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lunes, 19 de mayo de 2014

TRES LIBROS VINTAGE

Nota publicada en revista Catálogo para la vida, número 21.
Mayo del 2014.





Quien lee sabe que todo libro es un objeto de deseo. Un objeto de valor inconmensurable que otorga muchas satisfacciones, sobre todo una: EL SOBERANO VIAJE. Hablo de un «viaje exclusivo» –y alucinado– para el lector, que está dispuesto a soportar el trance exquisito de deshojar temporalidades y detener la vida, mientras todo y nada, suceden dentro de esa burbuja en la que nos sumerge la lectura a cuentagotas.

En el sentido más pragmático, un libro es una especie de tesoro que perdurará en nosotros por siempre, sin importar cuantos años hayan pasado de su publicación o su lectura. En cada una de sus páginas –desde la portada hasta el índice o viceversa–, una especie de ciencia incierta nos acompaña y nos transporta a los mejores estados de la conciencia e inconsciencia. Todo en su proceso es delicia y aprendizaje. 

En sí, todo libro es escuela y un regalo para días mejores.


Por eso me animo a registrar tres títulos, que sin duda, serán el mejor regalo para un futuro abrumado por las tablets y las lecturas digitales. Un futuro en el que los términos «vintage», «retro», «antigüedad» o «relicario» hayan desaparecido por completo, y la era de la palabra (Twitter, Facebook, Wordpress) nos haya resquebrajado hasta el vacío. Tres títulos que podrán buscar en cualquier momento, y mejor aún, conseguir en ediciones impresas. Porque, ¿qué seríamos sin ese olor a otro tiempo, a otra dimensión, a otra era?



CRÓNICAS MARCIANAS de Ray Bradbury.

A quien le gusta pensar que algún día viviremos en Marte, reflexione detenidamente esto: Bradbury lo escribió hace más de sesenta años, y la era que estamos viviendo ahora, es la ambientación cronológica del libro (1999–2026). Publicado originalmente en el año 1950, The martian chronicles narra la conquista de los humanos en Marte y toda la barbarie, la emoción, la autodestrucción y el vacío. A través de veintiséis cuentos fascinantes –que hilvanan cronológicamente la llegada, la conquista y la pérdida de la condición humana–, Bradbury nos envuelve en la mejor historia de ciencia ficción contada por el hombre; en la que robots, naves espaciales, guerras nucleares, enfermedades y la naturaleza misma, hacen que el entorno futurista pueda ser el de una época cualquiera.




RAYUELA de Julio Cortázar

Cortázar nunca pasará de moda. Cada libro del argentino, es la pieza de un rompecabezas que se estira y condensa hasta llegar a los laberintos de Rayuela, publicada por primera vez en 1963 y celebrada en un sinnúmero de ediciones posteriores, incluyendo la edición conmemorativa de 50 años, publicada el año pasado. En esta novela, el tiempo parece detenerse entre un Buenos Aires solemne y un París pletórico. Cada capítulo es la amalgama de delirios contenidos, un mapa convexo de datos útiles e inútiles y un océano de información que extasía a cualquiera. Tenerla impresa es un «must» que merece rayarse, tacharse, anotarse y dejar un poco de uno mismo en las más de 500 páginas que la contienen. La historia de La Maga, Horacio, Traveler, Talita y tantos otros personajes; es de las más emblemáticas en lengua castellana. Cortázar es en Rayuela, lo que el Internet nos ha enseñado con la hipertextualidad.




EL GUARDIÁN ENTRE EL CENTENO de J.D. Salinger

Holden, el personaje principal de The Catcher in the rye, como se titula en inglés, es la imagen obsesiva de la rebelión y la búsqueda. Todo en este personaje, es subversión y perspicacia. Desde 1951, cuando fue publicada la novela, un halo misterioso de prohibición y morbo ha ido alimentando su condición de «libro faro». En pocas palabras, su historia merece ser leída, pues, por un ojo descategorizado del sufrimiento y liberado de las cauces que conducen a repeler la realidad tal como es. Si bien la historia fluye en un Nueva York desolado y taciturno, esto nos puede provocar una ensoñación vagabunda digna de cualquier metrópolis. Su gracia, radica en que rompe los paradigmas de la geografía y el tiempo. He aquí su universalidad y su encanto. Cualquier edición en inglés, merece ser leída más que en español, donde pierde, un poco de autenticidad y poética que Sallinger le añadió sin darse cuenta.




Dicho esto, es tiempo de que dejen sus tablets y sus computadoras a un lado. Es momento de volver al papel y a la tinta, como en un futuro feliz (vintage), lleno de polillas y servilletas como separadores.

viernes, 16 de mayo de 2014

STEREO OFFSET y la música

Columna quincenal publicada en Esquisses, en el blog de Javier Payeras y en Revista Crónica.
Viernes 16 de mayo del 2014, domingo 18 de mayo y viernes 29 de mayo.





Esta semana se presentó mi libro “Stereo Offset” publicado por la reaparecida Editorial X. El libro está compuesto de cincuenta relatos y microrrelatos, en los que situaciones aisladas y recuerdos personales, permean la ficción a través de fotografías in situ y prosas musicales, que bien podrían estar aderezadas con el sonido amplificado (estéreo) de una máquina de impresión offset como las que imprimen los matutinos. Pero no, las historias del libro están infusionadas con música de Arctic Monkeys, Radiohead, Morrissey, Luis Alberto Spinetta, Gustavo Cerati, Patti Smith, Jim Morrison, Manu Chao, Black Sabbath y algunos otros.


Inspirado en todo eso, Javier (Payeras) escribió un texto sobre el libro que quiso se publicara en Esquisses –gracias, querido, tus palabras son analgésicos en una época donde todo sucede tan rápido, que no nos damos cuenta del verdadero poder que tienen las palabras; y tus palabras, compadre, son un regalo maravilloso para tiempos mejores–.


Abajo pueden leer el texto, talvez los anime a comprar el libro.





OFFSET PARA UN BROMO PRESENTE
Por Javier Payeras


Complicado hacer algo hermoso de esta edad destartalada. En oposición a lo que sucede en los lugares hermosos donde en realidad nada sucede.

Uno puede tener un ventanal que nos fulmina con la visión de una playa de arena blanca. Mientras bebemos vodka helado –como en una novela de Bret Easton Ellis– sin saber lo que es una goma ni un accidente cerebrovascular a causa de cocaína adulterada.

Pero, ¿la belleza no puede ser todo su contrario?: esos apartamentos donde están a punto de echarnos por mora; esos personajes que visten de cuero bajo un calor mayor de treinta grados y se hacen llamar morrisones; acaso no puede ser la patrulla y el enano corrupto que pide mordida con eficacia de evangelista. Tanta belleza en los detalles “un suéter amarillo”, una tarjeta de crédito y al fondo de nuestras mentes la tonadita de Manu Chao que nos pudrió con jipismo el hipotálamo. ¿Acaso no hay belleza en eso ¡carajo!? Claro que la hay porque los libros transforman el paisaje y el paisaje del ahora es tan siniestro como esta serie de microrrelatos Stereo Offset de Pablo Bromo.

