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viernes, 18 de septiembre de 2015

CRÓNICA de un ensayo de Fraaek

Columna quincenal publicada en Esquisses. 
Viernes 18 de septiembre del 2015.



Me fui a escuchar un ensayo de los FRAAEK y salí con ganas de un helado de mora o un vodka de cranberry.

A ver, les cuento:

Estaba en el trabajo editando textos y sintiendo el bajón de la música. Había pasado todo el día escuchando Juan Gabriel, Ana Gabriel, Emmanuel y Eros Ramazzotti. Eso le gusta escuchar a uno de mis compañeros de trabajo, y a veces, los audífonos no son suficiente. Ya no daba más. Así que nomás dieron las seis en punto, edité la última oferta del día, hice un banner flash de dos minutos, programé el boletín de noticias para el día siguiente y salí directo a la licorera. Me anestesié un rato la mirada con tanta botella y decidí comprar unos vinos. Al salir llamé a mi bróder (Marré) para decirle que estaba frente a su oficina. Salió a recibirme, no sé si feliz de verme o feliz por tomarse un trago. La cosa es que nos bajamos la botella en asunto de minutos.

Luego me contó que Selene, su chica, le haría una entrevista a los FRAAEK esa misma noche. Como aquellos son amigos, los llamé de inmediato para decirles que llegaría al ensayadero junto a los queridos Marré y Selene.

Escuché risas buena onda del otro lado del teléfono: «Muchá, viene también Pablito Bromo», dijo Fede a medio acorde de guitarra.

Como parezco taxista (Waze análogo) decidí ir adelante, en mi carro. Manejamos unos veinte minutos y por fin llegamos a la casa, un lugar rodeado de bosque profundo y rocío a toda hora; muy acertado para lo que este sexteto de musicazos hace al conectarse. La voz de Mabe, tremendísima, se escapaba por una ventana circular que daba del ensayadero al bosque creando una especie de sueño idílico mezclado con emoción y adrenalina.

Ahí estuvimos un buen rato. Viéndolos tocar, interactuar entre ellos y explorar capas y texturas de sonidos: chelo, guitarra, sintes, bases rítmicas, bajo y una descarga interesante de batería con el nuevo integrante de la banda.

La noche merecía algo más, digamos un buen trago, pero eso es porque soy un picado y no me gusta explorar un instante de felicidad sin algo más en la cabeza (ondas mías).

Al final, tomé algunas fotos de la entrevista que Selene hizo para Soy 502 y bromeé de subirme al escenario mañana, a bailar o a cantar algunos versos locos para su concierto en Qüid, donde estarán presentando su EP homónimo acompañado de otros grandes musicazos: Tenta y Duophonic. Toda esta delicia sonora con el apoyo de los infatigables Danzón Pérez, que siguen haciendo una tarea fascinante por llevar la música a todas partes. A todo esto, yo estaré celebrando mi cumpleaños con buena música, buenos amigos y excelentes músicos. Los visuales estarán a cargo de los Oniroides, otros grandes y talentosos amigos.

FRAAEK a medio ensayo

FRAAEK a medio ensayo



Regresando al ensayo… salí bastante reflexivo y con ganas de escribir mucho sobre música y vicios.

Nos despedimos con todos los queridos y luego de manejar en silencio por la autopista, pensé –ya de regreso en casa–, que los últimos años han sido un espectro súper productivo y estimulante para las bandas locales. Sonidos como los de FRAAEK, MOZ, Bucelonte o Cosmopoli Jet, por citar algunos, no sonaban hace cinco años, y si lo hubieran hecho, quizá no hubieran sido tan bien recibidos como lo son ahora. Y eso se agradece. No sé si sea la velocidad con la que viaja la información por las redes sociales o la proliferación de herramientas para hacer música desde tu casa con un iPad o una Laptop. Lo bueno de todo esto es que los proyectos siguen sumándose, y además de ser súper profesionales y llenos de onda, vinieron para quedarse en los oídos de la mara por un buen rato.

 
FRAAEK en una sesión en vivo


Con los FRAAEK me pasa que los escucho y siento una melancolía llena de felicidad. Es como si un avión en picada colapsara sobre un terreno lleno de tulipanes o flores silvestres de todos los colores y tamaños. Su música me parece el estruendo de algo verdaderamente hermoso. Creo que es la amalgama que crean entre ellos. Cada uno tiene proyectos individuales y eso los hace parecer más concisos a la hora de agruparse y tocar juntos.

Mabe, además de tocar el chelo divinamente, te lleva de la mano por un viaje cósmico con esa voz que parece sacada de una película escandinava. Por otro lado, Fede y Fernando, son como la pieza vertical de la banda, la voluptuosidad, la sincronía, la parte clara y a la vez perversa. Nelson y Stephane son esa base rítmica necesaria que junto a Hentze forman lo sólido de la banda, esa parte escondida detrás de todas las capas sonoras que le da gasolina y empuje al universo melódico de estos chavos. Y sí, como decía antes, todos son imprescindibles a pesar de que juguetean con proyectos personales. Su música es un paisaje lleno de profundidades que dejan caer ese pencazo poético que te encandila el corazón y te aguada el oído (como la textura de helado de mora).

Hay mucho de dreampop (Beach House, Grizzly Bear, Wild Nothing o The Church por citar algunas bandas) y también de una intención shoegaze de principios de los dos mil (lo primero que pienso es en Broken Social Scene, Yo La Tengo o Silversun Pickups). Todo en su música es un declive vertiginoso que te sorprende con atmósferas llenas de luz, poesía y ternura.

Todo está en su lugar, bien puesto. Esperemos que así siga, incluso mañana cuando enfrenten a la avalancha de fans que seguramente los ha estado esperando desde buen tiempo. Ya era hora.

Nos vemos mañana y nos tomamos el vodka de cranberry, porque el helado de mora me lo devoré escuchando Flaming Lips el otro día.

FRAAEK en Qüid

Lugar: Qüid, Z4 - Hora: 7PM - Entrada : Q50

viernes, 21 de agosto de 2015

DIEZ ROLAS para escuchar diez veces seguidas

Columna quincenal publicada en Esquisses. 
Viernes 21 de agosto del 2015.



Estoy seguro que a vos te pasa también: ponés una rola y antes de que termine la volvés a poner cinco, diez, quince veces; y a veces, la repetís cuando lleva sólo un minuto. Si esto te pasa no estás sola ni solo. Lo que pasa es que somos engasadxs y obsesivxs. Lo que duran nuestras rolas favoritas no es suficiente. No pues, aunque sean perfectas siempre hay algo más.

Acá van diez rolas que puedo escuchar hasta diez veces seguidas.

Las repito, les pongo pausa, les subo watts.

Son más, claro, casi cien, pero estas son las primeras diez de la lista.



1. All my friends – LCD Soundsystem

2. Rearviewmirrow – Pearl Jam

3. Weird Fishes / Arpeggi – Radiohead

4. Back to black – Amy Winehouse

5. Champagne Supernova – Oasis

6. Ceremony – Joy Division / New Order

7. Bloodbuzz Ohio – The National

8. All in white – The Vaccines

9. One Way Trigger – The Strokes

10. Everlong – Foo Fighters


¿Y las tuyas? Empezá por lo menos con diez.

viernes, 24 de julio de 2015

AVES RARAS: El Güero

Columna quincenal publicada en Esquisses. 
Viernes 24 de julio del 2015.





El miércoles pasado me fui a dar la vuelta al Centro Cultural de España para descubrir qué era eso de las “Aves Raras”. Esa noche tocaba El Güero –un camarada de batallas impostergables que conozco desde hace muchos años–, y faltar era imperdonable. El evento parecía más que una obligación, un acto de rebelión colectiva. Sí, tenía que ir a escucharlo y abrazarlo para festejar ese su entusiasmo que muchas veces guarda –por tímido– en el escenario.

Así que manejé rumbo al centro mientras escuchaba el último disco de José González y estacioné el carro sobre la calle. Eché llave y caminé hacia el Lux con la certeza de que sería una buena noche: viejos amigos, música poderosa, artistas invitados, abrazos, música y más música. ¿Y por qué no? Algo de drogas y compañía espontánea. ¿Qué más se puede pedir? Si al aprecer uno con la música tiene casi suficiente.

