viernes, 22 de mayo de 2015

TRES DISCOS para el fin de semana

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 22 de mayo del 2015.




 WHERE WE ARE, Graig Hanes, 2013.

Disco purista y solemne. Lleno de atmósferas ambientales y sintetizadores espesos que recrean sonidos espaciales y profundos. Sí, se lee lleno de “paja poética” pero en serio suena delicioso y es perfecto para los amantes del piano y los sintetizadores, con armonías muy especiales y llenas de melancolía: Apparat, Nils Frahm, Jóhann Jóhannsson o Julia Kent.

Desde el inicio del disco se entra en un trance delicioso y melódico del que uno no se recupera muy fácil. Todo en su esencia es exquisitez y sabiduría. Ocho tracks perfectos que sumergirte en un viaje dub-techno y classic-avantgarde muy Arvo Pärt, donde los sentidos lo son todo. Vibráfonos, sintetizadores análogos, percusiones insistentes, pianos vagabundos y delays oscuros propios de una obra de teatro, encierro de trabajo o viaje al centro de la tristeza. La cúspide del disco: The Whole, una tonadita dub para bailar con ganas y en sandalias.
 
En sí, un disco imperdible y recomendadísimo para quienes aman el encierro, el yoga, la meditación y la música trippy, profunda o ambiental. ¡Disfrútenlo!



THE BEST OF FELA KUTI, Fela Kuti, 1999


Quien no haya escuchado a Fela Kuti se ha estado perdiendo de algo verdaderamente exquisito, no sólo musical sino político e histórico. El “Black President”, como se le conoce, dejó una tonelada de discos poderosos, más de veinte, entre los que brillan: Zombie, Expensive Shit, Army Arrangement, Shuffering & Shmiling / No Agreement, Roforofo Fight, Gentleman (mi favorito) y muchos más.

Todo en su discurso es rebelión contra el vasto colonialismo europeo, lucha incesante contra los sistemas de poder y defensa radical de los grupos oprimidos. A través de toda su música crea un activismo político que lo marcará de por vida con canciones memorables como “Black Man’s Cry”, “Colonial Mentality”, “Gentleman”, “Lady” y tantas otras más.

El creador del “Afrobeat” es en todos sus discos un espejo inmediato de su entorno. Validado desde la voz popular y reprimido por la fuerza militar (más de 200 veces arrestado), Fela no dejó de crear y experimentar con su música: jazz, funk, percusiones africanas, ritmos caribeños, voces ceremoniales, etc.  Con su mítica banda Africa 70 grabó algunas de sus mejores canciones, la gran mayoría incluidas en este discazo perfecto para escucharlo en un viaje a la playa, una fiesta deshinbida o en ese deschongue lujurioso en el bar.

Todo en este disco es fiesta y baile, celebración por un pueblo sin fronteras sociales celebrando la caída de los sistemas de poder. Además, es una excelente oportunidad para conocer la música de este genio.

Todas las canciones son indispensables, en especial: “Water not get enemy”, “Gentleman”, “Zombie”, “No agreement”, “Shuffergin and Shmiling” y “Coffin for head of state”. La mayoría, con un trance rítmico de más de 12 minutos de baile exquisito.

¿Querían baile? ¡Pues acá está el disco para bailar con pancartas en mano y gritos de libertad en la garganta!



IT’S ALBUM TIME, Todd Terje, 2014.


Disco extraño, obsesivo y ochentoso para la carretera. Desde que inicia hace un homenaje a lo mejor del disco lounge y música de elevador. Sus aristas crecen desde el funk y jazz hasta la electrónica más culta. Es una experimentación de sintetizadores muy Jean-Michel Jarre con sonidos que disparan armonías hipersensibles. Perfecto para escucharlo en casa con audífonos o de viaje a cualquier rincón de Guate. Preben goes to Acapulco recrea una atmósfera surf a manera que avanza con su jazzy mode improvisado, pero de inmediato en Svensk Sas nos lanza a otro lado de la moneda: música extraña, bizarra, rara, vieja, balkan, tribal pero electrónica.