Nunca voy a denunciar cuáles son reales y cuáles son ficticios. Pero sucede que somos compañeros de un largo viaje en el que involucramos literatura, fiesta, arte, fiesta, dolor, fiesta y muchas alegrías y fiesta. Desde hace rato que ya no nos dicen muchachos, que ya no nos echan su mal aliento encima dicéndonos que tenemos que aprender a escribir. No sé si eso es bueno o malo, no me importa, lo que sí importa es que estamos vivos y que cada vez disfruto más leyendo a mi amigo. Porque escribe lo que a mí me gustaría escribir... Si uno pudiera ser amigo de todos los buenos escritores de todos los tiempos, uno se acercaría a esa anormalidad de la vida que se llama felicidad constante. Tal cosa no es posible, así que nuestra alegría es breve y a destellos.

Tenemos muchísimas cosas que ver mientras leemos extaños libros que hablan de viajes espaciales o de Tarot o de psiquiatría. Disfrutar a Hemingway cuando hacemos cola en un banco y los televisores pasan los mejores goles mundialistas de todos los tiempos. Dejar perdido el tomo carísimo de Antiedipo Capitalismo y Esquizofrenia en la mesa de una tiendita de la Zona Uno... Esa ilustración nuestra que nos lleva a vivir mientras escribirmos, a vivir mientras leemos, a vivir mientras damos forma a esa utopía pendeja que llamamos “carrera literaria”. No queda otra, escribir con lápiz para borrar lo que definitivamente no valga la pena. Hacer libros pequeños para que sean leídos rápidamente y deslumbren a un lector sin la penosa interlocución de un crítico o un reseñista desinformado.

¿Y la música? La música está puesta a todo volumen, pero este libro necesita una entrada para audífonos que complemente su prosa exacta y sincera: The National, Patti Smith, Morrissey, Arctic Mokeys... También una pantalla inflable que pase los mejores momentos de David Fincher o Wes Anderson. Un libro lleno de citas, guiños, información. Un mapa enigmático del presente.


Han pasado los días y las influencias, pero este libro me gusta y me seguirá gustando, porque cada vez que lo lea será hoy, siempre hoy.




viernes, 26 de julio de 2013

POLAROIDS MUSICALES 5: Música para ferias de libro


A finales de los setenta, el infatigable e inquieto Brian Eno, empezaba a delinear aquella colección de música ambient –género que él mismo acuñó para su selecta producción de pistas instrumentales llenas de minimalismo, sosiego y reflexión– que estaban concebidas como parte de una instalación sonora, luego de que él mismo quedara atrapado en un aeropuerto años antes. La primera plaqueta de esta colección de discos “extraños” para la época, se llamaría Ambient 1: Music for Airports; una composición de sintetizadores, efectos vocales y loops invertidos, diseñados para contrarestar el estrés que producen los aeropuertos con sus ruidos, prisas y demás voluptuosidades sonoras, que muy fácil desesperan a cualquiera.

Su idea, en todo caso, siempre me ha parecido algo genial. Un súbito y enérgico intento por diferenciar su producción minimalista en contra de la música enlatada o “música para elevador” de esa época; típica de los ambientes institucionales, públicos o privados que saturaban los oídos con musiquita ligera a cargo de Paul Mauriat, Henry Mancini, Kenny Rogers, Tony Bennett, Air Supply, The Carpenters, Chet Atkins, Herb Alpert o el pianito desesperante de Richard Clayderman.

En Latinoamérica –específicamente Guatemala–, es inevitable encontrar música enlatada por todas partes: El supermercado, el centro comercial, la tienda de departamentos, el elevador, la salita de espera, la cola del banco, la clínica del dentista, la boda del amigo y hasta en la casa de los tíos, que supuestamente, pintan de ser los menos “cuadrados” y los más hippies de toda la familia.

Sin importar el lugar, siempre estaremos rodeados de Barry Manilows, Kenny G’s, Michael Boltons, Mariah Careys, Barbra Streisands, Céline Dions, Juanes, Manás, Shakiras, Arjonas, Marc Anthonys, Jerry Riveras, Raúl di Blasios y hasta en el peor de los casos, de reguetón instrumental o de Guns ‘n Roses al mejor estilo de la bossa nova más deprimente y consumada.


Por eso, a horas de empezar mi travesía en la X Feria Internacional del Libro de Guatemala, me propongo (y les propongo) una lista de once discos nuevecitos –recién salidos del estudio– y la lectura de varios libros nuevos, para aguantar el desolado paisaje que dibujan más de ocho horas diarias en un stand de dos metros por dos metros; en el que vender libros nacionales (Vueltegato Editores, Alas de Barrilete Editorial, Editorial X y otros proyectos editoriales) resulta ser una aventura contra la corriente.

Excluyo de esta lista, algunos discos reseñados anteriormente y algunos que aún no he podido escuchar con el merecido afecto que se merecen. Pero en el mejor de los casos, el playlist promete que me asignen como DJ oficial de FILGUA 2013. Lo cual, como sabemos, no va a suceder aunque muchos de ustedes piensen lo contrario.

Así que no se sorprendan ni desesperen, por si dan una vuelta por el Parque de la Industria (del 26 de julio al 4 de agosto) y la música que esté “tronando” sea la peor tonadita de bachata, merengue popular o reguetón evangélico.

Ya dicho todo esto, quedan advertidos.

Ahora bien, abróchense los cinturones porque despegamos con nuestro listado de "Música para Ferias de Libro". Disfruten del viaje.


BOARDS OF CANADA
Tomorrow's Harvest
Escocia

Un disco hermoso, purista desde su concepción electrónica y extremadamente bien hecho. Lleno de sonidos a destiempo y retóricas ambientales que lo rellenan en sus esquinas más vacías. Una hora de éxtasis rítmico y variantes hacia el Downtempo y el IDM, muy parecido al Virgin Suicides de Air, pero muchísimo más lento y experimental. Hecho, sin lugar a dudas, para la banda sonora de una película de ciencia ficción escandinava o italiana que aún no ha sido filmada. Tomorrow’s Harvest es perfecto para ponerlo de fondo mientras hordas de estudiantes se avalanzan sobre las mesas de separadores gratis, y yo leo a Henry Parland o Irvine Welsch, recostado sobre la silla plástica en un trance de auroras boreales o soles de medianoche.



