Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de octubre de 2015

DISCO RAYADO: poema con música-tráfico de fondo

Texto publicado en El Danzante #19 del Danzón Pérez.
Octubre del 2015.


 
Oh nena

no sabes lo difícil que es manejar a casa

con el tráfico de la hora pico

y los policías de Emetra silbando acordes

de una sinfonía agitada después del trabajo

no hay Triphop que calme mis ansias

ni Afrobeat que disipe la rabia en mis colochos

sentado voy solo

en el asiento del Fiat

que cada vez se hace más viejo

mientras los hombrecitos

del Peugeot de al lado

tocan sus bocinas como hienas furibundas

y un Mazda me da paso

acelero

me hago a un lado

un camión de helados

lanza fuego porque no doy vía

no quiero dejar pasarlo

quiero llegar a tu Electro

a tu Bossa Nova cósmica

en el Transmetro van silentes

todos los pasajeros que parecen sombras tristes

espectros de otro día mutilado hasta la médula

yo quiero estar a tu lado

bailando Cut Copy o Depeche Mode

hasta que el sol inunde nuestros ojos

después de una noche de Deep House

zumbándonos las zapatillas grises y

los ademanes torcidos

por la lenta caracola

que es el deseo gimiendo espasmos

en nuestras tibias nervaduras



Oh nena

quisiera escribirte algo solemne

contarte por ejemplo

que todo va a estar bien

después de este tráfico insolente

que no hay rola de Soda

en la que no te apriete a contra recuerdo

o que en la voz de Alex Turner

encontré tu risa dormida el otro día

pero el tráfico es mortal

y es mordaza como una serpiente enajenada

de luces y conos y bocinas

me desespero en grupo

pero voy solo en este infierno de pedales sin vino tinto

busco un cigarro

apago el radio

veo el celular

volteo al Toyota

de mi derecha

me saca el dedo

me manda al diablo

quisiera detenerme

y esperar que tu risa ilumine mi noche

apenas son las 6

y tengo que terminar unos pendientes

ordenar mi ropa

fumar cigarros

intentar dormir

con el brillo de tu ausencia



Oh nena

quiero llegar a casa para escribirte

para poner el nuevo disco de Beach House

y encerrarme en naderías

donde el bien y el mal no existen



¿Estás ahí? ¿Sigues leyendo este delirio?



Yo voy a 4 kilómetros por hora

y la voz de Waze me desespera

quiero descansar

y empezar a editar mi nuevo libro

que debo entregar a finales de septiembre

no puede ser que el tráfico de la hora pico

pique nuestros sueños y los consuma

no puede ser que la felicidad

esté atrapada en un recuerdo

de días y canciones olvidándose

no puede ser que estas palabras

poco a poco

se desintegren

con el mejor Shoegaze o el Dream Pop

que sólo tú me conoces de memoria



Ya crucé La Reforma

y el diluvio de policías

es una diatriba anestesiada en furia

si nadie llevara prisa

podría jurar

que todos se bajarían de sus carros

a somatar sorpresas con caramelos agrios

sobre sus cascos oficiales

voy llegando a La Séptima

enciendo el radio

pongo un disco que grabé

hace unos días

2 canciones de Arcade Fire

1 de Bowie

3 de The xx

y ya voy cantando

estoy a pocos metros de mi casa

y todo parece un infinito indeleble

de prosas paciencias y poemas



La lluvia cae

bajo por la rampa

estaciono el carro

y empiezo a escribirte

como un desesperado

en el bloc de notas del teléfono

al mismo tiempo

una canción de Nick Drake

irrumpe con su risa teórica

son las casi 7

y después de una hora de cruzar los dedos

y surcar los mapas de la ira

puedo decirte:



no puede ser que la felicidad nos dure tan poco

tan poco puede ser que la felicidad nos dure no



y así hasta que vuelva a verte

en mis sueños donde existes.
 

sábado, 8 de agosto de 2015

11FIPQ: La poesía es maratónica




Entonces me puse a pensar lo que significa ser poeta en una época delirante y veloz donde lo efímero (y no lo permanente), es lo que prevalece a través del tiempo y la distancia. Hablo de la voracidad de un Like, un Retweet o un Share que nos ha convertido en presa fácil de la inmediatez y lo mundano y popular y otras tantas cosas. Eso que irremediablemente nos provoca y nos mueve el mundo egoísta. Ese show. Esa cadencia virtual. Ese sazón cibernético. Esa dependencia. Esa sonrisa efervescente en el rostro.

Pero no. La poesía es algo que prevalece y no se puede explicar con palabras, ni versos, ni libros impresos, ni recuerdos, ni ni mierda. Eso está claro desde hace siglos. No hace falta que René (de Calle 13) o Rimbaud (desde hace 150 años) nos grafiquen esas tibias y vastas coordenadas. Ya las sabemos. Por eso las cantamos. Por eso repetimos los versos.

Por eso celebro que la poesía sea un orgasmo sabrosón, una eyaculación compartida y un squirt delicioso que todo lo puede y contiene. Por eso celebro y venero a todos los que crean que la palabra es algo que debe rebelarse y salir a las calles, a las cárceles, a las universidades, a los nichos donde la palabra es minoría y hasta ha quedado olvidada. Por eso celebro lo que sucede en Xela a cargo de la Asociación Metáfora.




El Festival internacional de Poesía de Quetzaltenango me ha enseñado muchas cosas. Muchísimas. Por ejemplo: La intimidad desde su fuerza primaria, ante todo. Luego la humildad desde su razón de ser. Y además, no creo estar solo en este camino. El FIPQ nos ha dado cobijo a muchos y muchas que nos hemos involucrado en esta celebración a la palabra a través de los años (el FIPQ cumple once la próxima semana).