Todo en el disco es una electrónica disco-bailable con sintetizadores que aceleran, pistas de baile neón, guayaberas con estampados de palmeras y cocteles servidos en vaso alto con mucho hielo. Mi favorita: Delorian Dynamite, que simula un viaje al pasado-futuro de los sueños con líneas de bajo profundas y percusiones muy Radiorama o Giorgo Moroder (genios del italodisco) que lo estilizan todo. Luego, de repente, la voz de Brian Ferry te sorprende con un cover downtempo y depresivo de Robert Palmer: Johnny and Mary, aquella tonadita new wave synthpop del 81 que homenajea a los ochentas con verdadera clase. Para rematar, Inspector Norse llena la atmósfera del disco más fino y meticuloso. Un derroche de Sylvester o Donna Summer escupe el mejor HI-NRG contemporáneo.

Al final, el disco queda como un experimento más versátil pero menos denso que el aclamado Random Access Memories de Daft Punk, y los ritmitos jazzy, disco y vintage son como guindas que adornan el pastel melódico con una sonrisa vacía, nada excitante y poco entusiasta. Es decir, no te perdés de mucho pero si te gusta conocer música nueva y bailar por momentos, no es mala idea que lo bajés. Si no, olvidate que existe y mejor conseguite el nuevo de Hot Chip o Faith No More.

En cualquiera de los 3 casos. Qué tengás un excelente fin de semana y disfrutés de toda la música como más se te antoje. Salucita.

lunes, 18 de mayo de 2015

DISCO RAYADO: el idm es mi nueva música clásica

Columna publicada en El Danzante #16 del Danzón Pérez.
Abril del 2015.



 
Toda esa resaca auditiva que deja la Semana Santa –con sus edecanes reguetoneras, fiestas bachateras y bailarinas houseras– me hizo armar algunos playlists con lo mejor de Tycho, Jon Hopkins, Apparat, Caribou, Flying Lotus, James Blake, Autechre, Thom Yorke, Björk y otra marita fina; para quitarme el mal sabor de boca por la espantosa lasaña veraniega (de la fiesta de al lado) escuchando a Banda El Recodo mezclada con Calvin Harris en un nonstop de cuatro días bulliciosos, lecturas interrumpidas y calor insoportable de la costa.

Tampoco es para tanto. La verdad, me la pasé muy a gusto en Semana Santa pero eso de escuchar como retumban las pobres bocinas de los vecinos con su música mala (popular a fin de cuentas) enlistando una variedad de tonaditas cargadas de injuria fiestera, reducida a palabras como “vacaciones ardientes”, “pachanga veraniega”, “hot fun summer” y otro montón de mercadeadas comunes… no es mucho de mi agrado.

Pero es que ver a la gente hinchada en alcohol y contaminando el ambiente sonoro con música chinche y miserable, de verdad no es lo mío. Insisto. Prefiero en último caso (muy lejano), un Guns N’ Roses ochentero, una Cumbia cadenciosa o una Selena caderona aderezando la parranda con un par de cajas de cerveza bien fría, amigas cariñosas en microbikinis y una que otra bolsa de Chicharrones Señorial para el monchis mañanero. Así, creo que va mejor la cosa. En vez de estar replicando la santa desdicha de una bachata desafinada o el “cero glamour” de una quebradita, poco original y llena de cascabillos.


A lo que voy es que la mayoría de la gente (y es mayoría, no lo duden), prefiere escuchar las listas famosas del Deezer. Sí, esas que dicen “Sale Puerto” o “Full Parranda” en vez de relajarse con un poco de DJ Koze, Four Tet o Ellen Allien al lado de la piscina, leyendo una novela policial o asando puyazo nacional en la churrasquera del patio trasero.


Es verdad, la música popular es el Diablo. Pero no siempre lo ha sido.


En otras épocas, la música popular ha estado impregnada de cierto misticismo propio de la música culta, clásica, académica o como quieran llamarle. En varios sentidos se han alimentado una de la otra, y esto ha resultado en un tortrix bien merecido y lleno de buena onda. Por eso, hay veces que pienso en Ravel como un Elvis Presley sinfónico, un J. S. Bach como un Jimi Hendrix convulso o un Chopin como un Kurt Cobain melancólico. No sé, a veces me da por pensar que la música electrónica (la más culta y experimental de todas) ha sido una evolución sistemática y necesaria de la música clásica. Su último eslabón y certeza. Pero esta idea, mis queridxs, es solo el esbozo de algo mucho más grande que no escribiré en esta nota postraumática, citadina y semi-bronceada.