LEMAITRE
Relativity 3, EP
Noruega

Con quince minutos de este EP es suficiente para dejarlo claro: Es música diseñada para bailar al mejor estilo del Electroclash o el House francés. Un disco obligatorio para todo aquél que le guste bandas como Cassius, Daft Punk, Modjo, Bob Sinclair, Alex Gopher, Uppermost o Justice. Demasiado pop para los houseros y demasiado electrónico para los Indiepop. En sí, una joyita para reventarse de sol en estos días de lluvia (¡maldito trópico!). Música perfecta para que las universitarias de primer año se acerquen a ver los libros del stand y quieran comprar algún libro, sólo porque hay buena música de fondo. Quiero decir, pegajosa. Ese es el gancho, la literatura es lo de menos.


JAMES HOLDEN
The Inheritors
Inglaterra


No es nada nuevo hablar de James Holden. Ha colaborado en numerosos remixes para artistas como Madonna, New Order o Depeche Mode; y además, es conocido por su larga carrera como DJ internacional. Pero bueno, de pinchar discos a producir música hay una diferencia enorme. Hace unos seis años vino a Guatemala y fui a verlo. Tocó exageradamente bien. De todos esos años guardo algunos momentos memorables: Miguel Migs, Satoshi, Digweed y claro, Holden. Pero como decía antes, de pinchar a producir hay un abismo matemático de grandes proporciones. En su música hay mucha experimentación orgánica, por decirla de alguna manera. Hay mucha mística, mucha sicodelia, mucho ritual sonoro, mucho orden (desordenado a su manera). Cada pista es una nebulosa de reverbs, loops y sonidos que se aprietan los unos a los otros. Tengo muchos años de no meterme drogas sicotrópicas y esto es lo que me produce escuchar su música: “Una espiral matemática y tecnicolor que se desintegra”. En este disco, Holden explora las texturas de una simetría hasta fragmentarlas por completo. Es IDM, Techno, Minimal, Noise, Trance, de todo. Además, en cada pista uno siente un temblor justo debajo del pecho. Las capas de sonido son innumerables. Todo en este disco es alucinación y asombro. Por eso no se sorprendan que si tengo los audífonos puestos en el stand, es porque no quiero que me chinguen. De seguro estoy escuchando a Holden.


GROUPER
The Man Who Died In His Boat
Estados Unidos


No hay duda que el drone o zumbido, ha estado presente en tantísima música sin que nos hayamos dado cuenta: Chopin, Bob Dylan, The Beatles, Roxy Music, The Velvet Underground, Tangerine Dream, Kraftwerk, Sonic Youth, Radiohead, John Cage y la lista continúa. El drone es un efecto sencillo que consiste en un zumbido repetido que al sostenerlo por mucho tiempo o interrumpirlo, produce otro efecto. Este disco tiene mucho de eso, destila ruido y oscuridad, conjugados de una forma desinteresada y Emo por la vocalista, que tiene su atractivo y su “algo”. Por momentos parecieran mantras y por momentos quejidos de una fiesta gótica. Mucho de Ambient, Noise, Japanoise, Industrial, Postindustrial y No Wave. También mucho de arte conceptual, pero abrillantado por las voces, las guitarras y el Wurlitzer que le da un efecto casi religioso. Ideal para exorcisar y desacralizar a la poesía contemporánea guatemalteca; o también, para pegarse un tiro mientras se lee “Siendo puta me fue mejor”. Un disco bastante extraño, pero que merece oídos.



PET SHOP BOYS
Electric
Inglaterra

Que este dueto siga haciendo discos después de treinta años de carrera no es lo que me inquieta. Lo que me sorprende es que cada disco sea un nuevo descubrimiento, a pesar de que la base rítmica es la misma resultante de una ecuación que les funciona muy bien: Synthpop + EDM = Éxito. Y como siempre, aderezado con la voz inmortal de Neil Tennant. No sé, por momentos he tenido mis distancias necesarias con PSB, pero siempre, siempre hay un imán sonoro que me atrae a su música. A lo mejor es que suenan tan parecido a bandas que de verdad me gustan: The Psychedelic Furs, Tears for Fears, Alphaville, The Human League o Eurythmics. Lo que sí, es que en este disco no hay mucha experimentación. Todo es idéntico a sus discos más exitosos: Please, Actually, Introspective, Behaviour y Very. La única diferencia, es que ahora no suenan a New Order y se parecen muchísimo más a un Kraftwerk vocal y punchispunchischero con distorsiones. Los sintetizadores, por su parte, brillan diez veces más que en toda su carrera. Sin dudas, es su obra maestra. Muy acertada para atraer gente fiestera al stand en los días que esté muerta la Feria del Libro. Lunes, martes y miércoles, por ejemplo. A eso de las tres de la tarde, cuando el único amuleto sea un libro de Kerouac, Foster Wallace o Selby.


THUNDERCAT
Apocalypse
Estados Unidos

La primera vez que escuché este disco no supe cómo catalogarlo. Es un disco funky, jazzy, electrónico, sicodélico y muchas cosas más. Me encantó su frescura. Además, que este compa haya trabajado con Flying Lotus, Erykah Badu y Suicidal Tendencies, le da un aire de mística y contrareidad a todo lo que hace. Las primeras tracks son pistas muy pegajosas, muy al estilo del R&B o Soul etentero; pero luego el disco se va volviendo más obtuso y dramático, lleno de aristas de D&B y distorsiones exageradas. Luego, regresa al disco y se convierte en una amalgama de “cosas raras” hasta cuajar en más de alguna baladita “sin sentido”. Quizá, eso, es lo que más me gustó del disco; que no es una sola pieza sino que está hecho de manera individual, quiero decir: pista por pista. Un disco para ponerle atención y escucharlo sin prejuicios. Por eso, querido hipster, esperamos tu visita y tu billetera abierta por el stand.


JON HOPKINS
Immunity
Inglaterra

Que un músico no necesite de la palabra para generar atmósferas verbales o fonéticas, es lo impresionante. Jon Hopkins se ha codeado con músicos como el mismo Brian Eno o Massive Attack; además, tiene en su historial una colaboración intrínseca con Coldplay, a quien evitaremos en esta columna hasta que no saquen un disco como A Rush of Blood to the Head. En fin, JH es un músico casi de culto para muchos productores contemporáneos a él. Más que DJ, es productor y compositor de tres discos alabados por la crítica, todos anteriores a éste, que en particular, nos invita a la fiesta desenfrenada y a la apreciación de capas de sonido, muy propias del techno y la electrónica. Pero no todo es baile, eso sí. En canciones como “Abandon Window”, “Form by Firelight” e “Immunity”; una descarga violenta de pianos nos saca el corazón de la camiseta y nos hunde en un mutismo perpetuo, digno de toda melancolía y todo proceso creativo, que de seguro nos puede mandar al cuadrilátero de la hoja en blanco. O si nos ponemos más rudos, no hay duda que este sería el disco indicado para la venta de madrugada de FILGUA, aunque también, no hay duda, es el disco perfecto para acompañar una lectura de Céline o Bolaño, sobre todo con la última media hora del disco, que es un vaivén de arritmias contenidas y armonías en exceso.