Enciendo un cigarro, cruzo la calle y me topo a mi querido bróder Javier (Payeras) que está hablando por teléfono afuera de una cantina de esas que guardan secretos y aproximaciones a la verdad más insolente. Nos abrazamos, nos festejamos y cuelga de inmediato. Entramos. Adentro están dos compadres que conozco y me llenan un vaso de un litro nuevo (ya llevan varios) que Javier pide con entusiasmo. «¿A qué horas empezaba el toque?», pregunto ingenuo y aquellos me responden que ya empezó pero nos tomemos el vaso y nos vamos. Todo bien. Todo en orden. Platicamos de cosas minúsculas que a nadie le interesan: Bach, Brahms, Wagner y otras pendejadas.
Salimos corriendo y entramos al Lux donde están haciendo estos conciertos de músicos que ya llevan sus años en la escena guitarrolera de Guate. “Aves Raras”, el nombre de la onda. Cabal, como son y como siempre han sido.

Desde abajo se escucha que el toque ya empezó, pero todo bien. Subimos las gradas a prisa y entramos frenéticamente a la sala. Oscuridad total y en el centro del escenario: la luz de mi compadre El Güero.

Nos sentamos en la primera fila. Ya Javier y Marré me habían contado que leerían algunos versos consecuentes a la música de Herberth Lima, como de verdad de llama el compadre. De entrada, Sergio Valdez tirando discurso de manera radiofónica como siempre lo hace y donde se luce. Luego canciones y canciones y algunos riffs nostálgicos. La noche pinta bien, la noche pinta “pinta”. Luego llega el intermedio.

Aprovecho de una y voy directamente hacia El Güero para saludarlo. Le digo que su guitarrista está muy fuerte, muy desafinado y que pareciera que los acordes (o los efectos de uno de los ocho pedales) están muy toscos. Él, humildemente, me responde que sí con un beso y un abrazo. Me da un gustazo verlo. Digo no sólo verlo, sino disfrutar de su carisma y su magia y su voz titilante que es como un avión que viaja rápido pero que llega lejos, cala lejos, muerde el polvo de la soledad más insolente y despiadada.

Luego espero el intermedio sentado hasta el último asiento, esperando encontrar algo de paz y algo de certeza en su guitarrista. Pero no. Nada. El compa vuelve a fallar en su afán por despilfarrar armonías obtusas y esperanzadoras. Pero no seré negativo, todo lo demás del toque y los músicos me resultan FABULOSOS. Los vientos en su euforia, la voz mimetizada de nerviosismo y grandeza, el violoncello perfecto, la poesía en su lugar. Todo en su lugar. Everything in it’s right place. Everything in it’s right place. Everything in it’s right place.

Luego aplausos y más aplausos, abrazos de gente querida y algunas cervezas bien merecidas como en un reencuentro de finales de los noventa que todo lo puede. Recuerdos. Flashbacks. Sonrisas. Poemas.

No podía faltar más. Música y poesía reunida en una sola noche. Por eso les recomiendo que vayan a ver a las siguientes Aves Raras y disfruten de sesiones excelentes y poderosas que pueden detener la noche (y la tristeza) en un Bemol premeditado o un Sostenido contenido.

El próximo toque le toca al queridísimo Pablo Robledo, un excelente músico y amigo de otras batallas, que te eriza la piel en cada polifonía vocal y en cada arpegio. Su agresión es tan sutil que ni te das cuenta.

Mientras tanto, yo me quedo con la magia y “las avispas” de El Güero dando vueltas en mi colmena de madrugadas lentas con vista a esta ciudad podrida. Que como bien dice Teillier en algún poema triste, no es más que un letargo olvidado del presente que nos sucumbe.
Gracias, Güero, sos una luz de ternura en medio de esta soledad errante. Aprecio y disfruto toda tu música, tu intensidad, tu honestidad, tu sutileza.

Y a ustedes, no me queda más que pedirles que busquen su música y que vayan a los toques restante para disfrutar de la precisión vocal de estos especímenes raros y talentosos. Yo, por mi parte, seguiré escuchando Kid A de Radiohead y tratando de hilvanar el estruendo absoluto de la música.

Añado, como vi hace unas horas en el perfil de una amiga del Facebook: «la música es medicina». Salud por eso. Curémonos todos, con lo que estés escuchando ahora mismo.

viernes, 10 de julio de 2015

POEMA POSTPUNK

Columna quincenal publicada en Esquisses. 
Viernes 10 de julio del 2015.





de la nada
te despertás
zombi perdido
tibio incongruente
soñando con playas lejanas
y con corte tipo morrissey
a medio gramo o equivalente
donde la soledad anochece denso
con el mejor solo de flock of seagull
y todo pasa
pasa de moda
pasa de boca en boca
contra salivas extranjeras
que quieren ese estruend
esa canción de depeche mode
ese interludio de robert smith
esa proeza incontenible
donde la verdad
es tan minúscula
y no importa
nada
nada es deterioro
nada es silencio
nada acá
es el síntoma punketo rosa
claro tibio vagabundo triste
y la languidez
donde jugamos con vida
se cuela como todo lo demás
también
también
queda el cuerpo
marchito de olvidos
después
de bowie
y the clash
quiero bailar
mientras estalla
el paraíso
la luna
y las estrellas
entre el asombro
de sabernos encendidos
y bueno
ya mucho talk talk
y siouxsie y new order
ahora duerme
que la noche es lenta

viernes, 26 de junio de 2015

10 AFORISMOS FOLK

Columna quincenal publicada en Esquisses. 
Viernes 26 de junio del 2015.



1. ¡Bob Dylan es el padre único de los himnos folkeanos, hijo soberbio de la poesía y espíritu luminoso de la palabra universal!

2. Que un sueco-argentino haya compuesto tres discos maravillosos en solitario y un par de experimentos colectivos no es algo arbirario. Al contrario, su música es cosa de otras latitudes y algo para los elegidos. Su nombre: Sir José González. Búsquelo en Internet.

3. Joan Baez es el equivalente a la Virgen de Guadalupe mexicana.

4. Nunca te disculpes si confundes a Los Guaraguao con Simon & Garfunkel.

5. La música de Silvio Rodríguez sabe mejor con un Mojito en mano que con una Gallo en Trovajazz.

6. Beck, Davandra Banhart y Elliott Smith son supernovas que aún no hemos decodificado auditivamente, y cuando lo hagamos, entenderemos que su influencia ha sido un parteaguas y una bofetada al dios más hippie, experimental y alucinógeno.

7. Revista Folk no tiene nada que ver con nueva trova guatemalteca. Sus parecidos en la vida real son puras coincidencias.

8. Pablo Milanés es nuestro Alejandro Arriaza, pero gordito y sin pelo.

9. De Nick Drake heredamos una de las voces y composiciones más impresionantes de la música. "Pink Moon" debería ser una Biblia para quienes alucinan con Bon Iver, Sun Kil Moon o Jeff Buckley.

10. La oración del día: ¡Te rogamos, Leonard Cohen, óyenos!

viernes, 12 de junio de 2015

#LOSMARTESsondejazz

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 12 de junio del 2015.


Flyers cortesía de LPG
Desde hace algunos meses se le ocurrió al compadre Luis Pedro González junto a otros broderines organizar estos toques jazzeros que poco a poco han ido calando en la cultura musical (y chupística) de Guate. No es cumbia, claro, y eso es lo mejor: una idea brillante y atinada que vino para quedarse. Eso lo demuestra la chulísima convocatoria: Llegan desde chiquillos hipsters, mamitas fresas, extranjeras guapas y conocedores excéntricos del género con el afán de emborracharse y fumar cigarros eternos en la banqueta eterna de El Esperanto mientras disfrutan de un buen jazzón y un taco de ojo entre los más de cien pelones y pelonas que siguen y multiplican el trend topic desde las redes.