Además, piénsenlo bien, sería estúpido imaginar a Mozart como a un Residente de Calle 13, a Wagner o Brahms como a un Tigre del Norte enajenado, o a Beethoven como a un Thomas Bangalter de Daft Punk tocando house triste. Aunque sí, puede que mucha de la música clásica pueda engalanarse con lo mejor de la música Pop del presente.

Por otro lado, me gusta mucho imaginar que los sonidos de Greg Haines, Nils Frahm o Sascha Ring son muy parecidos a los experimentos inmensurables de Arvo Pärt, Béla Bártok o Yuji Takahashi, personajes indispensables de la música clásica del siglo veinte. O que ir a un concierto de Ryoji Ikeda o John Cage, sería un alucín que no-tiene-precio.

En fin –a manera de escrito balbuceante y sugerente–, los invito a escuchar doce discos que considero chulos, geniales y alucinados. Si les gusta el IDM o cualquier variante de la electrónica “experimentona” creo que serán mucho de su agrado. Los pueden conseguir o escuchar gratis en internet, y reflexionar sobre estas líneas paralelas e imaginarias que trato de dibujar entre la música clásica del siglo diecinueve y estas delicias maravillosas del siglo veinte y veintiuno.

Saquen ustedes sus conclusiones. Pero eso sí, disfruten.

1. «Where we are» de Greg Haines, 2013.
2. «The Ravedeath» de Tim Hecker, 1972.
3. «Selected Ambient Works 85-92» de Aphex Twin, 1992.
4. «Boiler Room X Dimensions Opening Concert» de Nils Frahm, 2014.
5. «Bricolage» de Amon Tobim, 1997.
6. «The Inheritors» de James Holden, 2013.
7. «Cosmogramma» de Flying Lotus, 2010.
8. «Music has the right to children» de Boards of Canada, 1998.
9. «Dive» de Tycho, 2011.
10. «Tri Repetae» de Autechre, 1995.
11. «There is love in you» de Four Tet, 2010.
12.  «Dead Cities» de The Future Sound of London, 1996.

viernes, 8 de mayo de 2015

LA VIDA se disfruta mejor con un buen danzón

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 8 de mayo del 2015.



Soy un aprendiz de escritor, un amateur de ligas menores que juega y explora con lo cotidiano. A veces, la mayoría de las veces, una trifulca de dioses enagenados y sirenas sicodélicas me explota en el corazón como un guacalazo gélido y taciturno; un leve sorbo de tristeza y otro chingo de absurdas chibolas marítimas me habita, como a muchos, como a pocos. Lo mejor, y como siempre lo he dicho, es bailar. Sacudir la tristeza, pues. Dejarla pal rato y aniquilarla a costa de pasitos tercos y solemnes.

Y que mejor que hacerlo con el Danzón Pérez, Lujo Prado y compañía; el mejorcito movimiento de la bailadera nocturna (y dominical) de Guate.

Acá la crónica tuitera, rodeado de damiselas taciturnas y bien buenas:





JUEVES 8PM. Ese silencio y esa gravitación que solo puede describirse como tibia tristeza. Así que a bailar.


JUEVES 8:30PM. Con una metralleta fría y un mortero en el corazón se estrella la noche. Vamos, Bromo, no te desanimes. Baila un poco.


JUEVES 9PM. El deephouse es el sístole y diástole de la noche. Toda anemia de pasitos de baile será censurada por la luz neón. A puro beat.





 JUEVES 11PM. Deephouse, como en los viejos tiempos. Solo así cabalga el corazón. Tú lo sabes, Bromo, ya lo has vivido muchas veces.


( escuchar audio en Esquisses.net)


JUEVES 11:30PM. Qué lujo escuchar buena shit del querido Lujo Prado. Explotan los beats como jaguares encendidos en fuego. Qué lujo.


VIERNES 12AM. Hay 39 botellas en la barra, un gato de la buena suerte y un millón de BPM lengueteando alrededor de un clítoris sonoro. Yeah.


( escuchar audio en Esquisses.net)


VIERNES 12:30AM. Todo es luz y baile. Al diablo el corazón. Que brille por sí solo. He dicho.


escuchar audio en Esquisses.net)

viernes, 24 de abril de 2015

12 PISTAS VISUALES para un país naciente

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 24 de abril del 2015.




