avanza, pareciera que la voz desafinada de Jenny se encuentra con su eje poético, y eso, justamente eso es lo que lo hace más raro. De esos discos que escuchás una sola vez o lo ponés de fondo para sorprender a tus invitados con música rara, muy rara. Es impredecible, maquiavélico, experimental y quejumbroso. De seguro te va a encantar. Yo lo he escuchado unas diez veces.




UNOS AUDÍFONOS VERDES

Dani sale de su casa sin mediar palabra. Irritada, triste, rebelde; cierra la puerta de un solo portazo. Sobre el hombro lleva una mochila típica, en la que algunos pines y parches de colores, dejan ver que aún cursa el último año del colegio. Dentro de la pálida mochila lleva varias cosas, sobre todo una: el eterno peluche que su abuela le regaló para un cumpleaños. Ese es su alivio, su amuleto. Dani parece estar enojada y triste, pero se concentra en la música que escucha de sus audífonos verdes; y todo el enojo, ése que siente desde el fondo de su pecho, parece disolverse con cada paso que da firme sobre la acera. Por un momento, pareciera olvidar la sangre que gotea insistentemente desde sus delgadas manos, y se deja ir, literalmente, hacia el zumbido de los audífonos verdes que escucha con hipnótico esmero.

Dani camina y camina, pareciera que la música le levanta el ánimo al punto que nada más importa, mucho menos la vibración del celular en la mochila ni la sangre que ahora le inunda la blusa, la falda y las calcetas amarillas. Las heridas parecen dolorosas, pero no le duelen. Dentro de su mochila aún lleva la cuchilla de su hermano, con la que dibujó dos largos y profundos barrancos sobre sus muñecas; pero Dani, no piensa en eso ahora, piensa en la música que escucha y todo parece olvidarse en un estruendo de armonías inverosímiles y paisajes oníricos. Puede ver un bosque a lo lejos, una luz, un pacífico riachuelo y una bandada de pájaros que le dan cierta paz, cierto alivio. Cierto descanso.

Después de varias cuadras, Dani cae al suelo, y ahí tendida, parece una tierna nota musical cubierta de felicidad y sangre. Al caer, los audífonos verdes se rompen y quedan esparcidos como recuerdos a lo largo de la acera. Inmediatamente la música se acaba y del otro lado de la calle, un perro ladra.

Un avión, desde lo alto, cruza el cielo. Una sonrisita se vislumbra entre sus labios y el tamborcito en el pecho, ése que hace unos minutos bombeaba infelicidades dentro de su cuerpo, deja de suspirar canciones y cede ante el oleaje de lo inmóvil. El celular, en su mochila, enlista diez llamadas perdidas y la tarde avanza, como un piano de Brahms o Schubert, sin caricias tercas y maltratos insistentes de un padre vociferante.

La calle, se inunda de monotonía y gente. Otro perro ladra en la lejanía.

Una nuba blanca, más blanca que la ternura, cruza el cielo rápidamente.




Columna quincenal publicada en Esquisses.









viernes, 26 de julio de 2013

POLAROIDS MUSICALES 5: Música para ferias de libro


A finales de los setenta, el infatigable e inquieto Brian Eno, empezaba a delinear aquella colección de música ambient –género que él mismo acuñó para su selecta producción de pistas instrumentales llenas de minimalismo, sosiego y reflexión– que estaban concebidas como parte de una instalación sonora, luego de que él mismo quedara atrapado en un aeropuerto años antes. La primera plaqueta de esta colección de discos “extraños” para la época, se llamaría Ambient 1: Music for Airports; una composición de sintetizadores, efectos vocales y loops invertidos, diseñados para contrarestar el estrés que producen los aeropuertos con sus ruidos, prisas y demás voluptuosidades sonoras, que muy fácil desesperan a cualquiera.

Su idea, en todo caso, siempre me ha parecido algo genial. Un súbito y enérgico intento por diferenciar su producción minimalista en contra de la música enlatada o “música para elevador” de esa época; típica de los ambientes institucionales, públicos o privados que saturaban los oídos con musiquita ligera a cargo de Paul Mauriat, Henry Mancini, Kenny Rogers, Tony Bennett, Air Supply, The Carpenters, Chet Atkins, Herb Alpert o el pianito desesperante de Richard Clayderman.