No sé cuántos toques van, pero al primero que fui habían unos 25 compadres y compadres, la mayoría “melómigos”, escuchando la novedad del Espe. Esas primeras veces se podía disfrutar del jammin sentado en la barra y con una michelada bien servida mientras platicabas de cualquier pendejada con Víctor o Chester. Ahora, pedir una michelada es imposible. Pero más imposible es ir al baño

Ya el Espe se puso mala cara y la gente no cabe. Te empujan, se acaba la chela y hasta los jazzines te miran raro con su cara de pedo sofisticado. Pero bueno, no todo es malo. Hay propuestas e improvisaciones memorables y al final siempre se pone alegre y sale uno ya zurumbo de tanto güaro y platicada con los feligreses que fielmente van a su misa jazzística. Lo mejor de todo es la selección: jazz standars, bebop, free jazz, soul jazz, bossa y mucho más.


El último martes me quedé picado de escuchar Coltrane, Miles, Getz o Parker; y así pasé toda la semana siguiente encerrado en el Spotify revolviendo la nostalgia, sacudiendo la belleza y meneando los colochos al ritmo de la lluvia. Ya veremos si me decido a darme la vuelta el próximo martes. El clavo principal: ¡es martes… y eso de pasar toda la semana en salmuera de güaro no es muy buena idea!

Aunque sólo por escuchar la trompeta de Jacobo Nitsch vale la pena el degenere. Por cierto, escúchense el disco “México” de Erik Truffaz y Murcof. Es una belleza para estos días cargados de lluvia y bajón.

Y además, no se olviden de Leonard Cohen y Tom Waits.

Que la música, la lluvia y Nina Simone los protega.

Adiós.

viernes, 22 de mayo de 2015

TRES DISCOS para el fin de semana

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 22 de mayo del 2015.




 WHERE WE ARE, Graig Hanes, 2013.

Disco purista y solemne. Lleno de atmósferas ambientales y sintetizadores espesos que recrean sonidos espaciales y profundos. Sí, se lee lleno de “paja poética” pero en serio suena delicioso y es perfecto para los amantes del piano y los sintetizadores, con armonías muy especiales y llenas de melancolía: Apparat, Nils Frahm, Jóhann Jóhannsson o Julia Kent.

Desde el inicio del disco se entra en un trance delicioso y melódico del que uno no se recupera muy fácil. Todo en su esencia es exquisitez y sabiduría. Ocho tracks perfectos que sumergirte en un viaje dub-techno y classic-avantgarde muy Arvo Pärt, donde los sentidos lo son todo. Vibráfonos, sintetizadores análogos, percusiones insistentes, pianos vagabundos y delays oscuros propios de una obra de teatro, encierro de trabajo o viaje al centro de la tristeza. La cúspide del disco: The Whole, una tonadita dub para bailar con ganas y en sandalias.
 
En sí, un disco imperdible y recomendadísimo para quienes aman el encierro, el yoga, la meditación y la música trippy, profunda o ambiental. ¡Disfrútenlo!



THE BEST OF FELA KUTI, Fela Kuti, 1999


Quien no haya escuchado a Fela Kuti se ha estado perdiendo de algo verdaderamente exquisito, no sólo musical sino político e histórico. El “Black President”, como se le conoce, dejó una tonelada de discos poderosos, más de veinte, entre los que brillan: Zombie, Expensive Shit, Army Arrangement, Shuffering & Shmiling / No Agreement, Roforofo Fight, Gentleman (mi favorito) y muchos más.

Todo en su discurso es rebelión contra el vasto colonialismo europeo, lucha incesante contra los sistemas de poder y defensa radical de los grupos oprimidos. A través de toda su música crea un activismo político que lo marcará de por vida con canciones memorables como “Black Man’s Cry”, “Colonial Mentality”, “Gentleman”, “Lady” y tantas otras más.

El creador del “Afrobeat” es en todos sus discos un espejo inmediato de su entorno. Validado desde la voz popular y reprimido por la fuerza militar (más de 200 veces arrestado), Fela no dejó de crear y experimentar con su música: jazz, funk, percusiones africanas, ritmos caribeños, voces ceremoniales, etc.  Con su mítica banda Africa 70 grabó algunas de sus mejores canciones, la gran mayoría incluidas en este discazo perfecto para escucharlo en un viaje a la playa, una fiesta deshinbida o en ese deschongue lujurioso en el bar.

Todo en este disco es fiesta y baile, celebración por un pueblo sin fronteras sociales celebrando la caída de los sistemas de poder. Además, es una excelente oportunidad para conocer la música de este genio.

Todas las canciones son indispensables, en especial: “Water not get enemy”, “Gentleman”, “Zombie”, “No agreement”, “Shuffergin and Shmiling” y “Coffin for head of state”. La mayoría, con un trance rítmico de más de 12 minutos de baile exquisito.

¿Querían baile? ¡Pues acá está el disco para bailar con pancartas en mano y gritos de libertad en la garganta!



IT’S ALBUM TIME, Todd Terje, 2014.


Disco extraño, obsesivo y ochentoso para la carretera. Desde que inicia hace un homenaje a lo mejor del disco lounge y música de elevador. Sus aristas crecen desde el funk y jazz hasta la electrónica más culta. Es una experimentación de sintetizadores muy Jean-Michel Jarre con sonidos que disparan armonías hipersensibles. Perfecto para escucharlo en casa con audífonos o de viaje a cualquier rincón de Guate. Preben goes to Acapulco recrea una atmósfera surf a manera que avanza con su jazzy mode improvisado, pero de inmediato en Svensk Sas nos lanza a otro lado de la moneda: música extraña, bizarra, rara, vieja, balkan, tribal pero electrónica.

Todo en el disco es una electrónica disco-bailable con sintetizadores que aceleran, pistas de baile neón, guayaberas con estampados de palmeras y cocteles servidos en vaso alto con mucho hielo. Mi favorita: Delorian Dynamite, que simula un viaje al pasado-futuro de los sueños con líneas de bajo profundas y percusiones muy Radiorama o Giorgo Moroder (genios del italodisco) que lo estilizan todo. Luego, de repente, la voz de Brian Ferry te sorprende con un cover downtempo y depresivo de Robert Palmer: Johnny and Mary, aquella tonadita new wave synthpop del 81 que homenajea a los ochentas con verdadera clase. Para rematar, Inspector Norse llena la atmósfera del disco más fino y meticuloso. Un derroche de Sylvester o Donna Summer escupe el mejor HI-NRG contemporáneo.

Al final, el disco queda como un experimento más versátil pero menos denso que el aclamado Random Access Memories de Daft Punk, y los ritmitos jazzy, disco y vintage son como guindas que adornan el pastel melódico con una sonrisa vacía, nada excitante y poco entusiasta. Es decir, no te perdés de mucho pero si te gusta conocer música nueva y bailar por momentos, no es mala idea que lo bajés. Si no, olvidate que existe y mejor conseguite el nuevo de Hot Chip o Faith No More.

En cualquiera de los 3 casos. Qué tengás un excelente fin de semana y disfrutés de toda la música como más se te antoje. Salucita.

viernes, 8 de mayo de 2015

LA VIDA se disfruta mejor con un buen danzón

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 8 de mayo del 2015.



Soy un aprendiz de escritor, un amateur de ligas menores que juega y explora con lo cotidiano. A veces, la mayoría de las veces, una trifulca de dioses enagenados y sirenas sicodélicas me explota en el corazón como un guacalazo gélido y taciturno; un leve sorbo de tristeza y otro chingo de absurdas chibolas marítimas me habita, como a muchos, como a pocos. Lo mejor, y como siempre lo he dicho, es bailar. Sacudir la tristeza, pues. Dejarla pal rato y aniquilarla a costa de pasitos tercos y solemnes.

Y que mejor que hacerlo con el Danzón Pérez, Lujo Prado y compañía; el mejorcito movimiento de la bailadera nocturna (y dominical) de Guate.

Acá la crónica tuitera, rodeado de damiselas taciturnas y bien buenas:





JUEVES 8PM. Ese silencio y esa gravitación que solo puede describirse como tibia tristeza. Así que a bailar.