THE KNIFE
Shaking the Habitual
Suecia

A The Knife se la debía desde hacía meses. La primera vez que escuché este disco no lo entendí, me pareció pretencioso y exagerado, bastante ruidoso para mi gusto. Luego lo fui escuchando más veces y le fui encontrando sentido, y hasta un poco de aprecio. Este dueto de suecos son el ejemplo más adecuado para definir “experimentación”. Sus discos anteriores me parecían hasta entonces, mucho más concretos y digeribles; una mezcla entre Björk, Röyksopp y Vive la Fête, pero menos glam, menos pop y muchísimo más intolerante. Desde el inicio del disco, un torrente de gritos y sonidos propios del IDM, estallan en los oídos. Luego el disco se va oscureciendo poco a poco hasta llegar al límite del Dark Ambient, el Drone y el Techno más tosco. Por último, parece un despliegue de catársis musical que termina por estallar y encuentra su balance. “Es música loca diseñada para locos”, así lo defino. Creo que es uno de los mejores discos que se han hecho este año, y además me demuestra otra vez, que el frío de Suecia, Islandia, Finlandia y Noruega; hace que mucho del mejor arte (literatura, música y cine) provenga de este rincón olvidado y pacífico. Sin lugar a dudas, un disco brillante y agresivo, que me encantaría celebrar en vivo. Perfecto para “loquear” cuando lleguen de visita los amigos escritores y diseñadores al stand. Sin duda alguna, les va a encantar.



DJ KOZE
Amygdala
Alemania

Este es el disco que más he escuchado en las últimas semanas. Por lo menos unas quince veces. ¿Cómo lo conseguí? Eme Jota me lo regaló una tarde en la que todo era frío y lluvia. Después de eso, el disco se transformó en luz y calor inmediato. Desde la primer canción hasta la última, es una belleza sonora y experimental, llena de loops, grabaciones, vocalizaciones, cortes, efectos, sonidos extraños y una gama de osciladores remezclados; pero todo puesto minuciosamente en su lugar, de manera sobria y al parecer, con hartas sesiones de trabajo detrás. Es decir, no tiene ninguna imperfección. Todo es un “copy/paste” de capas y una base rítmica concisa que cualquier productor de electrónica quisiera hacer. No es de menos, Koze o Adolf Noise es un músico que viene experimentando con Hip Hop, Microhouse, Electropop y otras tantas cosas con nombre según leía por internet. Al parecer, su música ha transformado la escena musical alemana y su experimentación le ha valido el respeto de músicos como Apparat (Moderat) o Caribou, quienes colaboran en este disco. Ahora bien, hablar en qué género lo meteríamos es lo que menos importa. Lo más sano es que escuchen el disco con disposición y fílin. Les comparto dos canciones que no los van a defraudar: “Royal Asscher Cut” y “Nices Wölkchen”. Al ver estos videos, me dan ganas de proyectar películas y cortometrajes en el stand. Si me animo, lo haré público vía Twitter.


ATOMS FOR PEACE
Amok
Inglaterra-Estados Unidos

Bueno, qué les puedo decir de este disco. Hay mucho y poco qué decir sobre Amok, que la mejor manera de empezar es agradeciendo por la excelente joya que nos regalaron este quinteto de locos: Flea, Godrich, Refosco, Waronker y Yorke. Sin lugar a dudas, el proyecto más ambicioso entre músicos reconocidos y comerciales de esta era. El disco, a grandes rasgos, parece un ejercicio entre Godrich y Yorke, quienes vienen trabajando desde hace veinte años con Radiohead y otros proyectos. También es la resultante de la prolífera producción de Yorke y la insistente facilidad que se le da a Godrich producir y ordenar música. Pero bueno, para hablar del disco es necesario decir que brillan los efectos, los loops y las percusiones –que lo hacen muy parecido a The Eraser o Hail to the Thief–. La diferencia, quizás esté en la velocidad y el abanico de instrumentos y sonidos que aparecen en cada una de las pistas. Además, la letras dejan de tener una pretención política y se estremecen más en lo personal y existencial. Sin dudas, este disco será el que más suene en el stand de Vueltegato Editores. Quiero decir, en los momentos en los que no esté leyendo o releyendo, porque este disco, es para cantarlo y bailarlo al lado de un buen vino tinto y con los ojos puestos en la pista de baile. O sino, para hacer una coreografía digna de YouTube en los pasillos de la feria.


APPARAT
Krieg und Frieden (Music For Theatre)
Alemania

Si llegaste hasta acá, hay varias opciones: Uno, sos melómano como yo y querés escuchar música nueva. Dos, no te gusta la música ni lo que escribo, pero sos curioso/a. Tres, sos corrector/a de estilo y me estás haciendo pedazos en tu bloc de notas. Cuatro, sos stóquer. La verdad, no me importa, lo bueno es que llegaste hasta acá y talvez ya estás bajando los discos o anotando los que te interesan para escucharlos después. Lo que sí, es que tenés que bajar Apparat a como de lugar, no hay opción. La idea de esta crónica/reseña me surgió, también, por un pensamiento arbitrario sobre la música clásica alemana (Bach, Beethoven, Brahms, Händel, Offenbach, Mendelssohn, Schumann, Strauss, Telemann, Wagner, etc.) y el incremento de las nuevas tecnologías en la producción actual, que sin lugar a dudas, nos antepone a un ciclo de renovación musical y creación a partir de la individualidad sonora. Pero eso es un ensayo que no viene al caso. A lo que quiero llegar, es que la mayoría de esta música puede resultar aburrida, desabrida, sinletra o en pocas palabras: inservible. Pues está bien, cada quien a lo suyo. La primera vez que escuché este disco de Apparat, me pareció una joya. Un puñado de sonidos lúcidos y una simetría de beats que lo inundan de principio a fin. Es una obra maestra que conjuga lo clásico con la vanguardia. Es el disco perfecto para releer Chéjov y Saramago, o empezar ese de Palahniuk que me está llamando desde hace meses.


EPÍLOGO A MANERA DE ACLARACIÓN

Estos once discos no están seleccionados al azar. Corresponden a la primer idea de Brian Eno, y además, proponen al oído sensitivo y despierto, lo más fresco de la música contemporánea en todas sus variantes experimentales y electrónicas. Además, todos los discos han salido a la venta en lo que va del 2013, por lo que sintetizan la idea de utilizar la tecnología digital, y no análoga, como plataforma de creación.

En esto último, fui muy meticuloso.




