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viernes, 22 de noviembre de 2013

POLAROIDS MUSICALES: Aproximaciones a Reflektor de Arcade Fire

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 22 de noviembre del 2013.
Reeditada



¿Cuántas veces será necesario escuchar un disco para escucharlo bien? ¿Qué significa, realmente, decir que un disco está «bien hecho»? ¿Cómo explicar con palabras, que aunque hayan canciones «malas» en un disco, sirven para contrarrestar y complementar los sonidos del resto de canciones «buenas» del mismo paquetito? ¿Cuál es el criterio, justificado y solemne, para decir que todo importa tan poco en términos de arte; porque al final, todo es impulso, instante y olvido? ¿Cuánta música será suficiente escuchar, para escribir un texto, que al menos pueda interpretar lo que se quiere decir sobre lo que otros hicieron de manera distinta y en otra época, con sus dificultades y sus bondades tecnológicas? ¿Qué tanto valdrá la pena «hablar» de música?

Estas preguntas, y otras tantas, son las que me hago constantemente cuando escucho un disco nuevo. Y sí, Arcade Fire, los megadioses canadienses del Olimpo musical contemporáneo, no son la excepción.


Reflektor, su nuevo disco (y además doble), era el disco más esperado del año, y además, la respuesta a muchos de los paradigmas musicales que se plantearon los críticos de música después de discos como RAM de Daft Punk, AMOK de Atoms for Peace, Shaking the Habitual de The Knife o AM de Arctic Monkeys. Sobre todo, por la participación de James Murphy (LCD Soundsystem) como co-productor y David Bowie como músico invitado. Y además, por la coartada retrospectiva que suponía el disco.



 
Pero bueno. Les dejo estas interrogantes a la deriva: ¿Ya lo escucharon? ¿Qué tanto les gustó? ¿Será un Dark Side of the Moon, un Kid A, un Pet Sounds, un Revolver, un Talking Heads: 77, un London Calling, un Unknown Pleasures, un Highway 61: Revisited, un The Chronic, un Is This It?

Esta pregunta no tiene respuesta. Lo que fue, fue. Y además, es indeleble, pero también necesario. Eso es lo que importa. El instante. El presente. Este regalo.

Y bueno, Reflektor es un gran regalo para la humanidad.



APROXIMACIONES, EXCESOS Y MALOS HÁBITOS


Este es mi experimento sobre Reflektor: 69 minutos de escritura automática, experimental y crítica, al mismo tiempo que escucho el disco en tiempo real y tomo una botella de vino. A ver. Démosle «play», y que la música juzgue su efecto, pista por pista.
1. Reflektor: Disco. Mucho disco. Lo mejor de la música disco de finales de los setenta. Pero más Devo y Chic. Eso sí, la conexión vocal entre Win y Régine es impresionante. Un zumbido de baile, y percusiones escondidas (el mejor secreto de James Murphy en canciones de LCD Soundsystem) que se mezclan con una lírica punzante, meinstreim y esdrújula. Esto último, culpa de David Bowie, a quien me imagino bailando con su traje de Ziggy Stardust y muchos adornos glam alrededor. Las trompetas: alucinantes. El piano: puntual y donde debe de estar. Eso. Así es la presentación del disco, cada sonido está pensado minuciosamente. Algo parecido a Neon Bible y Funeral, dos de los mejores discos de los últimos diez años.

2. We exist: Funk, pero mucho más melodioso. La base rítmica del bajo es retórica y exquisita. Los coros: perfectos. Pero le falta algo, un no sé qué, una distorsión, un estallido amorfo. Lo mejor es esto, a partir del minuto cuatro todo fluye. Recuerdos new wave, grabaciones tenues, afloraciones de Psychedelic Furs, Yoko Ono y tantísimo más. Qué rica rola. Para hacer el amor, pues.

3. Flashbulb eyes: Dubstep, pero más tranquilo. Viejito, sucio, como pensando desde el futuro. Pareciera marimba lo que suena de fondo. Una explosión rítmica que me recuerda a mis mejores viajes de LSD o fumando hachís en San Pedro frente al Lago de Atitlán. Puro repertorio de imágenes.

4. Here comes the night time: Así es. La noche y su esplendor. La noche y su turbulencia. La noche y su jolgorio. La percusión pareciera sacada de una noche en el Caribe, en la playa más escondida, en la fiesta más básica. Pero eso sí, todo está cabal (culpa de James Murphy). Los efectos y adornos parecen gaviotas sobrevolando el mar. Me encanta. Es como indagar en raíces latinas (ya lo hicieron Los Amigos Invisibles hace más de diez años), que nosotros, los latinos, conocemos muy bien pero olvidamos. Yeah, Bowie de fondo. Qué rico. Pero acá va, de nuevo, después del minuto cuatro. Atentos. Es como una borrachera. Esto ya lo he escuchado y vivido. Helicóptero tremendo. Muy The Clash. Muy… The Clash, The Clash, The Clash. Hasta la voz de Win Butler suena tan parecida a la de Joe Strummer. Digo, hasta los chiflidos. Pasemos a otra.