Por todo eso que nos ha dado el FIPQ, se me ocurrió unir esfuerzos con Vueltegato Editores, Lobo Negro Records, CREA y Work and Feeling para hacer un Minifestival de música y poesía en SOMA (ya saben donde). La idea es sencilla: un festival con varias bandas de música y lecturas de poesía por más 6 horas.

El minifestival: Maratónica. (#MaratonicaFest)

Las bandas: Humus Fuga, Ishto Juevez, Kin, Jonathan Carrion, Cosmopoli Jet, Maury & Los Futura Project y Diéresis. Un bonito chirmol-remix para pasar un sábado chilero desde algo ligero hasta algo pesadón.

Los poetas: Alejandro Marré, Daniela Castillo, Luis Méndez Salinas, Carmen Lucía Alvarado, Javier Payeras, Juan Carlos Lorenti, Pep Balcárcel, y más.

La entrada: Q25 que van completitos para apoyar al 11FIPQ.

Dicho todo esto no queda más que invitarlas e invitarlos al purrún.

¡Nos vemos más tarde!




viernes, 10 de abril de 2015

THE DOORS (primera parte)

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 10 de abril del 2015.




Hace un par de noches volví a ver el fascinante documental «When You’re Strange» que cuenta la verdadera historia de The Doors, no como aquella película de Oliver Stone en la que un Val Kilmer, borracho y arrogante, sostiene a un pavo por la pierna y lo besa y abraza minutos después que Pamela Courson, en su mal papel interpretado por Meg Ryan, olvida sacarlo del horno en una fiesta tostada en acetatos, amigovios y LSD.

El documental es narrado sutilmente por Johnny Depp, y a lo largo de casi dos horas, hilvana el recorrido fugaz de los californianos a través del brillo de sus cinco discos y la mística emblemática de un Jim Morrison derretido por la poesía, atormentado por la fama y obsesionado por la teatralidad.
Lo pueden encontrar en YouTube y disfrutar de un collage fílmico con imágenes de conciertos y grabaciones hasta antes inéditas. Es una joya que vale la pena ver junto a otras lecturas como la biografía «No one here gets out alive» y el libro de poemas «The New Creatures», que pueden descargar en PDF o conseguir por Amazon en versión digital.



 Mi pasión por The Doors empezó de muy chavo. Catorce o quince años quizá. Por Jim conocí la poesía de Baudelaire, Rimbaud, Blake y el pensamiento crítico de Nietzsche y Aldous Huxley. Digamos que Jim fue el encargado de iniciarme en la poesía francesa y en la escritura con imágenes. Gracias a mi viejo pude conseguir todos los cedés de estudio y uno que otro libro con poemas de Jim.



La música de estos cuatro señorones me ha acompañado desde hace mucho tiempo y, sin negar su influencia, han sido una pieza relevante en mucha de la música que escucho. Intentar nombrar mi disco favorito de los cinco es algo casi imposible, pero podría quedarme con Strange Days y L.A. Woman, dos bellezas que todo aquel que ame la música debe tener.

El otro día, platicaba con un compañero del trabajo sobre lo importante que es encontrar y nombrar a los personajes que han marcado tu vida. Si me tocara nombrar a tres, de seguro Jim estaría antes que Basquiat y Bukowski.

¿Y a vos, quién te inspiró a hacer lo que hacés?

viernes, 11 de julio de 2014

FILGUA y el oficio valiente de susurrar libros

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 11 de julio del 2014.





La Feria Internacional del Libro ha sido un refugio luminoso para los artesanos de la palabra. Escritores, editores y libreros amasando esa consigna que resulta ser la literatura y sus variantes más exquisitas. Todos reunidos en un festín inevitable y constante que dura diez días, y que todo lo puede, y que poco lo manifiesta, y que pocos realmente lo visibilizan.

Pero no nos pongamos negativos. La producción editorial de los últimos años resuelve, y plantea, una postura fascinante entre los aparatos de lectura y los esfuerzos colosales de los empresarios del papeltinta. Tres ejemplos clarísimos y bien agradecidos: Editorial Cultura, F&G Editores y las editoriales alternativas.

A ver, vamos por partes.

Editorial Cultura, que a través del esfuerzo colosal de su editor Francisco Morales Santos, nos ha planteado un panorama valiosísimo de la literatura nacional de los últimos diez o doce años. Autores nóveles, Premios Nacionales de Literatura y autores de la Guatemala comprometida figuran entre su fabuloso catálogo con libros que van desde la poesía novísima hasta colecciones imprescindibles de la narrativa breve contemporánea.

Por otro lado, F&G Editores, al mando de Raúl Figueroa, nos brinda una delicia de títulos que atesoran lo más apreciado y diverso del panorama literario nacional: Carolina Escobar Sarti, Javier Mosquera, Marco Antonio Flores, Rodrigo Rey Rosa y Gerardo Guinea son algunos de los autores que figuran en sus distintas colecciones; haciendo de F&G, la editorial con más títulos y propuestas entre todos los stands de FILGUA 2014. Sin lugar a dudas, la labor que Raúl ha tenido como editor y visibilizador de la literatura nacional es imprescindible. Se aplaude el esfuerzo.



Por último, y no menos meritorio, se encuentran las editoriales alternativas o independientes. Acá es donde se pone buena la cosa. La primera que me viene a la cabeza es Catafixia Editorial, dirigida por los queridos Luis Méndez Salinas y Carmen Lucía Alvarado, quienes se han dedicado a una labor titánica de publicar y republicar manuscritos imprescindibles para la Guatemala lectora del presente. Entre sus joyas: Antologías de poesía latinoamericana y libros valiosísimos de autores contemporáneos. Con más de 60 títulos publicados su presencia es vital en el gremio editorial, y eso ha quedado muy claro. Inclusive, lo conversábamos hace unos días en un foro vía Streaming que realizó Yaakun TV y Work & Feeling en línea, en el que participé junto a Luis y Carmen (Catafixia), Mishad (Alas de Barrilete) y Alejandro Marré, respondiendo a una serie de preguntas que se hicieron vía redes sociales. El experimento fabuloso. Una serie de apuntes hablados convertidos en verdades sin tiempo ni horario.