Columna quincenal publicada en Esquisses.

viernes, 12 de julio de 2013

AHORA O NUNCA: Rayuela en 50 miligramos de furia


Desde hace dos semanas, se están celebrando los 50 años de la primera aparición de Rayuela, el libro mítico de Julio Cortázar. Un “librito” que, después de medio siglo, aún es puerta y laberinto para muchos; además de conservar una validez contemporánea que constantemente se renueva, sobre todo en ritmo, recursos estilísticos, temporalidad, estilo, etcétera, etcétera y etcétera.

En lo personal, sus páginas alguna vez fueron detonantes que me adentraron al universo del jazz y a otras tantas revelaciones. Desfiladero de beats, arritmias narrativas y sobre todo, de cátedras memorables donde el bebop y el swing son irrepetibles y necesarios. Toda una delicia sonora. Un trance melódico del París del siglo pasado. Una belleza y sincronía musical.

Además de leer fragmentos y textos personales en una Cena-Libro conmemorativa a Rayuela, en un rinconcito culinario llamado Rocamadour, esta es mi manera –un poco extensa pero meritoria– de rendirle un homenaje al “Libro”, y trazar un viaje a través de sus tres capítulos y más de quinientas páginas sumamente explorativas.

Es ahora o nunca, no hay después. Para luego es tarde.


Pulsa aquí para leer la nota completa en Esquisses.

viernes, 5 de julio de 2013

LA POESÍA es una esquina luminosa

Corasón no lleva zeta (Palo de Hormigo, 2013)

“Para escribir poesía, no es necesario haber leído tanto”; le escuché decir a un narrador fanfarrón que lo que hacía, era interpolar suposiciones baratas, sacadas de la manga, y que al final de todo, resultaban ser estruendos vociferantes a un público que parecía hipnotizado por su don de clarividente poético y político saltimbanqui. “Así no es la cosa”, le dije a la señora que tenía al lado y me largué de la presentación sin despedirme de esa bola de charlatanes sinsentido. Ya estando afuera, encendí un cigarro y me puse a pensar que la poesía, después de tantos siglos de permanencia, es una construcción de muchos elementos que se necesitan los unos a los otros. Entre estos elementos está la sensibilidad, el pragmatismo, la creatividad, y sobre todas las cosas, la lectura. Además, la poesía es una esquina luminosa que nos protege de toda la oscuridad transcrita que nos duele desde el pozo que llevamos dentro.


Ahora bien, cuando avanzo hacia los rincones subterráneos de Corasón no lleva zeta, este libro de Mariano Cantoral –a quien conocí por su facilidad retórica de hilvanar semánticas en una lectura poética del Centro Histórico capitalino–, pienso en ese fanfarrón que mencionaba anteriormente. De seguro no entendería ni una sola imagen, o lo mejor, se sorprendería de lo que un poeta, académico en el vasto sentido de la palabra, hace con el sagrado y fulminante utensilio del lenguaje. Muy parecido a lo que hace Cerati.

En este libro, la palabra lo es todo, porque es la resultante de un ávido lector y un escritor aguerrido que experimenta con el lenguaje hasta los límites. Tal pareciera, que Mariano es de esos poetas a quien la palabra se le adherido con sus imágenes y sus posibilidad de símbolos imaginativos, ya que cada uno de los poemas acá reunidos, son una representación gráfica de que la poesía es un ejercicio que toma tiempo, experiencias, desempleos, canas, soledades, vacíos y mucha minuciosidad (quirúrgica) para desprender la dermis de lo cotidiano e invandir la profundidad de todos “los nervios de los nervios ensangrentados”.


A Mariano, parece que la poesía le fluye naturalmente. Es su lenguaje, su oxígeno, su modus vivendis. Es su colmena con miel picante, donde construye rascacielos y champas en el aire. También es su taza de vidrio donde toma té de tilo y arranca las intranquilidades abruptamente. En sí, el libro es un pequeño universo, donde se puede comprender a las huestes sonámbulas que nos habitan y, que de alguna manera, nos invanden con sus poporopos, avenidas y matasingas a diario.


Corasón no lleva zeta, es un mapa transitado por la horizontalidad de la metáfora, que todo lo alcanza y lo comprende. También es un libro en el que el lenguaje común se amplía, y por momentos se contrae, llenándolo de furia académica y versatilidad insolente, llena de posibilidades y consencuencias sagaces. Además, es un diario fotográfico en el que la palabra es su mejor recurso y aliado.

No hay duda que este libro es un regalo para tiempos mejores.

Además, de una solitaria inmersión en la poesis de un poeta brillante.


Les copio cuatro poemas:


AUTOCHURRASCO

Anochece noche a noche
llega el día, sucede,
empujas para las afueras
lo que está en ascuas,
quema y duele,
no arde pero chamusca
soy esa carne comestible
que se sazona con saliva.




ESTADO

El estado y el regente
que yo anhelo
no está descrito
en un libro
de Bodín
sino en mi cabeza
empaquetada
en una utopía.



CÉLULAS

Dicen que como todos,
soy un conjunto de células.

No lo creo.

So soy una suma de algo,
será indudablemente de rarezas.

Molusco, celenterado o bizarro,
mi organismo no permite ser encajado
en la taxonomía de algún letrado.

Mi organismo es como cualquier otro
un ente movedizo e inconstante,
policromo, espantoso y evanescente.



TRISTEZA

Cuando el río nos lleva la tristeza
y no hay amor, para nada lo hay
defínanlo como putas quieran, no lo hay
odio eso, Dios lo sabe, alguno lo sabe
no hay que pintar carrozas rojas
cañones de artillería beligerante
figuras estampadas en casas rodantes
besos en las mandíbulas rotas,
el pelo se cae se cae,
porque este cuerpo se mina se mina,
cobra caro el petróleo de los años mierdas
dos cervezas, testigos presenciales
son víctimas también del sistema.



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Corasón no lleva zeta
Mariano Cantoral
84 pags, Palo de Hormigo, 2013
ISBN: 978-9929-644-04-05

jueves, 27 de diciembre de 2012

ADIÓS 2012: Te quise, pero te olvido.