JUEVES 8:30PM. Con una metralleta fría y un mortero en el corazón se estrella la noche. Vamos, Bromo, no te desanimes. Baila un poco.


JUEVES 9PM. El deephouse es el sístole y diástole de la noche. Toda anemia de pasitos de baile será censurada por la luz neón. A puro beat.





 JUEVES 11PM. Deephouse, como en los viejos tiempos. Solo así cabalga el corazón. Tú lo sabes, Bromo, ya lo has vivido muchas veces.


( escuchar audio en Esquisses.net)


JUEVES 11:30PM. Qué lujo escuchar buena shit del querido Lujo Prado. Explotan los beats como jaguares encendidos en fuego. Qué lujo.


VIERNES 12AM. Hay 39 botellas en la barra, un gato de la buena suerte y un millón de BPM lengueteando alrededor de un clítoris sonoro. Yeah.


( escuchar audio en Esquisses.net)


VIERNES 12:30AM. Todo es luz y baile. Al diablo el corazón. Que brille por sí solo. He dicho.


escuchar audio en Esquisses.net)

viernes, 10 de abril de 2015

THE DOORS (primera parte)

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 10 de abril del 2015.




Hace un par de noches volví a ver el fascinante documental «When You’re Strange» que cuenta la verdadera historia de The Doors, no como aquella película de Oliver Stone en la que un Val Kilmer, borracho y arrogante, sostiene a un pavo por la pierna y lo besa y abraza minutos después que Pamela Courson, en su mal papel interpretado por Meg Ryan, olvida sacarlo del horno en una fiesta tostada en acetatos, amigovios y LSD.

El documental es narrado sutilmente por Johnny Depp, y a lo largo de casi dos horas, hilvana el recorrido fugaz de los californianos a través del brillo de sus cinco discos y la mística emblemática de un Jim Morrison derretido por la poesía, atormentado por la fama y obsesionado por la teatralidad.
Lo pueden encontrar en YouTube y disfrutar de un collage fílmico con imágenes de conciertos y grabaciones hasta antes inéditas. Es una joya que vale la pena ver junto a otras lecturas como la biografía «No one here gets out alive» y el libro de poemas «The New Creatures», que pueden descargar en PDF o conseguir por Amazon en versión digital.



 Mi pasión por The Doors empezó de muy chavo. Catorce o quince años quizá. Por Jim conocí la poesía de Baudelaire, Rimbaud, Blake y el pensamiento crítico de Nietzsche y Aldous Huxley. Digamos que Jim fue el encargado de iniciarme en la poesía francesa y en la escritura con imágenes. Gracias a mi viejo pude conseguir todos los cedés de estudio y uno que otro libro con poemas de Jim.



La música de estos cuatro señorones me ha acompañado desde hace mucho tiempo y, sin negar su influencia, han sido una pieza relevante en mucha de la música que escucho. Intentar nombrar mi disco favorito de los cinco es algo casi imposible, pero podría quedarme con Strange Days y L.A. Woman, dos bellezas que todo aquel que ame la música debe tener.

El otro día, platicaba con un compañero del trabajo sobre lo importante que es encontrar y nombrar a los personajes que han marcado tu vida. Si me tocara nombrar a tres, de seguro Jim estaría antes que Basquiat y Bukowski.

¿Y a vos, quién te inspiró a hacer lo que hacés?

viernes, 28 de noviembre de 2014

DIEZ MANDAMIENTOS de un melómano (revisited)

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 14 de noviembre del 2014


1. Amarás a Dylan, Curtis y Spinetta por sobre todas las cosas.

2. No ultrajarás el nombre de David Bowie en vano.

3. Santificarás toda la música inspirada en el Post Punk o el New Wave inglés.

4. Honrarás a Jim Morrison y Janis Joplin más que a tus padres.

5. No maldecirás las fiestas electrónicas, los grupos escandinavos, los discos nuevos de Radiohead ni los géneros como el Twoubadou o el Dream Pop.

6. No injuriarás contra la música clásica o la música nueva, solo contra el reguetón, que aborrecerás hasta el final de los tiempos.

7. Nunca robarás música de tus amigos o pareja. Y si lo haces, la compartirás con otros melómanos que seguramente ya la bajaron de Internet.

8. No darás falsos testimonios contra Nina, Evans, Coltrane y todo el jazz de la historia.

9. No consentirás pensamientos estúpidos contra los sicotrópicos, las drogas fuertes o la música de Trent Reznor y Pink Floyd.

10. No codiciarás el reproductor de música de tus amigos. Excepto si tiene toda la discografía de Morrissey, Leonard Cohen o Tom Waits.

viernes, 14 de noviembre de 2014

7 HAIKÚS ESTÉREO (tipo crónica)


Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 14 de noviembre del 2014.


Acá unos haikús que por momentos fallan en métrica, pero no es así. Es el espanglish y su dicotomía lingüística que nos remite a dos reglas aparentemente distintas. Pero bueno, acá los dejo a manera de crónica estéreo. Disfruten su viernes con un splash de soledades empiernadas.



1) VIERNES, 11:24PM

A Joy Division
los vi en un party.
Habían hipsters.


2) DOMINGO, 1:32AM

«Morrissey es Dios»,
me dijo Carla en bragas.
Le susurré: Ask.


3) DOMINGO, 3:48AM

La fiesta sigue:]
Chela y mujeres. Coca.
Rolas de Daft Punk.


4) DOMINGO, 7:59AM

Marcela baila
dispersa a lo Amy Winehouse.
Luz de amanecer.


5) DOMINGO, 12:46AM

Sufro la goma,
me extingo: Ave Fénix.
Suena Radiohead.


6) DOMINGO, 1:32PM

Todo es recuerdo,
piel y dilataciones.
Canciones de Björk.


7) DOMINGO, 2:22PM

Quiero ceviche.
Comer grasa hasta morir
y escuchar Pink Floyd.


8) DOMINGO, 8:09PM
Duermo contento,
bajo el regazo de Pulp.
Sueño étereo y mar.

viernes, 31 de octubre de 2014

TRES ELECTROMENDACIONES pal dancin

Columna quincenal publicada en Esquisses
Viernes 31 de octubre del 2014.







ADA de Adanowsky, 2014.

Adanowsky –más conocido por la producción del disco Solstis de Larregui, sus otros proyectos musicales, los experimentos fílmicos y además por ser hijo de Alejandro Jorodowsky– nos pinta de entrada un disco lleno de líricas fáciles y ritmos ochenteros; mejor apreciados, quizá, en bandas como Empire of the Sun, Pnau, Foster the people y Phoenix. En sí, totalmente opuesto a sus discos anteriores, en los que el elemento lingüístico es vital: «Amador» en castellano y «Étoile Éternelle» en francés. Pero bueno, no todo en este disco es apreciación o sublimación retro. También hay cuidado y precisión armónica. Entre más se escucha pareciera tener un hilarismo fabuloso y despojado de toda solemnidad. En otras palabras: una chingadera espontánea. Y eso es lo que más me gusta de su rítmica. Las verosímiles Dancing on the radio, I don’t love you y You’re my lover te pueden hacer bailar muy al estilo de Bananarama o Bangles, pero su voz (muy a lo Lenny Kravitz en ectasy) crea una atmósfera muy especial, sobre todo en Get up and fight, que destila sintetizadores y aeróbicos cocainómanos. Todas las demás, pues bueno, son un complemento funky muy bien intencionado. Y aunque por momentos deteriora en aburrimiento, también añade frescura y ligereza en tiempos de líricas convulsas o poéticas “cromañónicas”. Así que no queda más que escucharlo y disfrutarlo al por mayor. Recomendado, sí, para ponerlo antes de ir a la galería o a la reunión hipster. Un éxito de disco. Olvidadizo también, por eso 80 puntos, como la década que lo inspiró.


DANCE BABY de Solomun, 2009.