Acá les comparto en enlace: www.socialyaakun.com/tv





Esto último me trae a La Valiente, este movimiento que ha encontrado su cauce y su mística en la integración de muchos proyectos editoriales actuales, en los que la idea es apostarle a las minorías y al esfuerzo colectivo de los implicados. Libros hechos a mano, revistas de diseño, folletos poéticos con editoriales pequeñas y libros autogestionados que se suman a este movimiento que busca una sola cosa: la lectura.




Así que si andan por FILGUA este año, no se olviden de visitar el stand #027, que será el recinto donde las voces más valientes de la literatura guatemalteca actual, surgan y resurgan, planteando una posibilidad inmensa de títulos de editoriales alternativas como Ediciones Bizarras, Alas de Barrilete, Editorial X, Sin Tecomates, Alambique, y claro, Vueltegato Editores, el pequeño proyecto editorial con el que he publicado más de quince títulos de autores distintos.

¡Sean Valientes… y disfruten de este viaje que es la lectura!

viernes, 27 de junio de 2014

POECLÉCTICA es valiente

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 27 de junio del 2014.




No sé en qué momento me aburrí de las lecturas de poesía.

Quizá fue la condensación de formalidades y la solemnidad lo que terminó por desencantarme de todo ese rollo ceremonioso. A lo mejor mi devoción por poetas como Ginsberg, Morrison o Lou Reed fue lo que me indujo por el camino performático (y polifónico) de la poesía escénica. No lo sé, pero a consecuencia de ese aburrimiento y la fascinación que tengo por el IDM (Inteligent Dance Music), una larga lista de tracks empezaron a martillar todos mis intentos de escritura para empezar a balbucear armonías y teclazos estridentes en los programas de audio. Aphex Twin, Mike Paradinas, Autechre, System 7, Squarepusher, LFO, The future sound of London, DJ Spooky, Proem, Brian Eno, Flying Lotus, Ryoji Ikeda, Andy Moor, Apparat y James Holden han sido algunos de esos motores detonantes.

Así, poco a poco, fui dejando las aburridas presentaciones con inmensas epígrafes y agradecimientos epistolares hacia el culo solemne de la poesía, para adentrarme en una lectura “ambient” que nombramos con Alejandro Marré y Federico Franco en el año 2010: «Poecléctica». La presentación quedó chula y sintió rico entablar un diálogo íntimo entre poesía, música y ritmo.
Después de esa primera vez detrás de una computadora, un micrófono y un megáfono todo parecía distinto. Más espectral. Más relajado. Pasaron los meses y a la jugada se sumó Alex Hentze, un excelente productor (y DJ) que le añadió profesionalismo y sonoridad alucinada al proyecto. Eso nos llevó a otro nivel de lectura y estructura. Tanto así, que meses después nos presentamos en un festival de arte junto a músicos invitados tan solo para implorar la potencia y el fulgor que tienen la poesía y la música electrónica. Tocamos por más de una hora en una jaula de un sótano antiguo, y al parecer, al público (y a los poetas) le siguió gustando.




Después de algunas presentaciones más, Alex zarpó hacia Argentina en un viaje por más de dos años. El proyecto, entonces, lo asumí con creaciones propias y otras prestadas, para amalgamar el aullido del poema con la voracidad de la música electrónica nueva. Visuales, loops, grabaciones y músicos invitados se sumaron al festín poético. Y bueno, después de dos años de no compartir escenario con Alex, por fin nos volvemos a reunir. La “lectura” o “concierto” será mañana dentro de la agenda del festival de libro La Valiente. Esta vez se sumó el talentosísimo Renato Barrios (del Colectivo Oniroide) para aderezar la parranda con sus visuales alucinógenos. Están muy invitados e invitadas, sobre todo si les apasiona la música, los píxeles tremendos y el susurro textual a quemarropa.

La cita es a las 6:30 en la Alianza Francesa. Además, media hora antes estaré “re”presentando mi libro Stereo Offset junto al dandy Juan Pablo Dardón. Así que la celebración se viene doble, digo, en estéreo.

lunes, 31 de marzo de 2014

ELE MIGRANTE

Fotos: LA ERRE y Carlos Alomse
«Quiero la vida como es», Ishto Juevez.

Hace un par de semanas -con un texto que hablaba de la felicidad y otros delirios- acompañé a mi camarada de vida, Ishto Juevez, en la presentación de su disco ELE MIGRANTE.  Todo bien. De lujo. Una noche hermosamente bien hilvanada por artistas y músicos amigos. La idea era celebrar su disco a través de una presentación llena de teatro espontáneo y sonidos funky. El lugar: LA ERRE. Ahí, en ese espacio que lo celebra todo. Una noche bien, como nos gusta, con casa llena y bebidas sin freno.

Eso me hizo pensar que al final, después de los finales, solo quedarán un par de buenos amigos sinceros, un poema de Pound o Panero rondando en la cabeza y una resaca que todo lo reconstruye -como un Ave Fénix infinita-. Todo lo demás, solo desaparece.



viernes, 14 de marzo de 2014

POEMA PARA MORRISSEY

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 14 de marzo del 2014.