"Sólo viviendo absurdamente se podría romper alguna vez este absurdo infinito". (Julio Cortázar, Rayuela, Capítulo 23)

El próximo año se cumplirá medio siglo de haber sido publicada: Rayuela, de Julio Cortázar. Una novela que nos daría largas páginas de análisis y ensayos académicos sobre su narrativa. No hay dudas que Julio nos estaba adelantando a una época de hipertextos, escritura exponencial y otros tantos mecanismos estilísticos que bien podrían adaptarse a esta era de interacción masiva, redes sociales e Internet.
La primera vez que este libro me llegó a las manos, fue alrededor de 1996. Recuerdo que estaba por salir del colegio y solía llevar mis libros dentro un morral típico, al lado de mis libretas de apuntes y uno que otro cigarro roto. Aún conservo esa edición entre mis libros. La aprecio mucho. Tiene un sin fin de anotaciones, rayones, poemas, dibujos y la pasta está totalmente despedazada. La verdad, no sé cuántas veces la habré leído, quizá cinco o más veces (de cada una de las maneras en las que se puede leer el afamado libro: Del lado de allá, Del lado de acá y De otros lados). De sus capítulos recuerdo muchas frases, muchos parajes, muchos símbolos, mucha matemática imprescindible, los personajes, el híbrido poético-narrativo, la pulsión en el corazón solitario. Lo primero que se me viene a la mente es el laberinto en el que por momentos se transforma, y termina por volverse en una especie de juego amorfo que más bien parece una maraña web, que te lanza de un rincón a otro, sin el mayor de los peligros. En pocas palabras: la cultura hipertextual de hoy en día (Ya Radiohead lo hizo magistralmente en su webpage hace más de una década, otros grandes adelantados). Esto, me hace suponer que hay novelas que de alguna extraña manera están conectadas por una delgada fibra óptica que las atraviesa sin darnos cuenta. Rayuela, es sin lugar a dudas un universo de posibilidades y una estrategia literaria para romper con los géneros y todas sus consignas. En esto, Julio estaba adelantado a su época. Rayuela es un parteaguas que cambió el panorama de la narrativa latinoamericana y la hizo añicos. Ninguno de sus contemporáneos del Boom latinoamericano lo pudo haber hecho mejor, incluyo a Márquez, Asturias, Vargas Llosa, Donoso, Fuentes o Lezama Lima.
Partiendo de esa premisa, Rayuela nos hace reflexionar, atemporalmente, sobre el futuro de la literatura actual, tomando en cuenta que vivimos en una era super veloz en la que la información está al alcance de todos y la erudición es un mito comprometido del siglo pasado, que superpone las facilidades de nuestro tiempo: El Internet.
 
Esto me hace pensar, en que hace algunos días publiqué mi nuevo libro: SPAM (Vueltegato Editores, 2012), que es una novedosa y arriesgada manera de presentar una narrativa poética, descriptiva o visceral. La idea es crear hipertextos entre la poesía y la novela, utilizando la crónica autoreferencial como punto de partida. Así, nos vamos diluyendo en una nueva manera de concebir la literatura, una especie de viaje íntimo por el autor y su época. En este caso: mis gustos musicales, mis gustos literarios, mi cotidianeidad y todo el mapa que trazo a través de las redes sociales (Twitter, Facebook, Blogger) a lo largo de seis meses. Esa intimidad, que sin lugar a dudas, me deja desnudo y con el vasto peso de la mirada del espectador encima de mis días, y mi contexto.

SPAM (1. Correo no deseado o eso que queremos borrar todo el tiempo y 2. MAPS a la inversa o todo ese mapa que dibuja mi existencia), al final de todo, es sólo un experimento y por lo mismo, no se hizo un extenso tiraje editorial de imprenta. Sólo hay 100 copias hechas a mano, de las cuales 50 ya están reservadas y vendidas, las otras 50 están en espera de reservarse para una exposición multimedia que presentaré en el 2013. La idea era hacer de cada libro un objeto, un diario, un cuaderno de autor, una pieza única. Por eso me entusiasma mucho cuando veo a alguien que todavía escribe en cuadernos, aunque haga borradores o dibujos, y aún no se haya involucrado por completo en el rigor de la escritura diaria, que es lo que hacemos ahora todo el tiempo frente a la pantalla, viendo videos en YouTube o dándole Like a las fotos de l@s novi@s/exnovi@s de nuestros "amig@s".

 
Por eso los invito a conseguir un cuaderno para este 2013 que está a la vuelta. Consigan un cuaderno cualquiera y revisítenlo cuando lo terminen, en vez de pasar todo el día revisando el Facebook. Es super recomendable, divertido, y además sano para el corazón y la cabeza. Ráyenlo, háganle anotaciones de todo tipo, escriban su día a día, anoten los tuits y estatus que postean, dibujen, peguen cosas, saquen sus demonios, jueguen, diviértanse, peleen, sufran, lloren, etc. Hagan literatura sobre el papel propio, porque el papel, es algo subestimado que poco a poco irá desapareciendo en estos tiempos de Tuits, Likes y comunicación mediática.
Disfruten escribiendo sobre cualquier cosa durante su 2013. No hay que perder el tiempo, ni mucho menos la paciencia. Adiós 2012. Bienvenido seas 2013.

jueves, 8 de noviembre de 2012

LA LUNA no es la misma dos veces

Días de Luna (Metáfora Editores, 2012)
Quién no se haya inspirado con la luna, no es un verdadero artista. Escuché alguna vez decir, a un ochentón de nombre Mario Monteforte Toledo, con quien conversábamos sobre libros y otras tantas cosas antes de que se despidiera de esta vida. Bajo esa premisa, Don Mario me presentó algunos de los más brillantes poemas de la Literatura Universal, entre ellos algunos de Baudelaire y Mallarmé, aquellos dos fascinadores franceses de "la escritura al aire libre" y el "estruendo maldito". También me presentó algunos textos de Borges y Huidobro, que enmarañaban versos titilantes sobre nuestro satélite incandescente, aún no alunizado para ese entonces. Después de varias leídas no me quedó más duda, que la luna ha sido un inspirador natural y constante a lo largo de los siglos. Ya Alan Parson nos lo dejó muy claro con aquél famoso disco de Pink Floyd. Y así Bethoveen, R.E.M., Smashing Pumpkins, Elvis Presley, Frank Sinatra, Julio Verne, Joan Miró, Stanley Kubrick, George Méliès y por supuesto, Los Mayas.
Pero, ¿qué tienen en común Paco Pérez el compositor de la famosísima Luna de Xelajú– y Edgar García –autor del libro Días de Luna, publicado recientemente por Metáfora Editores–, además de mencionar a la luna en sus textos? A ver, ambos son de Quetzaltenango y son dos irremediables enamorados que les gusta dejar registro de su vida amorosa en sus creaciones. De eso no hay duda. Pero hay mucho más. Por un lado, tenemos a un compositor musical y por el otro, a un arquitecto que escribe poesía. Creo que las tres son estructuras que se erigen desde cero, me refiero a la melodía, al edificio y al poema. En eso estamos claros. Pero además, encontré otros nexos que nos conectan a todos. Eso es lo fascinante de la literatura, sobre todo la contemporánea.