En Latinoamérica –específicamente Guatemala–, es inevitable encontrar música enlatada por todas partes: El supermercado, el centro comercial, la tienda de departamentos, el elevador, la salita de espera, la cola del banco, la clínica del dentista, la boda del amigo y hasta en la casa de los tíos, que supuestamente, pintan de ser los menos “cuadrados” y los más hippies de toda la familia.

Sin importar el lugar, siempre estaremos rodeados de Barry Manilows, Kenny G’s, Michael Boltons, Mariah Careys, Barbra Streisands, Céline Dions, Juanes, Manás, Shakiras, Arjonas, Marc Anthonys, Jerry Riveras, Raúl di Blasios y hasta en el peor de los casos, de reguetón instrumental o de Guns ‘n Roses al mejor estilo de la bossa nova más deprimente y consumada.


Por eso, a horas de empezar mi travesía en la X Feria Internacional del Libro de Guatemala, me propongo (y les propongo) una lista de once discos nuevecitos –recién salidos del estudio– y la lectura de varios libros nuevos, para aguantar el desolado paisaje que dibujan más de ocho horas diarias en un stand de dos metros por dos metros; en el que vender libros nacionales (Vueltegato Editores, Alas de Barrilete Editorial, Editorial X y otros proyectos editoriales) resulta ser una aventura contra la corriente.

Excluyo de esta lista, algunos discos reseñados anteriormente y algunos que aún no he podido escuchar con el merecido afecto que se merecen. Pero en el mejor de los casos, el playlist promete que me asignen como DJ oficial de FILGUA 2013. Lo cual, como sabemos, no va a suceder aunque muchos de ustedes piensen lo contrario.

Así que no se sorprendan ni desesperen, por si dan una vuelta por el Parque de la Industria (del 26 de julio al 4 de agosto) y la música que esté “tronando” sea la peor tonadita de bachata, merengue popular o reguetón evangélico.

Ya dicho todo esto, quedan advertidos.

Ahora bien, abróchense los cinturones porque despegamos con nuestro listado de "Música para Ferias de Libro". Disfruten del viaje.


BOARDS OF CANADA
Tomorrow's Harvest
Escocia

Un disco hermoso, purista desde su concepción electrónica y extremadamente bien hecho. Lleno de sonidos a destiempo y retóricas ambientales que lo rellenan en sus esquinas más vacías. Una hora de éxtasis rítmico y variantes hacia el Downtempo y el IDM, muy parecido al Virgin Suicides de Air, pero muchísimo más lento y experimental. Hecho, sin lugar a dudas, para la banda sonora de una película de ciencia ficción escandinava o italiana que aún no ha sido filmada. Tomorrow’s Harvest es perfecto para ponerlo de fondo mientras hordas de estudiantes se avalanzan sobre las mesas de separadores gratis, y yo leo a Henry Parland o Irvine Welsch, recostado sobre la silla plástica en un trance de auroras boreales o soles de medianoche.



LEMAITRE
Relativity 3, EP
Noruega

Con quince minutos de este EP es suficiente para dejarlo claro: Es música diseñada para bailar al mejor estilo del Electroclash o el House francés. Un disco obligatorio para todo aquél que le guste bandas como Cassius, Daft Punk, Modjo, Bob Sinclair, Alex Gopher, Uppermost o Justice. Demasiado pop para los houseros y demasiado electrónico para los Indiepop. En sí, una joyita para reventarse de sol en estos días de lluvia (¡maldito trópico!). Música perfecta para que las universitarias de primer año se acerquen a ver los libros del stand y quieran comprar algún libro, sólo porque hay buena música de fondo. Quiero decir, pegajosa. Ese es el gancho, la literatura es lo de menos.