Los días
se repiten
como meteoritos dulces y sin órbita.
Se cansan y disipan,

se divorcian y acolochan
sobre almohadas tristes
donde duermen,
junto a una canción
lumínica y poderosa
que los salva
poco a poco.
Luego llega
el tibio alucín:
la rabia, el enojo,
el estruendo, el odio,
el amor desde la monotonía
de los vecindarios, los ritos, el adiós.
Todo se desintegra a cuentagotas.
Todo es un Titanic inhalando icebergs,
parafraseos, dudas, sueños, quimeras.
Nada,
nada volverá a ser lo mismo
después de una madrugada
anestesiada en lisérgicos.
Nada volverá a brillar
como antes,
ahora que todo es una arritmia
de decesos y un solo de guitarra
ensimismado, crispando diablos
y flotando en el aire turbio de la memoria.
El poema, digo, tu risa es una estrella
cayendo bocabajo. Triste, sutil, ligera, solemne.
Lo mejor será borrarlo todo y empezar de nuevo.
Con un peinado raro y una camiseta y un walkman.
Delirando bicicletas en verano y ocio y pavimento.
Entonces olvidarnos no será fácil,
será una lección ensangrentada
donde nos romperemos los puños
a cada rato, con cada estrofa mal cantada.
Y los símbolos oscuros de la desdicha
nunca volverán a alcanzarnos. He dicho.
Bajo el sol infernal de una tarde de marzo.

viernes, 28 de febrero de 2014

CARTA A CERATI

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 28 de febrero del 2014.
Reeditada




No es nada personal, querido, pero empezaré esta carta con la frase: «Ya tu música hizo efecto. No la extraño». Quiero decir, tu música ya es mía, ya es de todos, ya está en todas partes y habita cada rincón de la sinfonía latinoamericana. Para qué darnos pajas y pretender que tu ausencia ha sido un eclipse sonoro, una estratagema solemne, un maullar de gatos en la oscuridad, un coma infinito que solo nos dejará "colochos recordados". ¿Para qué?, para qué seguir en eso.

Mirá, te lo pongo fácil. Vos lo sabés, claro, porque vos lo sabés todo o casi todo. Vos sos la luz que nos ilumina musicalmente, ese presagio. El sol armónico. La metáfora perpetua. Eso.


Desde que crecí con Bosio, Alberti y vos (Soda Stereo), sentí una furia en la ciudad de mi furia y todo lo demás fue exceso, ruido blanco, una especie de temblor y mal de alturas y otros tantos espejismos salvajes. Vos fuiste y seguirás siendo nuestro Robert Smith, nuestro Jim Morrison con acento y mate y "estilacho". Escribo esto desde el fondo de mi corazón porque pienso que nunca he sido un discípulo digno, un buen copiloto de todos tus discos, ¿por qué?: porque arribar en la sonoridad de los genios siempre requiere un riesgo y un vértigo alucinógeno que profunda en la belleza infinita que tan fácil nos pierde. Y bueno -además-, porque sos un tobogán sin salida, una catapulta sublime, una verdad sin prisa ni olvido que es fuego de estela constante e infinita. Eso sos, compadre, un infinito aletargado en la eternidad del cosmos y sus diásporas hermosas, y ansiosas, por un estruendo auténtico que te sale tan fácil.

Con todo esto quiero decir que sos una plegaria, un altar, un volcán lumínico, un Bach componiendo música en lisérgicos. ¿O no, querido? No me mintás. Vos sabés que es cierto. Con perdón a Chopin y Wagner.



De repente te escucho arpegiando a Spinetta y sé que son de la misma "calaña", la misma rabia, el mismo barrio, el mismo ruido blanco, las mismas drogas fuertes, el polvo, la misma nicotina adormecedora y el mismo bailongo trasnochado.



Pero eso sí, querido, hay algo que aún no entiendo: ¿cómo tu ska primerizo argumentó tanta rabia inocente en el «Colores santos» con Melero, y además, después en «Bocanada» lograste esa estampida sonora en la que flotás, como pez salvaje y dulce y taciturno del «Amor amarillo» o «Siempre es hoy», con toda la melancolía de «Signos»?

Eso nunca lo entendí. Te lo confieso.

Pero siento, eso sí, que poco a poco lo entiendo cada vez que escucho tus «Episodios sinfónicos» a todo volumen en mi memoria de los viernes y sus etcéteras. Así que bueno, gran querido, dejo mi estupidez a un lado para decirte que admiro y respeto toda tu intensidad y tu vida. Y que bueno, «Signos» junto a «Ruido blanco» son un regalo para la humanidad. Al igual que «Sueño stereo».


Y así, como te sigo agradeciendo, también me acerco a vos (casi llegando al borde de la vida y la madrugada y la muerte y la metáfora) -pues, como un ángel eléctrico, vos sabés-. Entonces, brindar también por Ian Curtis, Horacio Quiroga, Alfonsina Storni, Andrés Caicedo, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, Mayakovsky, Foster Wallace y Hemingway no me parece nada mal. Bueno, vos lo sabés mejor que nadie. Incluso mejor que Hunter Thompson.


Así que, para despedirme, te deseo el mejor de los descansos y los viajes (esa resaca en paz bien merecida que es aguantar la vida). Andate ya. Este mundo es una mierda y no vale para nada la pena. Mejor saludame a Lennon y a Barrett de mi parte.


Te abrazo. Te celebro a diario.


Tu compadre.



viernes, 16 de agosto de 2013

POLAROIDS MUSICALES 6: Rarezas

Siempre seremos raros, ad infinitum.
Fuck Buttons, These New Puritans, Jenny Hval



Hace una semana –sin medir siquiera la ofuscación que esa palabra puede provocar en las redes sociales–, me denominaron “raro”. La verdad, nunca me he considerado lo contrario, pero tampoco es para tanto. Quiero decir, toda mi vida he hecho cosas raras o estúpidas, a discresión de lo que la mayoría opina, y al decir esto, no cabe la menor duda de que muchos de los que conozco también son “raros”. Ojo: Raro no es sinónimo de estúpido, ni tampoco de loco, aunque en la rareza hay algo de ambas cosas y de ninguna.