Foto: Plaza Pública, manifestación pacífica 25A.
Paso mis días frente a un computador haciendo tres de las cosas que más me gustan en esta vida: escribir, editar y escuchar música. Y con eso creo que tengo suficiente para ser feliz.

Los dolores inevitables en la espalda se han convertido en un martirio constante y un martilleo incómodo. Pero no importan, en serio (☺). Lo que importa es ese dolor erguido en rabia de ver como gente miserable en los puestos de poder se hace milloneta a costa de un pueblo urgido en hospitales, escuelas, centros asistenciales, centros culturales, centros de entretenimiento, seguridad, tranquilidad, felicidad, bienestar a secas. Ese dolor debería ser motor para manifestaciones masivas, para protestas colectivas, para instantes sabatinos en los que una marcha honesta al centro de los parques sea el momento hermoso donde se escriba la merecida y anhelada historia; y no, como estos apuntes minúsculos y torpes que se me ocurren apresuradamente a esta hora. Pero que igual, se los comparto antes de que me arrepienta. Eso sí, nos vemos mañana en el Parque.


  1. Desde el fondo y en ascenso, un Impromptu de Chopin orgasmea galaxias y esdrujulea intrínsecos agujeros negros. ¡No, el término “agujero negro” existe por Guatemala, y solo por ella! No hay de otra.

  1. “No, no quiero hablar de política… vos sabés que soy apolítico y me pela mucho la verga” –le insisto a Jota mientras explota la voz de Gustavo Cerati en precisiones matemáticas desde la miope rocola–. “Mi bróder –me dice Jota– ya deberías saber que la poesía es un acto político”, dice mientras espanta unas moscas de los litros.

  1. Manejo atento, escucho atento. Fela Kuti me dice más de lo que puedo entender desde otro tiempo. En el rojo del semáforo un Hummer y una Prado aceleran contra todos. Los niños que hacen malabares escuchan mi canción del estéreo, y obvio, les da risa.

  1. Todos los jueves, Mariana va a escuchar su concierto de Trova que tanto la inspira. Ella se siente revolucionaria cantando a Sabina, Delgadillo y a Silvio. Después regresa a su casa y tuitea versos de Neruda o Galeano hasta que se le acaba el Internet, y le da sueño.

  1. Dos amigos periodistas se reunen a platicar sobre las increíbles fotos que le tomaron a “La Seño” en su declaración a los medios. Uno de ellos maulla, tal cual gato. El otro, menos barbudo, le muestra su credencial inconscientemente al mismo tiempo que lo abraza con envidia y otras cosas en el corazón. Después de unos minutos, los clásicos locutores de la radio repiten: “¡¿Qué estás tomando?!”.

  1. De tíos militares no se construye una patria. Tampoco de tíos guerrilleros y/o artistas que escriben sobre militares en columnillas con nombres exóticos que venden bien pero se leen poco.

  1. Una niña, de nombre Lisbeth, abre el plástico de su primer cedé mientras su padre, milico, putea a la madre insistentemente al otro lado de la sala en una Navidad rascuache de los noventa. El cedé es de Stress, y Ricardo Andrade no tiene nada que ver con esta historia.

  1. Lisbeth, ya de veinte, deja que Ernesto se la coja varias veces al mismo tiempo que una canción de Bronco destila furia desde una Suburban en la calle de enfrente. Ernesto es el primo-hermano de Lisbeth, pero eso no importa. Lo que importa, es que a Netío lo están esperando sus tatas para ir a comer el Pavo de Acción de Gracias. Por eso afuera, los guaruras esperan pacientemente al consentido.

  1. Alvarito es una eminencia en la San Carlos aunque la dejó hace un par de años por clavos con la mara. Los de Agronomía lo aman. Los de Ciencias Políticas lo idolatran. Los de Medicina no lo extrañan. Algún día, él bien lo sabe, tendrá que ser el gurú de una manada (de ladrones) que desconoce el dolor ajeno. Él si lo conoce, no es mula, pero sabe que en el fondo “la necedad es necia” y eso es un mantra (palabra que desconoce). Él no es Jim Morrison, a huevos, pero de tanto escucharlo algo se le ha pegado hasta en los huesos y en la greña.

  1. Una canción de los Rolling Stones suena desde el fondo de una grabadora. Nadie sabe quien la puso. Pero Marce, la prima de una cuata del Nelson, alucina con la fumada de piedra más alucinada que se ha metido desde la esquina miope de un motel olvidado. Ahora suena Joplin y después sonará Zeppelin y después Manson.