5. Normal person: Suena a algo que conozco. Obvio. A algo que he escuchado antes. ¿Talking Heads? ¿Bowie? ¿Rolling Stones? ¿Billy Idol? ¿Brian Ferry? Bueno, no importa. La rola suena intensa y rica con distorsiones tipo The Strokes y sonidos tipo OK GO, Beck y tantas otras delicias. De lo que va hasta el momento, la más pesada… Uf, está sonando el coro. Me encanta. Lo pongo en mayúsculas: ME ENCANTA. Pesada, como las mejores canciones de Arcade Fire en sus discos pasados, pero insisto, con la genialidad de JM (James Murphy) detrás. Curioso: las mismas iniciales de lo mejor de lo mejor, quiero decir «Michael Jackson, Michael Jordan, Magic Johnson, Mick Jagger». Este disco es un homenaje al pasado, pero hecho desde adentro, como el maestro MJ lo sabe hacer. Lo mejor son los últimos dos minutos. Yeah.

6. You already know: ¿The Cure? ¿Lovecats?

7. Joan of Arc: Glam de los setentas, antes del progresivo y después del disco. ¿Cómo se llamaba aquel inglés? Mierda, no recuerdo. Bueno, a pesar de la intro, que es punk (The Voidods, The Exploited, etc.), esto suena a lo mejor de música de introducción de partidos de baloncesto gringo o hockey canadiense. En fin, no me provoca ni me mueve. Punto menos, o dos, o tres, o hasta cuatro. Gary Glitter es el compa, ya me acordé. Sí, aunque por momentos suene a una especie de tributo a lo mejor del punk oscuro, que es lo que quiero escuchar ahorita, porque me parece mucho más honesto, suena «bien», pero aburrido, digo, nada del otro mundo. Quiero quitar el disco y escuchar Sex Pistols, Buzzcocks, Dead Kennedys, Misfits, Television. Hasta prefiero escuchar Blondie y el último disco de Franz Ferdinand, que suena mucho más fiel al sonido típico de los escoceses.

8. Here comes the night time II: Ya me aburrí. Homenaje «híperrecontratardío a la música clásica y a la coral». Prefiero Portishead o These New Puritans.

9. Awful sound (Oh Eurydice): ¿Hey Jude con Velvet Underground?

10. It's never over (Oh Orpheus): Por fin apareció «el sonido de Arcade Fire». Digo, todo lo que he escuchado es un homenaje a la música vieja, una especie de viaje retro a través de James Murphy, a quien sí, lo admiro, porque LCD fue un proyecto (y una disquera: DFA) que le abrió las puertas a sonidos salvajes como Friendly Fires, Hot Chip, The Rapture, Yeah Yeah Yeahs, etc., etc., etc. Pero bueno, lo que importa es esto, que en esta canción suena lo mejor de Arcade Fire. Hablo del sonido de aquel memorable y hermosísimo: Neon Bible (su mejor disco), pero también a la intención (pop-folk-indie-barroca) de querer sonar a algo mejor: The Suburbs. Un disco salido desde la «rebelión» y lo intrínseco que puede significar tener por héroe a Bob Dylan, David Bowie, pero también a Brian Molko. Pero bueno, no diré más que esto: Ódienme, No Cars Go, Wake Up y Rebellion juntas suenan mejor que todo el disco completo.

11. Porno: Obvio, otra canción retro. Digamos, lo más viejo (en electrónica) de Depeche Mode y Kraftwerk, desde la nostalgia más poderosa de James Murphy. Quien es el culpable de este manojo de sonidos bien elaborados y minuciosamente acoplados.

12. Afterlife: Otra vez el caribe. Qué rico. Pareciera que los canadienses, con sus inviernos mierdas y duros, decidieron pasar algunos meses en Puerto Rico o Las Bahamas, como en aquella sesión (excesiva y memorable) de los Happy Mondays, envueltos en crack, jachís y coca. Pero bueno, esta canción está chilera. Dan ganas de bailar y gritar. Pero otra vez, suena mucho a James Murphy, ¡mierda! No le quitaré el mérito de hacer de este disco una cosa salvaje, histriónica, genial y fundamental. Me gusta el sonido del tecladito de fondo y la guitarra distorsionada, los coros, la voz parecida a Bowie, la armonía. Pero sí, lo hablaba con mi crítico de música favorito (Pablito, tocayo como yo). Le falta algo. Algo tipo Morrissey (a quien Win Butler, canadiense como Tokyo Police y Fiest) quiere sonar. Pero no, querido, Morrissey es Morrisey. Y punto. Al final, me quedé a medias. Otra vez The Clash. Este disco es un homenaje retórico a lo viejo, a lo que realmente cambió la historia de la música. No Nirvana, no Sonic Youth, no Pixies. Pero sí.

13. Supersymmetry: ¿Dance Yrself Clean de LCD mezclada con Boards of Canada? Bueno, no importa. La letra está buena, también los coros. Y bueno, si son bipolares como yo, a partir del minuto tres viene lo mejor. Es mi favorita del disco, aunque un poco floja. «Gran finale» para un disco, eso sí, pero que aclaro, no significa el «mejor disco del año». ¿Existe eso de «mejor» o «peor»? Pero bueno, cada quien a lo suyo. Yo me voy a escuchar punk, digo, algo más honesto y no tan rebuscado. Esto fue una catarsis de música, y también, por qué no, una aproximación. Adiós.

jueves, 7 de noviembre de 2013

POLAROIDS MUSICALES: Música para barriletear


Así es, noviembre sugiere muchas cosas.