En fin, “raro” es un término que puede estigmatizar y estimular a peroratas rudimentarias que no nos conducirán a nada, más que a confabular –elitista y peyorativamente–, contra los menos “raros”, los menos excéntricos, los menos originales, los más conservadores en todo caso. Pero a ver, intentemos definir dicha palabra, ya que en algunos casos aún provoca malestar y agravio, siendo éste hasta un insulto o un halago. Por otra parte, basta con buscar imágenes en Google con la palabra “raro” y una serie de acotaciones dispersas aparecen en la pantalla provocando extrañeza, disgusto, sinsabor y valga la redundancia: rareza.


A ver, les cuento. Hace una semana estuve como invitado en una presentación que se tituló “Rareza #4, sesión poética de reguetón”, a la cual muchos dejaron de asistir, extrañamente, por su rareza. La intención de la actividad era reunir –armoniosa y estilísticamente– la poesía con la furia silábica y sexosa del reguetón. Es decir, leer a Daddy Yankee o El General al mejor estilo de los poetas franceses del siglo diescinueve. Creando así, una fusión entre lo popular y lo culto, que dio como resultado algo lúdico y menos presuntuoso. La actividad, a mi criterio, resultó todo un éxito, tanto así que ya estamos preparando la segunda parte en conjunto con LA ERRE y Revista Rara; pero esta vez con José José y El Buki como ejes principales.

VIDEO 1
VIDEO 2


Todo esto me hizo pensar en que siempre he sido una persona rara en el amplio contexto de la palabra. Es decir: No me gusta el reguetón, pero sí los poetas suicidas y tremulantes de la Francia decadente. Además, desde niño, siempre me gustó coleccionar y catalogar a los juguetes por nombre, color o marca. Tenía repisas donde colocaba los carritos por color y número de pasajeros (eso es bastante raro y obsesivo, pero sobre todo raro). Luego, en la adolescencia, una obsesiva maraña de gustos me llevó a experimentar con lecturas de todo tipo, sobre todo las filosóficas que estaban muy por encima del promedio: Nietzsche, Foucault, Canetti, Derrida, Chomsky. Autores raros, totalmente opuestos a las lecturas de sociología, superación y modernismo costumbrista que daban en el colegio (eso sin lugar a dudas, marcó un antes y un después en mi vida). Ya de universitario, mi “rareza” me llevó a coleccionar diversos objetos como libros, postales, pines, discos, piedras y otro montón de estupideces. Pero bueno, no nos pongamos raros, todos tenemos una carpeta porno y más de algún secreto que nos hace ser raros de “a de veras".



Si vos sos rar@, y estás leyendo estas palabras, quiere decir que querés llegar al fondo del asunto. Como sabés, mi idea en este espacio es hablar sobre música o reseñar discos, y eso, querid@, es lo que importa. Entonces hablaré de música rara para no ser redundante. Música que seguramente no encontrés en la radio, ni mucho menos en los bares o en los espacios dedicados a la música comercial.

Te lo pongo fácil: Tres discos raros de este año. Voraces y hermosos, pero raros.

IDM, Drone, Post-Rock, Art-Rock, Avant-garde; esas terribles bellezas y rarezas irremediables. Los tres hilvanados por literatura: una crónica, unos fragmentos en prosa y un relato breve, todos escritos en tiempos raros (pasados) de mi vida. Nada fuera de este mundo. Música rara y textos raros, inéditos, como sea.

En fin, ya que estamos hablando de gustos raros y vos me entendés, levantá tu copa y brindá conmigo por nuestra rareza. Salucita. Que la rareza nos trence en la lectura y en la música de una vez por todas.

¡A “rarearse”, he dicho!




FUCK BUTTONS: Slow Focus

Disco obtuso, recién salido hace unos días. De esa música que te parte en dos el oído y te perfora poco a poco con sus reverbs y sus sonidos toscos. De mis discos favoritos de los últimos días. Es enérgico, meditabundo y completo. Un discazo para escucharlo detenidamente. Experimental y melódico. Ruidoso y vertiginoso. Si bien la música es un zumbido de otra dimensión, este es el disco perfecto para cruzar el universo en un viaje de agujeros negros y floribundias melodiosas. Si sos lo suficientemente raro, este será tu disco favorito del año. No hay duda que estos dos chavos ingleses están inventando un nuevo género. Quisiera verlos en vivo, pero ya veré a Atoms for Peace dentro de poco.



A Brenda le encantan las drogas, sobre todo el ácido y la coca. Aunque es por épocas, porque a veces prefiere los hongos y otras veces solo fumar mota. El trago no la entusiasma mucho, pero el último año ha cursado la maldición de tomar todos los fines de semana hasta ponerse tremendas papalinas y borrar casete. Ya no recuerda cuando fue el último viernes que pasó sobria. Sus viernes y sábados han sido: vodka, cerveza, cocteles preparados, tequila, güisqui, ginebra; de todo, menos ron, porque esa mierda apesta. Sus domingos: Una resaca incurable que poco a poco se ha vuelto familiar y cada vez menos esquiva. Modorras en el cuerpo, temblores en la quijada, mareos, sed, cansancio, sudoración, malhumor, depresión, culpa, hastío.


Cada viernes, después de las aburridas clases de la aburrida carrera universitaria que estudia, maneja rumbo a su apartamento, que le heredó su tía y donde vive sola desde que cumplió los veinte, ahora tiene veinticuatro. De la U sale a las siete en punto del Edificio de Arquitectura, y a las ocho menos veinte, estaciona el New Beatle frente al portón de su casa, que hace algunos días manchó con aerosol y esténcil después de una madrugada en lisérgicos.

Regularmente la acompañan Rodri o Alejandro, dos amigos de la U a quienes también les encanta meterse drogas y bailar música electrónica hasta entradas horas de la madrugada. Alejandro, es un experto haciendo micheladas, lo que supone que es él quien debe aguantar la parranda y estar de pie, o al menos más lúcido y menos tembloroso, para preparar ese delicioso elixir que vociferan urgidas y trepidantes, las lenguas sedientas de toda resaca. Rodri, el más pequeño de los tres, es DJ y además, un ejecutivo exitoso. Los tres pareciera que fuera inseparables. Son la piedra angular de la fiesta. El triunvirato del exceso. La santísima trinidad alucinógena.