Este será tu disco favorito si te gusta el house y los ritmitos bailables. Es melódico, sencillo y minimalista. Lleno de brillos del deephouse más cálido pero también oscurón para la densa pista de baile. Tiene susurros del lounge y el nujazz intrépido de finales de los noventa, que sabe entretejer con voces, loops y otros efectos sin complicaciones ni recordatorios de grandeza. Es más, pareciera que es un disco de bajo perfil en el que el bosnio-alemán destila urbanidad, carisma y retórica armoniosa. Sus versátiles Cloud Dancer y After rain comes sun son un ejemplo del house más adepto para el bailongo, pero también para el disfrute de la “ensoñación” sonora. Mucho de funk, r&b y musicón ochentero se respira en sus contorsiones rítmicas. Cero drama y mucha sensualidad. Deja-vu, por otro lado, es perfecta para el club pero también para la fiesta sabatina de media tarde con churrasco y “frías” bien frías. En sí, un disco recomendado para hacerlo tronar de corrido de camino al mar en cualquier despliegue de la carretera. 90 puntos.


IN TECHNICOLOR de Coma, 2013.

A ver, para hablar de este disco vamos por partes. Hace tres semanas fue el aniversario de Cube Records y tocaron varios DJ’s, entre ellos el productor Alex Hentze (quien por cierto se lució con un live set sugestivo lleno de loops y bases rítmicas poderosas). Después de Alex, el plato fuerte de la noche era Coma, este dueto de alemanes llenos de beat y elegancia. Así los conocí, en plena pista de baile y conversaciones de madrugada. Su sonido en vivo es otra cosa, mucho más áspero y amplio, pero después de escuchar dedicadamente su música llegué a la conclusión de que la mejor música electrónica, o bueno, la más profunda de todas es la alemana (Kraftwerk, Apparat, Nils Frahm, Mode Selector, DJ Koze y una lista de DJ’s “comerciales” interminable). Pero bueno, vamos a al disco: de entrada es una ampliación a nuevas estratósferas electrónicas y a nuevos paraísos melódicos. Las voces, coros y demás efectos tienen la precisión de un reloj suizo, que sin ser arrogantes proponen una nueva manera de escuchar la música. Les Dilettantes, My orbit, T.E.D. y The great escape son delicias sonoras que lo llenan todo de ritmo, robótica y felicidad onírica. Missing peace es la guinda en el pastel del minimalismo. Mucho house pero también IDM. Música hecha para oídos selectos que la sabrán apreciar en la pista o en los audífonos. Loops insistentes que lo cubren todo de armonía y voces infatigables que evocan lo mejor del purrún vocal. Un disco imperdible para aquellos a los que la música electrónica los engancha. Aliado perfecto para los que disfrutan del buen “sonar”. Gracias Cube por traerlos a Guate. 100 puntos a ustedes y 100 puntos a Coma por esta joya memorable de LP.

viernes, 17 de octubre de 2014

EJERCICIO: Dime cómo es tu abecedario y te diré quien eres…

Columna quincenal publicada en Esquisses
Viernes 17 de octubre del 2014.



1) Ejercicio de asociación libre melódica.

Materiales: Lápiz, papel y excelente memoria.

Instrucciones: En un papel escriba las 27 letras del alfabeto. A la par de cada letra, escriba el nombre de la banda o intérprete de música que “se le ocurra primero” y que corresponda a su letra inicial o primera de alguno de sus nombres. Así, vaya escribiendo hasta terminar el alfabeto. No se aceptan tachones o cambios de último momento. Escriba lo primero que se le ocurra. También puede utilizar un Documento de Word e ir en descenso con cada letra, tipo enumeración. Por último, analice sus respuestas y descubra si es “roquera/o”, “cursi”, “ecléctica/o” o “punchispunchera/o”.

Este es mi ejercicio:

A)  A flock of Seagulls.
B)  Björk.
C)  Calamaro.
D)  Depeche Mode.
E)  Elliott Smith.
F)  Friendly Fires.
G) Gustavo Cerati.
H) Hot Chip.
I) Interpol.
J) Joy Division.
K) Keane.
L) Luis Alberto Spinetta.
M) Manu Chao.
N)  New Order.
O) Oasis.
P)  Placebo.
Q) Queen.
R)  Radiohead.
S)  (The) Strokes.
T)  The National.
U)  U.N.K.L.E.
V)  Vaccines.
W) Warren G.
X)  (The) XX.
Y)  Yo la tengo.
Z)  Zoé.

viernes, 19 de septiembre de 2014

100 CANCIONES que escucharía en mi fiesta si hoy fuera mi cumpleaños

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 19 de septiembre del 2014.


Supongamos que hoy es mi cumpleaños y estoy preparando el playlist. Estas serían las primeras 100 (de una posible lista de otras 100 en español) que pondría sin pensarlo mucho. Seguramente la fiesta se vaciaría con las primeras diez. O talvez no.

¿Y ustedes, cuáles rolas escucharían en su fiesta de cumpleaños?

  1. Ceremony de Joy Division.
  2. Growing old is getting old de Silversun Pickups.
  3. Idioteque de Radiohead.
  4. Oneway trigger de The Strokes.
  5. Love illumination de Franz Ferdinand.
  6. Sea within a sea de The Horrors.
  7. Bloodbuzz Ohio de The National.
  8. All my friends de LCD Soundsystem.
  9. Lights and music de Cut Copy.
  10. Paris de Friendly Fires.
  11. Blowout de Radiohead.
  12. Immigrant Song de Led Zeppelin.
  13. Won’t get fooled again de The Who.
  14. Lust for life de Iggy Pop.
  15. Outsiders de Franz Ferdinand.
  16. The bitter end de Placebo.
  17. Break on throught de The Doors.
  18. I’m waiting for my man de The Velvet Underground.
  19. Modern love de David Bowie.
  20. Moving further away de The Horrors.
  21. Need you tonight de Cut Copy.
  22. Space age love song de A Flock of Seagulls.
  23. Johny and Mary de Robert Palmer.
  24. It’s my life de Talk Talk.
  25. Atomic de Blondie.
  26. Substitution de Silversun Pickups.
  27. Killing an Arab de The Cure.
  28. London calling de The Clash.
  29. Digital de Joy Division.
  30. Someday de The Strokes.
  31. Bigmouth strikes again de The Smiths.
  32. Black eyed de Placebo.
  33. Undercover of darkness de The Strokes.
  34. Temptation de Joy Division.
  35. Heroes de David Bowie.
  36. Lazy eye de Silversun Pickups.
  37. Knives out de Radiohead.
  38. Rearviewmirrow de Pearl Jam.
  39. What difference does it make de The Smiths.
  40. People are strange de The Doors.
  41. Boys don’t cry de The Cure.
  42. Lounge act de Nirvana.
  43. Paranoid Android de Radiohead.
  44. Albatross de Foals.
  45. Longview de Green Day.
  46. Basket case de Green Day.
  47. No rain de Blind Melon.
  48. Meds de Placebo.
  49. Call me de Blondie.
  50. Welcome to Japan de The Strokes.
  51. Enjoy the silence de Depeche Mode.
  52. Don’t look back in anger de Oasis.
  53. Transmission de Joy Division.
  54. Play for today de The Cure.
  55. Disorder de Joy Division.
  56. 10:15 Saturday night de The Cure.
  57. Can’t stop feeling / I feel love de Franz Ferdinand.
  58. The house of jealous lovers de Rapture.
  59. 505 de Arctic Monkeys.
  60. Weapon of choice de Fatboy Slim.
  61. Around the world de Daft Punk.
  62. Music sounds better with you de Stardust.
  63. Lady de Modjo.
  64. Sound and Vision de David Bowie.
  65. Voyeaur de James Blake.
  66. Ready to start de Arcade Fire.
  67. Right here, right now de Fatboy Slim.
  68. Star guitar de Chemical Brothers.
  69. Sexy boy de Air.
  70. Voyager de Daft Punk.
  71. You wanted a hit de LCD Soundsystem.
  72. Dreadlock holiday de 10cc.
  73. Low rider de War.
  74. Connected de Stereo MC’s.
  75. Don’t you want me de The Human League.
  76. Like a Rolling Stone de Bob Dylan.
  77. Hyperballad de Björk.
  78. Turn de New Order.
  79. (Nice dream) de Radiohead.
  80. Walking in my shoes de Depeche Mode.
  81. Little faith de The National.
  82. Paint it, Black de Rolling Stones.
  83. There is a light that never goes out de The Smiths.
  84. Love street de The Doors.
  85. O grande amor de Stan Getz.
  86. Special needs de Placebo.
  87. Let it happen de Tame Impala.
  88. Apartment story de The National.
  89. No surprises de Radiohead.
  90. My precious things de John Coltrane.
  91. High and dry de Radiohead.
  92. Champagne Supernova de Oasis.
  93. All in white de The Vaccines.
  94. Ion Square de Bloc Party.
  95. Pictures of you de The Cure.
  96. People are strange de The Doors.
  97. The card cheat de The Clash.
  98. Gentleman de Fela Kuti
  99. Corner of the Earth de Jamiroquai.
  100. All i want de LCD Soundsystem.

viernes, 5 de septiembre de 2014

NILHS FRAHM no es lo mismo que Ramiro Delgado

Columna quincenal publicada en Esquisses
Viernes 5 de septiembre del 2014.