A ver, empecemos por lo evidente: finalizó el invierno, y ése malestar de deseos guardados en remojo, lo tiene a uno harto. Entiéndase bien: HARTO, en MAYÚSCULAS y negrita. Digo, para qué mentir. La lluvia será muy linda, y todo lo que quieran, es decir, trae esperanza, verdor, vitalidad y sobre todo agua -que siempre es necesaria–. Pero cansa. Nos nos dejemos engañar. Vivir en el trópico es atractivo y ventajoso, pero también es castigo, y diluvio eterno, y encierro obligatorio, y desesperación infausta, dañina, perenne, maldita.

Quiero decir: «Seis meses de lluvia, ¡ya son suficientes!».

Pero bueno. Volvamos a noviembre y a su infinito abierto, condensado, delirante, aterido. Es cierto, noviembre es un ventilador encendido, un celaje y una ventisca de puras melancolías. Pero también es un barrilete. Y una diáspora. Y una sentencia. Y un azul profundo. Y una bufanda lista para abrigar todas las formas de cariño entreabiertas y encubiertas.

No digo esto por afán poético, aunque noviembre, sí, lo pone poético a uno, aunque uno no quiera. Sólo basta con ver el cúmulo de signos que habitan al susodicho, digo, porque noviembre también es un cuarto lleno de fantasmas y un alarido de promesas olvidadas, de estaciones, sabores y aeropuertos. Aunque también, y en eso no quiero parecer enardecido, hay que recordar que el mes abre con el Día de Todos los Fiambres, y luego, con el Día de Todos los Difuntos, o los muertos, o las ánimas, o como quiera usted llamarle. A lo que voy, es que se celebra a la muerte, al Mictlán, al Tlalocán, al Xantolo, a Xibalbá. Y esto supone, despojarse de todo el presente por un solo día a través de ofrendas, flores y rituales. En otras palabras: sufrir, llorar, resignar, ofrendar, perdonar, olvidar y luego respirar.



Ese es el misterio de la velita encendida de noviembre. Rezar por la vida, por la sanación, por la sensación, por la humilde llama del transcurso, por el fuego interno que corre y nos corroe. Quiero decir, noviembre es para celebrar la vida después de la muerte, después de la tormenta, después del diluvio, después de los pijazos del año entero. Es perfecto para ir a los festivales de arte, de cine, para asistir a las presentaciones de libros certeros, para salir a la calle, para caminar por el parque, para viajar, para salir de la ciudad. En ese sentido, noviembre es hermoso. Es un recién nacido que ya sabe hablar. Es una palestra de conversaciones nuevas, de libros recién abiertos, de fiambres obstinados, de vacaciones esperadas, de abrazos desbordantes, de mucha piel y música para volar.


Por todo esto, y lo otro –lo que se descubre en ese intervalo de lo que dura una canción o lo que dura noviembre–, acá va una selección de seis discos para barriletear como usted quiera. Como se le antoje. Como se le de la regalada gana antes de que llegue el cueterío, y el tráfico, y los convivios, y las bombas de fin de año que todo lo ciegan y ensucian.



FRANZ FERDINAND: Right Thoughts, Right Words, Right Action
Disco hecho para lxs fiesterxs, lxs rocanrolers, lxs que les gusta el buen sonido postpunketo y el buen dancin a deshoras. Disco conciso y revuelto, con destellos de dance-punk y disco-funk, esos sonidos ya característicos de la banda. Can’t stop feeling, la arista más sublime, una mezcla de Donna Summer, Moroder y LCD Soundsystem. Puro ritmo. Puro ritmo. Puro baile. Puro placer. Además, tiene un segundo disco con pistas en vivo. Nada mejor que eso.


ZOÉ: Prográmaton
Disco suavecito y lírico. Hecho para lxs enamoradxs, los rxmánticxs, lxs posesivos, lxs intensxs, lxs que guardan las uñas y rompen las tuercas del amor en un abrir y cerrar de ojos delirantes. Arrullo de estrellas, Panoramas, Andrómeda y la de Shangai son el ejemplo. Espacial y sintético, amoroso y tierno como el Unplugged, pero nunca sicodélico, ácido y trepidante como Memo Rex o Reptilectric.


MOBY: Innocents
Moby siempre sonará a Moby, es una regla. Este disco, como toda su discografía, es para lxs tristes, lxs melancólicxs, lxs yoguis, lxs amantes de la naturaleza, lxs que sueñan una epifanía a través del gospel y la electrónica. Lxs que aman ver las nubes y el cielo. Lxs que destilan amor por la humanidad, y perecen, sutilmente, en su bipolaridad de seres solitarios perdidos entre la muchedumbre. Disco obligatorio para que truene en el carro. Sublime y melodioso como Play (con sus B-Sides), pero con más colaboraciones y menos eco.



BOHEMIO: Andrés Calamaro
Hace tres años tembló La Ermita. Hoy tiemblan los parlantes con el mismo sonido. Es un disco que revitaliza al Andrés que todos conocemos (Alta Suciedad y Honestidad Brutal), en el que deja los covers, los demos, las cumbias, los tangos, los boleros y todos esos adornos –bien logrados– que lo hicieron dejar por unos años el buen rocanrol. En pocas palabras, es un disco hilvanado con canciones básicas y juegos de palabras, típicos del Salmón dylanesco, que deleitará a lxs calientes, lxs enamoradizxs, lxs bohemixs, lxs bluserxs, lxs borrachxs. Una buena dosis de música selecta, exclusivo para fans del rock de Andrés. Rehenes, Plástico fino e Inexplicable, son las joyas que lo redundan. Pareciera que Andrés volvió a las andadas de madrugada y a las letras express, esas que se escriben en cinco minutos bajo algún estimulante.