JAMES HOLDEN
The Inheritors
Inglaterra


No es nada nuevo hablar de James Holden. Ha colaborado en numerosos remixes para artistas como Madonna, New Order o Depeche Mode; y además, es conocido por su larga carrera como DJ internacional. Pero bueno, de pinchar discos a producir música hay una diferencia enorme. Hace unos seis años vino a Guatemala y fui a verlo. Tocó exageradamente bien. De todos esos años guardo algunos momentos memorables: Miguel Migs, Satoshi, Digweed y claro, Holden. Pero como decía antes, de pinchar a producir hay un abismo matemático de grandes proporciones. En su música hay mucha experimentación orgánica, por decirla de alguna manera. Hay mucha mística, mucha sicodelia, mucho ritual sonoro, mucho orden (desordenado a su manera). Cada pista es una nebulosa de reverbs, loops y sonidos que se aprietan los unos a los otros. Tengo muchos años de no meterme drogas sicotrópicas y esto es lo que me produce escuchar su música: “Una espiral matemática y tecnicolor que se desintegra”. En este disco, Holden explora las texturas de una simetría hasta fragmentarlas por completo. Es IDM, Techno, Minimal, Noise, Trance, de todo. Además, en cada pista uno siente un temblor justo debajo del pecho. Las capas de sonido son innumerables. Todo en este disco es alucinación y asombro. Por eso no se sorprendan que si tengo los audífonos puestos en el stand, es porque no quiero que me chinguen. De seguro estoy escuchando a Holden.


GROUPER
The Man Who Died In His Boat
Estados Unidos


No hay duda que el drone o zumbido, ha estado presente en tantísima música sin que nos hayamos dado cuenta: Chopin, Bob Dylan, The Beatles, Roxy Music, The Velvet Underground, Tangerine Dream, Kraftwerk, Sonic Youth, Radiohead, John Cage y la lista continúa. El drone es un efecto sencillo que consiste en un zumbido repetido que al sostenerlo por mucho tiempo o interrumpirlo, produce otro efecto. Este disco tiene mucho de eso, destila ruido y oscuridad, conjugados de una forma desinteresada y Emo por la vocalista, que tiene su atractivo y su “algo”. Por momentos parecieran mantras y por momentos quejidos de una fiesta gótica. Mucho de Ambient, Noise, Japanoise, Industrial, Postindustrial y No Wave. También mucho de arte conceptual, pero abrillantado por las voces, las guitarras y el Wurlitzer que le da un efecto casi religioso. Ideal para exorcisar y desacralizar a la poesía contemporánea guatemalteca; o también, para pegarse un tiro mientras se lee “Siendo puta me fue mejor”. Un disco bastante extraño, pero que merece oídos.



PET SHOP BOYS
Electric
Inglaterra

Que este dueto siga haciendo discos después de treinta años de carrera no es lo que me inquieta. Lo que me sorprende es que cada disco sea un nuevo descubrimiento, a pesar de que la base rítmica es la misma resultante de una ecuación que les funciona muy bien: Synthpop + EDM = Éxito. Y como siempre, aderezado con la voz inmortal de Neil Tennant. No sé, por momentos he tenido mis distancias necesarias con PSB, pero siempre, siempre hay un imán sonoro que me atrae a su música. A lo mejor es que suenan tan parecido a bandas que de verdad me gustan: The Psychedelic Furs, Tears for Fears, Alphaville, The Human League o Eurythmics. Lo que sí, es que en este disco no hay mucha experimentación. Todo es idéntico a sus discos más exitosos: Please, Actually, Introspective, Behaviour y Very. La única diferencia, es que ahora no suenan a New Order y se parecen muchísimo más a un Kraftwerk vocal y punchispunchischero con distorsiones. Los sintetizadores, por su parte, brillan diez veces más que en toda su carrera. Sin dudas, es su obra maestra. Muy acertada para atraer gente fiestera al stand en los días que esté muerta la Feria del Libro. Lunes, martes y miércoles, por ejemplo. A eso de las tres de la tarde, cuando el único amuleto sea un libro de Kerouac, Foster Wallace o Selby.


THUNDERCAT
Apocalypse
Estados Unidos

La primera vez que escuché este disco no supe cómo catalogarlo. Es un disco funky, jazzy, electrónico, sicodélico y muchas cosas más. Me encantó su frescura. Además, que este compa haya trabajado con Flying Lotus, Erykah Badu y Suicidal Tendencies, le da un aire de mística y contrareidad a todo lo que hace. Las primeras tracks son pistas muy pegajosas, muy al estilo del R&B o Soul etentero; pero luego el disco se va volviendo más obtuso y dramático, lleno de aristas de D&B y distorsiones exageradas. Luego, regresa al disco y se convierte en una amalgama de “cosas raras” hasta cuajar en más de alguna baladita “sin sentido”. Quizá, eso, es lo que más me gustó del disco; que no es una sola pieza sino que está hecho de manera individual, quiero decir: pista por pista. Un disco para ponerle atención y escucharlo sin prejuicios. Por eso, querido hipster, esperamos tu visita y tu billetera abierta por el stand.