En fin, lo que hacen los fines de semana es simple.

La travesía comienza el viernes, justo al salir de clases, a eso de las ocho de la noche. La mayoría de las veces se reúnen en casa de Brenda, otras veces ella los alcanza en algún bar de la Zona Viva después de arreglarse y plancharse el pelo. Ya para eso, Rodri y Ale ya andan cocteleando en algún afteroffice de algún rinconcito de la ciudad. Cuando no es así, y están reunidos en la salita del apartamento de Brenda, todo va más sencillo: Encienden un purito de mota o hash, y se sirven cualquier cosa de beber, regularmente cerveza o vodka con jugo de naranja. Ven tele un rato, bromean, escuchan música, se abrazan, llaman al díler y piden juguetes suficientes para divertirse en lo que dure la parranda: MDMA, colmillos de coca, puritos de DMT, papeles, ajos, pepas, cualquier cosa “luminosa”. Después de meterse algo, llegan a algún bar y fuman y conversan sobre muladas de la U o el trabajo. Brenda, regularmente se encuentra con conocidos de la firma de arquitectos donde trabaja por las mañanas, así que es posible que terminen rodeados en un grupo grande de personas disímiles y contradictorias. Otras veces, son sólo los tres contra el mundo. Ahí no cabe más nadie.

Beben, bailan, se meten llavazos en el baño, caminan, miran el cielo, cambian de bar por algo más movido y se entachan en menos de media hora. Los ritmos los hacen ir y venir de un lado a otro: deephouse, progressive, minimal, electro, nada que tenga coros porque eso contamina el ambiente sonoro de la fiesta. Tampoco nada de cumbia, porque esa mierda es muca y además, está de moda.

Regularmente los bares y los clubes cierran, y ellos, más prendidos que arañas a sus telarañas, parecen buscarle fin a los colmillos y a los envases de cerveza extranjera. Cuando la policía los hostiga, cambian de ambiente o se van directos a un after. A veces el after es en casa de Brenda. Abundan los escotes, la música ruidosa y las risas de madrugada. En algunas ocasiones Brenda se lleva a más de algún desconocido al cuarto. Se lo agarra, o a veces sin mayor preámbulo, se lo coge, a secas. Otras veces le gusta calentar a los chavos, quiero decir, dejarlos “duros” y ganosos. A veces, también, le gusta andar sin blusa y no hay más de alguno, caliente y macho, que se la quiera llevar al cuarto al menos para meterle mano. En sí, nada nuevo, todo lo que puede ocurrir en un after: drogas, música, pláticas tontas, deseos vertiginosos, a veces cuentazos.


Así, después de todo desmadre, llega la mañana y con ésta, el medio día del sábado con sus monchis y su resequedad ostentosa. Hay una urgencia por querer salir a campo abierto, y Brenda, que está más enfiestada que Jim Morrison en aquél concierto en el que lo metieron preso, propone seguir la fiesta antes de que el cuerpo pida descanso y aburrimiento. Sin más, llega la tarde, la noche y el goce. Brenda y sus amigos deciden llamar al díler por más drogas y se colocan otra papalina, llena de sicotrópicos y viajes legendarios hacia la madrugada. Una manera de sobrellevar la vida y el sufrimiento. Pero bueno, eso es otra historia.

Lo que le gusta a Brenda, por sobre todas las cosas, es saborear las drogas y caminar al borde del exceso. Nunca se ha inyectado o ha fumado piedra. Eso no. Eso es para mara bien loca que está trabada del coco, deseando morir en cualquier momento… a mí lo que me gusta es disfrutar la vida y sus colores. Eso me dice Brenda cada vez que viene a visitarme al siquiátrico donde estoy recluido. Sus visitas son lo máximo. Me dejan con un sabor sonoro en la punta de la lengua. No tengo otra manera de explicarlo.

El otro día, por ejemplo, llegó entachada y parecía bien contenta, adrelinada por el vaho suculento de la droga. Casi ni recuerdo lo que hablamos. Pero salimos al patio y nos tiramos sobre la grama a ver las hojas caer de los árboles. Parecían constelaciones y planetas, tipografías deliciosas de otra época cayendo sumisas hacia el irremediable y vertiginoso transcurrir de la memoria. Esa noche, soñé con satélites y radares, naves espaciales en las que viajaba con Brenda rumbo a XS-23, el planeta que habíamos visto caer cuando descansábamos sobre la tibia banquita por la tarde. Habían bicicletas aéreas, espirales incandescentes, estrellas fugaces, luces etéreas y mucho vacío.


Todo esto, me hace pensar que Brenda es lo único que tengo. El único lazo que me conecta con el exterior y la única sensación de paz para esta locura que me succiona y mata lentamente dentro del siquiátrico. Acá, todos parecen estar locos y enfermos de “algo” que no tiene nombre. La locura es una incertidumbre, un limbo particular, un suicidio lento. Los días pasan como lombrices bajo tierra, y su mirada, la de Brenda, cuando viene a visitarme, es el único rincón donde mis sueños y mis histerias por fin descansan.


A eso me refiero con que Brenda, el personaje de esta novela que estoy escribiendo, sea lo único que me hace recordar que la felicidad, la furia y el desenfreno existan. Todavía recuerdo aquel día en que nos conocimos y decidí ponerle rostro, cabello y manos. Ese día todo cambió para siempre. De eso hace más de dos años y esta novela nunca la termino, parece un viaje eterno de dulces y morfina. Una caja de cristal que en algún momento del trance estalla y se disipa.