En sí, adentrarme en este libro fabuloso (que se presentó durante el VIII Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango el pasado agosto, junto a una veintena de poetas de diferentes países de Latinoamérica), ha sido una experiencia muy recomendable. El libro se lo leen y releen en menos de una hora, acompañados de un chocolate, por supuesto. Yo lo he leído varias veces y previamente, ya había escrito unos apuntes, pero los había perdido entre archivos y meses agitados. Aquí escribí algo breve, para que busquen el libro, lo compren, lo lean y se recuesten al aire libre a aprovechar los cielos despejados de noviembre. Y si pueden viajar a Xela, mejor, así le piden una firma al autor, que además tiene una cantina de nombre La Cruda en las afueras de la ciudad, y de paso, se toman unas Quetzaltecas con tamarindo en este nuevo antro cultural. Pero lleven monedas, porque hay rocola.


Vamos al libro.


Días de Luna nos sitúa, desde las primeras páginas, frente a un lector empedernido que cita a Roberto Bolaño (el novelista y poeta chileno que tanto nos gusta) y Vania Vargas (otra quetzalteca con literatura muy buena), además, de un excelente prólogo escrito por la mexicana, además poeta y editora multilingüe, Daniela Camacho. Luego de pasar estos trámites necesarios, nos sitúa ante las fases de la luna, el autor decide abrir el libro con Cuarto Creciente, simulando el crecimiento de la luna ante nuestros ojos. Después, nos lleva de la mano por la Xela que el autor conoce de memoria: la de las cantinas, los bares, las rocolas, los bailes, los parques, el frío, las madrugadas, los sueños, las promesas, los abrazos, las despedidas. Eso, las despedidas, aquí me detengo.

Ese, precisamente ése, es el factor común que tenemos todos con la luna. Ya que e
sta representa la añoranza, el deseo de conquista, la lejanía, la otredad, el anhelo, la separación, la oscuridad, la luminosidad, el reflejo constante, la vacilación frente a lo ajeno, el transcurrir del tiempo. En sí, la memoria.

Así, Edgar nos propone una nueva aventura poética, a través de poemas tibiamente construidos a manera de sonatas y melodías personales, de manera breve, sin estrafalarios adjetivos ni retóricas desmesuradas. En cada página nos adentra en su universo personal, del que poco a poco se va despojando y asimilando a través del recuerdo. Cada poema es una súplica inminente, un palpitar de un corazón melancólico, un souvenir con dedicatoria profética y una vertiente fantástica, por la que la luz de la luna avanza a través de las palabras, que son barcos y también aviones volando sobre Centro América. Sin lugar a dudas, un libro escrito desde el corazón y con la certeza de que el lenguaje común, ése que usamos a diario, es una excusa perfecta para nombrar lo que anhelamos y no tenemos frente a nuestros ojos: el amante, el mar o la luna.

En sí, un libro hermoso, escrito para lectores que les gusta pasearse bajo la luz de la luna mientras el tiempo pasa y la vida nos da sorpresas.


Acá les copio dos poemas:


LA CONQUISTA DE LA LUNA


Días bajo cero
a veces habla el viento
tuvimos derrotas y conquistas
el vértigo de la victoria
todo me llevó al desencanto
hay poemas a medias
al igual que esta historia



LEJOS


En el lugar donde estoy
la gente no es sencilla
llueve y no es un milagro

nadie conoce el asombro como yo
esta ciudad no tiene mar
ni amor
ni vida
ni nada
algo no corresponde con la realidad



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Días de Luna
Edgar García
54 pags, Metáfora Editores, 2012
ISBN: 978-9929-40-224-9

jueves, 9 de agosto de 2012

BREVES PALABRAS sobre la intimidad

Asuntos íntimos de un hijo de vecino
(Alas de Barrilete Editorial, 2012)
And the bus and the tourists are gone
And you’ve thrown away your choice and lost your ticket
So you have to stay on”.
Cat Stevens


La intimidad es una trinchera obtusa donde reflexionamos e intercambiamos símbolos cotidianos con la naturaleza indeleble que resulta vivir. Desde su vientre, nocturno para algunos, lanzamos rabietas al aire que luego se convertirán en tibias anotaciones de tinta, luz y sombras. Estas transmutarán, constantemente, hasta convertirse en irremediables prosas que fielmente nos descifren.

Así, con el pasar de los años y las noches y los whiskys y los pianos y los cigarros; vamos dejando un registro de nuestras incertidumbres, deseos, miedos y otros vapores que tarde o temprano se disiparán hasta solidificar lo que verdaderamente somos. Eso que tibiamente nos alcanza sin mayor tregua.

En 'Asuntos íntimos de un hijo de vecino' de Gustavo Adolfo Abril, encontramos un registro maravilloso de todo ese proceso. A través de sus páginas, el autor nos lleva de la mano por ese sendero en el que fuimos, e irreductiblemente seremos, en algún momento de nuestras vidas. En sus prosas, el lenguaje es testigo de la cotidianidad; y además, la soledad resulta ser una herramienta necesaria para construir una ciudadela de luz con vista al delirio, al mar y al cenit de todos los ocasos.

Los relatos acá incluidos, son anotaciones reflexivas sobre el caminar a lo largo de este sendero que conduce a la nada y al que llamamos "vida". Además, contienen una fuerza melancólica y una carga emocional ulterior; es decir, más allá de la capacidad sensorial con la que estamos acostumbrados a percibir el mundo. En cada una de las páginas, Gustavo refleja desencanto, añoranza, olvido, melancolía y desamor; pero nos recuerda que son himnos cargados de optimismo y furia por seguir adelante. Citando al autor: “Me importa lo que viene. Me importa la vida. Me importa ella… y lo que aún no ha sido”.

Desde sus primeras páginas, vamos descifrando a un Gustavo que llevamos dentro. Ese Gustavo que se mimetiza entre la nostalgia y el camino recorrido. Ese Gustavo que nos motiva a transcribir todos los instantes en letras y delirios. Ese Gustavo que respira y transpira poesía. Además, que nos hace buscar constantemente la felicidad.

En este libro, Gustavo –con su tinta nocturna y bien pulida como granito ineludible–, nos aproxima a la vida con su soliloquio de verdades y racimo de letras al por mayor.




Asuntos íntimos de un hijo de vecino
Gustavo Adolfo Abril
132 pags, Alas de Barrilete, 2012
ISBN: 978-9929-40-228-7

jueves, 19 de julio de 2012

LA POESÍA vista desde un autobús


65 Obelisco (Letra Negra, 2012)

Asumir el viaje de la poesía no es más que frecuentar el mundo exterior a a través del ojo propio, para después hacerlo íntimo, escueto y emotivo, por medio de hilvanar imágenes mientras se retrocede el tiempo con la voluntad cinematográfica y sensorial que tiene la memoria. Todo este proceso congnitivo sucede en milésimas de segundo y tampoco es algo que nos interese interpretarlo, leerlo o escucharlo. No tenemos tiempo. Todo va de prisa. Nos interesan dos cosas, en breve: Uno, la realidad contexto del poeta. Dos, el lenguaje que utilice. Aquí abordamos estilo, sintaxis y retórica. Esto me hace pensar en muchas cosas. Vamos despacio.