A Rigo, por la música.



”A ver, patojo cerote, hablemos de música…” me dijo el ruco antes de empinarse la cerveza y pedir un plato de bocas.

Después de eso, empezó a llenarme de mierda los oídos con rolas más vejestorias que la Cuaresma: King Crimson, Grateful Dead, Pink Floyd, Jefferson Airplane, los Rolling Stones y una lista de banducas que me imaginaba bien peludas, todas regordetas y bien pedas. De su hocico salían balbuceos melancólicos de cómo habían sido los setenta en su juventud, y un vaho de tristeza o rabia, le brillaba en los ojos al muy rudo, que enumeraba uno a uno los recuerdos de su primera esposa y todos los fracasos que había experimentado como papá de dos güiros que se le fueron al Norte.

Así, el muy cabrón fue hilvanando una teoría musical bastante respetable a base de toda su miserable biografía. Me habló de su primer viaje en ácidos, de una Hondita Rebel que fue a hacer mierda y hasta me contó mariconadas de Alux Nahual en un concierto de los ochenta.

Al pisado le gustaba abrir la boca, tanto como a mí la cerveza. Por eso no tuve ningún problema en aguantarme toda la casaca que el rucón se disparaba mientras yo, sentado en la mesa, asentía con la cabeza y de vez en cuando intercalaba un “Hmmm, cabal” o un “¡qué buenos son esos cerotes!” para fingir que le estaba poniendo atención a cada palabra.

Así pasó la primera hora y no paraba de salivar el hijueputa. Chela tras chela. Cigarro tras cigarro. Anécdota tras anécdota. Y a todo esto, la voz de Jim Morrison retumbando de las bocinas del bar mientras el ruco pisado parecía saberse todas las canciones de los californianos. Break on through, Light my fire, Alabama Song. Mientras cerraba los ojos y entraba en el trance de cada rola, yo lograba escaparme al baño a orinar, pero el viejo siempre lograba encontrarme y convencerme con una chela en mano, solo para mí, de que siguiéramos hablando de Joe Cocker, Janis Joplin o The Mamas & the Papas.

Así fueron pasando las horas. El pisado me ceremonió toda una misa satánica del Rock and Roll y me cagó la cita que tenía con la Marisa.

El muy cerote hablaba del Heavy Metal como si él mismo fuera el Chamuco en persona. Su pinta de ruco macizo, con botas de cuero y pantalón roto no me intimidaba tanto como las cicatrices que tenía en los pómulos y en los brazos, además de un tatuaje puramierda que tenía en el cuello, justo debajo de la oreja. Una shumada fiera y nauseabunda. Pero que irritaba, eso sí, a quien tenga gustos comunes por la música popular.

El tatuaje decía: “El Buki es mi pastor, solo Satán lo chimará”.

En fin, para resumirles el rollo, el ruco era una mezcla de hippie barbitúrico hipertextuado con talishte satánico. Pero la neta, es que sí sabía de música el pisado. Su verborrea parecida salida de una película de Lineker en sicotrópicos o Tarantino diluído en cocaína boliviana.

Después de cuatro horas de chelas, casaca y buen rock todo parecía importarnos tan poco. Tanto así, que terminamos enfiestados con unos Nicas en una cantina china de esas que hierven en aceite quemado, putas con escote masacrado y nido de supercucarachas anestésicas.

Desde el fondo blanco de este último párrafo que escribo, una rocola vieja y roja truena una canción de Bronco al mismo tiempo que bailamos con Rigoberto; porque así se llamaba el ruco con quien nos hicimos compadres esa madrugada, y con quien salimos de vez en cuando a escuchar las banditas que tocan en los bares locales. Todas infestadas, claro, de rockstarsitos súperpoderosos que lo saben todo y lo pueden todo. Qué dicha. Un brindis por ellos y por el sonido del melotrón que tanto me gusta.

viernes, 8 de agosto de 2014

IN INDIEPOP they trust (tres eventualidades gringas)

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 8 de agosto del 2014.

PHANTOGRAM. A quien no conozca Phantogram este es el momento. Son dos chavos gringos -chava y chavo- que tocan un Trip Hop bastante intenso y veloz con sintetizadores, voces y guitarra. Para qué más.

Yo los conozco de hace algunos meses, pero cada vez que los escucho me es inevitable no pensar en Massive Attack o Portishead. Eso sí, con un estilacho extra adornado con pulcros efectos y rudas distorsiones que golpean la “pared de sonido”. Su música me parece una emulación acertada del mejor Downtempo inglés de los noventa, pero mucho mejor trabajado y estudiado. La voz de Sarah Barthel me redirecciona a una Beth Gibbons más lúcida (Portishead) o a una Victoria Legrand (Beach House) menos hippie pero igual de guapa. Y es eso lo que sobresale de Phantogram: la voz luminosa yuxtapuesta sobre el candor rimbombante de los sintes sabrosones. Eso es. Este dueto es una especie de holograma sonoro que se repite en cada una de sus pistas a manera de loop insistente y prominente. Mucho de Washed Out, The XX, Metronomy, Cults y Grimes (esa canadiense loquita que lo llena a uno de imágenes perturbadoras con su vocecita pop y sus extensiones decoloradas). 

Bajo ese parentezco va Phantogram, solo que estos chavos son más delicadones para componer. De los dos discos que tienen recomiendo “Voices”, que salió este año. Es mucho más profundo que el anterior, “Eyelid Movies”, que por momentos resbala en barroquismos innecesarios.

En “Voices”, los mejores momentos son cuando Sarah canta. Ahí se pueden apreciar las distorsiones del chavo, los loops de ella y otros efectos fabulosos. En sí, es musiquita para escuchar una y otra vez hasta que el oído se canse de la arboleda fantástica que produce su sombra deliciosa y melancólica. Es súper poético y tierno y rudo. Recomendado bien. Diez puntos.



THE DRUMS. A estos chavos los conocí por un amigo aficionado a los viniles. Estábamos escuchando Two Door Cinema Club y eso nos llevó a “Portamento”, el último disco de The Drums.

En sí es un disco acelerado y melódico, con matices de Bombay Bicycle Club y The Vaccines, pero con la oscuridad suficiente de Joy Division o Wild Nothing, aunque relativamente escueto y cursi. En pocas palabras: Tibia musiquita para bailar y corear muy al estilo de los hipsters Foals o los melancólicos Belle and Sebastian. Nada sorprendente, pero eso sí, enriquecido por voces y coros sutiles que se empecinan en suavizar el estruendo del bajo para hacer tonaditas bastante New Wave y poco certeras. Eso sí, “Portamento” está mucho mejor hilvanado que su primer disco (“The Drums”). Ambos son perfectos para la escucha tenue y dedicada. Especiales para quienes disfrutan de melodías suaves pero bien acariciadas por voces adolescentes, casi infantiles y sin profundidad lírica (“I want to buy you something, but a i don’t have any money”).

Habrá que esperar su tercer disco que saldrá este año. Ojalá sea algo más parecido a Bloc Party o The Wake, y menos a los patojones de Delphic.