Mi siquiatra me ha dicho repetidamente que escribir es el único remedio para mi locura. Me dice, también, que escriba todo lo que pueda porque es la única manera de no reprimir todo lo frustrado, y también, de aniquilar la rabia interna. Algún día, espero que sea pronto, terminaré de escribir estos apuntes y talvez, sólo así, pueda salir de estas cuatro paredes que huelen a humedad y encierro. Salir de acá significará mi nirvana, mi iluminación, mi cielo. El infierno de estar atrapado en este maldito laberinto me sofoca. Yo quiero ver la luz, pasear por la calle, subir a un teleférico, bailar música electrónica hasta que me caiga del cansancio.

Pero bueno, ya escribí suficiente por hoy, estoy agotado.

Brenda y yo, tenemos sueño.



THESE NEW PURITANS: Field of Reeds

Disco extrañísimo. Melódico, oscuro, aburrido y melancólico. Perfecto para escucharlo bajo la lluvia o en el auto. Sinfónico y especial. Mucho de Béla Bartók, Arvo Pärt y hasta de Yo la tengo. Mucho de exploración sonora. Mucho piano, mucho jazz, muchos coros y sonidos estrambóticos. Experimental y lleno de texturas. Letras confusas y tenues. De esos discos que odiás y no querés saber nada, o sencillamente, te apasionan. Salió hace un mes y al parecer la crítica les está aplaudiendo a este cuarteto de polifacéticos y locos. Antes hacían punk y ahora salen con esto. Hay que escucharlo detenidamente, y varias veces. Tiene tanta experimentación que por momentos cae, pero ojo, el disco se levanta poco a poco hasta convulsionar de rabia fonética. Recomenrarísimo. Es un exceso polifónico.





IX (fragmento de Prosac, inédito)

Soy prosa, verso, soy cualquier cosa. Sigo siendo un transcurso, una proeza efímera, una bocanada de humo, un conmovido recuerdo. Sigo siendo alquitrán fumado, volteado, inexacto. Noche oscura, rincón de arena, falo suelto. Veo pasar las nubes insólitas en regreso de días, horas, pausas. Todo es un vaivén de sexos. Sonoro remolino, temblor de agua, ola anémica. Cuando cierro los ojos soy florifundia epidérmica, güisqui fonético, temible memoria. Sigo siendo eso que aún no corre y fluye. Siego siendo prosa, verso, cualquier cosa. Triste y fulminante universo.


X (fragmento de Prosac, inédito)

Me puedo escuchar zumbando en el circuito cerrado de tu dermis. Puedo palpar tu tibia anorexia de sueños y promover festivales, de cine mudo, en la inevitable delicadeza de tu cintura o tu sexo. Las palabras me rebotan en el paladar de la urgencia, los líquidos me fluyen, ilícitamente, alrededor de los callejones de la tristeza. Tu sexo, vibrante y tempestuoso, se desenfunda entre mis miedos. Tu silueta se desmorona de adjetivos y verbos. Tu olor a espuma me invande. Nos hacemos los mártires entre el silencio de la noche. Nos hacemos los expertos sobre la perfecta horizontalidad de los sudores. Nuestras melenas se intrincan, nuestros anhelos se desvanecen como vacuos pasatiempos en desvelo. Hacemos ruido, hacemos textos como exégetas puntuales del momento. Nos destrozamos las alacenas de lo repentino, nos damos casaca entre las bofas risas del ceremonial cortejo. Te veo bailar, acrílica y térmica, quitándote el suetercito púrpura y las botitas de cuero. Te veo juntando los algoritmos de esta ecuación inconclusa. Te veo regresando la mirada entre el aire y moviendo las manos, inquieta y titubeante, sensual y eriza. Yo mientras tanto, te provoco un carmesí de símbolos y vuelvo a meter mis frías manos por debajo de tu falda. El mundo, sólo así, deja de ser mundo. La literatura deja sus letras y los fantasmas agonizan desde todos los aeropuertos. Las estrellas, se vuelcan sobre tu crucial primavera y somos dos, solo dos pulsiones, regalándonos soledades mutuas y tibios amaneceres sin rencores. Nos inquerimos las ropas, nos examinamos las quijadas. Nos volvemos a encontrar el rumbo errado de todos los confesionarios.

Peco en tu cuerpo de arena, niña. Peco en silencio. Voluntariamente peco.


XIV (fragmento de Prosac, inédito)

Hay algo tuyo que inunda las azoteas de mis soledades más anchas, más estrepitosas. Debe de ser tu risa, tus manos, tu persistente ir y venir que llena mis ojos de felicidad y silencio. Debe de ser la flameante catapulta de tu cuerpo, el exquisito cúmulo de paraísos que te rodean, la proximidad acaso, de mis cadavéricos infiernos con tus retóricos cielos. Mientras tanto, me mudaré a tu soledad, me tatuaré con sellos: tu inevitable tristeza. Llenaré este vacío con palabritas nueva. Conoceré mis últimas fronteras. Conocerás las tuyas. Migraré hacia tu costa, como un fantasma enamorado de la brisa de tu nueva fórmula. Viajaré por todos y cada uno de los caminos de tu vientre–patria. Me saciaré entre soledades compartidas, una y otra vez, hasta colmarme de tus nuevos recuerdos. Inventaré una lengua nueva, sumergido en tu naranja república del alfabeto. Nos olvidaremos del mundo, inmersos en esta nuestra isla de lepidópteras palabras desde el medio día. Te vengarás del pasado, así cómo nos olvidaremos de nuestros ancestros. Empezaremos de nuevo, niña, con cocos locos al unísono y con mucha bosanova sobre las melenas.