  1. En una huelga contra la minería cantaban Creedence. Yo pensaba, “¿qué putas hago acá?”. Después de la huelga nos fuimos al bar de un cuate, y, en los estribillos de Jimmy Page encontré el oro. Digo, la luz divina al agacharme entrando al baño.

  1. La Úrsula abría las piernas mejor que una contorsionista y les vendía sellos falsos a los meros meros. Hasta que un día el Hugo, después de andar “malatazeando” con esos sus cuates hijos de diputados, se la llevó al puerto y la vendió a un circo, el muy hijuepueta.


BONUS TRACK: “Todo va a estar bien”, dice Marley repetidamente en esa rola hermosa. Pero es que son tantas las historias, los artículos leídos, las muertes olvidadas, la historia pisoteada y la costra de un dolor que aún no deja de sangrar. Por eso, qué bueno, qué bueno es ser testigo de este cambio.

viernes, 10 de abril de 2015

THE DOORS (primera parte)

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 10 de abril del 2015.




Hace un par de noches volví a ver el fascinante documental «When You’re Strange» que cuenta la verdadera historia de The Doors, no como aquella película de Oliver Stone en la que un Val Kilmer, borracho y arrogante, sostiene a un pavo por la pierna y lo besa y abraza minutos después que Pamela Courson, en su mal papel interpretado por Meg Ryan, olvida sacarlo del horno en una fiesta tostada en acetatos, amigovios y LSD.

El documental es narrado sutilmente por Johnny Depp, y a lo largo de casi dos horas, hilvana el recorrido fugaz de los californianos a través del brillo de sus cinco discos y la mística emblemática de un Jim Morrison derretido por la poesía, atormentado por la fama y obsesionado por la teatralidad.
Lo pueden encontrar en YouTube y disfrutar de un collage fílmico con imágenes de conciertos y grabaciones hasta antes inéditas. Es una joya que vale la pena ver junto a otras lecturas como la biografía «No one here gets out alive» y el libro de poemas «The New Creatures», que pueden descargar en PDF o conseguir por Amazon en versión digital.



 Mi pasión por The Doors empezó de muy chavo. Catorce o quince años quizá. Por Jim conocí la poesía de Baudelaire, Rimbaud, Blake y el pensamiento crítico de Nietzsche y Aldous Huxley. Digamos que Jim fue el encargado de iniciarme en la poesía francesa y en la escritura con imágenes. Gracias a mi viejo pude conseguir todos los cedés de estudio y uno que otro libro con poemas de Jim.



La música de estos cuatro señorones me ha acompañado desde hace mucho tiempo y, sin negar su influencia, han sido una pieza relevante en mucha de la música que escucho. Intentar nombrar mi disco favorito de los cinco es algo casi imposible, pero podría quedarme con Strange Days y L.A. Woman, dos bellezas que todo aquel que ame la música debe tener.

El otro día, platicaba con un compañero del trabajo sobre lo importante que es encontrar y nombrar a los personajes que han marcado tu vida. Si me tocara nombrar a tres, de seguro Jim estaría antes que Basquiat y Bukowski.

¿Y a vos, quién te inspiró a hacer lo que hacés?

viernes, 20 de marzo de 2015

DISCO RAYADO: La música avanzada

Columna publicada en El Danzante #15 del Danzón Pérez.
Marzo del 2015.



Al respecto de la experimentación, Brian Eno responde en una entrevista que está fascinado por los músicos que no comprenden completamente el territorio en el que están parados, pero que es ahí cuando uno hace su mejor trabajo musical.

Así como Brian Eno hay una docena de músicos y productores que me parecen interesantísimos, tanto por su aporte creativo como por su desdén infalible e irreverente de hacer introspección musical y crear trends automáticos: Timbaland, DJ Shadow, Aphex Twin, Thom Yorke, NigelGodrich, Trent Reznor, Rick Rubin, Timbaland, Dan Snaith, Paul Epworth, Tycho, Apparat, Dr. Dre, George Clinton, Pharell Wiliams, Quincy Jones, Gustavo Santaolalla y muchos más.