OK GO. Después de ver una y otra vez todos sus videos, una sensación de vértigo creativo me invade. Cada uno de sus trabajos es una delicia audiovisual y un desdén de chingadera -desde aquel primerizo con una cuasiestúpida coreografía sobre Bandas para hacer ejercicio hasta el espeluznante y detallista videoperformance que le rinde homenaje a la Máquina de Rube Goldberg. Así, pasando por otro gran número de ideas genialidades a “bajo presupuesto”- que todo lo pueden.

¿Pero y su música? Pues nada del otro mundo, aunque en toda su producción haya una lista innumerable de géneros que se acoplan y aderezan muy bien al estilo del Power Pop o Pop estridente. Tres trabajos valiosos (“OK Go”, “OK No” y “Of the Blue Colour of the Sky”) de los cuales se rescatan canciones muy bien elaboradas e interpretadas. Así, todo bien: Baladitas poderosas, acelerones bailables y ritmos pegajosos con letras pegajosas. Todo bien para disfrutar de distorsiones bailables que enfatizan el show musical y la proliferación de géneros auditivos que al final de cuentas, cautivan y sorprenden en su impacto.

Lo mejor, entonces, es escucharlos sin el prejuicio de la música hecha y, claro, disfrutar de toda su música acompañada de lo mejor: sus videos.

Un ejemplo es el último videoclip (The writing’s on the wall) del nuevo disco que saldrá en noviembre, en el cual los efectos visuales y la forma de ver lo que vemos, dejan claro que “lo que está escrito en la pared” es ilusorio así como toda la música hecha hasta ahora en Norteamérica.

Porque sí, no solo la música inglesa es perdurable y memorable. Ojo.

viernes, 3 de mayo de 2013

TRES JOYAS: Amy Winehouse, James Blake y Friendly Fires

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 3 de mayo del 2013.
Reeditada



Entre más digitales se convierten nuestras relaciones interpersonales, más delicioso es bailar decachetío o saltar punketeado junto a lxs amigxs. Lo mismo pasa con la música: Entre más digital se transforma, más rico resulta disfrutar de un concierto de música clásica o de una buena tamborileada frente al mar. Por eso habría que hacer un análisis exhaustivo de toda la música que escuchamos, y ver, críticamente, qué es lo que nos resulta más rico escuchar.

En lo personal, soy un híbrido indómito y ecléctico al que le gusta escuchar de todo, pero sobre todas las cosas: La música nueva y recién salidita del estudio. Esa que se reproduce actualmente como conejitos musicales. En sí, me gusta descubrir en sus matices y relieves nuevos, todas las raíces estilísticas de procedencia. Es decir: quiero sonar a, me gusta aquello, vengo de, etcétera, etcétera.


Hablando de otras cosas de procedencia, me gusta encontrar las raíces en los haikús, los cuadernos, la ilustración, la pintura, los picnics, la gastronomía griega o mezza, el sonido de los acetatos, los resbaladeros, las canicas y las bicicletas. Por eso se me antojó escribir sobre tres géneros/bandas de música discímiles, que de alguna manera extraña interactúan entre sí: Amy Winehouse, James Blake y Friendly Fires.

Esta es mi manera de ilustrar los términos Análogo y Digital. Lo malo (recontrashit), es que los tres ejemplos me volvieron a salir ingleses. Por eso me gustaría escuchar música actual Iraní o Checoslovaca. ¿Alguien sabe dónde encuentro?


AMY WINEHOUSE


De Amy puedo decir muchas cosas, sobre todo una: Se aparece en mis sueños.

La primera vez que la soñé, todavía estaba viva. Fue un sueño hermoso: Había mar, lluvia, un restaurante con muchas flores y en una de las mesas, estaban dos amigos conversando frente a una banda de jazz en vivo. Al verme me saludaron e hicieron señas para que me acercara. Para sorpresa mía, había una chica alta y flaca con ellos. La saludé y lo primero que recuerdo fue la Pin-Up topless que tenía tatuada en el brazo izquierdo, justo debajo de la herradura que dice: Daddy's girl. Me sonreí y me emocionó tenerla enfrente junto a todos sus tatuajes. Esa sensación típica y extraña que siente uno en los sueños. Una especie de conexión rudimentaria entre sensación, emoción y realidad mezclada con ficción atemporal y otras cosas. Luego subió al escenario del lugar y cantó dos canciones. No recuerdo más.

Lo que sí recuerdo es que esa primera vez no conversamos, si no hasta el tercer o cuarto sueño (porque se volvió recurrente), donde conversamos sobre música, amor y tatuajes. Una vez, incluso, hicimos un viaje a Atitlán en un jeep descapotable color rojo. Parecerá mentira, pero puedo jurarles que no es cuento. No me pasa con ninguna otra súperestrella, excepto con Björk, con quien hacemos viajes y vamos a fiestas electrónicas de vez en cuando. Incluso, la cito en poemas. Hace poco, las soñé juntas, pero sólo ha pasado una vez. Imaginen qué lujo de sueño: Björk y Amy juntas.




Por otra parte, hablar de su música me resulta insignificante. No creo que pueda añadir algo que no se haya escrito hasta la fecha, excepto que me parece una gran escritora, compositora y arreglista. Una dadora de energía, intimidad y registro vocal envidiable. Una constelación de luz –no una estrella fugaz como muchos afirman–, en la historia de la música. Asimismo, una escritora honesta con tinta inherente a su día a día, como debe de ser el arte: desgarrador y visceral, pero riguroso y estéticamente delineado.

Amy, en simbiosis, es callejera como La Mala Rodríguez. Elegante como Diana Ross. Intensa como Nina Simone y melancólica como Ella Fitzgerald. Ya comparte espacio junto a otras voces memorables: Sarah Vaughan, Etta James, Anita Baker, Stevie Nicks, Siouxsie Sioux, Shirley Manson, y sus más contemporáneas Fiona Apple, Ani DiFranco, Joss Stone, Adele, Alicia Keys o Lady Gaga.

Describir con adjetivos su contralto: Imposible.

Lo mejor es encerrarse a escuchar canciones como Tears dry on their own, Back to black, I heard love is blind, (There is) no greater love, You sent me flying, Love is a losing game, Amy Amy Amy y otras tantas más. Todo un vaivén poderoso y brillante.

Su mejor disco, el segundo: Back to black (2006), que es una experimentación deliciosa entre R&B, Soul y Pop. Una verdadera joya, la verdad. Las trompetas, las guitarras, los bajos, los coros, las bases rítmicas, todo pareciera estar en su lugar. Por eso no es casualidad que haya tenido tantos sencillos en radio y haya sido la catapulta de su joven carrera. Por momentos, hasta pareciera que estamos escuchando ecos y matices de Reggae y Neo-Jazz, que lo alinean sistemáticamente con su primer disco, mucho más jazzero, esquizoide y tímido: Frank (2003). Ambos, una delicia para escuchar frente al mar o en un asado junto a amigos queridos, siempre al aire libre y junto a una descarga de mojitos o caipiriñas bien cargadas, que rematen en una fiesta loca y salvaje, como lo era la querida Amy al ritmo de sus bailarines (inolvidables) que la acompañaban de gira.


Su look: Fabuloso y desaliñado. De mis favoritos.

Su muerte: Una patada eléctrica directa al corazón.

Su música: Inmortal y mágica, para tenerla en la repisa o en el playlist.

Su mejor concierto: Glastonbury, 2007.

Mis favoritas: Muchísimas. Acá les copio seis. No más, no menos.

1. You know I’m no good
2. October song
3. Tears dry on their own
4. Know you know
5. Back to black
6. Stronger than me



JAMES BLAKE

La primera vez que escuché a James Blake me sorprendió mucho.

Me pareció genial que un chico, de apenas 23 años, estuviera recreando tanta reverberación sonora y tanta complicidad con la poesía concreta al lado de un piano, un synth y una gama de efectos sonoros a través de la voz. No supe qué decir y me puse a googlearlo sin mayor reparo. Encontré unos videos y me puse a escucharlos. Luego me di cuenta que era mejor ver lo que hacía en vivo, a explorar y adentrarme en todos los sonidos que producía su voz y el resto de aparatos. Quise saber cómo lograba generar esa cantidad de capas de sonido, qué instrumentos usaba, cuando, donde, etc. Me quedé igual. Luego me puse a recordar la música vieja: Aphex Twin, Autechre, Geoff Barrow de Portishead y en todo el IDM de los noventas.