PHOENIX: Bankrupt!
Para lxs poperos, lxs retro, lxs melódicxs, lxs que bailan punchispunchis pero también escuchan Timbiriche o Kraftwerk, lxs del bar al after, lxs de tachas y drogas de diseño, lxs que se persignan cuando suena una tediosa bachata, lxs que odian el reguetón más sucio pero lo bailan, lxs que sueñan con un mundo más limpio, lxs que alucinan con Empire of The Sun, Yo La Tengo y Arcade Fire. En fin, Bankrupt! se aleja de los sonidos de su primer disco, Wolfgang Amadeus Phoenix, pero reafirma con esta oda a los sintetizadores, y al new wave, el mejor pop hecho en Francia de los últimos años. Don’t y Entertainment lo confirman.


ARCTIC MONKEYS: A.M.
Este disco comprueba que la rebeldía del adolescente punketo, ya quedó atrás en Brian Turner y compañía. A.M. está lleno de sensualidad, delicadeza, equilibrio y precisión. Es un disco para lxs amantes del buen rock setentero, pero también, para lxs que huyen del fenómeno masivo del indierock actual, en el que todo es mainstream y bomba de terciopelo luminosa. Un lujo de disco, como lo he dicho varias veces entre amigos, perfecto para empezar con Fireside (carretera al puerto), y terminar con Knee Socks o Do I Wanna Know? sobre el colchón más cercano de los humedales.



Columna quincenal publicada en Esquisses.

viernes, 25 de octubre de 2013

SOMA: Un viaje musical

"..there is always soma, delicious soma, half a gramme for a half-holiday,
a gramme for a week-end, two grammes for a trip to the gorgeous East,
three for a dark eternity on the moon...”
Brave New World, Aldous Huxley



De nada sirve ir a tomarse unos tragos a un bar, abarrotado de música, y sorprenderte haciendo comentarios como: «Yo pondría mejor música», «Mirá, acá está mi iPod» ó «¡Qué hueva esa mierda!». Digo, para qué ir a un bar, si en el fondo no te sentís cómodo y estimulado por el ingrediente sonoro que te dosifican con cada cerveza o coctelito, y que además, pagás de buena gana. O a lo mejor, vos sos de lxs que tienen “cuello” y te ponen una que otra canción, o en el mejor de los casos, el playlist enterito. También pasa, que si hacés una petición o sugerís algo, te mandan de inmediato a la chingada. Y el bartender, irónico y caradura, te dice que su bar no es estación de radio. Entonces vos entendés. Tiene razón el tipo. Y después de meditarlo varias veces, decidís no ponerle mucha atención a la música. Pero, «¿cómo no ponerle atención a la música?». Eso no es de Dios. Yo no puedo. La música es mi cuadrilátero. Mi estrella. Mi mosh.

La mayoría de las veces que salgo de purrún, quiero estimularme con un buen listado de canciones. Un poco de esto, un poco de aquello. Sin embargo, las opciones se agotan cuando pienso en “un buen bar”. Hablo de un bar decente y fulguroso. Under pero no tanto. Cómodo pero no hippie. Selecto pero no tan caro. Barato pero higiénico. Alternativo pero no muco. Ustedes me entienden. Las opciones se reducen y nos quedan dos o tres, que son los que regularmente frecuentamos. A mí me pasa todo el tiempo.


Muy pocas veces me he sentido en casa, digamos, considerando todas las posibilidades que mencionaba anteriormente. Sí, hablo de sentirse cómodo, a secas. Feliz y consentido. Tranquilo y elocuente. Me pasaba en los desaparecidos London Pub, El Costumbro, Tercera Luna, Monachos y Lírica. También mencionaría a Rattle ‘n’ Hum y El Establo, pero ahora son otra cosa. De los que aún sobreviven, me siento cómodo en el eterno Esperanto, que me recibe con la mejor michelada de Guate. Y también, por qué no, en la excesiva La Maga (cuando la turbulencia etílica es considerable y no hay furia de madrugadas salvajes).

De lo contrario, no acostumbro ir a lugares donde sé que la música es una porquería, un chirmol, una rocola vomitada con lo mejor del heavy metal ochentero ó con el pop rock sodomita de los noventas. Igual me pasa con la cumbia. No me gusta para nada su fatídico ritmito. Prefiero aquellas temporadas frenéticas en The Box o Corto Circuito, donde me la pasaba zumbando como avispa electrónica sobre la pista y los lásers.