XVI (fragmento de Prosac, inédito)

Te espero con las ganitas en la chumpa y con el inbox de los días sumergido en tristes sinfonías. Te espero con la sonrisa más tibia por debajo de la manga. Te espero con la tibia mañana en la punta de los dedos y con las cicatrices del tiempo, adheridas a la bufanda. Te espero con la sospecha, de tener una metáfora sospechosa, guardada en la melena. Te espero con la pena, de no ser el correcto. Te espero con la nariz fría y la sudadera en timelaps. Te espero a mil-veinticuatro-ka-be-pe-éses rondando alrededor de la tibia simetría de la noche. Te espero con mi noche estacionada en la avenida de los recuerdos. Te espero con la mañana en las manos y con la sorpresa de los alfabetos al borde de un aeropuerto. Te espero con los miedos azules, con las ansiedades amarillas y la tonadita en repeat doliéndose las manos. Te espero a contratiempos cuánticos. Te espero. Te espero con la mirada en blanco, con mi arena negra y la tristeza guardada en una bienvenida. Te espero con todos mis excesos y con la soledad más trillada que una canción de moda. Te espero cuando lleguen las despedidas, y tristemente, nos abandonemos al silencio.


SÁBADO (fragmento de Arbitraria Muchedumbre, 2009)

de noche duerme el país con sus ignorantes felicidades
un plomazo
cruje en la profundidad etérea del silencio
pum
pum
dos plomazos
tres
cuatro
mi vida es este transcurso nocturno
esta inseguridad constante
soy este transcurso nocturno
soy un cuaderno
si

abierto
para dibujos de ciego


Irrumpimos la night con su dark azar al ritmo de los jadeos. Me encontré con pipol, nos vieron gesticular fonemas guait. Tres gramos de mirrous, novecientos megabaits de rocanrol y quince centímetros de selecta mit, nos sirvieron para entretenernos por el resto de la madrunight.

Me preguntaron qué has hecho, dónde, cómo, con quién, cuándo.

–No he ido al cine, dejé el trabajo, bebo mucho más, escribo mucho y leo poco –respondí todavía en trance, mientras apagaba el Motorola y me rascaba los testículos volviendo todavía del trance. “Muchá, por fin encontré la rola que quiero que escuchen con el poema que quiero que lean”, les dije, mientras empezaba a hacer cuentas de toditas las cosas que tengo por hacer durante la semana. Luego arreglé la cama, abrí el libro de Bowles, encendí un cigarro, pensé en el desierto y saqué las botellas vacías al patio. Sonreí sin ganas, pero también con ganas, de palpar en mis manos el aire del siguiente amanecer.

Quise vomitar en el baño, dos veces esta tristeza.


TIC–TAC
TIC–TAC
TIC
TAC
TIC
TAC
TAC
TAC
TAAAAC
TAAAAAAAAAAAC

ver pasar el tiempo
escuchar pasar el tiempo
sentir pasar el tiempo
no es recomendable
con mil caballos de fuerza en el corazón




JENNY HVAL: Innocence Is Kinky

Me encantan las chavas raras que cantan. Jenny es una de ellas. Muy Patti Smith, muy Björk, muy Siouxsie Sioux. Este disco parece no tenerle miedo a las grandes líricas y a los grandes experimentos de la escritura creativa. Es poesía, es estruendo, es improvisación, es abandono. Mientras el disco avanza, pareciera que la voz desafinada de Jenny se encuentra con su eje poético, y eso, justamente eso es lo que lo hace más raro. De esos discos que escuchás una sola vez o lo ponés de fondo para sorprender a tus invitados con música rara, muy rara. Es impredecible, maquiavélico, experimental y quejumbroso. De seguro te va a encantar. Yo lo he escuchado unas diez veces.




UNOS AUDÍFONOS VERDES

Dani sale de su casa sin mediar palabra. Irritada, triste, rebelde; cierra la puerta de un solo portazo. Sobre el hombro lleva una mochila típica, en la que algunos pines y parches de colores, dejan ver que aún cursa el último año del colegio. Dentro de la pálida mochila lleva varias cosas, sobre todo una: el eterno peluche que su abuela le regaló para un cumpleaños. Ese es su alivio, su amuleto. Dani parece estar enojada y triste, pero se concentra en la música que escucha de sus audífonos verdes; y todo el enojo, ése que siente desde el fondo de su pecho, parece disolverse con cada paso que da firme sobre la acera. Por un momento, pareciera olvidar la sangre que gotea insistentemente desde sus delgadas manos, y se deja ir, literalmente, hacia el zumbido de los audífonos verdes que escucha con hipnótico esmero.

Dani camina y camina, pareciera que la música le levanta el ánimo al punto que nada más importa, mucho menos la vibración del celular en la mochila ni la sangre que ahora le inunda la blusa, la falda y las calcetas amarillas. Las heridas parecen dolorosas, pero no le duelen. Dentro de su mochila aún lleva la cuchilla de su hermano, con la que dibujó dos largos y profundos barrancos sobre sus muñecas; pero Dani, no piensa en eso ahora, piensa en la música que escucha y todo parece olvidarse en un estruendo de armonías inverosímiles y paisajes oníricos. Puede ver un bosque a lo lejos, una luz, un pacífico riachuelo y una bandada de pájaros que le dan cierta paz, cierto alivio. Cierto descanso.

Después de varias cuadras, Dani cae al suelo, y ahí tendida, parece una tierna nota musical cubierta de felicidad y sangre. Al caer, los audífonos verdes se rompen y quedan esparcidos como recuerdos a lo largo de la acera. Inmediatamente la música se acaba y del otro lado de la calle, un perro ladra.

Un avión, desde lo alto, cruza el cielo. Una sonrisita se vislumbra entre sus labios y el tamborcito en el pecho, ése que hace unos minutos bombeaba infelicidades dentro de su cuerpo, deja de suspirar canciones y cede ante el oleaje de lo inmóvil. El celular, en su mochila, enlista diez llamadas perdidas y la tarde avanza, como un piano de Brahms o Schubert, sin caricias tercas y maltratos insistentes de un padre vociferante.

La calle, se inunda de monotonía y gente. Otro perro ladra en la lejanía.

Una nuba blanca, más blanca que la ternura, cruza el cielo rápidamente.




Columna quincenal publicada en Esquisses.