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viernes, 23 de enero de 2015

QUINCE PROPÓSITOS de Año Nuevo

Columna quincenal publicada en Esquisses.
Viernes 23 de enero del 2015.


1. Ir a un concierto de The National.

2. Borrar la música de Selena, Timbiriche y Rigo Tovar del iPod.

3. No maldecir (tanto) el Reguetón o la Bachata.

4. Ir a un #miercolesdecumbia por lo menos una vez en el año e intentar pasármela bien (aunque sea un rato).

5. Ya no ir a afters de fiestas Psycho.

6. Descargar la discografía completa de Leonard Cohen, Tom Waits y The Fall. Después, desmesurarlas y escucharlas poquito a poco.

7. Ponerle más coco a The Brian Jonestown Massacre y Lady Gaga.

8. Escuchar menos Zoé y más Pixies.


9. Hacerla de DJ en una fiesta y poner más musicón de Devo que LCD Soundsystem, Friendly Fires o Foster the People.

10. Escuchar cinco veces seguidas Yeezus de Kanye West.

11. Aceptar públicamente que me gusta Coldplay… y que Parachutes y A rush of blood to the head me parecen dos discos fundamentales en la historia de la música (pop rock, lo quieran o no).


12. Dejar de escuchar “Rehenes” o “Inexplicable” de Calamaro (diez veces seguidas) en horas de la madrugada y con una botella de güisqui encima.

13. Comprarme una camiseta de Bowie o Morrissey solo por moda.

14. Escuchar más bandas chapinas sin criticarlas en los primeros diez minutos de concierto o al minuto de abrir su Soundcloud.

15. Sacar 100 puntos con “El Triste” o “Lo pasado, pasado” de José José en un Karaoke de Escuintla, Xela o Mazate.


jueves, 7 de noviembre de 2013

POLAROIDS MUSICALES: Música para barriletear


Así es, noviembre sugiere muchas cosas.

A ver, empecemos por lo evidente: finalizó el invierno, y ése malestar de deseos guardados en remojo, lo tiene a uno harto. Entiéndase bien: HARTO, en MAYÚSCULAS y negrita. Digo, para qué mentir. La lluvia será muy linda, y todo lo que quieran, es decir, trae esperanza, verdor, vitalidad y sobre todo agua -que siempre es necesaria–. Pero cansa. Nos nos dejemos engañar. Vivir en el trópico es atractivo y ventajoso, pero también es castigo, y diluvio eterno, y encierro obligatorio, y desesperación infausta, dañina, perenne, maldita.

Quiero decir: «Seis meses de lluvia, ¡ya son suficientes!».

Pero bueno. Volvamos a noviembre y a su infinito abierto, condensado, delirante, aterido. Es cierto, noviembre es un ventilador encendido, un celaje y una ventisca de puras melancolías. Pero también es un barrilete. Y una diáspora. Y una sentencia. Y un azul profundo. Y una bufanda lista para abrigar todas las formas de cariño entreabiertas y encubiertas.

No digo esto por afán poético, aunque noviembre, sí, lo pone poético a uno, aunque uno no quiera. Sólo basta con ver el cúmulo de signos que habitan al susodicho, digo, porque noviembre también es un cuarto lleno de fantasmas y un alarido de promesas olvidadas, de estaciones, sabores y aeropuertos. Aunque también, y en eso no quiero parecer enardecido, hay que recordar que el mes abre con el Día de Todos los Fiambres, y luego, con el Día de Todos los Difuntos, o los muertos, o las ánimas, o como quiera usted llamarle. A lo que voy, es que se celebra a la muerte, al Mictlán, al Tlalocán, al Xantolo, a Xibalbá. Y esto supone, despojarse de todo el presente por un solo día a través de ofrendas, flores y rituales. En otras palabras: sufrir, llorar, resignar, ofrendar, perdonar, olvidar y luego respirar.



Ese es el misterio de la velita encendida de noviembre. Rezar por la vida, por la sanación, por la sensación, por la humilde llama del transcurso, por el fuego interno que corre y nos corroe. Quiero decir, noviembre es para celebrar la vida después de la muerte, después de la tormenta, después del diluvio, después de los pijazos del año entero. Es perfecto para ir a los festivales de arte, de cine, para asistir a las presentaciones de libros certeros, para salir a la calle, para caminar por el parque, para viajar, para salir de la ciudad. En ese sentido, noviembre es hermoso. Es un recién nacido que ya sabe hablar. Es una palestra de conversaciones nuevas, de libros recién abiertos, de fiambres obstinados, de vacaciones esperadas, de abrazos desbordantes, de mucha piel y música para volar.


Por todo esto, y lo otro –lo que se descubre en ese intervalo de lo que dura una canción o lo que dura noviembre–, acá va una selección de seis discos para barriletear como usted quiera. Como se le antoje. Como se le de la regalada gana antes de que llegue el cueterío, y el tráfico, y los convivios, y las bombas de fin de año que todo lo ciegan y ensucian.