Después de todo esto, no he encontrado ningún lugar donde realmente me sienta cómodo. Eso, hasta hace un par de meses. El lugarcito se llama SOMA. Sí, como la droga de Aldous Huxley, esa de la felicidad tan necesaria. El lugar, está muy bien ambientado, lleno de pósters musicales con lo mejorcito de todo: Pixies, The Clash, Nirvana, Joy Division, Death Cab for Cutie, Björk, Morrissey, Iggy Pop, Hendrix, Joplin, Beatles, etcétera, etcétera, etcétera. Dos salitas que le dan un toque bastante relajado y un puño de mesas, todas altas, que le dan un toque industrial pero sofisticado. La barra, considerablemente grande, y una lista de bebidas que van desde cervezas hasta cocteles preparados. Los precios, nada mal. Y para rematar, justo detrás de las botellas, la imagen del tatascán de la poesía: Bob Dylan, impreso en un mural tan singular como ninguno, al lado de imágenes de Syd Barreth y otros elementos de diseño, incluyendo un mural de Leke, más conocido en el ámbito de la música como Aerofustán. Por si fuera poco, el lugar cuenta con un escenario pequeño y discreto, en el que han circulado músicos como Dubvolution, Dr. Tripass, Imox, Perro con Alas, Dubby Dub, Two Miles from Shore, DJ Fla-KO y otros.

Se los recomiendo. Es un joyita perfectamente diseñada para el viaje. El viaje sonoro. El viaje anímico. El viaje circunstancial. Todo melómano tiene que probar SOMA. Es un deleite como pocos. Además, el bar cuenta con un sótano que funciona como galería de arte, en el que se expone arte guatemalteco. Lo más fresco, lo más innovador, lo más actual. El espacio se llama S1, y promete mucho. Sin lugar a dudas, una propuesta que conjuga arte, música y relax. Ya faltaba un bar así. Un oasis. Un faro en medio de toda la turbulencia del centro histórico.


Vayan, visítenlo. Regularmente hay sesiones de música, como la de este sábado, en la que el post punk y el new wave serán el plato fuerte. Una nochecita para escuchar The Clash, The Smiths, David Bowie, Joy Division, Psychedelic Furs, Flock of Seagulls, Patti Smith, Ramones, Sex Pistols, The Cure y una lista interminable de sorpresas, que Carlos Salázar, melómano empedernido y dueño del bar, tiene preparado para el deschongue sonoro. Por allá nos vemos. Saltando como Johnny Rotten o Joe Strummer. Yeah.

SOMA, centro cultural
11 calle 4-27, zona 1
Horario: 5pm – 1am
Fanpage: https://www.facebook.com/SomaBarGt


Columna quincenal publicada en Esquisses.

lunes, 30 de septiembre de 2013

ARCTIC MONKEYS: AM


Este cuarteto de ingleses, que poco a poco se han convertido en leyendas del rock actual, acaban de hacer algo memorable tras grabar una delicia de disco, el quinto de su carrera, que sin duda dará mucho de qué hablar con los años.


PERO… WTF ARE ARCTIC MONKEYS?

La larga pero corta carrera de los Arctic Monkeys (ocho años), se puede diseccionar por sus álbumes anteriores. Cada uno es la acumulación de anécdotas, estilos y estridencias, que atestiguan “un antes y un después” de manera concisa. Los primeros dos discos son el adolescente rebelde. Los últimos tres: la serenidad y la madurez.


ROCK SICODÉLICO VS. ROCK SIN ETIQUETAS


No es para menos. La banda ha crecido enormemente. Este nuevo disco lo pone en evidencia, y además, nos vislumbra a cuatro músicos más enigmáticos que incipientes. Cada sonido aquí está pensado. Hay melancolía, pero a su vez hay decadencia y diversión. Lo que nos hace pensar que las etiquetas se han disipado.

LIRISMO Y RIGUROSIDAD

Despojados de los beats acelerados, y con la colaboración de Josh Homme (Queens of the Stone Age), pareciera que AM juguetea con la experimentación vocal/coral y el rock básico de los 70. Hay mucho Black Sabbath, John Lennon y The Rolling Stones, pero también hay hip hop al mejor estilo de Alex Turner, su vocalista, quien susurra vértigos sinfónicos con la vocalización desde un R&Bpersuasivo.

UNA PARA EL CAMINO
La primera vez que se escucha el disco, un vendaval de capas sonoras parecen estallar armoniosamente desde las bocinas. Hay lucidez, agresión y expresionismo. Después de escucharlo varias veces, ese asombro se va convirtiendo en pulcritud conocida. Es como si estuviéramos frente a algo muchísimo más grande. Una especie de pulpo musical que todo lo alcanza. Pegajoso, en todo caso.

40 MINUTOS DE VIAJE

Desde las incisivas I Want it all, Do I wanna know? y R U Mine?; hasta las menos roqueras comoKnee Socks, Snap Out of It y Fireside, el disco da la impresión de redondez. Las baladas, por otra parte, le añaden delicadeza y equilibrio. Un viaje que todo melómano debe tener. En palabras de cierre: una obra maestra que sospechosamente divaga entre soul, pop, rock y Lou Reed.



viernes, 19 de abril de 2013

LA FURIA POÉTICA de The National


Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 19 de abril del 2013.
Reeditada




Entender a la música como cómplice, pareja y copiloto también es una opción.

Eso me pasa con The National, esta banda norteamericana con 5 discos de estudio y 2 EP que han sabido adentrarse dentro del postpunk revival y el indie rock, aunque este último les quede bastante disperso y amplio. Lo que sí, es que la potencia y la reflexión de su música, han sido herramientas para fabricar otros géneros más específicos y punzantes; sin embargo, aún queda la interrogante de saber con precisión en qué género de rock encasillarlos. Eso lo dirán los años. Por el momento, The National ha sido un motor y un refugio en mis días, también una catapulta y un encierro necesario. Bien podría decir que mis últimos años han sido un reflejo de su intensidad musical y su criterio lírico, ambos basados en la elegancia sonora. Además, cada una de sus canciones representa una especie de peldaño circunstancial en distintas etapas de mis logros y mis fracasos.