JON HOPKINS
Immunity
Inglaterra

Que un músico no necesite de la palabra para generar atmósferas verbales o fonéticas, es lo impresionante. Jon Hopkins se ha codeado con músicos como el mismo Brian Eno o Massive Attack; además, tiene en su historial una colaboración intrínseca con Coldplay, a quien evitaremos en esta columna hasta que no saquen un disco como A Rush of Blood to the Head. En fin, JH es un músico casi de culto para muchos productores contemporáneos a él. Más que DJ, es productor y compositor de tres discos alabados por la crítica, todos anteriores a éste, que en particular, nos invita a la fiesta desenfrenada y a la apreciación de capas de sonido, muy propias del techno y la electrónica. Pero no todo es baile, eso sí. En canciones como “Abandon Window”, “Form by Firelight” e “Immunity”; una descarga violenta de pianos nos saca el corazón de la camiseta y nos hunde en un mutismo perpetuo, digno de toda melancolía y todo proceso creativo, que de seguro nos puede mandar al cuadrilátero de la hoja en blanco. O si nos ponemos más rudos, no hay duda que este sería el disco indicado para la venta de madrugada de FILGUA, aunque también, no hay duda, es el disco perfecto para acompañar una lectura de Céline o Bolaño, sobre todo con la última media hora del disco, que es un vaivén de arritmias contenidas y armonías en exceso.



THE KNIFE
Shaking the Habitual
Suecia

A The Knife se la debía desde hacía meses. La primera vez que escuché este disco no lo entendí, me pareció pretencioso y exagerado, bastante ruidoso para mi gusto. Luego lo fui escuchando más veces y le fui encontrando sentido, y hasta un poco de aprecio. Este dueto de suecos son el ejemplo más adecuado para definir “experimentación”. Sus discos anteriores me parecían hasta entonces, mucho más concretos y digeribles; una mezcla entre Björk, Röyksopp y Vive la Fête, pero menos glam, menos pop y muchísimo más intolerante. Desde el inicio del disco, un torrente de gritos y sonidos propios del IDM, estallan en los oídos. Luego el disco se va oscureciendo poco a poco hasta llegar al límite del Dark Ambient, el Drone y el Techno más tosco. Por último, parece un despliegue de catársis musical que termina por estallar y encuentra su balance. “Es música loca diseñada para locos”, así lo defino. Creo que es uno de los mejores discos que se han hecho este año, y además me demuestra otra vez, que el frío de Suecia, Islandia, Finlandia y Noruega; hace que mucho del mejor arte (literatura, música y cine) provenga de este rincón olvidado y pacífico. Sin lugar a dudas, un disco brillante y agresivo, que me encantaría celebrar en vivo. Perfecto para “loquear” cuando lleguen de visita los amigos escritores y diseñadores al stand. Sin duda alguna, les va a encantar.



DJ KOZE
Amygdala
Alemania

Este es el disco que más he escuchado en las últimas semanas. Por lo menos unas quince veces. ¿Cómo lo conseguí? Eme Jota me lo regaló una tarde en la que todo era frío y lluvia. Después de eso, el disco se transformó en luz y calor inmediato. Desde la primer canción hasta la última, es una belleza sonora y experimental, llena de loops, grabaciones, vocalizaciones, cortes, efectos, sonidos extraños y una gama de osciladores remezclados; pero todo puesto minuciosamente en su lugar, de manera sobria y al parecer, con hartas sesiones de trabajo detrás. Es decir, no tiene ninguna imperfección. Todo es un “copy/paste” de capas y una base rítmica concisa que cualquier productor de electrónica quisiera hacer. No es de menos, Koze o Adolf Noise es un músico que viene experimentando con Hip Hop, Microhouse, Electropop y otras tantas cosas con nombre según leía por internet. Al parecer, su música ha transformado la escena musical alemana y su experimentación le ha valido el respeto de músicos como Apparat (Moderat) o Caribou, quienes colaboran en este disco. Ahora bien, hablar en qué género lo meteríamos es lo que menos importa. Lo más sano es que escuchen el disco con disposición y fílin. Les comparto dos canciones que no los van a defraudar: “Royal Asscher Cut” y “Nices Wölkchen”. Al ver estos videos, me dan ganas de proyectar películas y cortometrajes en el stand. Si me animo, lo haré público vía Twitter.