FRANZ FERDINAND: Right Thoughts, Right Words, Right Action
Disco hecho para lxs fiesterxs, lxs rocanrolers, lxs que les gusta el buen sonido postpunketo y el buen dancin a deshoras. Disco conciso y revuelto, con destellos de dance-punk y disco-funk, esos sonidos ya característicos de la banda. Can’t stop feeling, la arista más sublime, una mezcla de Donna Summer, Moroder y LCD Soundsystem. Puro ritmo. Puro ritmo. Puro baile. Puro placer. Además, tiene un segundo disco con pistas en vivo. Nada mejor que eso.


ZOÉ: Prográmaton
Disco suavecito y lírico. Hecho para lxs enamoradxs, los rxmánticxs, lxs posesivos, lxs intensxs, lxs que guardan las uñas y rompen las tuercas del amor en un abrir y cerrar de ojos delirantes. Arrullo de estrellas, Panoramas, Andrómeda y la de Shangai son el ejemplo. Espacial y sintético, amoroso y tierno como el Unplugged, pero nunca sicodélico, ácido y trepidante como Memo Rex o Reptilectric.


MOBY: Innocents
Moby siempre sonará a Moby, es una regla. Este disco, como toda su discografía, es para lxs tristes, lxs melancólicxs, lxs yoguis, lxs amantes de la naturaleza, lxs que sueñan una epifanía a través del gospel y la electrónica. Lxs que aman ver las nubes y el cielo. Lxs que destilan amor por la humanidad, y perecen, sutilmente, en su bipolaridad de seres solitarios perdidos entre la muchedumbre. Disco obligatorio para que truene en el carro. Sublime y melodioso como Play (con sus B-Sides), pero con más colaboraciones y menos eco.



BOHEMIO: Andrés Calamaro
Hace tres años tembló La Ermita. Hoy tiemblan los parlantes con el mismo sonido. Es un disco que revitaliza al Andrés que todos conocemos (Alta Suciedad y Honestidad Brutal), en el que deja los covers, los demos, las cumbias, los tangos, los boleros y todos esos adornos –bien logrados– que lo hicieron dejar por unos años el buen rocanrol. En pocas palabras, es un disco hilvanado con canciones básicas y juegos de palabras, típicos del Salmón dylanesco, que deleitará a lxs calientes, lxs enamoradizxs, lxs bohemixs, lxs bluserxs, lxs borrachxs. Una buena dosis de música selecta, exclusivo para fans del rock de Andrés. Rehenes, Plástico fino e Inexplicable, son las joyas que lo redundan. Pareciera que Andrés volvió a las andadas de madrugada y a las letras express, esas que se escriben en cinco minutos bajo algún estimulante.


PHOENIX: Bankrupt!
Para lxs poperos, lxs retro, lxs melódicxs, lxs que bailan punchispunchis pero también escuchan Timbiriche o Kraftwerk, lxs del bar al after, lxs de tachas y drogas de diseño, lxs que se persignan cuando suena una tediosa bachata, lxs que odian el reguetón más sucio pero lo bailan, lxs que sueñan con un mundo más limpio, lxs que alucinan con Empire of The Sun, Yo La Tengo y Arcade Fire. En fin, Bankrupt! se aleja de los sonidos de su primer disco, Wolfgang Amadeus Phoenix, pero reafirma con esta oda a los sintetizadores, y al new wave, el mejor pop hecho en Francia de los últimos años. Don’t y Entertainment lo confirman.


ARCTIC MONKEYS: A.M.
Este disco comprueba que la rebeldía del adolescente punketo, ya quedó atrás en Brian Turner y compañía. A.M. está lleno de sensualidad, delicadeza, equilibrio y precisión. Es un disco para lxs amantes del buen rock setentero, pero también, para lxs que huyen del fenómeno masivo del indierock actual, en el que todo es mainstream y bomba de terciopelo luminosa. Un lujo de disco, como lo he dicho varias veces entre amigos, perfecto para empezar con Fireside (carretera al puerto), y terminar con Knee Socks o Do I Wanna Know? sobre el colchón más cercano de los humedales.



Columna quincenal publicada en Esquisses.

jueves, 26 de julio de 2012

CÓSMICA: fascinación autómata


FOTO: Autómata, 2011
Dicen los Cut Copy: «Lights and music are on my mind», y a mí me da por bailar. Eso me pasa también con Cósmica, esa banda guatemalteca con la que se me ocurrió escribir esta especie de reseña-experimento después de escuchar su última producción. Veamos que tal me va.