Sin más, los dejo frente a una banda que atesora imágenes concisas y atmósferas envolventes en sus más de 50 canciones de repertorio, que sin duda, nos sorprenderán de nuevo cuando le añadan otras 13 pistas del disco nuevo: Trouble Will Find Me, que saldrá a la venta el 20 de mayo.

Esta es mi relación de amor-odio con The National. Intimo una vez más con ustedes.




viernes, 22 de febrero de 2013

LA VENGANZA del jukebox, con recomendaciones

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 22 de febrero del 2013.
Reeditada




Asociar una imagen mental con música es lo mío. Por ejemplo, puedo asociar aquella hermosa canción The music sounds better with you de Stardust, con un viaje por autobús en el noreste de los Estados Unidos que hice hace más de diez años. También puedo asociar el disco Kid A, con idas al lago de Atitlán, viajes por Petén y largas madrugadas viendo las estrellas tirado frente a la costa del Pacífico. Otro ejemplo, asociar Jorge Drexler con eternas conversaciones sobre arte, cine y cerveza en mis últimos años. Así, una inmensa antología de instantes se mezclan irremediablemente con la música que guardo en mis discos duros.

Por estos días, ando renovando música y guardando otra que ya no me interesa escuchar. Me encerré en el recorrido de los días y escribí una especie de reseña introspectiva, muy a criterio personal, basada en el cotenido emocional de lo que estoy viviendo ahora. Así, aparecen estas primeras crónicas, escritas desde la voracidad musical y que parten de la premisa de que la imagen lo es todo.

Polaroids, como en aquellas fotografías que guardan el polvo, el blur y el desenfoque de los años.

Folk, anti folk, folk rock, rock sicodélico, dream pop, post punk, new wave, post punk revival, jazz progresivo, rock progresivo, poesía, instantes, micheladas, árboles, besos, abrazos, conversaciones, lecturas, idas y venidas. Todo condensado en un manojo de fotos y videos, que quizá, puedan decir más que las palabras que evoco insistentemente sobre José González, Bon Iver, León Larregui, Bombay Bicycle Club y Dr Tripass.

Delen clic a todos los links, así escuchan y pueden bajar toda la música. Enjoy.


PULSA AQUÍ para leer la nota completa.

viernes, 25 de enero de 2013

POLAROIDS MUSICALES: Radiohead

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 25 de enero del 2013.
Reeditada


Hey, Subterranean Homesick Alien: "Just do it to yourself, then go to sleep and get back under if you think this is over...


Sin música, sólo estamos destinados a malgastar instantes y a pregonar recuerdos sin sentido ni gloria. El encanto del poder en la música, es la resultante de una ecuación con muchísimas variantes. Sombras difusas y tempestades oscuras nos perseguirán hasta el delirio –con su memoria de días, años, megabytes y beats por minuto– en lo más profundo de nuestros corazones.

Para mí, la música es el mejor refugio para atesorar cualquier cosa, desde un recuerdo específico hasta un sentimiento. Radiohead, en este sentido –esa banda inglesa de la que tanto he hablado a través de los años en mi literatura–, siempre ha sido un muelle para anclar determinantes por mucho tiempo. Y hoy, a finales de enero y a punto de romperme los puños con la vida, decido escribirle una especie de homenaje a estos cinco ingleses en mi nuevo espacio musical de EsquissesUn sitio de periodismo web, comprometido con la visibilización del contenido cultural contemporáneo, y dirigido por periodistas y escritores de buena intención.

Mi crónica de Radiohead (que es con la que inauguro este espacio), es una crónica hipertextual que involucra y contiene muchos elementos: links, screenshots, recomendaciones, videos, anécdotas, estatus de Facebook, Tuits, fragmentos de libro, etc. En todo caso, es mi manera de hacer periodismo. Un periodismo despojado de todo convencionalismo y lleno de experimentación contenida en imágenes; las cuales asocio con palabras y sonidos, que irremediablemente se asocian con instantes y otro sinfín de estimulantes auditivos.

En sí, un poco de verborrea literaria para amalgamarnos bien. Como se debe.

Espero se la disfruten. Más adelante ahondaré en otro tipo de reseña sobre estos alienígenas que me llevaron a su galaxia hace más de veinte años, con sus ilustraciones musicales y esos proyectos alternos que tanto nos encantan. Hay mucha tela por cortar sobre estos musicazos. Qué lujo haber coincidido en esta era.



INSIGHT 1

Era diciembre de 1995. Mi viejo solía regalarnos dinero para Navidad. Para él era más fácil que compráramos lo que quisiéramos, a tener que estar buscando, impacientemente, regalos torpes en los centros comerciales atestados de gente y cancioncitas navideñas. Recuerdo que en esos años el grunge era mi universo. Yo era un adolescente "rebelde". Tenía dos aretes, vestía botas Rhino y pantalones rotos. Ya pensaba en hacerme mi primer tatuaje, me gustaba leer a Nietzsche y a los simbolistas franceses. Veía muchos videos musicales por cable (cuando valía la pena ver MTV) y ya me sabía de memoria las canciones, de por lo menos 5 de los mejores discos de los 90’s: Ten de Pearl Jam, Nevermind de Nirvana, Purple de los Stone, Mellon Collie... de Smashing y The Bends de Radiohead. Este último, lo tenía grabado en uno de esos casetes Maxel de cromo. Lo regresaba, lo adelantaba, y hasta estoy seguro, que mi vieja ya estaba harta de escuchar "esa música rara" todo el día.