Esto me pone a pensar en la música que se está produciendo a nivel comercial y en las consecuencias que ésta produce en sociedades como la nuestra; donde no abunda la teoría, crítica, análisis y plataformas conscientes para que la creación musical se exponga meritoriamente. En años anteriores, la edición de Semana de Música Avanzada ha sido el único canal de convivencia entre músicos, DJ’s, productores y público de la escena local electrónica. Digo el único –y no nos pongamos tan serios, pues–, porque su manera de abordar los discursos del espectáculo musical (digital y análogo), ha provocado retos fascinantes que permean e integran la música electrónica con otras disciplinas artísticas y mucho más. Pero bueno, como les decía anteriormente, no nos pongamos tan serios y bajémonos del olimpo sonoro pa’ la pista de baile con esta sentencia tipo trend topic: “SMA es la mera uva”. Pero, ¿qué es SMA?

La Semana de Música Avanzada es un territorio de experimentación y a la vez un espacio en blanco, una catapulta de ideas, un resonar de propuestas y un manojo de esfuerzos. Por eso agradezco al maral que hace posible que festivales sonoros como este existan, provoquen y generen sistemas de cambio a futuro inmediato. El trabajo de productores locales como Andrés Castaño y su guarida Cube Rec ha sido vital para el crecimiento de la generación electrónica que hoy disfruta de fiestas, baile, música, chelas y más fiesta. Y es aquí donde viene el aporte de ustedes: Vayan, participen, cuestionen, opinen, disfruten y compartan la SMA que llevan por dentro.

Acá un pequeño test pa’ que lo respondan con Lapicero Bic en mano.


1. La música avanzada del país me provoca:

a) Nada.
b) Emoción, ganas de ir a todas las fiestas y ver gente.
c) Fijo iré a la próxima edición.
d) No voy a ese tipo de eventos. Qué hueva.
e) No sabía que hay música avanzada en Guatemala.


2. Quisiera ir a un taller o conversatorio de SMA, pero:

a) ¿Para qué? No me interesa.
b) Los horarios no ayudan mucho.
c) Iré a todos los que pueda el próximo año ;)
d) Prefiero ir por unas cervezas.
e) ¿Hay talleres y conversatorios de música en Guatemala?


3. Nombrá tres DJ’s o Productores guatemaltecos que te gusten:

________________________ , ________________________ y ________________________ .


4.  ¿Cuál de todos los eventos de SMA2015 te llamó más la atención?

________________________________________________ .

5. ¿Cuál DJ o Productor extranjero te gustaría ver en vivo?

________________________________________________ .

viernes, 6 de marzo de 2015

MIS INICIALES DE LA FIESTA: DMT, MDMA, LSD, DNB, EMD, IMD y SMA

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 6 de marzo del 2015.



 La primera fiesta electrónica a la que fui fue en el año noventa y ocho.

Tenía el pelo bien corto, un grupo de amigos bien locos y varias rolas de 4Hero en la cabeza. No recuerdo bien si ese fue el primer rave al que fui, en algún lugar borroso de la zona 6 o zona 2, o fue otro en una bodega del centro, todavía más under, dark y locochón. Lo que sí recuerdo fue la resaca del día después y los beats de Fatboy Slim, Chemical Brothers y Faithless retumbando en la cabeza por la marihuana, la bailada y el ectasi.

Todo lo demás, fue un relámpago de sorpresas y una que otra buena puteada de mis viejos al ritmo del mejor drum and bass o big beat de la época: desde Propellerheads hasta Crystal Method, y claro, pasando por Moby, Goldie, Apollo 440, Meat Beat Manifesto, Photek o Aphex Twin.

Las fiestas las organizaban unos compas, aún más locos que nosotros, que se hacían llamar La Fosa Común o Fiestas Clandestinas; a las que tenías que seguir con escasez de redes sociales y chulos flyers hechos a la medida de la fiesta –dos ambientes y en algunos casos pálido offset–.

Claro, después de esas fiestas en Guate vinieron otras: La Cúpula, una terraza en zona 4, varias en una casa enorme hasta la chingada en carretera a El Salvador, La Antigua, La Barraca, Trescerocuatro, Corto Circuito, Selekto, The Box, Bass Supremacy, Secret Garden, los afters, los afterafters, etcétera. De esa época, o mucho antes, otro compa (Joserra) también era el dios curador (palabra aún desconocida en el léxico chapín) de otras fiestas más intensas: El Rave del Castillo. Pero en fin, al final todo se ha ido moldeando y acomodando al impulso propio de cada época. Lo que perdura es la rabia generadora de espacios alternativos, la mágica convivencia, el estruendo sonoro y la furia danzante del punchis-punchis.