Por ejemplo, alguna vez escuché decir que ‘la poesía es el viaje del letargo’. No sé si fue Monterroso o Monsiváis a quien se lo escuché, pero este concepto me sitúa ante una hipótesis lingüística que atesora el verdadero significado de la palabra poesía: Si el letargo (entiéndase como el sopor sintomático de varias enfermedades nerviosas que provocan un estado de somnolencia profunda y prolongada, blablabla) es una experiencia vital para el poeta –quiero decir: adormecer la imagen, el tiempo y el lenguaje–, la poesía no es más que el leitmotiv del mismo. Es decir, se escribe poesía para aletargar el tiempo, y además, la poesía es también un estado de somnolencia visto desde el creador mismo.


Aterricemos un poco: Después de fumarte un par de buenas caladas de mariguana empezás a sentir que todo cambia de velocidad y sucede lento, lento, lentísimo. Ves como tus amigos conversan y podés capturar, fotograma por fotograma, toda la articulación de sus mandíbulas hasta que expresan alguna palabra o sonido. También escuchás como la música sube de intensidad y podés diferenciar todas las capas de beats que la pista incluye (batería, bajo, sintetizadores, guitarras, voz, etc). Mientras todo esto pasa, vos estás asociando todo eso que ‘palpás’, sensorialmente, con todo lo que estás pensando e imaginando.


Pues eso, justamente eso, es la poesía. Sólo que visto desde una perspectiva neurocognitiva y científica, me atrevo a decirlo.


Ya con toda la hablada que les di, pensemos en dos películas de Lars Von Trier que utilizan cambios de velocidad (cámara lenta y yuxtaposición de tiempos): Anticristo (2009) y Melancolía (2011). Si no has visto ninguna de las dos, te sugiero que las bajés de inmediato. Valen la pena. En estas películas, LVT se vale de la temporalidad visual para detener imágenes que nos produzcan ese efecto que les hablaba antes. El movimiento de los árboles o las nubes, que es distinto al movimiento que hace un brazo, al igual que la velocidad con la que un caballo cabalga o el gesto que hace un guiño de ojo, mientras dos personas copulan de manera veloz, pero todo sucediendo en cámara lenta y a distintas velocidades.


Esa yuxtaposición de velocidades es un recurso poético con el que puedo explicar el proceso que les hablaba anteriormente. Pero no estamos hablando de cine, recuerden, aunque a la poesía contemporánea este elemento, o recurso visual, le queda como anillo al dedo.




Pues todo esto me puse a pensar después de haber leído varias veces 65 Obelisco de Pep Balcárcel. Un chico a quien conocí hace alrededor de un año y con el que me he entusiasmado en pensar que es el futuro de la nueva poesía guatemalteca. Deseo que siga escribiendo y que algún día no muy lejano, Pep asuma la narrativa, porque me agradaría ver como desarrolla historias.

A ver, veamos por qué.

Pep es un chico con gustos estridentes de música. Es un lector ávido, ácido, rabioso y melancólico. En sí, un aficionado al buen gusto y no es marihuano, aclaro. Parece un rockeropunk atrapado en la vestimenta de un hipster-contempo-emo, pero bueno, creo que todos los poetas actuales tenemos algo de eso. Por otro lado es un alma atormentada y ansiosa, llena de furia adolescente y de pragmatismo adulto. Tiene deseos de mandar todo a la mierda, pero también es romántico y le gusta el padecimiento que provoca vivir en este mundo, algo muy parecido y congénito con los simbolistas franceses o los poetas beatnik (Ginsberg, Keroauc, Cassady, Rimbaud, Baudelaire, Lautreamont). En sí, esa pugna es el motor tan valioso en la poesía de Pep, con quien hemos conversado de bandas como Radiohead o Portishead, y de autores como Carver, Bukowski, Sallinger, Pound, Panero entre tantos otros, atormentados (a pesar de nuestra diferencia de edades) como nosotros.

De su libro puedo escribir muchas cosas, pero seré breve, porque el libro es un brevario de su poesía actual y además, es una especie de libro concepto que pretende evocar el viaje de la poesía a través del viaje en autobús: la Ruta 65, que conecta dos barrios totalmente distintos de la Ciudad de Guatemala a través de sus venas equidistantes. Ya con esto, el libro es un registro y un mapeo del suceder cotidiano del joven autor, quien apenas tiene 19 años.

En cada poema, no más de 30 en total, el autor nos acerca a sus miedos, sus fantasmas, sus anhelos, sus rabias, sus ilusiones, sus tormentos, sus ternuras, sus temperamentos. Lo hace de una manera directa y voraz, eso me gusta. Otro detalle es la brevedad, que es algo congénito en la nueva poesía contemporánea. Pero a pesar de esa brevedad, cada poema nos adentra en la sorpresa de un joven que despierta en los brazos de la poesía y el mundo, mientras el ruido maldito de la calle resuena con su repicar de horas malversadas y sonámbulas a todo momento. La carencia de conectores lingüísticos (disyuntivos, temporales, locativos, etc.) en la mayoría de poemas hace que sea una poesía de fácil y rápida lectura, muy al estilo de un samurai que lo finiquita todo en menos de un segundo. Me gusta como el poeta adquiere una identidad propia, sin miedo, al interrelacionar sentimientos opuestos en un mismo poema. Eso genera desconcierto, sí, pero es una característica humana a la que nos podemos remitir a la largo de nuestras vidas.
Creo que para ser su primer libro, va por buen camino.

Además, es un libro que se lee en menos de 15 minutos, mientras nos fumamos un cigarro o escuchamos un buen disco, ya que el fulgor sistemático de la poesía de Pep siempre está asociada con música. Así lo siento, y creo que se percibe desde los primeros poemas, que parecen haikús insolentes, taipeados desde el otro lado del computador mientras ve porno y hace tareas del colegio.
En sí, es un libro para lectores jóvenes que quieran sentirse identificados con el sentir de una generación que lo sabe todo y lo dice todo, porque el Internet, quieran o no, así nos lo ha enseñado.

Acá les copio dos poemas.



*
tengo pensamientos torpes
mi poesía es mediocre
los sueños que sangro están muertos
pero tu sonrisa
no sé qué decir de ella
aún me conmueve



*
el tiempo pasa muerto
como el humo de los vehículos
con la canción moderna que detestas

el humo se detiene
se lleva los sueños
con los colores de algo ajeno

el corazón muerto
es una mirada perdida
soy el llanto
nuestras melodías

todo acaba
la esperanza es cosa de viejos aburridos



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65 Obelisco
Pep Balcárcel
40 pags, Letra Negra, 2012
ISBN: 978-9929-557-34-5