Cuando una partitura se vuelve un avioncito de papel, y éste, se va transformando lentamente en un cohete espacial que logra alcanzar galaxias, estrellas y constelaciones relajantes, siempre propulsado por la agilidad de los sonidos y la versatilidad de los ritmos, eso es Cósmica.

Un viaje. Un buen viaje. Un vendaval de riffs sicodélicos, una marea de percusiones simétricas, una brisa funky desde el mar, un bosque de líricas exactas, un parque de juegos electrónico y un destello de estrellas urbanas. Ternura in situ. Estallido rítmico. Fuerza emotiva de experimentos y caudal de riesgos inexplotables.

Es como un poema, ¿no? A ver, intentémoslo una vez más. Voy por un cigarro.


[INTERLOCUTOR: He escrito alrededor de seis cuartillas y siempre termino borrándolas o añadiéndoles extractos de otros párrafos infinitos para armar el rompecabezas de esta reseña de una de mis bandas favoritas de la escena guatemalteca al igual que Zoé o The National en otras latitudes pero es que la reseña debe de ser perfecta y simétrica como a veces resulta la música de Cósmica porque al final de cuentas no hay otra banda que esté haciendo lo que estos chavos hacen que es incorporar muchas cosas en una licuadora una especie de blender-mixer-musical ¿será que me entienden si les escribo esto? no tengo idea pero supongo que este mix es una alquimia electrónica y orgánica al mismo tiempo porque sólo es de verlos en escena ya la espalda me duele la espalda mejor sigamos con la reseña para que diga lo que quiero decir como el eterno Mallarmé de hace dos siglos puliendo sus versitos una y otra vez hasta dejarlos resplandecientes pero es que el disco está muy bueno todas las rolas son un verdadero trip que me está dejando sin palabras.]


A ver, intentémoslo una vez más. Espero me haga entender:

La música de Cósmica siempre me ha parecido una pulcritud de armonías y una búsqueda meticulosa que busca la perfección híbrida. En todas sus canciones encontramos algo de euforia y de temperamento, que considero, lo más fascinante de todo su abanico de encantos, ya que es un temperamento primitivo de pasar del rock al jip jop, sin perder esa elegancia. Partiendo de esto, no es sorpresa que desde sus inicios, hace ya más de 5 años, se hayan presentado de una manera sorpresiva y abrupta, en un medio musical en el que las exageradas distorsiones, el mosh aguerrido, las eternas camisetas negras y las manos cornutas prevalecían en un país donde hay mucha más garra precaria que lucidez compositiva.

Para ello, y a disgusto de algunos, Cósmica empezó a fusionar muchísimos elementos que la hacen ser una de las bandas, o quizá, la banda más experimental de la escena musical guatemalteca. Entre estos géneros, que más que directrices dogmáticas en su estilo, Cósmica utiliza para regenerarse en cada canción, podemos encontrar: electrónica, dreampop, noisepop, funk, bossa nova, hip hop, rock psicódelico, rock latino, rock indie y la lista continúa (créanme). Todo con la premura del pop electrónico como esencia básica y fundamental. A mi criterio, algo deliberadamente maravilloso que se percibe en sus materiales discográficos: Morboso (2008) y Autómata (2011).


De este último, les doy algunas recomendaciones:

  1. Sean egoístas y escúchenlo con audífonos alejados de la gente.
  2. Después de haberlo escuchado solitos, compártanlo, el mundo se los agradecerá.
  3. Si van a hacer un viaje, lo mejor es darle viaje al disco. Con todo.
  4. Póngale mucho oído a los coros, crean atmósferas geniales. Además: A) La voz de Tko brilla en todas las aristas y esquinas del disco. B) Las guitarras de Tono están 'en todo'. C) La precisión de Chalupa es envidiable. D) La programación de Andre es espacial.
  5. Imaginen pequeños videoclips hechos por ustedes con cada canción.
  6. Esta es más una precaución: Las rolas 3, 4, 7 y 8 pueden resultar adictivas.
  7. Si sos músico, no te frustrés, algún día vas a sonar parecido. Sólo ensayá y estudiá música, luego volvé a ensayar y seguí estudiando, pero no parés de tocar.

En pocas palabras: Esta fusión de géneros, que a algunos los pierde y desubica, es para Cósmica su fuente vital de inspiración. Ahí encuentran un bunker desde donde lanzar misiles musicales. Es decir, ese híbrido del siglo veintiuno, que es muy parecido al que canta llorando a todo pulmón Café Tacuba y, horas más tarde, moshea con las botas bien puestas una canción de Metallica o Korn. En ese sentido, es algo verdaderamente admirable dentro del circuito de agrupaciones nacionales. Sin ir más lejos, algo único y verdaderamente honesto. Lleno de muchos cauces interiores que sin lugar a dudas, les traerá muchísimos adeptos a los Cósmicos en los años venideros.


Larga vida al Ruido Rosa de Cósmica. Felicidades.