ATOMS FOR PEACE
Amok
Inglaterra-Estados Unidos

Bueno, qué les puedo decir de este disco. Hay mucho y poco qué decir sobre Amok, que la mejor manera de empezar es agradeciendo por la excelente joya que nos regalaron este quinteto de locos: Flea, Godrich, Refosco, Waronker y Yorke. Sin lugar a dudas, el proyecto más ambicioso entre músicos reconocidos y comerciales de esta era. El disco, a grandes rasgos, parece un ejercicio entre Godrich y Yorke, quienes vienen trabajando desde hace veinte años con Radiohead y otros proyectos. También es la resultante de la prolífera producción de Yorke y la insistente facilidad que se le da a Godrich producir y ordenar música. Pero bueno, para hablar del disco es necesario decir que brillan los efectos, los loops y las percusiones –que lo hacen muy parecido a The Eraser o Hail to the Thief–. La diferencia, quizás esté en la velocidad y el abanico de instrumentos y sonidos que aparecen en cada una de las pistas. Además, la letras dejan de tener una pretención política y se estremecen más en lo personal y existencial. Sin dudas, este disco será el que más suene en el stand de Vueltegato Editores. Quiero decir, en los momentos en los que no esté leyendo o releyendo, porque este disco, es para cantarlo y bailarlo al lado de un buen vino tinto y con los ojos puestos en la pista de baile. O sino, para hacer una coreografía digna de YouTube en los pasillos de la feria.


APPARAT
Krieg und Frieden (Music For Theatre)
Alemania

Si llegaste hasta acá, hay varias opciones: Uno, sos melómano como yo y querés escuchar música nueva. Dos, no te gusta la música ni lo que escribo, pero sos curioso/a. Tres, sos corrector/a de estilo y me estás haciendo pedazos en tu bloc de notas. Cuatro, sos stóquer. La verdad, no me importa, lo bueno es que llegaste hasta acá y talvez ya estás bajando los discos o anotando los que te interesan para escucharlos después. Lo que sí, es que tenés que bajar Apparat a como de lugar, no hay opción. La idea de esta crónica/reseña me surgió, también, por un pensamiento arbitrario sobre la música clásica alemana (Bach, Beethoven, Brahms, Händel, Offenbach, Mendelssohn, Schumann, Strauss, Telemann, Wagner, etc.) y el incremento de las nuevas tecnologías en la producción actual, que sin lugar a dudas, nos antepone a un ciclo de renovación musical y creación a partir de la individualidad sonora. Pero eso es un ensayo que no viene al caso. A lo que quiero llegar, es que la mayoría de esta música puede resultar aburrida, desabrida, sinletra o en pocas palabras: inservible. Pues está bien, cada quien a lo suyo. La primera vez que escuché este disco de Apparat, me pareció una joya. Un puñado de sonidos lúcidos y una simetría de beats que lo inundan de principio a fin. Es una obra maestra que conjuga lo clásico con la vanguardia. Es el disco perfecto para releer Chéjov y Saramago, o empezar ese de Palahniuk que me está llamando desde hace meses.


EPÍLOGO A MANERA DE ACLARACIÓN

Estos once discos no están seleccionados al azar. Corresponden a la primer idea de Brian Eno, y además, proponen al oído sensitivo y despierto, lo más fresco de la música contemporánea en todas sus variantes experimentales y electrónicas. Además, todos los discos han salido a la venta en lo que va del 2013, por lo que sintetizan la idea de utilizar la tecnología digital, y no análoga, como plataforma de creación.

En esto último, fui muy meticuloso.




Columna quincenal publicada en Esquisses.

viernes, 12 de julio de 2013

AHORA O NUNCA: Rayuela en 50 miligramos de furia


Desde hace dos semanas, se están celebrando los 50 años de la primera aparición de Rayuela, el libro mítico de Julio Cortázar. Un “librito” que, después de medio siglo, aún es puerta y laberinto para muchos; además de conservar una validez contemporánea que constantemente se renueva, sobre todo en ritmo, recursos estilísticos, temporalidad, estilo, etcétera, etcétera y etcétera.