A diferencia de todo esto, Blake es mucho más reflectivo y melancólico. Eso, quizá, fue lo que me provocó querer saber más de su Post Dubstep, como llaman a lo que hace.

Entonces, bajé su primer disco: James Blake (2011), y la gran mayoría de pistas me parecieron lentas y aburridas, a excepción de las interesantísimas: I never learnt to share, The Wilhelm Scream, To care (like you), I mind y Unluck; que con un vendaval de loops, bases rítmicas y otros artilugios digitales logran crear dimensiones exquisitas entre el spoken word, la poesía y la música. Si bajan o compran el disco, bien, aunque les recomiendo seleccionar algunas canciones vía iTunes, entre estas: Limit to your love.


Por esos días en que escuché a JB, mi proyecto de poesía sonora Poecléctica estaba dando un nuevo giro: Alex Hentze, productor amigo junto a Federico Franco, otro gran músico, se incorporaban al proyecto para experimentar con loops rítmicos y repetición de palabras o fonemas sobre pistas de D+B hechas en el instante por el geniecillo de Alex. Quise tener todos esos aparatos para recrear palabra y poesía. Me inundé de rabia y escribí algunas pistas retóricas. Luego, me dispuse a disfrutar de Blake en los audífonos. Un cúmulo de sonidos rebotaron inmediatamente en mis oídos: Keyboards, synths, voces, ecos, sonidos de infancia, máquinas de escribir electrónicas, diapasones espaciales, verborreas repetidas, sonidos industriales, catedrales barrocas y poesía en intervalos. Toda una marea de beats exquisitos. Sentí terror y pena ajena por los músicos, que a base de una guitarra acústica y canciones de la nueva trova, se sienten los amos del universo.


Regresando a JB, puedo recomendar más los EP’sy su segundo disco: Overgrown (2013), recién salido hace algunas semanas. Las once pistas están hilvanadas, como en su primer material, por una melancolía dispersa que se intensifica con las repeticiones de la voz y la caja rítmica. Por momentos pareciera que JB te va durmiendo con su música. Por momentos, pareciera también, que no te quiere soltar y es cuando entra el punchispunchis melódico, una especie de viaje onírico vocal, producto del trance generado por loops, osciladores y sintetizadores. Aunque a veces, creo que le falta más punch sonoro, un poquito de constancia rítmica y muchísima más melodía. Pero lo logra, eso sí, en Digital Lion, Voyeur y la rapeada Take a fall for me (en la que introduce a RZA, más conocido como The Scientist), que me recordó al Faithless de finales de los noventa, especialmente a las rapeadas de Maxi Jazz.



En sí, creo que verlo en vivo sería algo que me gustaría disfrutar más adelante, no como el público adolescente del Coachella de este año, que parecía adormecido y distante (como le pasó a Blur y a otras bandas más).

Mi consejo: Estén pendientes de JB, ya que es un chico al que no hay que perderle la pista, y que en conjunto con Brian Eno –el gurú de la experimentación y la música generativa– conversaron algunas horas sobre la realización de este nuevo disco.

Bájenlo y hagan su propio juicio. Disfrútenlo.




FRIENDLY FIRES

No sé si fue The Rapture, The Knife o Franz Ferdinand los que tuvieron la culpa. Lo que sí tengo presente, es que la primera vez que escuché Auf Acshe de FF en el 2005, supe que algo había cambiado en la música. Ese año varias bandas ‘inquietas’, no sé si sea el adjetivo correcto, sacaron discos que registraban un cambio: Arcade Fire, Editors, Bloc Party, OK GO, Death Cab for Cutie, Caribou, Broken Social Scene y LCD Soundsystem. Esta última, creo que fue la que marcó un estandarte dentro del mainstream de la nueva movida electrónica de la cultura pop. Acoplar desfiles de moda, tendencias tecnológicas, programas de televisión, vestimenta ligera, estilos de vida y letras precisas a la música, fue lo que impulsó a muchas marcas transnacionales a querer involucrarse en esta nueva ola que venía gestándose desde inicios del 2002.

El nombre del género: Disco-Punk, que era una mezcla extraña y necesaria entre Acid house, Post-Punk, Rock alternativo, Rock garage y Pop sicodélico; muy parecido a lo que hacían los Happy Mondays, Pet Shop Boys o New Order en los ochentas, pero con más distorsión y otro sinfín de elementos. En otras palabras, para hacerlo más comprensible: Música bailable pero con estridencias punketas y acordes básicos. Perfecta para una fiesta loca, una tacha compartida y una buena dósis de baile o buen sexo. Acá un ejemplo: Pow Pow (aunque en la versión extendida del album se aprecia muchísimo mejor).

En una entrevista, James Murphy (frontman de DFA Records y LCD Soundsystem) responde que lo único que hizo en esos años fue escribir sobre las fiestas que sucedían en su casa y el estado que éstas producen en el cuerpo, luego asegura, que la música se acopló perfectamente y todo lo que vino después, tenía que pasar.

Qué rico pensar de esa manera después de que has vendido millones de discos y que tu música ha sido ‘el alma’ de no sé cuantas fiestas alrededor del mundo. El último toque de LCD, por cierto, fue durante el 2011 y a pesar de los rumores, no piensan volver a tocar.


Regresando al tema del Disco-Punk, acá podemos encontrar a muchísimas bandas, la mayoría no pasan de cinco años desde que empezaron a tocar y a explorar entre varios géneros. De todas estas bandas, mi favorita es Friendly Fires, que con sólo dos discos han entrado en los charts más importantes de la música actual.

En dos palabras: Bailables y explosivos.

La primera vez que los escuché fue en una fiesta, ¡qué extraño! No era una terraza, se los aseguro, pero sí había un patio en el que muchos fumaban cigarros y platicaban de las cosas que uno suele platicar en la fiestas: De nada que recordés al día siguiente.

Pues yo sí recuerdo que un bró, DJ y melómano, me dijo: Te van a gustar estos chatos.

Empezamos: Jump in the pool, In the hospital, Skeleton boy, Photobooth. Genial, no dije nada. Mi cabeza iba y venía al igual que los vinos. Alguien iba a cambiar de música y mi bró lo detuvo. Le di las gracias. Yo estaba extasiado. Luego vinieron mis favoritas: Paris, Ex lover y Lovesick. Todo un viaje bailable en mi cabeza y en los pies. Toda una delicia de beats. Luego me dijo que me los enviaría por correo, ya que aún no había Dropbox y yo no tenía un uesebé a la mano.


Cuando ya escuché el disco en casa, Friendly Fires (2008), me di cuenta que lo habíamos escuchado casi todo en la fiesta. Lo escuché por días hasta el cansancio. Vi algunos videos en la tele y ya no los volví a escuchar jamás. Luego, en el 2011 me enteré que habían sacado disco nuevo: Pala (2011). Casi ni lo escuché, pero me gustaron: Running away, Blue cassette y True love. Todas las demás me parecieron rebuscadas y aburridas. Creo que este disco es menos auténtico y menos visceral que el primero, en el que se sienten los aristas de un grupo de músicos pasándola bien. En cambio, en este nuevo disco, se percibe que hay una búsqueda por encontrar un sonido y eso, justamente eso, es lo que lo hace no tener dirección. Abundan los matices del New Wave ochentero, pero el Funk, el Pop y la experimentación es lo que hacen que se pierda.

Sin dudas, les recomiendo bajar el primero y olvidarse del segundo.

El primer disco es una sesión de baile completo, con sus aristas electrónicas y su electroclash fiestero. Un disco perfecto para celebrar cualquier cosa, electrizar la noche, manejar rumbo al mar, hacer guerras con bolsas de agua, estremecerse entre los amigos.

En sí, música ligera y perfecta para pasarla bien, bailar y viajar.

Si no, pues sigan escuchando Nueva Trova.