Recuerdo el año, porque ese año tuve un accidente y muchas cosas cambiaron. También recuerdo que compré varios cedés para usarlos en el aparato nuevo de la casa. De todos los discos, los que definitivamente me cambiaron el panorama de la música fueron dos: Re de Café Tacvba y Pablo Honey de Radiohead (este último sobre todo, porque me impactó el nombre). Quiero decir: ¿Cómo era posible que una banda inglesa le pusiera mi nombre a un disco, y además, le añadiera la palabra Miel? Me encantó. Sentí una conexión inmediata con la banda. Sentí que de alguna manera estábamos conectados. Hasta por un momento pensé que el niño de la portada podría ser yo en una vida paralela. Vaya iluso, puro fan romántico y obsesivo de otro tiempo.

Así. Salí emocionado de la tienda de discos. Llegué a mi casa en bus. La 40 R. Caminé rápidamente para llegar lo antes posible y corrí hacia el reproductor de cedés. Abrí el disco con ansias. Los sonidos de Greenwood y O’Brien me dejaron quieto. Desde la primer canción del disco (You) hasta las más melódicas (Stop whispering, Lurgee, I can’t y Vegetable), pasando por las estridentes (Blow out, Ripcord, Prove yourself y How do you?) me dejaron un buen sabor de boca. Estaba frente a una banda impresionante. Una especie de alquimistas locos con instrumentos musicales. Sentía toda una sensación de adrenalina al escuchar la batería de Selway mezclada con la sutil voz de Yorke, y el wall-of-sound, en algunas de las canciones más impulsivas. Me emocionó mucho haber comprado el disco. Tuve esa sensación de montaña rusa y levitación salvaje. Todas las canciones eran una joya, incluso la clásica Creep y Thinking about you. De todas, quizá, la que más me impactó fue Anyone can play guitar. Escuchar a Yorke cantar con toda la certeza del universo: “I wanna be, wanna be, wanna be Jim Morrison”, me sacó muchas complicidad, porque justamente, sin mentirles, estaba leyendo No one here gets out alive (la biografía de J.M.).

Después de ese disco, me he vuelto un peregrino de su música. Todos los discos me parecen fascinantes, en especial In rainbows y Kid A. Creo que Radiohead es la banda de mi generación. Una generación expuesta a los cambios de la era tecnólogica, la llegada de los teléfonos celulares, los devedés, el iPod, las cámaras digitales, los plasmas, el software personificado, las redes sociales, el internet, la globalización en su estado más grosero, el libre acceso a la información, la piratería, el consumismo masivo, la personalización de los productos de compra, etc. Todo esto, me hace pensar en el registro que todo músico hace de su época minuciosamente. The Beatles, The Rolling Stones, The Doors, Led Zeppelin, Pink Floyd, Joplin, Hendrix y tantos más impregnando el mundo de liberación sexual, drogas sicotrópicas, viajes oníricos y tanto abstraccionismo. Por otra parte, la rebeldía de una época de rupturas iconoclastas: The Clash, Iggy Pop, Sex Pistols, Ramones, Blondie, The Misfits, Dead Kennedys, The Jam, etc. La apatía y la desacralización colectiva y la era etérea: The Cure, Joy Division, Depeche Mode, The Sisters of Mercy, Siouxsie and the Banshees, Dead can dance, Bauhaus, Cocteau Twins. La juerga y las fiestas desenfrenadas: Curtis Mayfield, James Brown, KC and the Sunshine Band, Gloria Gaynor, The Bee Gees, etc.


En fin, la idea de la música como registro histórico y viceversa. Una especie de hipervínculo que lo conecta todo. Un libro abierto, con las páginas escribiéndose en cada acorde y cada beat. Por eso no es casualidad que Radiohead haya casi "regalado" su disco In Rainbows en octubre del 2007 al subirlo a la web para ser descargado por una cifra simbólica. Una muestra más de que la música es un objeto del deseo, y por lo tanto, le pertenece al público, no a los músicos o a los sellos discográficos con sus contratos multimillonarios y sus fines de lucro casi infinitos. Todo esto me hace pensar en una ruptura de los paradigmas convencionales de hacer las cosas. Sí, Radiohead fue de las primeras bandas que se levantó en contra de los contratos discográficos y a favor de la libre difusión musical en internet. Eso me sigue pareciendo admirable.

Y se evidencia, muchísimas cosas abruptas y arriesgadas para su época. Claramente lo podemos visualizar desde el mítico OK Computer o el ineludible Kid A, ambos con dos booklets de artistas excepcionales: Donwood y Rauschenberg. O la utilización de los primeros instrumentos electrónicos, conocidos como las Ondas Martenot, en su disco Amnesiac. También la grabación de un video desde el sótano de su ensayadero, para recibir el año nuevo del 2008 y regalárselo a los fans por medio de YouTube. En fin, la lista continúa y no podemos dejar a un lado a Hail to the Thief, ese disco olvidado por muchos del cual hay mucho de que hablar. Pero bueno, así podríamos seguir nombrando cosas particulares que tienen estos musicazos de Oxfordshire.