En lo personal, sus páginas alguna vez fueron detonantes que me adentraron al universo del jazz y a otras tantas revelaciones. Desfiladero de beats, arritmias narrativas y sobre todo, de cátedras memorables donde el bebop y el swing son irrepetibles y necesarios. Toda una delicia sonora. Un trance melódico del París del siglo pasado. Una belleza y sincronía musical.

Además de leer fragmentos y textos personales en una Cena-Libro conmemorativa a Rayuela, en un rinconcito culinario llamado Rocamadour, esta es mi manera –un poco extensa pero meritoria– de rendirle un homenaje al “Libro”, y trazar un viaje a través de sus tres capítulos y más de quinientas páginas sumamente explorativas.

Es ahora o nunca, no hay después. Para luego es tarde.


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viernes, 5 de julio de 2013

LA POESÍA es una esquina luminosa

Corasón no lleva zeta (Palo de Hormigo, 2013)

“Para escribir poesía, no es necesario haber leído tanto”; le escuché decir a un narrador fanfarrón que lo que hacía, era interpolar suposiciones baratas, sacadas de la manga, y que al final de todo, resultaban ser estruendos vociferantes a un público que parecía hipnotizado por su don de clarividente poético y político saltimbanqui. “Así no es la cosa”, le dije a la señora que tenía al lado y me largué de la presentación sin despedirme de esa bola de charlatanes sinsentido. Ya estando afuera, encendí un cigarro y me puse a pensar que la poesía, después de tantos siglos de permanencia, es una construcción de muchos elementos que se necesitan los unos a los otros. Entre estos elementos está la sensibilidad, el pragmatismo, la creatividad, y sobre todas las cosas, la lectura. Además, la poesía es una esquina luminosa que nos protege de toda la oscuridad transcrita que nos duele desde el pozo que llevamos dentro.


Ahora bien, cuando avanzo hacia los rincones subterráneos de Corasón no lleva zeta, este libro de Mariano Cantoral –a quien conocí por su facilidad retórica de hilvanar semánticas en una lectura poética del Centro Histórico capitalino–, pienso en ese fanfarrón que mencionaba anteriormente. De seguro no entendería ni una sola imagen, o lo mejor, se sorprendería de lo que un poeta, académico en el vasto sentido de la palabra, hace con el sagrado y fulminante utensilio del lenguaje. Muy parecido a lo que hace Cerati.

En este libro, la palabra lo es todo, porque es la resultante de un ávido lector y un escritor aguerrido que experimenta con el lenguaje hasta los límites. Tal pareciera, que Mariano es de esos poetas a quien la palabra se le adherido con sus imágenes y sus posibilidad de símbolos imaginativos, ya que cada uno de los poemas acá reunidos, son una representación gráfica de que la poesía es un ejercicio que toma tiempo, experiencias, desempleos, canas, soledades, vacíos y mucha minuciosidad (quirúrgica) para desprender la dermis de lo cotidiano e invandir la profundidad de todos “los nervios de los nervios ensangrentados”.


A Mariano, parece que la poesía le fluye naturalmente. Es su lenguaje, su oxígeno, su modus vivendis. Es su colmena con miel picante, donde construye rascacielos y champas en el aire. También es su taza de vidrio donde toma té de tilo y arranca las intranquilidades abruptamente. En sí, el libro es un pequeño universo, donde se puede comprender a las huestes sonámbulas que nos habitan y, que de alguna manera, nos invanden con sus poporopos, avenidas y matasingas a diario.


Corasón no lleva zeta, es un mapa transitado por la horizontalidad de la metáfora, que todo lo alcanza y lo comprende. También es un libro en el que el lenguaje común se amplía, y por momentos se contrae, llenándolo de furia académica y versatilidad insolente, llena de posibilidades y consencuencias sagaces. Además, es un diario fotográfico en el que la palabra es su mejor recurso y aliado.

No hay duda que este libro es un regalo para tiempos mejores.

Además, de una solitaria inmersión en la poesis de un poeta brillante.


Les copio cuatro poemas:


AUTOCHURRASCO

Anochece noche a noche
llega el día, sucede,
empujas para las afueras
lo que está en ascuas,
quema y duele,
no arde pero chamusca
soy esa carne comestible
que se sazona con saliva.




ESTADO

El estado y el regente
que yo anhelo
no está descrito
en un libro
de Bodín
sino en mi cabeza
empaquetada
en una utopía.