Entonces puedo decir que me la he pasado bomba bailando hasta el amanecer en más de cien purrunes: John Digweed en un hangar del aeropuerto, Hernan Cattaneo en una disco de Las Américas, James Holden en otra disco de la zona viva, Satoshi la primera vez, Tambour Battant y Niveau Zero hasta el queso, todas las memorables Selekto, las infaltables del trescerocuatro, las improvisadas del lounge de elektronik.net en el segundo piso del Monachos, Corto Circuito, The Box, Above & Beyond, Infected Mushroom, Miguel Miggs y la lista continúa

A lo que voy con toda esta memorabilia espontánea (y esto lo pensaba hace un mes en una fiesta de la Revista Folk con Leke y Tropical Terror tronando bajos tropicales en una noche fría), es que la fiesta continúa y hay que agarrarla bailando.



Por eso aplaudo a colectivos como Danzón Pérez o Cube Rec con su Semana de Música Avanzada, que hacen posible que celebraciones a la música digital y al bailongo (como el de anoche con Coma y Robag Wruhme) sigan su curso y evoquen lo más hermoso de la música: ese silencio experimental que queda incandescente en el ambiente después de la más sublime de todas las fiestas.

Gracias, queridos, por eso.

viernes, 27 de febrero de 2015

DISCO RAYADO: Dos discos pa el roadtrip

Columna publicada en El Danzante #14 del Danzón Pérez.
Febrero del 2015.

Todo viaje sugiere un ritual sonoro que hay que preparar con tiempo, gusto y ganas. Ya sea con Deezer, Spotify o los playlists del iPod. La idea es aderezar ese viaje a la playa, de vuelta a casa o al fatídico trabajo.

Por eso decidí recomendar dos discos poderosos y sexys que me han acompañado en la carretera y que estoy seguro apreciarán hasta en la sopa. Escúchenlos de principio a fin y disfruten de todas sus texturas.


POOLSIDE – PACIFIC STANDARD TIME.  A Poolside los conocí por esas sugerencias (a veces acertadas) de Spotify. Su ritmo groovy, funky, suavezón y relajado me atrapó de inmediato. Armonías pegajosas y playeras, organizadas al mejor estilo de la música fina (Tycho, Groove Armada, Boards of Canada o Washed Out). Ritmos sensuales y llenos de texturas espaciales. En sí, música sofisticada sin tanto adorno y con la sutileza creativa de “quien la puede”. Tanto así que James Murphy (LCD Soundystem) ha puesto algunas tracks en sus conocidos DJ Sets. Desde la covereada «Harvest Moon» a las dance-disco-groovies «Give it a rest», «Between Dreams» o «Without you» pareciera que a los dos músicos de Los Ángeles le sale muy fácil (y hermoso) lo que hacen. El disco es perfecto para maridarlo con una ida a Sipacate o para desvestir a la novia/novio de a poquitos.

Así de sabrosón está el disco.


PHANTOGRAM – VOICES. Estos dos chavos fueron la sorpresa del 2009 con su disco Eyelid Movies, que llegó a los mejores charts de discos indies y alternativones en un abrir y cerrar de ojos. Rápidamente la crítica los encasilló en un triphop tipo “dark listener”, que dejaba ver lo mejor del triphop noventero: Portishead, Massive Attack o Tricky. A diferencia de que Phantogram parece remezclar el triphop viejo para hacer un pop más denso y callejero. Pero bueno, en el disco del año pasado la historia cambia. El dueto gringo parece retomar la línea ácida de la electrónica con una voz más sensual e hipnótica (Sarah Barthel). Las texturas están más trabajadas, los delays persisten en los sintetizadores y la múltiple gama de loops baila en conjunto con las distorsiones, que le añaden una violencia casi orgásmica (muy parecido a lo que logra Victoria Légrand en Beach House o Beth Gibbons en los primeros discos de Portishead). En sí, es una belleza de disco que flota y no languidece en sus más de 40 minutos de altibajos rítmicos. Es perfecto para mezclarlo con una fiesta al aire libre (con asado y cervezas) o para viajar rumbo a Atitlán con el tibio celaje de fondo.

En cuatro palabras: Una nave de disco.