En mi caso, les comparto un experimento que hice con su música.



INSIGHT 2: Del libro SPAM (Vueltegato Editores, 2012, 2013), páginas 45-49


“El Postpunk Revival es mi género por excelencia de los últimos años. Digamos que el estruendo de sus acordes me provoca muchas cosas. Esa empatía viene por el Postpunk viejo (Joy Division, The Cure, The Smiths, etc.). Pero otro género que me gusta mucho es el Shoegaze y el Garage sicodélico, pero bien tocado. De ahí, que considero que somos grandes híbridos-eclécticos musicales. Bandas como A Flock of Seagulls, Siouxsie and The Banshees o Depeche Mode son imprescindibles. Pero también Placebo, Pearl Jam, Sonic Youth o Radiohead. Esta última la mejor banda contemporánea. En honor a ellos posteé esto en Facebook hace unas semanas:

QUERIDOS EXTRATERRESTRES: Si por alguna frecuencia interestelar reciben este mensaje y logran decodificar el lenguaje en el que estoy escribiendo, déjenme presentarles a la mejor banda contemporánea de nuestro Planeta Tierra, ubicado en el Sistema Solar de nuestra galaxia. La banda se llama RADIOHEAD y no, no es cumbia lo que tocan, tampoco es indierock. Es un género mucho más complejo que el lenguaje aún no puede describir. Así somos los humanos, complejos y siempre necesitados del lenguaje para comprendernos. Pero la música, oh la música.

Hasta luego, queridos extraterrestres”.


CABEZADERADIO

Imaginar un bosque de decibeles galácticos. Caminar a través de su horizontalidad perenne. Paso a paso. Alejarse de todo y desaparecer completamente. Escuchar el estruendo melódico de los beats por minuto y trepar un árbol sonoro. Buscar las estrellas, ese fulgor luminoso, esa nebulosa de acordes viscosos. Olvidar la vida, la muerte, el dolor y sus delirios constantes. Olvidar el cuerpo, el peso del cuerpo. Tierna alucinación bipolar y fantástica que prevalece mientras todo duerme. Todo crece. Todo se disipa. Todo se expande. No sé cuantas veces en mi vida, no sé cuántas horas Cabezaderadio me acopañó en madrugadas, noches, despertares, tristezas, viajes. Es la única banda que prevalece, el faro, el muelle al que me anclo cuando necesito empatía, ritmo, soledad, música de fondo. Es la única banda musical con la que hemos crecido juntos, desde el inocente Pablo Honey de 1992 hasta el conciso King of Limbs de 20 años después, pasando por todos los Lados B, rarezas, conciertos, videos y discos memorables, que son la espina dorsal del soundtrack de mi vida. Así, junto a Yorke, Selway, O’Brien y los hermanos Greenwood, somos una pandilla de extraterrestres a los que nos encanta el trance de la melodía. Y creo que somos muchos. Muchos más.  Hacer un ranking de mis discos favoritos sería inútil, pero acá están algunas de las canciones de Cabezaderadio que más escucho. Entre las primeras 3 por cada disco están:

Pablo Honey:
[Lurgee, Blow out, You]  Stop Whispering

The Bends:
[Fake Plastic Trees, High and dry, (Nice dream)]

OK Computer:
[Let down, Paranoid Android, No surprises]

Kid A:
[How to dissapear completely, Everything in it’s right place, Idioteque]

Amnesiac:
[Packt like sardines in a crushd tin box, I Might Be Wrong, Knives out]

Hail to the Thief:
(2+2=5, Go to sleep, Scatterbrain)

In Rainbows:
(Weird fishes/Arpeggi, House of cards, Reckoner)

In Rainbows 2:
(Go slowly, Last flowers, Up on the ladder)

The King of Limbs:
(Separator, Morning Mr Magpie, Lotus Flower)


INSIGHT 3: Cine

No hay duda que Björk, Ok Go y Radiohead son algunas de las bandas con mejores videoclips. También es cierto que las colaboraciones por parte de cineastas y artistas visuales han sido bien aprovechadas por estos músicos, al punto de que algunos no han querido cobrar gastos de dirección por tan sólo sentir el placer de crear al lado de los músicos. Algunos de los directores conocidos que han trabajado con la banda son Michel Gondry, Jamie Thraves, Jake Scott y Sophie Muller, quien tiene una larga carrera haciendo videoclips para bandas de todo el mundo.

 Después de haber visto todos los videoclips de Radiohead (más de 40) hasta en sus versiones alternativas, acá les comparto una lista de los 13 videos imprescindibles –que se me ocurren a criterio personal– para entender la influencia que esta banda ha tenido en la cultura del videoclip y en la sociedad actual.

Para ver los videos, hay que cliquear sobre el texto.

  1. Pop is dead, 1993
  2. Stop whispering, 1993
  3. Just, 1995
  4. High and dry, 1995
  5. Street spirit (fade out), 1996
  6. Karma Police, 1997
  7. Paranoid Android, 1997
  8. Non surprises, 1998
  9. Pyramid Song, 2001
  10. Knives out, 2001
  11. Go to sleep, 2003
  12. House of Cards, 2008:
  13. Lotus Flower, 2011