CÉLULAS

Dicen que como todos,
soy un conjunto de células.

No lo creo.

So soy una suma de algo,
será indudablemente de rarezas.

Molusco, celenterado o bizarro,
mi organismo no permite ser encajado
en la taxonomía de algún letrado.

Mi organismo es como cualquier otro
un ente movedizo e inconstante,
policromo, espantoso y evanescente.



TRISTEZA

Cuando el río nos lleva la tristeza
y no hay amor, para nada lo hay
defínanlo como putas quieran, no lo hay
odio eso, Dios lo sabe, alguno lo sabe
no hay que pintar carrozas rojas
cañones de artillería beligerante
figuras estampadas en casas rodantes
besos en las mandíbulas rotas,
el pelo se cae se cae,
porque este cuerpo se mina se mina,
cobra caro el petróleo de los años mierdas
dos cervezas, testigos presenciales
son víctimas también del sistema.



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Corasón no lleva zeta
Mariano Cantoral
84 pags, Palo de Hormigo, 2013
ISBN: 978-9929-644-04-05

viernes, 28 de junio de 2013

AFORISMO PARA HIPSTERS: Spinetta es nuestro Espíritu Santo

Mis mayores referentes en poesía nunca fueron los simbolistas franceses (Rimbaud, Baudeliare, Mallarmé, Verlaine), ni mucho menos los poetas beatniks (Ginsberg, Kerouac, Burroughs, Cassady, McClure). Es cierto que influenciaron, pero creo que en mayor medida me golpearon muchísimo más las canciones de Bob Dylan, Pati Smith, Jim Morrison, Ian Curtis o el mismo Morrissey. En español, son dos los faros: Gustavo Cerati y Luis Alberto Spinetta. No más, no menos. Calamaro, Páez y Vicentico son discursos que me mueven, pero no me estremecen tanto como El Flaco.

Acá les dejo unos apuntes, una columna, unas imágenes, un poema y un topten spinetteano.


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viernes, 14 de junio de 2013

DUBVOLUTION: La música es mi refugio



Sin duda alguna, los DUBVOLUTION son una banda completa y lista para guerrear a nivel latinoamericano. Baterías profundas y bien empaquetadas, acompañadas de un enjambre de distorsiones y adornos concisos, hechos específicamente para “el viaje” y profesionalmente bien logrados a cargo de Nelson, el tecladista, que bien podría ser el músico más complejo de la banda.
En conclusión: DUBVOLUTION es un dub pesado y contundente; con matices de Cultura Profética y Los Cafres, pero nada que ver con Los Pericos, Ganja o Gondwana. No sé, lo siento más oscurón y frenético. Más acelerado y transitorio, no tan reggae roots, a eso me refiero, sino más DUB con una especie de ensombramiento experimental que poco a poco te va tejiendo un frenesí por dentro. Algo así.


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viernes, 31 de mayo de 2013

DAFT PUNK: Random Access Memories

Hace algunos días, Eme Jota me regaló dos discos nuevos: The National y Daft Punk. No me pregunten como lo consiguió, ya que sale a la venta hasta la próxima semana. Primero, le agradecí enormemente. Segundo, me metí en la web a buscar info del disco. Tercero, le di play.

Pura felicidad. Como saben, respiro música a diario y además, un regalo es un regalo. Me conmovió el disco, me conmovió Eme Jota. Después de escucharlo varias veces me recordó que todo vuelve.



Vuelven los pantalones ajustados. Vuelven las franelas. Vuelven los peinados estrambóticos. Vuelven los colores chintos. Vuelven las pulseras exageradas. Vuelven las licras de leopardo. Vuelven las zapatillas de colores. Vuelven los efectos y sus encantos. Vuelven los sonidos básicos. Vuelve la parafernalia ochentera y los ritmos setenteros. Vuelven los viejos pasitos de baile desenfrenados. Vuelve darle importancia al pasado como se merece. Vuelven los héroes perdidos. Vuelven los Daft Punk con sus cascos. Todo vuelve. Así debe ser.

 

Ayer, mientras escuchaba el disco, alguien me comentó en las redes sociales que le parecía hermoso de principio a fin. La verdad, no sé si el disco entero esté hermoso, lo que sí puedo decir es que está denso, bien hilvanado y además, que me gustó mucho encontrar esa búsqueda constante de los músicos 'nuevos' hacia la escena musical de la electrónica vieja: Jean Michel Jarre, Kraftwerk, Gary Numan, Tubeway Army, Japan, Ultravox, etc. Por momentos se respiran muchos géneros, entre ellos pop, soul, funk, synthpop, ambient progresivo y por momentos, en la gran mayoría de los 63 minutos que dura el disco, se siente la influencia del italodisco al mejor estilo de Giorgo o Cerrone de mediados de los setentas y principios de los ochentas.

Por otra parte, me gusta mucho la ambientación melódica y la voz de Pharrell, que le da una dimensión deliciosa, muy al estilo de Justin Timberlake o todo el G-Funk (Warren G, Dr. Dre, etcétera, etcétera, etcétera) de principios de los noventa. También se escucha mucho de Sister Sledge, Chic, Sylvester, Stevie Wonder o Michael Jackson a lo largo de sus beats; creo, que son las guitarritas y el beat que le aporta Nile Rodgers a los franceses. Además, considero que es un homenaje íntimo a los sonidos modulares y en especial a las drum machines viejitas (70's y 80's) que fueron el inicio de todo el rollo electrónico a nivel comercial. Entiéndase synthpop, new romantic, electropop, hi-nrg y todo el edm. Sin olvidar la influencia que tuvo sobre el jazz, en especial sobre el smooth jazz y el jazz fusión.

Volviendo a Random Access Memories (me encanta el nombre, sugiere muchas cosas), lo siento super fresco en algunas rolas, pero por momentos aburrido y exagerado, no con esto quiero decir "malo", esa es otra historia. El disco, idealmente, está para escucharlo varias veces; a la quinta o sexta vez lo vas disfrutando mejor. Aclaro: para los que les gusta el "punchispunchis" o el french house en su mejor extensión, mejor vayan olvidándose del disco y enciérrense a escuchar David Guetta o Armin van Buuren, ahí encontrarán bailongo y poco contenido experimental. En serio, no vale la pena que lo escuchen porque no lo van a entender, en especial en canciones como Touch –que es una ópera electrónica super experimental–, Within –una baladísima hiper empalagosa–, Instant crush –un monólogo vocal muy al estilo Casablancas, quien la canta al mejor estilo de Part time lover de SW, pero lentísima– o Motherboard –una exageración ambient que teoriza la historia de la música electrónica en sonidos y efectos–.

En pocas palabras, es un disco que registra los registros y es un eterno homenaje a la memoria. Asimov y Bradbury se quedarían cortos. Es un viaje personal a través de la música que hemos escuchado y nos ha inspirado, en especial la que ha inspirado a los músicos. En mi experiencia, por ejemplo, me vinieron a la cabeza recuerdos de canciones de Chuck Mangione, Donna Summer, Diana Ross, Curtis Mayfield o todo el glam inglés de los setentas. En sí, todo un viaje inevitable al pasado.

Para los que les gusta explorar, vale la pena tenerlo. En serio que sí.

Les copio mis favoritas: Give life back to music, Giorgo by Moroder, Contact, Instant crush y Lose yourself to dance, que junto a Get Lucky son las más funkys y bailables, perfectas para días de piscina y calzoneta. Por último, y mi favorita hasta el momento: Doin' it right, en colaboración con Panda Bear. Una joya al mejor estilo de Daft Punk, que intensifica los efectos vocales y los cambios de ritmo. Pero bueno, Giorgo by Moroder creo que es la guinda en el pastel, al igual que Contact, esta última, de un espesor electrónico al mejor estilo de los franceses. Todo un viaje por el universo de las distorsiones y progresiones.

En fin, lo mejor será que lo escuchen. Las opiniones son siempre personales y a lo mejor encuentran que estoy equivocado en todo, a lo mejor sólo estoy melancólico y me da por hablar de la memoria y los recuerdos. Eso sí, disfrútenlo y olvídense de todo lo que recuerdan y conocen de Daft Punk, en especial de Human after all (2005) y Discovery (2001). Es mejor así, escuchar la música sin expectativas ni prejuicios. Eso sí: ¡Larga vida a los robots y a este par de humanos que aún nos siguen sorprendiendo con cada disco!

Au revoir.




NOTA COMPLETA EN ESQUISSES:http://www.esquisses.net/daft-punk-el-eterno-homenaje-a-la-memoria/